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El español en EE. UU.

El «español internacional» y la prensa hispana en Estados Unidos: La posible y necesaria unidad del español en los medios estadounidenses

Alberto Gómez Font

Cada vez son menos los usuarios del español que dudan sobre quién o quiénes dictan la norma de uso. Mucho más que los diccionarios, las gramáticas y los libros de ortografía, hoy en día las verdaderas guías de uso del español actual son los manuales de estilo, y la mayor parte pertenecen a los medios de comunicación, es decir, a la prensa, tanto escrita como oral; manuales que, en muchas ocasiones, están redactados o supervisados por expertos en la lengua, y en los demás casos están copiados de los primeros. Así, pues, cualquier persona que se aproxime al estudio del español deberá tener muy en cuenta el uso que de éste se hace en la prensa y deberá consultar los libros de estilo de periódicos, emisoras de radio y canales de televisión, en los que encontrará resueltas muchas de las dudas que se irá planteando a medida que avance en su conocimiento. Hay que tener presente que los verdaderos maestros del español son los medios de comunicación, que se encargan de difundir los nuevos usos de la lengua; hasta tal punto es evidente ese papel de la prensa que la Real Academia Española, al redactar la última edición de su diccionario (22.ª, 2001), utilizó los textos de la prensa como referencia y les dio la misma importancia, o quizás más, que a los textos surgidos de las plumas de los grandes escritores.

Español internacional

En mayo de 1996 se celebró en Valladolid el Congreso Internacional «El español y los medios de comunicación». La entonces directora del diario de Miami El Nuevo Herald, Bárbara Gutiérrez, presentó una ponencia titulada Encuentro de culturas del periodismo americano en la que hablaba de las distintas nacionalidades de los lectores de su periódico, todos hispanohablantes, originarios de Colombia, Cuba, Nicaragua, Puerto Rico, Ecuador, Guatemala, Venezuela… unidos todos por un sentimiento común, el de la hispanidad, lo mismo que sucedía, nos contó, entre los redactores de El Nuevo Herald. De sus palabras y de la lectura detenida de su periódico podemos deducir y comprobar que el español en el que están redactadas las informaciones podría calificarse como «español internacional» entendido éste como español de ningún sitio y de todos al mismo tiempo.

En ese mismo congreso, la profesora de la Universidad de Illinois en Chicago, Graciela Reyes, en su ponencia El español de la prensa en Chicago decía:

«El español de Estados Unidos está constituido por un conjunto de subsistemas que reflejan el español de los países de origen de cada grupo […] y que además está sometido al contacto con el inglés […]. El hablante bilingüe tiende a simplificar la lengua subordinada, según algunos autores, para compensar el esfuerzo de operar con dos sistemas. Pero además esta simplificación se extiende al discurso de los hispanos entre sí; estos tienden a evitar regionalismos, juegos de palabras o términos que puedan dificultar la comprensión del mensaje.»

Y eso es lo que a mi entender sucede en toda la prensa de Estados Unidos escrita en español, sea de Miami, de Nueva York, de Chicago, de Los Ángeles o de cualquier otra ciudad. Siempre habrá periodistas procedentes de distintos países hispanohablantes y, poco a poco, casi sin darse cuenta, van dejando de usar los localismos propios de cada país y van confluyendo en una forma de escribir en español válida para todos.

Sobre ese español internacional, ciñéndonos siempre sólo al aspecto léxico, se ha hablado mucho y se sigue hablando y hay estudios en curso, como el proyecto Difusión internacional del español por radio, televisión y prensa: Unidad y diversidad de la lengua española (DIES-RTP), dirigido desde El Colegio de México por el profesor Raúl Ávila. El proyecto, diseñado en 1988, ofreció los primeros resultados en 1991, con datos sobre la radio y la televisión mexicanas. Ávila nos presentó algunos de los resultados de su proyecto en el I Congreso Internacional de la lengua española: «El español y los medios de comunicación» celebrado en Zacatecas, México, en 1997, en su ponencia titulada Televisión internacional, lengua internacional1, de la que copio a continuación algunos párrafos:

«Las decisiones que puedan tomarse en cuanto a la variación del español deberían hacerse no sólo a partir de los diccionarios basados en la modalidad castellana. Se trataría de utilizar la norma hispánica o general, que se sustenta en el uso de toda la comunidad hispanohablante. Los medios de alcance internacional podrían basarse en datos demográficos para decidir, en el caso del léxico, qué palabra es la más usual en los países hispánicos.»

«El vocabulario de los programas de noticias internacionales de la televisión está dentro de la norma hispánica general. Las voces que podrían considerarse marcadas o con filiación son muy pocas. En lo relativo a la pronunciación, argumenté que las tres normas que se escuchan en los informativos son adecuadas y corresponden al uso culto del lenguaje cotidiano de las áreas donde se emplean. En cuanto al texto mismo, consideré que hay pocas divergencias en lo que se refiere a la sintaxis.»

«He argumentado que la televisión busca, por sus propios intereses, utilizar un lenguaje que pueda ser comprendido por el auditorio internacional. Por eso no parece necesario exigirle que lo haga. La idea es otra: se trata de apoyar a los medios en la toma de decisiones en cuanto al uso del español. Al mismo tiempo, es necesario insistir en la responsabilidad que tienen en ese sentido. La norma hispánica —como he comentado— se tendrá que hacer entre todos, sin predominio de ninguno. Esa norma general siempre tendrá variantes —mayores en el habla cotidiana que en el lenguaje de los medios— y, como en toda lengua viva, se modificará para adecuarse a las nuevas realidades, que no son las mismas para todos los países hispánicos. Por eso, en vez de pensar en una norma unitaria, habría que promover la unidad esencial dentro de la variedad. Los modelos del bien hablar están dentro de cada país o cada región.»

Él mismo, Raúl Ávila, siguió presentando nuevos resultados de sus estudios en el II Congreso Internacional de la Lengua Española (Valladolid, 2001) con el título de Los medios de comunicación masiva y el español internacional2. En sus trabajos se analizan los noticieros de los principales canales de televisión del mundo hispanohablante y se llega al resultado de que el número de palabras distintas, palabras no comunes, palabras que no todos los espectadores de los distintos países pueden entender por igual, es mínimo: sólo el 1,2 por ciento. Y unas de las conclusiones del estudio de Raúl Ávila es, cómo no, la gran importancia que tienen la televisión y los demás medios de comunicación en la actual tendencia a la unificación del léxico en la norma culta del español.

De la unidad en el aspecto léxico de nuestra lengua y de la necesidad de fomentarla y favorecerla ya hablaba Dámaso Alonso3 en la Asamblea de Filología del I Congreso de Instituciones Hispánicas, celebrado en Madrid en 1964.

«[…] hay una categoría de léxico, y muy importante, en la que se están produciendo todos los días diversificaciones en los distintos países de nuestra lengua, y en donde sí creo que es posible una acción con útiles resultados: hablo del léxico de reciente creación, tema que está relacionado también con el de los extranjerismos.»

«[…] Yo desearía que el esfuerzo de esta asamblea […] tuviera una huella permanente: que se creara un cuerpo permanente de estudiosos de nuestra lengua, preocupados por su porvenir, no para enfrentarlo con la Asociación de Academias, por las que debemos tener todo el respeto y cuyas decisiones se deben seguir, sino para complementar, facilitar y en cierto sentido, excitar, la acción de éstas. Porque este nuevo organismo sería estrictamente más técnico y más juvenil. Procuraría ejercer una acción directamente previsora, para mantener el statu quo actual de la lengua, el uso que hoy existe entre personas cultas de cada país hispanohablante. Fomentaría, favoreciendo el intercambio y la difusión de la cultura, todo lo que fuera unitivo o más exactamente, todo lo que impidiera nuevas inútiles diversificaciones dentro de nuestra comunidad idiomática. En este cuerpo tendría que existir una comisión de urgencia, que evitara cualquier daño repentino y especialmente la diversificación de la voces cuya introducción o invención hace necesaria la vida moderna.»

Al terminar de leer esas palabras de Dámaso Alonso, uno piensa enseguida en que años después se formó el Consejo Asesor de Estilo de la Agencia EFE y se creó el Departamento de Español Urgente, ambos con la mira apuntando al mismo objetivo propuesto en aquel congreso de 1964.

Y en aquel mismo congreso Gastón Carrillo Herrera4, en su ponencia titulada Tendencias a la unificación idiomática hispanoamericana e hispánica, dijo lo siguiente:

«[…] Igual papel le cabe al crecimiento de los medios de comunicación de masas: radio, televisión, cinematógrafo. Puede que alguno o varios de estos medios de comunicación, en un momento dado, signifiquen motivo de preocupación por el empleo de las formas populares o vulgares. Sin embargo, ello sólo se puede presentar, cuando está hecho con seriedad, es decir, sin chabacanería, en un estado incipiente o medio de desarrollo. Momento a momento, las necesidades sociales y las obligaciones culturales que les cabe desarrollar a estos medios de comunicación, así como las exigencias de la comunidad, exigen de su personal una mayor cultura, en la que está comprendida una elevación del habla a las formas estimadas cultas. Por lo tanto ellos, serán también, cada vez con mayor claridad, fuerzas poderosas que impulsen la elevación del idioma y su unificación.»

Santiago de Mora-Figueroa, marqués de Tamarón, en la sección dedicada a la Dimensión internacional de la lengua española, en el Congreso de la Lengua Española celebrado en Sevilla en octubre de 1992, presentó una ponencia titulada El español, ¿lengua internacional o «lingua franca»?5 en la que también hizo hincapié en la importancia de los medios de comunicación para mantener la unidad del español:

«Si la imprenta fue decisiva para evitar la fragmentación lingüística del español durante la Edad Moderna, es evidente que las comunicaciones fáciles durante la Edad Contemporánea también han pesado mucho. Hoy, la televisión y el cine son factores importantes de homogeneización: Pero falta voluntad política y social de mantener la unidad del idioma, o al menos fomentar su conservación. Muchos, a ambas orillas del Atlántico, somos conscientes de que esa unidad nos beneficia a todos, pero pocos hacen algo práctico para mantenerla. Sin llegar a creer, como las autoridades francófonas, que en este campo todo se puede conseguir con leyes, dinero y esfuerzo, sí podríamos hacer mucho más.»

Español neutro, español estándar, español común…

He hablado de lo que algunos lingüistas conocemos como «español internacional», lo mismo que Raúl Ávila denomina «la norma hispánica»; pero también es habitual que nos encontremos con otra forma de llamar a esa posible lengua común: «español neutro». Éste es el nombre que le dan los profesionales de la traducción y del doblaje, y es uno de sus principales quebraderos de cabeza, pues muchos clientes exigen a los traductores que escriban en ese español que sirva para cualquier país, es decir, entrando directamente en lo comercial, que sirva para presentar y vender sus productos en cualquier país hispanohablante.

Ese mismo nombre es el que ya se usó a mediados del siglo pasado en los estudios de traducción de Puerto Rico, México y Miami donde se doblaban en español las series norteamericanas de televisión, cuando la veíamos en blanco y negro, y también las películas de dibujos animados de Walt Disney que veíamos en el cine. Lo que se propusieron en aquellos años fue conseguir que los actores hablasen en un español que, ni por su acento, ni por sus características gramaticales o léxicas, fuese reconocido como propio de ningún país. ¿Para qué? Para vender esos productos sin ningún problema de rechazo en ninguno de los países hispanohablantes.

El traductor técnico Xosé Castro Roig ha estudiado a fondo el asunto, ha reflexionado sobre ese tipo de lenguaje, y lo ha hecho basándose en su propia experiencia, pues muchos de sus clientes le han exigido que les tradujese los textos del inglés al «español neutro». De ello habló Xosé Castro en el Congreso anual de la ATA (Asociación Estadounidense de Traductores) celebrado en Colorado Springs en 1996, en una ponencia titulada El español neutro6, en la que explicaba lo siguiente:

«[…] lejos de partir de un principio altruista por limpiar, fijar y dar esplendor a nuestro idioma, la idea de emplear el español neutro tiene un claro fundamento comercial: es mucho más barato hacer una sola traducción al español, que hacer dos, tres o veinte. Además de los programas o máquinas y sus respectivos manuales de instrucciones, el uso de una única versión reduce los costos que conlleva la creación de textos complementarios, publicitarios, promocionales, documentación de ayuda, material de formación y cursos, etcétera, y agiliza el entendimiento entre las sucursales hispanohablantes de las grandes empresas, además de favorecer la compatibilidad de un programa o una máquina (independientemente del país en el que sean vendidos) y el intercambio de materiales entre varios países destinatarios.»

Pero para Xosé Castro el hecho de que ese «español neutro» sea muchas veces producto de una imposición comercial no desdice en nada su utilidad y las ventajas que puede aportar a la comunidad hispanohablante:

«[…] este es el momento adecuado; las comunicaciones se modernizan y agilizan. Además, los principales motivos que, como lingüistas hispanohablantes, deben motivarnos para utilizar el español neutro son: lograr una progresiva unificación de neologismos en todos nuestros países; hacer que nuestro idioma sea competitivo y asequible para mayor número de fabricantes; ampliar el mercado de la traducción y evitar la disgregación de nuestra terminología, que sólo puede traernos perjuicios a largo plazo como comunidad.»

Lucía Rodríguez Corral, colega de Xosé Castro, tituló su trabajo de fin de carrera Definición y aplicaciones del concepto de español estándar7, y a lo largo de su estudio plantea la existencia de «una variedad de español válida para todos los países de habla hispana, distinta a la variedad local y común para todos los hispanohablantes». En el apartado subtitulado El español estándar en la traducción, nos explica, como hemos visto que lo hacía Xosé Castro al hablar del «español neutro», que a las empresas dedicadas a la comercialización de productos que se distribuyen a escala mundial no les interesa crear un producto para cada país de habla hispana. Pero Lucía Rodríguez no se limita a analizar el español usado por los traductores, sino que también hace referencia a los medios de comunicación:

«Los medios (sobre todo la televisión y el cine) ayudan a difundir una misma lengua en todos los lugares a los que llega. […] en los medios de comunicación tiende a usarse un español exento de regionalismos, en ocasiones de manera consciente. […] El español que se difunde en los medios es homogéneo internacionalmente, y esto unido a la gran influencia que éstos tienen sobre la población, ayuda a unificar el español en el mundo. […] hablar un español estándar no es algo abstracto, como en principio pueda parecer, sino que tiene aplicaciones prácticas, incluso comerciales.»

La empresa de traducción técnica SLS International, con sede en Barcelona (España), en la presentación de los servicios que presta a través de Internet8 se plantea también la existencia de un «español internacional» a caballo entre el «español hispanoamericano» y el «español peninsular», y se refiere a él también como «español estándar»:

«[…] ¿existe la posibilidad de crear un español estándar que sirva para todos los países? A pesar de todas las diferencias anteriormente expuestas y siendo conscientes del problema, en la mayoría de los casos la respuesta es sí, ya que cuanto más culto sea el texto, más se homogéneo será el idioma utilizado. El único problema con el que podemos encontrarnos es la terminología, debido a la mayor influencia del inglés en el español hispanoamericano. A pesar de ello, en la mayoría de casos siempre es posible encontrar un término neutral internacionalmente aceptado.»

También se habló del «español neutro» dentro de la traducción en Zacatecas, en 1997, en el I Congreso Internacional de la Lengua Española (el mismo que mencioné al hablar del proyecto de Raúl Ávila y que volveré a mencionar varias veces a lo largo de esta conferencia, pues fue un gran congreso, aunque sólo sea famoso por el discurso de Gabriel García Márquez sobre la ortografía). Allí la profesora Lila Petrella presentó una comunicación titulada El español «neutro» de los doblajes: intenciones y realidades9, en la que presentó y analizó una ley promulgada por el Gobierno de la Argentina en 1986, por la que los productos audiovisuales argentinos producidos para ser exportados a otros países hispanohablantes, deben estar doblados al «español neutro». En las conclusiones de su análisis nos da su opinión sobre esa ley.

«[…] si el español «neutro» se emplea en películas de ficción, nos encontramos con su aspecto más objetable: la neutralización de los planos semántico y pragmático. Pero es lícito notar que si en un doblaje o subtitulado se intenta marcar estas diferencias, se debe recurrir a diferentes expresiones dialectales (las diferencias de registro y las variedades sociales cambian de dialecto en dialecto). Entonces, su aspecto negativo resulta inmodificable. Si, en cambio, el español «neutro» se emplea en películas, documentales o noticiarios. En tanto se cumpla con la búsqueda de la norma panamericana de uso más difundido, será útil a los fines de la comprensión deseada.»

Otra manera de llamar a esa forma de nuestra lengua: «español común», es la que emplea José Antonio Millán en su ponencia presentada en el congreso de Zacatecas10 y titulada El español en las redes globales:

«La mencionada versión del español es lo que se suele conocer como «español neutro», y que quizás merecería más llamarse «español común». Cada denominación recalca un aspecto: el propósito del emisor es, efectivamente, que la variante resulte neutra (es decir, no marcada respecto al lugar de procedencia) para cualquier oyente del ámbito hispano; el medio para lograrlo, es escoger los términos que son comunes a las distintas variantes nacionales.»

Y en ese mismo congreso, el entonces director de Radio Exterior de España, Fermín Bocos11, usaba ese mismo nombre al hablar de la necesidad de cuidar el uso del español en la radio:

«[…] Una radio que en su expresión hispanoamericana, a mi juicio, deberá cuidar, mimar, extremar incluso, las preocupaciones para preservar nuestro idioma y mantener su unidad. Para frenar el avance de un español plagado de anglicismos y otros extranjerismos o de signos híbridos o falseados y poner en su lugar un español común, fundado en una auténtica universalidad y con predominio de un léxico de mayor prestigio.»

Posible acuerdo

Al revisar los libros de estilo de los medios de comunicación hispanohablantes he podido comprobar la importancia que, afortunadamente, algunos medios de comunicación le dan a la autoridad lingüística de la Real Academia Española, pues, además del Manual de EFE, que en gran parte está redactado por el anterior director de la docta casa, los prólogos del Libro de estilo de ABC y del Manual de estilo de TVE están firmados también por Fernando Lázaro Carreter, y el prólogo y la supervisión del Libro de estilo de Canal Sur fueron obra de Manuel Álvar, director de la Academia antes que Lázaro Carreter. Gran parte del Libro de redacción de La Vanguardia fue obra de José Manuel Blecua, miembro correspondiente de la Española.

En la larga lista de libros de estilo hay también muchos de periódicos, radios y televisiones americanos; sólo de diarios bonaerenses hay tres: el Manual de estilo y ética periodística de La Nación12 y el Manual de estilo de Clarín13, y el más reciente, titulado Cómo leer el diario14, y que es uno de los pocos casos en los que el libro de estilo se edita antes de la aparición del periódico, un nuevo diario llamado Perfil, que apenas duró unos meses.

La necesidad de algún tipo de acuerdo se percibe hojeando los libros de estilo aparecidos en España y en América en los últimos años, pues nos encontramos con que, sobre todo en el caso de los publicados en España, muchos de ellos, la mayor parte, son copias de otros, especialmente de los dos pioneros: el Libro de estilo de El País y el Manual de español urgente de la Agencia EFE, y ya se está produciendo el fenómeno de los libros clónicos, de los que fue claro ejemplo la primera edición del Libro de estilo del diario ABC15, cuyos autores recopilaron todo lo publicado hasta el momento y tomaron lo mejor de cada uno para así lograr un buen resultado; pero el problema es que en ocasiones, no precisamente en el caso del libro de ABC, aparecen incluso las mismas erratas, y estamos en un momento en el que ya todos nos copiamos y no logramos escapar de ese círculo vicioso. Hojeando uno de los libros de estilo más recientes, el del diario Perfil de Buenos Aires, pude comprobar que había partes copiadas al pie de la letra del Manual de español urgente y, sin embargo, cosa por demás muy habitual, no hay ninguna mención a nuestro libro en los dos párrafos en los que se enumeran los libros consultados para la confección del suyo.

Esa constatación y el hecho de que ya en algunas ocasiones, en congresos y seminarios, se hubiese mencionado la necesidad de un acuerdo, de un libro común para todos los medios de comunicación en español, fue el origen del Proyecto Zacatecas, presentado por Álex Grijelmo, periodista del diario El País y por autor del presente artículo en el ya mencionado Primer Congreso Internacional de la Lengua Española.

Esa necesidad de llegar a un acuerdo también la mencionó, hace años, Fernando Lázaro Carreter, cuando fue elegido por primera vez como director de la Real Academia Española. Y también en los prólogos que escribió, como antes cité, para los manuales de estilo del diario ABC y de TVE, ambos editados en 1993, Fernando Lázaro comenta esa idea, y dice en el prólogo al Manual de estilo de TVE16:

«El ideal sería la elaboración de unos acuerdos idiomáticos comunes a todos los medios de difusión, los cuales no tendrían por qué dificultar las diferencias de estilo entre los diversos medios: con una sola baraja pueden jugarse juegos muy distintos, incluido el solitario. Para ello, sería de la mayor importancia la colaboración entre los periodistas, que tienen hoy el poder idiomático, y la Academia, que tal vez posee la autoridad (y que no propugna el `estilo académico´ que, como tópico descalificador, se le atribuye).»

Y en el prólogo del Libro de estilo de ABC repite esas intenciones con estas palabras: «Los libros de estilo que difieren, como es natural en la definición de lo que podemos llamar la personalidad del medio al que sirven, han de coincidir forzosamente en gran parte de sus prescripciones idiomáticas. Sería ocioso repetir éstas en todos ellos, si fuera posible acordar a todos los medios de comunicación de España y América hispana en un comportamiento común ante los neologismos (no siempre de rechazo), y ante el empobrecimiento que, en sus dos orillas, está experimentando el idioma».

En Zacatecas tuve la oportunidad de recordar otras menciones explícitas de esa necesidad de acuerdo en las que tuve la suerte de estar presente e incluso de ser partícipe, ocasiones que creo también interesante recordar hoy aquí: en 1990 se celebró en Madrid un congreso internacional organizado por la Agencia EFE y titulado El español en las agencias de prensa, y revisando el libro de actas17, publicado en 1991, vi que entre las conclusiones-intenciones finales había una en la que se recomienda la elaboración de un libro de normas de redacción que sirva para todas las agencias de prensa que redactan noticias en español.

En ese mismo libro de actas puede leerse el pequeño debate que hubo en el congreso sobre qué es un Libro de estilo, y el acuerdo final de que al referirnos sólo a las normas para el correcto manejo del español en la prensa no deberíamos hablar de estilo, sino de normas gramaticales y léxicas, ya que la ortografía, la sintaxis, el diccionario de dudas, las listas de siglas y las de topónimos, que viene a ser el contenido de un libro de ese tipo, no tienen nada que ver con el estilo.

También comenté en Zacatecas que en 1992, en el Congreso de la lengua española que se celebró en Sevilla (y que fue el embrión del de Zacatecas), en la sección dedicada a La lengua española y la prensa escrita, Milagros Sánchez Arnosi presentó un Informe sobre los libros de estilo18 y dijo que «sería deseable una total puesta en común de todos los periódicos que han elaborado un libro de estilo, con el fin de unificar criterios, mejorar la prensa en la lengua escrita, contribuir de manera conjunta al decoro del idioma y, en definitiva, a una mejor competencia lingüística». En esa misma sección del congreso, Clara Eugenia Lázaro Mora, entonces correctora de estilo del diario ABC y coautora del Libro de estilo de ese periódico (en la actualidad coautora del Libro de estilo de El País), solicitó «la ayuda y colaboración de la Real Academia Española» y pidió que esa institución llevase «cuanto antes a la práctica su idea de reunirse con los medios de comunicación para elaborar entre todos, y bajo su coordinación, un conjunto de normas periodísticas específicas para el lenguaje periodístico, es decir, un Manual para todos los medios de comunicación españoles y, si es posible, también hispanoamericanos»19. Y yo me atreví, en ese mismo congreso de Sevilla, a proponer la elaboración de un cóctel en el que los ingredientes fuesen todos los manuales y normas de redacción periodística existentes, que, una vez bien mezclados en la coctelera, diesen como resultado una mezcla homogénea que sirviese para unificar criterios y evitar la dispersión y la fragmentación del español periodístico20.

Y en esas dos primeras ocasiones, en 1990 y en 1992 ocurrió, como tantas otras veces en situaciones semejantes, que las conclusiones-intenciones-proyectos con los que se clausuran los congresos, nunca llegaron a ser una realidad. Pero afortunadamente se cumplió el dicho y a la tercera fue la vencida, y el proyecto presentado en Zacatecas dio algunos pasos durante 1997, 1998 y 1999 y consiguió algo necesario para que estas cosas funcionen: dinero.

En la bibliografía que presentamos en Zacatecas había 163 obras, entre diccionarios generales, diccionarios de dudas, léxicos especializados, libros y manuales de estilo, actas de congresos sobre la lengua, apuntes de trabajo de algunos medios, recopilaciones de artículos sobre el uso de la lengua en la prensa… Y cómo no, esa bibliografía ha crecido algo desde entonces, pues han aparecido otros libros de estilo, ya he comentado el caso del libro del diario Perfil de Buenos Aires, y nos han llegado noticias de otros que ya existían y no conocíamos.

De esas más de 163 obras que ya están en nuestra lista, alrededor de un tercio son manuales o libros de estilo, llamados también normas de estilo, normas de redacción, y de ellos la mitad son americanos; son los libros o manuales de estilo de algunos de los principales medios de comunicación americanos: las agencias de prensa Notimex (México), Colprensa (Colombia), Venpress (Venezuela), Telam (Argentina), Associated Press (Estados Unidos), Prensa Latina (Cuba); los diarios Clarín (Argentina), El Nuevo Herald (Estados Unidos), El Panamá América (Panamá), El Peruano (Perú), La Voz del Interior (Argentina), y emisoras como Radio Caracol de Colombia.

Además de elaborar esa lista exhaustiva, Álex Grijelmo y yo, antes de ir a México, hicimos otra cosa muy necesaria para el proyecto: buscar cómplices para nuestra aventura. Escribimos una carta dirigida a los directores de los principales medios de comunicación del mundo hispanohablante y Estados Unidos, en la que les contábamos nuestro proyecto, les solicitábamos su adhesión, les instábamos a contarnos sus problemas en el uso del español que se dan en sus medios, y, finalmente, les rogábamos que si tenían algo parecido a un libro de estilo, aunque fuesen unas hojas fotocopiadas, nos lo enviasen para engrosar la lista de la que antes hablábamos.

Recibimos bastantes adhesiones y entre los medios de comunicación dispuestos a participar en el proyecto, además del diario El País y la Agencia EFE, están, entre otros, la agencia Notimex y el diario El Universal de México; la agencia Prensa Latina, de Cuba; la agencia Colprensa, de Colombia; el diario El Tiempo, de Bogotá; El Nuevo Herald, de Miami; Radio Nacional de España; Radio Caracol, de Colombia, y el Canal Once TV, de México.

Ya he dicho que es un proyecto que dio sus primeros pasos, y lo hizo gracias al patrocinio del Instituto Cervantes, y, a finales del verano de 1998 ya había una persona trabajando en la digitalización de los materiales recogidos; pero, desafortunadamente, los cambios en la dirección de esa institución han producido un parón, espero que momentáneo, en nuestro proyecto de redactar un manual de uso del español periodístico con el acuerdo mayoritario de toda la prensa del mundo hispanohablante.

En la página de Internet de la Agencia EFE (http://www.efe.es/) ya puede consultarse el capítulo titulado Sobre léxico del manual de español urgente, el apéndice de dedicado a glosarios de deportes olímpicos del libro de actas del congreso El idioma español en el deporte21 y el contenido íntegro del Diccionario de español urgente22 y de sus dos precursores: los dos volúmenes de otro de los libros producto del trabajo del departamento: el Vademécum de español urgente, en los que se recogen las «notas interiores» redactadas semanalmente (desde hace ya algunos años) por el Departamento de Español Urgente y repartidas entre los periodistas de la agencia, en las que se advierte sobre los malos usos que van surgiendo en la redacción de las noticias, y en las que se proponen soluciones para las dudas que a diario surgen en las mesas de los redactores.

Ocurre, y es normal que ocurra, que en los grandes congresos los asistentes nos quedemos sin saber qué cosas se dijeron, qué trabajos se presentaron, qué proyectos se propusieron, y luego nos enteremos, al leer el libro de actas, de que otras personas, en aquel mismo congreso, dijeron cosas relacionadas con las que dijimos nosotros. Y eso sucedió también en Zacatecas, donde el profesor Hiroto Ueda, de la Universidad de Tokio, en su ponencia Variación léxica y televisión: consideraciones demolingüísticas23, proponía:

«Sería ideal elaborar un Manual de estilo del español internacional. Una vez consultada la variante nacional aparecida en el texto de noticias (televisión, radio, prensa), se podría saber exactamente a qué termino corresponde en otra variedad lingüística española (huayco en Perú, `alud de tierra´ en España). Para este fin, sería sumamente necesario elaborar un repertorio del léxico variable.»

Y hubo una tercera propuesta en ese mismo congreso sin que Álex Grijelmo ni yo nos enterásemos: la de Mariano Cebrián Herreros, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, que al hablar de La lengua en la información televisiva (nuevos territorios del español)24 mencionó dos veces algo muy parecido a lo que nosotros habíamos propuesto:

«No se trata de buscar un idioma neutro que elimine los estilos de cada medio ni el estilo de cada uno de los periodistas usuarios que siempre son enriquecedores, sino de alcanzar una corrección del idioma común, estandarizado y un uso modélico.

Sería necesario que se lograra un acuerdo entre los profesionales, académicos y expertos para la elaboración de un Libro de estilo Idiomático en el que se buscara la solución adecuada a las vacilaciones, dudas y emergencias en el uso del idioma. Un libro que no mire sólo a lo ya existente, sino que además ofrezca pautas para orientar al profesional en los momentos de decisiones inmediatas como ocurre cuando llegan nuevos vocablos, giros desconocidos, nombres de personas y de lugares pertenecientes a otros idiomas. Libro de estilo idiomático trata de aportar la uniformidad exclusivamente en el uso de la lengua […].»

«[…] elaboración de un Libro de estilo idiomático general válido para todos los canales de televisión de habla hispana que permita estandarizar las vacilaciones y dudas y dar orientaciones en lugar de que cada medio tenga que dar solución particular a estos problemas comunes, y con la suficiente flexibilidad como para dejar margen a las peculiaridades idiomáticas de cada país y de cada medio. Un Libro de estilo idiomático no debe ser nunca una restricción de la riqueza de usos siempre que estén dentro de lo correcto.»

Pero no sólo Álex Grijelmo y yo no conocíamos las propuestas de los profesores Ueda y Cebrián Herreros, sino que ellos tampoco conocían la nuestra, ni ninguno de los dos la del otro. Y el hecho de que varias personas presenten una misma propuesta en un mismo congreso puede llevarnos a la conclusión de que eso, lo que se propone, se siente como necesario entre los que nos dedicamos al estudio de la lengua en los medios de comunicación.

Dos experiencias previas: los Juegos Olímpicos de Barcelona y el Libro de estilo de Telenoticias

Apenas dos meses antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992) se celebró en Logroño un congreso titulado El idioma español en el deporte, organizado por la Agencia EFE y la Consejería de Cultura y Deporte de la Comunidad Autónoma de La Rioja. Y los filólogos del Departamento de Español Urgente de la Agencia EFE, Pedro García Domínguez y yo, acudimos a ese congreso con un material en el que llevábamos trabajando varios meses y del que después salió uno de los pocos resultados prácticos, visibles, tangibles que he tenido la suerte de ver tras haber asistido a unos cuantos congresos sobre el español en la prensa.

Cuando decidimos organizar esa reunión para hablar sobre el uso del español en la información deportiva tuvimos, cómo no, muy en cuenta que los Juegos Olímpicos de Barcelona estaban muy próximos, y pensamos que sería bueno intentar conseguir algún tipo de acuerdo para que los periodistas allí destacados usaran un léxico más o menos común, más o menos inteligible para todos los hispanohablantes, y, sobre todo, que en las nuevas disciplinas olímpicas no se diesen distintas soluciones al decidir cómo adaptar o traducir determinados términos al español.

El primer paso fue pedirles a los directores de las oficinas de la Agencia EFE en Hispanoamérica que nos enviasen listas con los términos deportivos usados en la prensa de cada país; una lista de cada deporte olímpico. Ya con ese material en nuestras manos comenzamos a examinarlo con nuestro Consejo Asesor de Estilo y, poco a poco, fuimos elaborando una lista en la que proponíamos los términos más usados y dejábamos en segundo lugar los menos usados, los más localistas. Y con ese material llegamos al congreso de Logroño, y allí se lo repartimos a todos los participantes para conocer su parecer y cambiar lo que fuese necesario.

Aquel congreso se celebró a mediados de mayo, y logramos presentar en Barcelona, antes de la inauguración de los Juegos, un librito titulado El Idioma español en el deporte. Guía práctica25, que se repartió entre todos los periodistas hispanohablantes destacados en Barcelona.

Dos años después nos invitaron, a los filólogos del Departamento de Español Urgente, a participar en unos cursos de formación organizados por el canal de televisión Antena 3 TV, y allí tuvimos noticia de otro experimento relacionado con el «español internacional»: nos mostraron los originales de lo que iba a ser el Libro de estilo de Telenoticias26, que es una cadena de información general participada por Antena 3 cuya sede de producción y transmisión está en Miami, y nos contaron que al redactarlo habían tenido como principal objetivo conseguir que en sus programas se utilizase un español un «español neutro», válido para cualquier teleespectador de cualquier país hispanohablante. Y en efecto, en el libro se menciona ese propósito en un apartado titulado así, Español neutro (términos y acentos, dicción, ritmos), donde se explica que «al ser Telenoticias una cadena de televisión que pretende ofrecer noticias a todos los hispanohablantes está obligada a realizar un esfuerzo muy importante para conseguir que su producto sea recibido por todos en las mejores condiciones posibles». Y para ello en el libro se establecen unas normas tendentes a unificar con el objetivo de conseguir un español inteligible y aceptable por todos: normas fonéticas, un diccionario de términos tabú y una lista de palabras (83 términos), que podríamos calificar de localismos, con su equivalente en «español neutro». Se trata, pues, de un manual de estilo enfocado al «español internacional».

Últimos avances

Es muy grato para mí poder anunciar aquí que actualmente está en marcha otro proyecto de manual de estilo de español internacional, y se está haciendo aquí, en Estados Unidos, en el país donde más laboratorios ha habido y sigue habiendo en los que se crea a diario ese nuevo español, ese español válido para todos los hispanohablantes, para todos los medios de comunicación que se escriben o se transmiten en nuestra lengua.

La National Association of Hispanic Journalists (NAHJ), en la que se agrupan los principales diarios, radios y televisiones en español de este país, ha creado un grupo de trabajo formado por periodistas de distintos medios y distintas nacionalidades y les ha encargado la redacción de un manual de estilo común para todos ellos.

El Proyecto Zacatecas no llegó a ser realidad, aunque aún es posible que algún día lo sea; y el proyecto de la NAHJ es ya casi una realidad, pues ya estamos trabajando en él (yo estoy encargado de redactar un capítulo y formo parte del comité de calidad), ya tenemos plazos de entrega de los textos y el libro deberá estar publicado en junio del 2003, para presentarlo en la asamblea anual de la asociación, que se celebrará en Nueva York.

A modo de conclusión

¿Cabe la posibilidad de que esos libros, de que esos acuerdos posibles y necesarios, nos lleven en poco tiempo a crear un español internacional para los medios de comunicación?

Lo cierto, a mi parecer, es que ese español ya existe, y no es nuevo, lleva mucho tiempo existiendo, aunque ahora hablemos más de él y su realidad sea cada vez más visible gracias a la velocidad con la que nos comunicamos, a la velocidad con la que intercambiamos formas de llamar a las cosas y a la velocidad con la que las asimilamos, las hacemos propias.

De ese «español internacional, estándar, neutro, común…» se ha dicho mucho, se sigue diciendo y se seguirá, hasta que algún día, dentro de dos o tres siglos, nuestros descendientes comiencen a analizar y estudiar las variedades del español que aún eran evidentes en los medios de comunicación del siglo xxi.

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Notas

  • (1) Ávila, Raúl: «Televisión internacional: lengua internacional, La lengua española y los medios de comunicación. (Actas del Primer Congreso Internacional de la lengua española). Ed. Siglo xxi, México, 1998. volver
  • (2) Ávila, Raúl: «Los medios de comunicación masiva y el español internacional», Actas del II Congreso Internacional de la Lengua Española, Valladolid, 2001, http://congresosdelalengua.es/valladolid/ponencias/unidad_diversidad_del_espanol/. volver
  • (3) Alonso, Dámaso: «Para evitar la diversificación de nuestra lengua». Presente y futuro de la lengua española, volumen II, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1964. volver
  • (4) Carrillo Herrera, Gastón: «Tendencias a la unificación idiomática hispanoamericana e hispánica», Presente y futuro de la lengua española, volumen II, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1964. volver
  • (5) Tamarón, Marqués de: «El español, lengua internacional o `lingua franca´», Actas del Congreso de la Lengua Española (Sevilla 1992). Instituto Cervantes, Madrid, 1994. volver
  • (6) Castro, Xosé: El español neutro. Madrid, 1996. http://xose@xcastro.com/index_es.htm. volver
  • (7) Rodríguez Corral, Lucía: Definición, aplicaciones del concepto de español estándar. Trabajo de fin de carrera presentado en la Facultad de Lenguas Aplicadas de la Universidad Alfonso X el Sabio. Madrid, 1998. volver
  • (8) SLS International: http://sls-international.com/spanish/art_espa.html. volver
  • (9) Petrella, Lila: «El español «neutro» de los doblajes: intenciones y realidades», La lengua española y los medios de comunicación. (Actas del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española).   Ed. Siglo xxi, México, 1998. volver
  • (10) Millán, José Antonio: «El español en las redes globales», La lengua española y los medios de comunicación. (Actas del Primer Congreso Internacional de la lengua española). Ed. Siglo XXI, México, 1998. volver
  • (11) Bocos, Fermín: «La radio y las nuevas tecnologías: avances y riesgos», La lengua española y los medios de comunicación. (Actas del Primer Congreso Internacional de la lengua española). Ed. Siglo xxi, México, 1998. volver
  • (12) La Nación: Manual de estilo y ética periodística. Espasa Calpe, Buenos Aires, 1997. volver
  • (13) Clarín. Manual de estilo, Clarín / Aguilar, Buenos Aires, 1997. volver
  • (14) Íbidem. volver
  • (15) ABC. Libro de estilo, Ariel, Barcelona, 1993 (En el año 2001 apareció la segunda edición, cuya parte gramatical estuvo a cargo de la profesora Ana María Vigara Tauste). volver
  • (16) Mendieta, Salvador: Manual de estilo de TVE. Labor, Barcelona, 1993. volver
  • (17) El idioma español en las agencias de prensa. Compilación de Fundación Germán Sánchez Ruipérez y Agencia EFE; compiladores Pedro García Domínguez y Alberto Gómez Font. Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1990. volver
  • (18) Sánchez Arnosi, Milagros: «Informe sobre los libros de estilo», en: Actas del Congreso de la Lengua Española. Madrid, Instituto Cervantes, 1994. volver
  • (19) Lázaro, Clara Eugenia: «Informe sobre los libros de estilo. Mesa redonda»,  Actas del Congreso de la Lengua Española. Madrid, Instituto Cervantes, 1994. volver
  • (20) Gómez Font, Alberto: «Informe sobre los libros de estilo. Mesa redonda»,  Actas del Congreso de la Lengua Española. Madrid, Instituto Cervantes, 1994. volver
  • (21) Agencia EFE - Gobierno de La Rioja. El idioma español en el deporte. Fundación EFE, Madrid 1994. volver
  • (22) Agencia EFE. Diccionario de español urgente. SM, Madrid, 2001. volver
  • (23) Ueda, Hiroto, «Variación léxica y televisión: consideraciones demolingüísticas», en: La lengua española y los medios de comunicación. (Actas del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española). Ed. Siglo xxi, México, 1998. volver
  • (24) Cebrián Herreros, Mariano: «La lengua en la información televisiva (nuevos territorios del español)», en: La Lengua Española y los medios de comunicación. (Actas del Primer Congreso Internacional de la lengua española). Ed. Siglo xxi, México, 1998. volver
  • (25) Agencia EFE, Gobierno de La Rioja. El idioma español en el deporte. Guía práctica. Logroño, 1992. volver
  • (26) Telenoticias, Libro de estilo. Antena 3, Madrid, 1995. volver
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