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Coloquio de París

La tercera persona de respeto en italiano: un hecho lingüístico, un hecho cultural

Jacqueline Brunet. Professeur honoraire des universités (Francia)

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Durante mucho tiempo, la tradición ha atribuido a España la paternidad de la tercera persona. «Ese maldito hispanismo de la tercera persona», escribía Leopardi, «esa salpicadura de peste española», añadía Fanfani (Vocabolario dell´uso toscano, 1863). Aquí quisiéramos mostrar cuál ha sido el verdadero papel de España en la difusión de esta forma de alocución. En realidad, desde el siglo xiii Italia ha hecho abundante uso, en la lengua escrita, de muchos títulos (Vuestra Majestad, Vuestra Eminencia, etc.), acompañados ya de la tercera persona. Este uso tiene aún más difusión en los siglos xiv y xv , para alcanzar, en el siglo xvi , las dimensiones de una verdadera epidemia.

Y es aquí donde opera la influencia de España: la anexión del Reino de Nápoles al Reino de Aragón al comenzar el siglo marca el inicio de una larga dominación española en la península. España importa entonces a Italia todo un ceremonial social, hecho de besamanos, de quitarse el sombrero, de reverencias («un´ondata di ceremoniosità», dijo Migliorini), al cual va ligado el uso de títulos que Italia iba a imitar de manera desordenada. La tercera persona conoce entonces una pujanza contra la cual se alzan escritores, que intercambian cartas a menudo violentas con otros escritores favorables a este uso: denuncian la inflación de los títulos que se oyen resonar hasta en las cocinas y los burdeles (mientras que su uso está estricta y severamente reglamentado en España), se levantan contra un absurdo gramatical y sintáctico. Absurdo que continuará: el español ha contraído la forma Vuestra Merced en usted, que se ha transformado en pronombre, pero el italiano no ha transformado Vostra Signoria y ha seguido utilizando los pronombres de los que disponía, que remiten a Signoria: Ella, Lei, pronombres femeninos; de ahí las incoherencias en la concordancia de género cuya herencia perdura. En definitiva, la influencia de España hay que situarla dentro de un «brote cultural» (Migliorini), que aceleró fuertemente un fenómeno que ya existía.

Siglos más tarde, el papel mal comprendido de España será utilizado como argumento por el fascismo en su tentativa de abolir ese «testimonio de los siglos de servidumbre y abyección» (Cicognani, 1938). Esta iniciativa fracasó, como sabemos. Puede ser interesante ver cómo fue recibida por algunos personajes públicos, por escritores (desde los más afanosos hasta los más reacios), y ver también las aberraciones a las que condujo. Un ejemplo: la revista femenina Lei (equivalente a la revista francesa Elle) tuvo que cambiar de título y pasó a llamarse, inocentemente, Annabella. Estos son dos de los momentos de la historia de la tercera persona que pueden abordarse, con la ayuda de fragmentos de textos relacionados con esos periodos.

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