Béatrice Coffen. Universidad de Zúrich (Suiza)
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En sus abundantes cartas, a Gregorio I le gustaba alternar los pronombres latinos tu y vos según las circunstancias y según sus propios objetivos. Aunque el uso de vos era práctica obligada desde el final del siglo v, las personas cultas de la época no se sentían molestas por esta práctica epistolar. Los receptores veían en ella, al contrario, un medio totalmente legítimo de expresar enfado y desprecio o benevolencia y ternura.
Hoy en día no hay ya flotamiento pronominal en la interacción. Aunque la forma de los pronombres sigue siendo la misma, su función se ha ido transformando: actualmente, el pronombre sirve para situar al individuo dentro de la sociedad.
En el proceso de globalización actual, el individuo que ve desvanecerse las referencias de identidad fijadas por la sociedad se ve obligado con frecuencia a redefinirse y reposicionarse dentro de su comunidad o para con sus interlocutores. En consecuencia, se aplica a construir su identidad ya sea desmarcándose de los otros o solidarizándose con los miembros de su propio grupo. Para ello el individuo puede recurrir a un uso específico de los pronombres de tratamiento, es decir, a un uso más pensado y menos intuitivo.
Así, el individuo adopta como hablante unos comportamientos capaces de proporcionar indicaciones sobre su propia identidad y sobre las relaciones que mantiene con los miembros de las diversas colectividades a las que pertenece.