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Aproximaciones a la traducción

La profesión del traductor: los primeros pasos

Por Virginia Cano Mora. Traductora e intérprete

Introducción

Tanto los estudios como la profesión del traductor e intérprete están de por sí poco definidos. En el Reino Unido, por ejemplo, no existe ninguna carrera universitaria que trate ampliamente estas disciplinas. Los alumnos que elijan hacer una carrera de idiomas tratarán algo el tema de la traducción y la interpretación, pero no de una manera extensiva que les permita trabajar en el mercado, aunque sí existen diversos cursos de posgrado sobre traducción e interpretación, tanto prácticos (como el máster en Traducción e Interpretación que ofrece la Universidad de Salford) como teóricos (como el máster en estudios de traducción de Reading). En España, en cambio, la traducción e interpretación constituyen una carrera (en un principio se enseñaban ambas disciplinas en escuelas universitarias, que ahora se han convertido en facultades).

A pesar de esta diferenciación, la necesidad de traductores e intérpretes se hace más patente quizás en el Reino Unido que en España o, por lo menos, la profesión está más extendida, hay un mayor número de traductores o éstos se muestran más activos. La gran mayoría de traductores trabajan de manera autónoma, y por ello me voy a centrar en el traductor e intérprete autónomo. Hago hincapié en lo de intérprete porque, aunque se argumenta que, puesto que las cualidades requeridas para ser un buen traductor son diferentes de las de un buen intérprete, no se puede trabajar como ambos, de hecho la mayoría de los traductores trabajamos en ambas capacidades.

De modo que empezaré por exponer los típicos comienzos y la formación de un traductor/intérprete: qué hacer cuando se ha decidido trabajar de traductor, qué equipo se necesita, cómo se organiza uno, cómo se captan clientes, etc., para pasar luego a comentar brevemente la faceta del intérprete y los errores típicos en que pueden caer los principiantes.

Formación

Hasta hace poco sólo era necesario contar con unos conocimientos lingüísticos mínimos para poder establecerse como traductor. No obstante, este estado de cosas está cambiando lentamente con la aparición de cursos especializados en traducción e interpretación y de entidades reguladoras de la profesión tales como el Institute of Translation and Interpreting (ITI) o el Institute of  Linguists, en el Reino Unido.

A mi modo de ver, lo ideal sería realizar la carrera de traducción e interpretación (cosa que sólo es posible si se está en España, puesto que ya hemos dicho que tal carrera no existe en el Reino Unido), a pesar de que la mayoría de las personas ajenas al mundo de la traducción y la interpretación no consideran estos estudios como una carrera seria.

Esto no quiere decir que si se han cursado otros estudios no se pueda ser traductor. Se puede ser un traductor excelente habiendo hecho cualquier otra carrera siempre que, a la misma vez o después, se hayan realizado estudios prácticos de traducción. De hecho, los mejores traductores técnicos o jurídicos serán, por ejemplo, aquellos que sean ingenieros o juristas (siempre, claro está, que tengan conocimientos de estas materias en el idioma del que vayan a traducir, estén por lo tanto familiarizados con la terminología de este campo en ambos idiomas, y cuenten con cierta formación como traductores).

Aquí entra en juego el curso de posgrado. Para algunos es un modo de afianzar los conocimientos y la práctica de la traducción y la interpretación; para otros es quizás la manera de introducirse en el mundo de la traducción y la interpretación con el que ya tuvieron cierto roce durante la carrera (ya sea Filología, en España, o Idiomas, en el Reino Unido), o que les resulta completamente nuevo pero extremadamente interesante.

Por dónde empezar

Ya tenemos a nuestro flamante diplomado/licenciado/titulado de alguna manera en Traducción e Interpretación. Se trata de alguien capacitado para ejercer. Pero, ¿por dónde se empieza?

Lo primero es decidir si se quiere trabajar en una agencia de traducción, en una empresa o de manera autónoma. En todos los casos hay que tener, en principio, mucha suerte, pero especialmente en el caso del traductor autónomo, que lo tiene aún más difícil y es en el que me voy a centrar.

En primer lugar, es necesario planificar el negocio: considerar los pros y los contras, estudiar el aspecto financiero y seguir, en definitiva, los pasos que todo el mundo sigue para comenzar un negocio (ya se trate de una peluquería, una fábrica de galletas o un servicio de catering). Existen diversas organizaciones y programas de ayuda para personas que quieren montar un negocio. Manchester Business Link es uno de estos programas de ayuda para nuevos negocios, gracias al cual se puede obtener el asesoramiento de expertos. Además de asesoramiento, también proporciona acceso de manera gratuita a cursillos sobre contabilidad, finanzas, marketing y un sinfín de temas relacionados. Una vez que el candidato a traductor (en este caso) ha definido un plan de negocios y éste se considera viable, Manchester Business Link proporcionará apoyo económico durante el primer año y una serie de revisiones del negocio cada cierto tiempo.

Equipo

El traductor autónomo pasa la mayor parte de su tiempo frente a la pantalla del ordenador, tecleando la traducción de un texto que, normalmente, habrá recibido por fax, y cuya traducción habrá de enviar por módem.

De manera que a la hora de comenzar a trabajar como traductor autónomo, se deberá invertir en un ordenador y programas adecuados (hasta ahora el programa de procesamiento de textos usado más comúnmente en el mundo de la traducción era WordPerfect 5.1, pero cada vez con más frecuencia se exige al traductor que presente su trabajo en Word para Windows o en la versión para Windows de WordPerfect). Hoy día existe una amplia gama de ordenadores a precios muy variados. Se pueden comprar ordenadores por unas 500 libras esterlinas más IVA si únicamente se trabaja con DOS, mientras que un ordenador con el que se pueda utilizar Windows y que se mantenga al día con el software que se pueda producir en los próximos tres a cinco años puede costar como término medio unas 1000 libras más IVA.

También será necesaria una impresora y, dependiendo del presupuesto de que se disponga, un fax y un módem, o un fax-módem combinado. Una impresora de chorro de tinta es suficiente para cubrir todas las necesidades del traductor, mientras que para grandes volúmenes de trabajo quizás merezca la pena considerar una impresora láser; sea cual sea el tipo de impresora que se elija hay que comprobar que funcione tanto para Windows como para DOS (si se utiliza WordPerfect). Una impresora de chorro de tinta cuesta alrededor de las 200 libras mientras que una impresora láser viene a salir por unas 400 libras.

Pasemos ahora a hablar del fax y el módem, que son esenciales para el traductor autónomo. Si se está empezando a trabajar como autónomo (freelance) quizás la mejor opción es obtener un fax-módem combinado. Hoy día casi todos los módems son de hecho también faxes. Las ventajas que presenta el fax-módem es que resulta más barato que comprar un fax por separado, y da muy buenos resultados, especialmente en la recepción de faxes, puesto que se pueden leer en la pantalla del ordenador, aumentando el documento si fuera necesario para su buena lectura. Desventajas: solamente se puede enviar por fax un texto que se tenga en pantalla en el ordenador; cuando se trata de corregir traducciones (proofreading) resulta obsoleto, puesto que no se pueden enviar las páginas con las correcciones en ellas. Aunque este problema se puede solucionar más adelante, cuando se cuente con el dinero necesario, mediante la adquisición de un scanner manual (de unas 50 libras más IVA) o uno personal (de unas 150 más IVA). Los precios de los faxes varían considerablemente, siendo el precio medio unas 200 libras. En cuanto a módems se refiere, los modelos V32bis (14.400 bits por segundo), que son los más comunes en la actualidad, se pueden adquirir por un máximo de 80 libras, mientras que los modelos V34 (28.000 bits por segundo), que funcionan el doble de rápido, y que se están abriendo camino recientemente, cuestan unas 150 libras. Últimamente se ha venido desarrollando el software para un nuevo tipo de módem que funciona también como contestador automático; este modelo puede resultar una buena inversión para el futuro, pero ahora mismo está todavía en estado casi experimental.

Por último, en este apartado de equipo, me gustaría resaltar la importancia de un contestador automático o un teléfono móvil. El traductor (o intérprete) debe estar localizable en todo momento. De ahí lo importante que resulta contar con un contestador automático (y comprobarlo cada cierto tiempo cuando se está fuera de casa o de la oficina) o un móvil (que resulta aún más importante si se trabaja de intérprete para la policía o agentes de aduanas).

Por lo tanto se pueden estimar los costes totales del equipo, así como los de papelería (tarjetas de negocios, papel con encabezamiento, etc.) en unas 3000 libras. Y a esto habrá que sumarle los costes de los mailings que se realicen y de la compra de diccionarios y otros materiales de consulta.

Comienzos

Una vez que se cuenta con el equipo y los conocimientos necesarios, surge el problema de la captación de clientes.

Existen dos tipos de clientes: los directos y las agencias. Estas últimas son las principales proveedoras de trabajo. Ellas, por supuesto obtienen beneficios sustanciales, pero también se puede hacer que trabajen a favor del traductor autónomo, puesto que pueden realizar todos los esfuerzos publicitarios que el traductor, al principio, no se puede permitir. La mejor estrategia para empezar a trabajar como traductor autónomo es realizar un mailing a dichas agencias. Y no sólo a las de la zona donde se vive, puesto que, con la tecnología con que contamos en la actualidad, se puede trabajar desde cualquier punto geográfico para un cliente que puede estar a cientos de kilómetros o a unos cuantos metros.

Los clientes ideales son los directos, puesto que se les puede cobrar más que a las agencias (se les puede cobrar lo que las agencias les cobrarían); pero éstos son los más difíciles de conseguir. La única manera de conseguir clientes directos es mediante contactos o poniendo un anuncio en las páginas amarillas. También, si se tiene una especialidad (lo cual es muy importante en el mundo cada vez más especializado de la traducción), es una buena medida realizar un mailing al grupo deseado; por ejemplo, si se está especializado en traducción jurídica, un mailing a los bufetes de abogados y a los notarios.

Traducción

La vida del traductor autónomo puede resultar muy monótona y solitaria si no se combina con otras actividades tales como la interpretación o la enseñanza. Hay que tener la disposición adecuada para elegir esta profesión, pero también por ello es muy importante relacionarse y estar en contacto con otros traductores: no sólo pueden resultar de gran ayuda con alguna dificultad que surja en la traducción de un texto, sino que también saben lo que supone pasarse horas tecleando o dictando una traducción. Existen organizaciones que sirven como punto de encuentro para traductores tales como, en el noroeste de Inglaterra, la North-West Translators Network (NWTN) o, a nivel nacional, el ya mencionado ITI. Estas entidades, aparte de proporcionar una cierta organización a la profesión y regularla, ofrecen información a los traductores, y en las reuniones que tienen lugar cada cierto tiempo se tratan los problemas a los que se enfrentan los traductores, las nuevas tecnologías que pueden ayudarles y, ante todo, sirven para fomentar el encuentro entre los mismos.

Una advertencia antes de seguir adelante: resulta más fácil perder un cliente que ganarlo. Todos los traductores cometemos errores de vez en cuando. Es muy fácil equivocarse en un número, saltarse algo, e incluso cometer algún error de mecanografía (aun contando con las facilidades de corrección de textos que ofrecen programas como WordPerfect). El problema fundamental reside en el hecho de que, si un traductor que ha estado trabajando para una agencia durante un cierto número de años comete un error, la agencia le dará otra oportunidad; pero si ese mismo error lo comete un traductor que trabaja para la agencia por primera vez, es muy raro que vuelva a mandarle trabajo. Injusto, pero cierto.

Otra de las injusticias muy comunes en el mundo de la traducción son las temidas fechas límite. ¿Por qué no contamos los traductores nunca con tiempo suficiente para bordar una traducción? El factor tiempo es crucial. Todos los clientes, ya sean directos o agencias, tienen prisa y quieren una traducción rápida y de gran calidad. Y, todos sabemos que es muy difícil, por no decir imposible, tener ambas cosas. El problema del tiempo que se dedica a la traducción es de especial importancia para el traductor autónomo, porque muy a menudo acaba trabajando hasta muy tarde por las noches e incluso los fines de semana.

Siempre que se vaya a aceptar trabajo (y especialmente si se tratara de una agencia nueva) hay que asegurarse de que antes de realizar la traducción, tanto la agencia como el traductor estén de acuerdo con las condiciones de la misma. Por ejemplo, se habrá de decidir si el precio por cada mil palabras se refiere a la lengua del texto original o a la del texto final, cuándo se realizará el pago (normalmente de uno a dos meses tras la entrega de la traducción) y, lo que es más importante y aplicable a todas las traducciones y todos los tipos de clientes, antes de aceptar una traducción el traductor habrá de asegurarse del tipo de texto en cuestión. Es posible que se trate de un texto muy especializado en cuyo campo el traductor no tenga experiencia suficiente para realizar la traducción, o es posible que las características del texto sean tales que exijan al traductor una extensa labor de investigación. Es esencial que antes de aceptar una traducción se hayan acordado todos los detalles de la misma.

Si el trabajo viene de una agencia, normalmente la propia agencia enviará la traducción a otro traductor para que la coteje, pero algunas agencias no lo hacen, por lo que habrá que ser extremadamente cuidadoso al realizar la traducción. Por muchas veces que leamos y releamos nuestras traducciones, es posible que se nos escape un pequeño detalle.

Ya he dicho que es muy fácil perder clientes (por saltarse algo, por pedir un precio más alto debido a la labor de investigación que la naturaleza del texto requiera, etc.), pero es posible darles una impresión favorable ajustándose siempre a las fechas límites y ofreciendo traducciones de calidad (aquí, una vez más, es necesario resaltar la importancia de la revisión de la traducción antes de mandarla a la agencia y, si se tratara de un cliente directo, esta revisión sería imprescindible).

No he hablado hasta ahora de las ayudas que tiene el traductor a la hora de realizar su trabajo, es decir, diccionarios, libros y material de consulta y, lo que considero más importante, contactos: expertos en distintos campos que puedan ayudar al traductor a la hora de comprender un concepto. El traductor habrá de contar con toda una serie de diccionarios bilingües y monolingües en ambos idiomas sobre el tema en que esté especializado, diccionarios generales y de temas relacionados con el campo de especialización (puesto que normalmente los textos jurídicos, por ejemplo, vienen relacionados con temas financieros, médicos, etc.), pero además deberá de poder contar con la ayuda de juristas, siguiendo con el ejemplo de la traducción jurídica, tanto en España como en Inglaterra. La consulta de expertos es una de las claves de un buen traductor, así como también lo es la experiencia. Hay trucos de traducción y conocimientos que sólo se adquieren con el tiempo.

Antes de terminar este apartado sobre la traducción, querría hacer mención de la revisión de traducciones o proofreading. Ésta puede parecer una labor fácil, pero puede resultar muy difícil y frustrante. La razón: cada traductor tiene su estilo propio y expresaría una misma idea de una manera diferente, de modo que a veces resulta muy difícil trazar la línea divisoria entre la corrección de errores y la de estilo. A título orientativo comentaré que se cobra por horas, y que las agencias no suelen mostrarse muy contentas cuando el traductor-corrector ha incluido gran cantidad de cambios.

Interpretación

El ITI divide la interpretación en dos categorías: de conferencia y ad hoc. El intérprete de conferencia interpreta de manera simultánea en cabina contando con apoyo técnico y en equipo, o de manera consecutiva, es decir, toma notas para interpretar discursos de una duración de cinco o más minutos. La categoría de interpretación ad hoc se divide en tres subcategorías: interpretación en reuniones de negocios, interpretación en tribunales e interpretación para los servicios públicos (policía, agentes de aduanas, inmigración, seguridad social, etc.).

Vamos a centrarnos en la interpretación ad hoc. Pero antes de ello, es necesario advertir que las situaciones para la interpretación casi nunca son lo que debieran ser. Normalmente en traducción simultánea se espera que se proporcionen los medios técnicos necesarios; muchas veces el equipo es defectuoso o el intérprete ha de trabajar a solas durante largos períodos de tiempo en lugar de alternar con otro intérprete, como es la práctica usual. En interpretación consecutiva las intervenciones no debieran ser de más de diez minutos de duración, pero a menudo lo son. Y en interpretación ad hoc, se suele olvidar que hay intérprete, o ha de interpretarse utilizando la técnica del whispering, que consiste en sentarse junto al cliente e ir traduciéndole en voz baja lo que se va diciendo, con el consiguiente problema que supone el encontrarse varios intérpretes susurrando al mismo tiempo en una sala cerrada.

Normalmente son las agencias las que proporcionan los intérpretes a los clientes, aunque se puede dar el caso de que llegue un momento en el que el cliente decida comprarle el intérprete a la agencia. No ocurre muy a menudo, pero sí que ocurre a veces.

Para ser un buen intérprete se necesita, además de una buena formación, una gran capacidad de síntesis, una dosis importante de sangre fría (o ser un experto en ocultar los nervios) y buena imagen. Un buen intérprete ha de ser casi como un actor; no basta con traducir lo que se dice, sino que hay que transmitir el mensaje con todo lo que lleve consigo (humor, enfado, sorpresa...). Se trata de transmitir ideas y estados de ánimo.

La profesión del intérprete suele ser muy estresante, pero resulta muy gratificante desde el punto de vista tanto personal como monetario. Es necesario saber controlar los nervios y hacer que jueguen a favor del intérprete (haciéndole estar más alerta, por ejemplo).

Para mí los dos problemas fundamentales son los nervios y la imparcialidad. Los nervios suponen un problema que no tiene solución. Es cuestión de experiencia: los intérpretes más curtidos serán capaces de dominar mejor los nervios, aunque éstos se hallarán siempre presentes. En algunos casos resulta muy difícil mantener la imparcialidad. Pongo por ejemplo el caso de trabajar de intérprete ante un tribunal: es natural que se tenga una idea preconcebida de si el acusado es culpable o inocente antes de comenzar a interpretar, pero el intérprete habrá de olvidarse de esto por completo para poder llevar a cabo su trabajo con imparcialidad y justeza.

Las reuniones de negocios se prestan a situaciones un tanto ridículas e incluso jocosas a las que el intérprete habrá de adaptarse y saber reaccionar con rapidez. También es muy frecuente el caso de largas reuniones de negocios en que los clientes se aburren y comienzan a hablar entre ellos sobre algo que no tiene relación alguna con el tema que se está tratando, haciendo que al intérprete le sea muy difícil mantener la concentración.

Si se decide trabajar como intérprete para la policía hay que estar preparado para trabajar en todo momento y a horas intempestivas. Este tipo de interpretación puede resultar difícil en el sentido de que nunca se sabe cómo van a reaccionar los detenidos. Pueden permanecer muy calmados, pero también pueden reaccionar violentamente y culpar al intérprete de lo que está pasando, o pueden derrumbarse y empezar a llorar, con lo cual el intérprete no sabe a dónde mirar o cómo entender lo que la persona está diciendo entre hipido e hipido. Y también puede dar lugar a situaciones difíciles como, por ejemplo, encontrarse a la persona en cuestión por la calle o en un avión a los pocos días de haber estado interpretando para ella y la policía.

Quizás la situación que más imponga sea la interpretación en un juicio. El intérprete sabe que, más que nunca, ha de ser muy preciso en su trabajo y es consciente del alto grado de formalidad de la situación. Por mucho que se intente sonar y parecer profesional, la primera frase suele sonar un poco vacilante, pero una vez pasados los primeros momentos la adrenalina comienza a funcionar con normalidad y todo resulta más fácil.

Conclusión

En definitiva, la profesión de traductor y de intérprete tiene sus pros y sus contras: la interpretación es más estresante, y cualquier error se hace patente inmediatamente, sin que sea posible subsanarlo en muchas ocasiones (por ejemplo, si se trata de un error dentro de un discurso muy largo y se está interpretando simultáneamente), pero más lucrativa, mientras que el traductor puede, en una situación ideal, dedicar más tiempo a cuidar la expresión y comprobar y revisar su propio trabajo, pero puede resultar una profesión un tanto solitaria.

Lo ideal, a mi parecer, sería combinar ambas actividades, aunque soy consciente de que hay gente que sirve para una cosa y no para la otra, y de que hay más mercado para traductores que para intérpretes.

En lo referente a trabajar de autónomo, siempre se ha dicho que intentar trabajar de traductor autónomo desde un principio es imposible. Yo no digo tanto. Es difícil, sí, muy difícil, pero posible. Es necesario invertir mucho tiempo, dinero y energía en ello, pero merece la pena.

Se trata de un negocio muy inestable, poco aconsejable si lo que se busca es estabilidad económica. Hay que armarse de paciencia y acostumbrarse a largos períodos de inactividad tras los cuales vendrán temporadas frenéticas en las que se habrá de trabajar día y noche, e incluso rechazar trabajo o subcontratarlo por falta de tiempo.

Quisiera terminar volviendo a resaltar la importancia que tienen una buena campaña de marketing, la fiabilidad, la experiencia y los contactos, haciendo hincapié especialmente en los contactos para los nuevos traductores e intérpretes autónomos que quieren abrirse paso en esta difícil y competitiva profesión.

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