Bernardo Díaz Nosty
El interés de México queda justificado por la dimensión demográfica del país y porque existen suficientes indicios para construir una hipótesis sólida sobre la realidad. El resto de los países latinoamericanos definen un panorama heterogéneo, dominado por gradaciones, dentro de la modestia, en los valores de consumo de diarios (mapa 2 y tabla 19).
En Centroamérica destacan cuatro países muy homogéneos en los indicadores sociales y económicos El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, como se pone de manifiesto en la tabla 16. Todos ellos tienen un elevado porcentaje de población rural, que supera el 50% de los casos de Guatemala, Honduras y El Salvador. Las cuatro naciones soportan los índices de analfabetismo más elevados de Latinoamérica, que superan el 34% entre la población de más de quince años de Guatemala y Nicaragua. Aunque todas revelan unas rentas muy bajas, Honduras y Nicaragua son las dos más pobres del espacio analizado, con valores per cápita del PIB inferiores a 2.000 dólares.
En ninguno de estos países existe un organismo que certifique la difusión de la prensa. Se conocen los datos de Nicaragua, donde en octubre de 1998 se editaban únicamente tres cabeceras La Prensa, Nuevo Diario y La Tribuna, con un circulación nunca superior a los 60.000 ejemplares56, valor equivalente a un índice de difusión de 14,2 ejemplares por cada mil habitantes57, el más bajo entre las naciones de lengua española. La circulación en Guatemala y Honduras puede estimarse entre 20 y 25 ejemplares por mil habitantes58, que en el caso de El Salvador se situaría cinco puntos por encima.
Costa Rica y Panamá ofrecen otro perfil. Ambas naciones muestran parámetros socioeconómicos muy parecidos. Costa Rica, además de una tradición periodística sólida, que alcanza a la formación y organización de sus profesionales, tiene uno de los índices más bajos de analfabetismo y un relativamente alto nivel de formación media y superior. Los datos de Panamá se aproximan, en muchos de los aspectos, a los de Costa Rica. En términos de difusión, Costa Rica aparece en la primera posición de Centroamérica, con valores relativos próximos a 60 ejemplares, mientras que la posición de Panamá puede estimarse en torno a un 15 % inferior.
En los países insulares de las Antillas, el caso de Cuba está definido por circunstancias especiales, no sólo derivadas de la ausencia de libertad de expresión y del oficialismo de la prensa, sino por la existencia de un único periódico diario, limitado en su circulación por las restricciones en el consumo de papel prensa59. En el mejor de los casos, de dar crédito a las cifras facilitadas por el director de Granma60, el índice de difusión en Cuba puede situarse en torno a 36 por mil habitantes.
Para la República Dominicana se ha estimado un valor relativo de difusión ligeramente superior a 30 copias por cada mil habitantes61, mucho menor del que se da en el vecino Puerto Rico. Puerto Rico es el país, entre los considerados, con mayor renta per cápita, después de Chile, y posee un alto nivel de instrucción pública, con una difusión relativa estimada superior a 70 copias por cada mil habitantes62.
Tres países del Cono Sur Argentina, Chile y Uruguay conforman el área más homogénea y evolucionada en materia de consumo de periódicos diarios. Paraguay muestra rasgos socioeconómicos diferentes, con una menor definición urbana y valores de renta que apenas llegan al 50% del valor medio de la zona, circunstancia que se traduce en una menor circulación de la prensa, cuya difusión se sitúa en torno a los 35 ejemplares por cada mil habitantes63.
Buenos Aires es la primera ciudad de habla hispana en cuanto al volumen de impresión de todo tipo de diarios64, con 1,2 millones de copias, más de la mitad correspondientes a Clarín, que, con más de 600.000 ejemplares, es el diario de mayor circulación entre los escritos en lengua española.
A pesar de la polarización de la prensa en Buenos Aires, en el interior del país existen importantes diarios regionales (véase tabla 16) como La Voz del Interior (Córdoba), La Gaceta de Tucumán (San Miguel de Tucumán), Los Andes (Mendoza), La Capital (Mar del Plata), Río Negro (Patagonia), El Tribuno (Salta), Litoral (Santa Fe), etcétera, y un muy elevado número de diarios locales. La diversidad y gran extensión de Argentina no sólo marca diferencias entre los consumos interterritoriales del medio, sino que dificulta la existencia de una prensa nacional con presencia significativa en el conjunto del país. Los dos grandes diarios de Buenos Aires concentran en cerca del 80% su circulación en la capital y provincia65, sin que se hayan desarrollado plenamente los sistemas de impresión en plantas satélites.
La circulación total diaria es de 2.335.000 ejemplares66, valor que para una población de 35,2 millones de habitantes representa un índice de difusión de 66,3 ejemplares.
Los datos de difusión «los manejan solamente sus dueños y directores [de los diarios] bajo la más estricta reserva»67. La concentración de la propiedad tal vez favorezca esta opacidad. Según un estudio del Colegio de Periodistas de Chile, el 90% de los lectores corresponde a los medios del grupo multimedios Copasa, editora, entre otros, de La Tercera, La Cuarta y La Hora, y del grupo de la familia Edwards, propietaria de una quincena de cabeceras, entre las que figura el título de referencia nacional, El Mercurio68.
La difusión de la prensa atraviesa en Chile un período de crisis, ya que el fin de la dictadura militar no ha supuesto, a juicio de los expertos, una recuperación del periodismo más dinámico previo al largo período de control y censura. En general, la pérdida de lectores se asocia al carácter oficialista e institucional de la agenda de los medios. «Con la eliminación de los medios informativos que respaldaron al Gobierno del presidente Allende mediante el expediente de la confiscación escribe Hernán Uribe, el régimen militar uniformó a la prensa chilena, la que ahora, sin uniforme, practica la uniformidad [...] El periodismo chileno actual se caracteriza, además, por lo declarativo. Si nadie habla, no hay noticias...»1. En julio de 1998 desapareció el diario La Época, uno de los intentos alternativos de la prensa del nuevo período democrático.
La estimación de difusión se ha hecho a partir de los datos de audiencia, tomando como valor convenido un índice de rotación de tres lectores por copia para la prensa de información general y de dos por copia para los de información especializada. Este cálculo permite suponer que el índice medio de difusión, considerado el incremento de ventas de los domingos, se encuentra en torno a 62 ejemplares por cada mil habitantes.
La estructura de la inversión publicitaria viene a reconocer la relativa importancia que la prensa tiene en Chile, ya que asigna a los diarios el 33% (véase tabla 15), un valor superior al de Puerto Rico (32) y sólo ligeramente inferior al de España (34).
Con excepción de Venezuela, que tiene unos valores relativamente altos en el escenario latinoamericano, ésta es una de las zonas más deprimidas en términos de difusión. Bolivia es, después de Nicaragua, la nación con más bajo consumo de prensa.
En Perú, con variables socioeconómicas bastante semejantes a las de Ecuador, el índice estimado como real crece hasta 38 ejemplares por mil habitantes76. Bolivia es, con diferencia, la nación más deprimida de la zona. Los indicadores acentúan en este país las condiciones adversas para el consumo del medio. La población rural es del 41,6%; el analfabetismo se eleva al 16,9% y la renta cae a uno de los niveles más bajos de Latinoamérica. Con unas 25 cabeceras diarias, las más importantes se concentran en La Paz, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba, todas ellas con tiradas muy cortas. La difusión global puede estimarse, con criterios conservadores, en torno a 145.000 ejemplares, lo que arroja un índice ligeramente superior a 19 ejemplares por cada mil habitantes77.