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Aproximaciones a la traducción

La profesión del traductor e intérprete autónomo: aspectos técnicos

Por Montserrat Phillips. Traductora autónoma

Perspectiva general de la profesión en Inglaterra

La profesión del traductor en Inglaterra no está tan bien definida como en otros países europeos. No existe como en España el reconocimiento de un Traductor Jurado y cualquier persona puede establecerse, en cualquier oficina o lugar, y simplemente poner una placa anunciando el hecho de que es traductor y nadie puede impedírselo o exigirle pruebas, lo que da lugar a que surjan personas que se califican de traductores y que no tienen experiencia ni en el campo académico ni en el profesional. Ocurre a menudo que son personas de un cierto grado de bilingüismo y que, por diversas circunstancias, deciden que pueden aplicar esos conocimientos al campo de la traducción y así ganarse unos ingresos. Algunos tienen éxito, logrando a través de simples anuncios o de otro modo introducirse en el mundo de la traducción.

La otra faceta la componen los traductores profesionales, la mayoría de ellos miembros o bien del «Institute of Linguists» o del «Institute of Translation and Interpreting» y que se han sometido a pruebas, muchos de ellos con carrera universitaria y que dentro del mundo relativamente pequeño que componen los traductores son gente conocida y que goza de cierto estatus en este sector.

Estos dos organismos principales velan por mantener alto el nivel de los traductores y por impedir que gente inexperta penetre en el mercado. Tanto el «Institute of Linguists» como el ITI, publican un directorio de sus miembros y estos directorios sirven de cota de referencia para las agencias de traducción, organismos, etc. que los consultan cuando necesitan encontrar los servicios de un profesional.

La mayoría de los traductores en Inglaterra trabajan como autónomos y muchos de ellos se inician en ese campo así, lo cual puede dar lugar a unos primeros pasos muy arduos y muy difíciles, puesto que el conseguir los contactos suficientes para poder ganar unos ingresos adecuados puede costarle a un traductor principiante tanto como unos cinco años. En mi opinión, la situación ideal para un traductor que quiere iniciarse es empezar en una agencia de traducción o en una empresa que necesite los servicios de un traductor, ganar experiencia, contactos, know-how, etc. y luego establecerse como autónomo. No obstante, se dan muchos casos de traductores autónomos que, después de ejercer la profesión en solitario durante cierto período de tiempo, se incorporan a una empresa donde cuentan con el respaldo de todo un equipo de traducción y donde el horario de trabajo no es tan exigente como lo es para un autónomo.

El traductor autónomo lleva una vida monástica y solitaria y está siempre haciendo frente a fechas límites que lamentablemente impone la competencia del mercado. Si un traductor autónomo tiene una clientela propia particular tiene más posibilidades por sus buenas relaciones con el cliente directo de poder negociar las condiciones y las fechas de un trabajo determinado. No obstante una gran mayoría de traductores trabajan para agencias de traducción, puesto que estas entidades desempeñan un trabajo que el propio traductor no puede desempeñar. Tienen más posibilidades de hacer marketing, disponen de tiempo para dedicarse a captar clientes, lo cual no está siempre al alcance del traductor.

Las agencias, por ejemplo, pueden ofrecer a un cliente traducir un folleto en 6 u 8 idiomas y supervisar que la terminología o uso de siglas sea uniforme. Este aspecto presenta una gran ventaja para el cliente.

El aspecto negativo por parte del traductor que trabaja para las agencias es la presión que ejercen sobre el traductor en la rapidez con la que quieren que se realicen las traducciones. Las agencias a su vez tienen que hacer frente a la competencia del mercado y, a fin de no perder clientes, prometen o aceptan fechas que muy a menudo son totalmente inaceptables: por ejemplo, un cliente que desea un viernes una traducción de un contrato de 40 páginas para el lunes por la mañana. Lo cierto es que siempre encontrarán a un traductor que esté dispuesto a hacerlo.

La especialización en un campo determinado es muy importante para un traductor: a la larga, facilita la tarea y la hace más rentable. Los traductores que debido a su carrera profesional o por otras circunstancias se han especializado en lo jurídico, técnico o médico, poseen una ventaja mucho mayor sobre los traductores más generales.

El campo de la traducción jurídica

El campo de la traducción jurídica y de los traductores jurados difiere mucho de la situación en España.

Los documentos que se traducen al inglés y que deben presentarse ante autoridades inglesas sólo requieren que un traductor comparezca ante un notario o un Commissioner for Oaths y que manifieste que a su leal saber y entender la traducción es traducción fiel y exacta de su original. El traductor no necesita demostrar su competencia. Para las traducciones al español que deben presentarse ante autoridades españolas, naturalmente este sistema no es válido, pero las autoridades españolas admiten el certificado de un notario afirmando que la traducción es fidedigna y luego el sello y la firma notarial se legalizan por el Ministerio de Asuntos Exteriores, que fija la apostilla conforme al Convenio de la Haya.

Existe en Londres una rama del notariado que se denomina «scriveners» y que son notarios públicos que deben especializarse en un idioma extranjero. De hecho hacen las veces en el Reino Unido de los traductores jurados. El argumento en contra de estos «scriveners», que tienen muchos traductores jurados españoles, es que muchos de ellos son nativos ingleses y no son ellos mismos capaces de traducir al español; lo que hacen es contratar a buenos traductores españoles. Las traducciones se cotejan, pero es el notario el que certifica la traducción como si él mismo la hubiese realizado y así el documento es válido ante las autoridades hispanas. En el caso de países sudamericanos, se aplica el mismo procedimiento, pero la firma y sello notarial en algunos países debe de legalizarse por el consulado pertinente.

En el aspecto de la traducción jurídica, y específicamente de los documentos que precisan legalización, existe una ignorancia total tanto por parte de los clientes como por parte de las agencias. A menudo una agencia me encomienda una traducción y me dice que la quiere certificada, y que simplemente ponga un certificado yo misma en inglés diciendo que la traducción es fiel. Entonces tengo que explicarles que en España esto no tendría validez y que deben primero preguntar al cliente para informarse exactamente del destino que tendrá ese documento determinado, y si efectivamente precisa certificarse notarialmente o no. Una vez establecido el motivo del documento, entonces hay que insistir en que es necesario contar con el documento original, por ejemplo en el caso de una partida de defunción.

Todo este concepto de la legalización de traducciones juradas es un tema muy poco conocido incluso en el mundo de los profesionales y eso da lugar a que muchos documentos españoles se traduzcan, se certifiquen mal y luego las autoridades en España los rechacen por diversos motivos.

Honorarios y tarifas

En el sector de las tarifas, la situación está más clara en Inglaterra. Las traducciones a idiomas que no son el inglés se remuneran con una tarifa más alta. El español, francés, italiano y portugués gozan aproximadamente de la misma tarifa. Luego hay otros idiomas que se cotizan a un precio muy alto, alcanzando el máximo idiomas como el japonés y el chino. Es simplemente cuestión de oferta y de demanda.

Naturalmente hay muchos más traductores ingleses que extranjeros y eso dicta los precios, pero también es verdad que la tarea de una traducción al español en Inglaterra puede a menudo implicar gastos extraordinarios, gastos en los que el traductor inglés no incurre. Los nuevos productos, la nueva tecnología, etc. requieren que un traductor español tenga que llamar a España para saber, por ejemplo, cuál es la traducción oficial de una película recién estrenada, es decir cuál es el título que figura en cartelera.

En general existe un precio para las agencias y un precio para los clientes directos. Se cotiza el precio por 1000 palabras y normalmente por el número de palabras en el texto de origen. Esta costumbre da lugar a cierta polémica puesto que normalmente un traductor desconoce el número de palabras que implica la traducción hasta que no la ha realizado y el ordenador le proporciona la cifra. En muchos casos las agencias cuentan las palabras del texto de origen y si el cliente tiene el texto en ordenador puede proporcionar el número exacto. Hay algunas agencias que incluso tienen una cláusula al pie de su hoja de pedido diciendo que sólo pagarán por el número de palabras del texto de origen.

El precio que los traductores españoles cobran a las agencias oscila entre un promedio de 50 libras esterlinas por 1000 palabras hasta 70 libras. Para clientes privados los precios oscilan entre las 75 y las 90 libras. Después hay tarifas muy diversas por los llamados «mínimos», que son textos no superiores a 300 palabras, normalmente cartas, faxes o párrafos, y las tarifas para agencias oscilan entre las 18 y las 25 libras. Los «mínimos» pueden ser muy remunerativos o todo lo opuesto. Hay mínimos que son simples textos notificando a un cliente la llegada de alguien en una fecha determinada, cancelando un pedido, etc., y por otro lado hay «mínimos» que son textos que describen una tecnología en particular, hay dos o tres palabras técnicas y el traductor no dispone de datos o información, por lo que estos textos implican a veces varias llamadas telefónicas, consultas, etc. Personalmente he tenido mínimos que me han ocupado toda la mañana y por 20 o por 25 libras no representa un trabajo muy remunerativo.

De hecho el ambiente económico en Inglaterra ha influido bastante en este tipo de trabajo. Hace diez años una empresa recibía un fax o una carta de un proveedor o cliente haciendo alguna consulta fácil, como, por ejemplo, la fecha de entrega del próximo pedido, la confirmación de una visita, etc., y no tenían reparo en mandarla por fax a un traductor y pagar la tarifa estipulada por ello. Hoy en día el clima económico ha obligado a las empresas a hacer sus ahorros y quizás ha obligado también a los ingleses a ser más hábiles en los idiomas.

Hay naturalmente una pugna entre los traductores que se inician en la profesión y que deben de alguna forma introducirse en el mercado y hay cierta tendencia entre ellos a ofrecer sus servicios a precios más bajos de los que cotizan los traductores ya establecidos.

La productividad varía enormemente según la persona y las circunstancias. Como cota de referencia creo que, siempre que el traductor tenga trabajo, puede hacer un mínimo de unas 1500 a 2000 palabras al día, según la especialidad, hasta unas 3000 ó 4000 al día, cifra que hacen muchos traductores. Los traductores más especializados, por ejemplo en el campo jurídico, donde los textos son repetitivos y a veces muy iguales y a menudo las fechas límites muy apretadas, suelen dictar las traducciones que luego pasan a máquina mecanógrafas empleadas a tiempo parcial, y en ese caso pueden dictar incluso unas 6000 ó 7000 palabras al día.

Según ciertas estadísticas que se publicaron por una encuesta que realizó el ITI, los ingresos de los traductores oscilan entre las 15.000 y 50.000 libras esterlinas anuales. Hay traductores que pueden tener unos ingresos muy altos en una semana determinada, debido al volumen de trabajo que han obtenido y que les permite hacer quizás unas 4000 ó 5000 palabras al día.

Por otra parte el traductor autónomo no cuenta siempre con un flujo de trabajo constante y tiene que cubrir sus gastos para los días en que no tiene trabajo o que simplemente quiera tomarse unas vacaciones.

Aspectos técnicos

Desde el punto de vista técnico es imprescindible tener buenos diccionarios y material de referencia. Los buenos diccionarios suelen ser bastante caros —unas 100 libras por ejemplar— lo que representa una importante inversión.

Por lo tanto a veces no es rentable para un traductor aceptar un pequeño trabajo un poco especializado si tiene que adquirir un diccionario específico para poder hacer la traducción. Esta situación justifica el hecho de que especializarse en una materia tiene mucho sentido.

No cabe la menor duda de que para ser un buen traductor hay que fijarse una meta, seguirla, estudiarla y dedicarse plenamente a ella para poder rentabilizar al máximo la producción.

El avance en la tecnología impone también para un traductor una inversión constante. Hay que actualizar el equipo y hay que mantenerlo funcionando.

Los avances en la informática han representado una gran ayuda para los traductores, pero al mismo tiempo los someten a la presión constante de tener que adaptarse a las necesidades del mercado y a actualizar constantemente su equipo. Es imprescindible para todo traductor contar con un ordenador, aunque conozco a dos o tres traductores que todavía trabajan con una simple máquina de escribir. El segundo equipo indispensable es un fax y el tercero que ya se ha impuesto en los últimos tres o cuatro años, sobre todo en Inglaterra, es el módem. Sin estas tres herramientas es muy difícil operar con éxito en el mercado inglés. No obstante, esto a la vez ejerce en los traductores cierta presión que no existía antes. Muchas traducciones se envían por fax y el cliente o la agencia espera tenerlas el mismo día, bien por fax o por módem.

El software standard en el mundo de la traducción es el programa Word Perfect 5.1 y últimamente se está imponiendo Word para Windows. El mercado no quiere solamente una buena traducción: quiere un texto bien presentado. Esto impone otro esfuerzo más para el traductor, especialmente para aquellos que no son muy hábiles con el ordenador. Pero el mercado es muy competitivo y el traductor que puede ofrecer además de una competencia en su campo profesional todos los otros atributos del mundo de la informática, es decir módem, correo electrónico, Windows, etc. tiene muchas más posibilidades de mantenerse más plenamente ocupado que otro profesional que no esté tan bien equipado.

La parte técnica más importante para un traductor, aunque un tanto abstracta, son los contactos: los contactos de colegas, de personas especialistas en diversos campos. Un traductor siempre necesita recurrir a algún especialista en materia de contabilidad, medicina, química, banca, etc. A menudo muchos traductores eligen un campo determinado como el jurídico o médico porque, o bien sus compañeros o compañeras son especialistas en ese campo, o lo es su padre o madre o alguien en la familia a quien pueden recurrir. Es igualmente importante contar con la ayuda de una persona nativa en el texto de origen.

En el fomento de los contactos, el Instituto de Traducción e Interpretación ha hecho un buen trabajo al constituir un foro en el que los traductores pueden reunirse; pertenecen a un mismo grupo y dentro del ITI hay lo que llaman «redes regionales», las cuales tienen reuniones periódicas y son un lugar en que los traductores pueden conocerse, intercambiar ideas, problemas, etc. Este tipo de asociaciones desempeñan una labor muy digna, aunque naturalmente una asociación de casi 2000 miembros no puede contentar a todos o satisfacer las necesidades particulares de cada uno.

El otro aspecto técnico, también abstracto, es la edad. Un traductor joven por muy hábil que sea no tendrá nunca la experiencia de un traductor de 40 años que cuenta con experiencia por haber ejercido la profesión desde hace tiempo y probablemente en distintos campos.

En conclusión, para ser un buen traductor es necesario dominar bien la informática, tener por lo menos una edad mínima de 40 años, tener un consorte o compañero nativo del idioma de origen, un tío médico, otro jurista, un hermano contable, a ser posible haber tenido una nodriza francesa y lo que es muy imprescindible, una capacidad de trabajo enorme para poder trabajar 14 ó 15 horas al día. Debo añadir que por encima de todo tiene que tener un buen conocimiento y cultura de su propio idioma.

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