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Rafael Lapesa

El legado de Rafael Lapesa en EE. UU.(1 de 4)

Luisa López Grijera

Lo que podemos llamar el legado de Rafael Lapesa en los Estados Unidos es mucho mayor de lo que uno podría imaginar, pues no sólo tiene sus raíces en los cursos dictados por él en algunas de las más distinguidas universidades americanas, sino de su contacto académico en España, donde orientó a muchos americanos que estaban formándose en el hispanismo. Ante todo conviene recordar que los cursos graduados se imparten en estas universidades selectas a un pequeño número de alumnos —entre dos y ocho—, por lo que más que clases resultan seminarios. Por eso no hay que sorprenderse de que los nombres no sean muchos, aunque sí, como se verá, todos aquellos han acabando siendo figuras destacadísimas del hispanismo internacional. Algunos ya se han marchado, pero he recogido el testimonio de varios de los que aún continúan estudiando tal como el maestro.

Lapesa vino a los EE. UU., con sus cuarenta años ya cumplidos, como profesor visitante en el curso universitario de 1948-49. Aquel joven que se había doctorado a los 23 años, y era catedrático de instituto desde 1930, había ganado por oposición la cátedra de Gramática histórica de la Lengua Española en la Universidad Central de Madrid en 1947. Su Historia de la Lengua Española había aparecido en 1942, y ese mismo año del viaje a América, 1948, aparecían en Salamanca y en Madrid dos valiosos libros suyos: Asturiano y provenzal en el Fuero de Avilés, y La trayectoria poética de Garcilaso. Recuerdo estas fechas porque don Rafael mismo me contó que la Universidad de Harvard le había ofrecido una plaza «antes de ganar las oposiciones» en España —es decir antes de 1947—, pero, agregó, que no aceptó ese puesto porque hubiera significado dejar abandonadas las nuevas generaciones españolas. Volvieron a ofrecérsela al morir Amado Alonso en 1952, pero por la misma razón tampoco aceptó. En el curso universitario de 1948-49 fue profesor visitante además en Princeton y en Yale: tres de las más ilustres universidades de la llamada «Ivy League». Unos años más tarde, en los cursos 1952-53 y 1953-54 volvió como visitante a Harvard, a Yale y a Pensilvania. Dictó conferencias y cursillos también en otras universidades. En 1956 fue visitante en Madison, Wisconsin.

Aunque en este nuevo mundo de la electrónica no es fácil obtener datos de archivo del viejo mundo del papel, con todo, gracias a la ayuda personal de colegas amigos —Francisco Márquez Villanueva y Luis A. Murillo para Harvard, Ivy Corfis para Wisconsin y Elías Rivers para Yale, a los que agradezco infinitamente su ayuda—, he podido juntar un par de datos sobre los cursos dictados y los tópicos, pero no así sobre el nombre de sus estudiantes. Tristemente este trabajo de consulta de archivos me ha sumergido en un doloroso memento mori: muchos de los antiguos colegas y alumnos de don Rafael, que con gran gusto hubieran podido narrar episodios de entonces, ya no están. En primer lugar haremos un paseo por esas visitas, y en segundo le veremos orientando a estudiantes americanos que viajaban a España para estudiar y completar investigaciones.

Sobre su primera estancia en la Universidad de Harvard, en el verano de 1948, debo recoger unas líneas del mismo don Rafael: había ido invitado por el que llamaba «hermano mayor», Amado Alonso, que acababa de llegar huyendo de la persecución peronista en Buenos Aires. Don Rafael comenta que allí Alonso «pronto se rodeó de nuevos discípulos valiosos, tanto norteamericanos como de origen hispánico o centroeuropeo: entre ellos se contaban Claudio Guillén, Juan Bautista Avalle-Arce y Edward Glaser». Este último, que tanto sirvió a la erudición hipánica a pesar de su temprana muerte, estaba trabajando con don Amado su tesis doctoral, que defendió hacia 1951, y que en la siguiente visita de Lapesa, siendo ya Instructor, prestó «muy eficaz ayuda en los primeros momentos de mi trabajo y asumió después la penosa tarea de completar —en realidad, rehacer totalmente— la bibliografía que aparecerá en el volumen III» (ídem, p. 8) de la obra póstuma de Amado Alonso: De la pronunciación medieval a la moderna en español.

De Yale no he conseguido datos de archivo sobre títulos y tópicos, pero sí el testimonio personal de uno de aquellos alumnos: el del gran filólogo americano —que fue presidente de la Sociedad Internacional de Hispanistas— Elías Rivers, que era entonces un incipiente aprendiz de español:

Entre 1948 y 1952 los aprendices del hispanismo en Yale University tuvimos la gran suerte de tener como profesores visitantes de España a Dámaso Alonso y a Rafael Lapesa. Yo entonces apenas sabía español, pero me atreví a asistir a las clases que dictaron. Con don Dámaso descubrí la poesía del Siglo de Oro, materia que seguí estudiando con don Rafael.

Y sobre éste añade un precioso comentario:

Las clases de éste eran siempre un modelo de claridad bien ordenada, y aprendía yo cada vez más. Era una cuestión de su afectuosa personalidad: con toda su erudición era siempre modesto y asequible, y así empezó en Yale nuestra amistad.

De aquella primera estancia suya en Yale recuerdo las conversaciones sobre el maestro con otro estudiante de entonces, Theodore Anderson, que como Jefe del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Texas fue uno de los promotores en la década de los sesenta del bilingüismo inglés-español en las escuelas de primeras y segundas letras en aquel Estado.

Portadas de ediciones de «De la pronunciación medieval a la moderna en español» de Amado Alonso

De la pronunciación medieval a la moderna en español: tomos I y II de la obra de Amado Alonso preparados y dispuestos para la imprenta por Rafael Lapesa.

(Biblioteca Valenciana. Archivo Rafael Lapesa).

Portadas de ediciones de «De la pronunciación medieval a la moderna en español» de Amado Alonso

De la pronunciación medieval a la moderna en español: tomos I y II de la obra de Amado Alonso preparados y dispuestos para la imprenta por Rafael Lapesa.

(Biblioteca Valenciana. Archivo Rafael Lapesa). (T)

Postal escrita a máquina de Américo Castro

Postal de Américo Castro, 1942

(Biblioteca Valenciana. Archivo Rafael Lapesa). (T)

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