Bernardo Díaz Nosty
Merece especial atención en este análisis la situación del consumo de prensa en México, por la dimensión demográfica del país, la mayor de los hispanohablantes, ya que su población representa el 27,8% de los países donde la lengua española es oficial27. Ha sido en este espacio nacional donde hemos basado el supuesto de partida, que permite fundamentar una hipótesis razonable y un amplio despliegue de inferencias que trazan claros indicios para la verificación.
Según el último anuario estadístico de la UNESCO28, en 1995 se editaban en México 310 diarios, con una difusión de 10,5 millones de ejemplares y un índice relativo de 115 ejemplares por cada mil habitantes. Se trata de una cifra que, en la tabla estadística de consumos culturales, sobrepasa a la de naciones como Italia o España y es una de las más elevadas del continente americano, sólo superada, según la misma fuente, por Uruguay (235), Estados Unidos (218), Venezuela (206), Puerto Rico (189), Canadá (166) y Argentina (135).
Los mecanismos de evaluación de la difusión son muy precarios. Existe en México el Instituto Verificador de Medios (IVM), bajo cuyo control sólo se adscriben un pequeño número de cabeceras, sobre las que se certifican datos que no siempre ganan la confianza de anunciantes y editores, aunque son una referencia para el análisis29. En ocasiones, señalan algunos empresarios del sector, los controles del IVM, que se presentan con estándares de evaluación muy rigurosos30, suponen en la práctica un inconveniente, ya que implican siempre una merma sobre la libertad de los editores, acostumbrados a declarar unas cifras de ventas muy abultadas (tabla 13).
Existe una publicación de carácter comercial, MPM.- Medios Impresos31, que traslada a sus páginas las cifras declaradas por los editores de los diarios, salvo las de aquellos que han sido auditados, de los que publica las certificaciones del IVM. Si se toman en consideración los datos de MPM, en México se alcanzan o, incluso, se superan los valores de difusión expresados en las estadísticas de la UNESCO. Otras publicaciones, como la prestigiosa norteamericana Editor & Publisher, en cuyo anuario se reúne una detallada información sobre la prensa del mundo, recrean unos valores de difusión trazados asimismo a partir de las declaraciones de los editores.
La agencia española Efe, muy asentada en la zona, añade argumentos para la creencia de una difusión elevada de la prensa diaria en Latinoamérica. En concreto, en México, según esta fuente, se difunden 10,56 millones de ejemplares diarios, con un índice de 118 ejemplares por mil habitantes32.
En las tablas 12a y 12b se hace un resumen de los valores estadísticos aportados por las distintas fuentes. Según la UNESCO, en México se difunden diariamente 10,5 millones de ejemplares al día, con un índice de 115 ejemplares por cada mil habitantes; la agencia Efe eleva este último valor a 118, un punto menos que el obtenido a partir de los datos de Editor & Publisher (119), que es todavía inferior al de la Federación Latinoamericana de Periodistas, que eleva la circulación a 12,2 millones de copias y el índice a 133.
En México, las principales observaciones sobre la difusión y el cuestionamiento de las cifras comúnmente aceptadas se deben a Raúl Trejo, quien en 1990, siendo responsable de uno de los principales diarios del país, estimó públicamente que la circulación real del conjunto de los 23 diarios editados en la Capital Federal, incluidas las cabeceras deportivas y de información económica, era de 450.000 ejemplares33 (tabla 14). En ese momento, la población de México DF y su zona de influencia la considerada por Trejo era de 18 millones de habitantes, por lo que el índice de difusión del área central del país, en el mejor de los casos34, resultaba ser de 24,9 ejemplares por cada mil habitantes. Nada hace pensar que en el resto del país la situación fuese distinta.
En 1995, en un informe del Freedom Forum, de la Universidad de Columbia, se revelaba con toda crudeza que la circulación del conjunto de los diarios de la Ciudad de México, , es menor que la de un solo diario californiano, el San Diego Tribune, dirigido a «una población de tres millones»35. Everette Dennis y Jon V. Heuvel, autores del informe, se sorprenden ante la muy baja implantación de la prensa en el conjunto de Latinoamérica36.
Esta aproximación a la realidad lleva a algunos editores, partidarios de una mayor claridad y transparencia en el sector no se da ningún crédito a las cifras proclamadas públicamente, a propugnar la racionalización y modernización de las estructuras profesionales y mercantiles de la prensa, sujetas a vicios difíciles de entender en sociedades más evolucionadas37. Para comprender una de las facetas más peculiares de la prensa mexicana, que no es ajena a la degradación de sus prácticas constructivas, a la pérdida de credibilidad y, consiguientemente, a su escasa difusión, es especialmente instructivo el libro de Rafael Rodríguez Castañeda, Prensa vendida38. Rodríguez Castañeda argumenta, con una información de primera mano, el perjuicio que para el medio ha significado el largo maridaje de la prensa con el poder durante los últimos cuarenta años.
«Muy pocos diarios y prácticamente ninguna revista han conseguido que en sus finanzas la principal fuente de ingresos haya dejado de ser la publicidad de los gobiernos federal o estatales»39. Esta dependencia sitúa a los lectores, esto es, a la difusión del medio, en un segundo plano, porque «se puede vivir de la publicidad y prescindir de los lectores, durante un largo periodo de tiempo»40.
En 1997, Raúl Trejo volvió a plantear la cuestión de la difusión de los diarios, con una preocupación que trasciende el plano de lo mercantil y se centra en el fenómeno de la degradación cultural41. Como ya hiciera en 1990, evalúa de nuevo, en la primavera de 1996, el estado de la prensa de la capital de la nación y descubre penumbras que no revelan avances sobre la situación precedente, a pesar del incremento demográfico de la conurbación central en un 11,9%, lo que eleva la población censada a más de 20 millones de habitantes42.
A partir de los datos de Trejo, que se refieren sólo a los principales diarios de la Ciudad de México, hemos extendido la evaluación al conjunto de la prensa, mediante consultas contrastadas a periodistas y editores, por lo que se puede estimar, con una máxima cautela conservadora, que en 1996 se vendían en el área central del país unos 510.000 ejemplares, con un índice de difusión en el área central del país de 25,3 ejemplares por cada mil habitantes. Seguramente, la realidad muestra perfiles más acentuados que los que se barajan en esta aproximación especulativa43.
A partir de una fuente muy ajustada el Media Max 97 Gallup, se pueden hacer, mediante el análisis de los cpm (costes por millar de la publicidad), ciertas aproximaciones a la difusión real de cinco periódicos capitalinos en el área metropolitana. De estos valores, que no reflejan necesariamente valores exactos de circulación, se obtienen las siguientes referencias diarias: El Universal (61.100), Reforma (51.010), El Financiero (30.350), Excélsior (29.650) y El Economista (25.120).
Aun cuando las cifras no integran datos verificados, certificados o sujetos a control reglado, sí sirven para descartar la primera impresión sobre la amplitud de la circulación del medio impreso en México o, al menos, en la capital y su entorno. La extensión de estos datos al conjunto del país es más compleja, ya que es necesario computar al menos unos 275 títulos44, casi todos ellos de volumen muy reducido, verdaderos minifundios locales, con un escaso grado de estructuración en cadenas o grupos45. «En su gran mayoría se trata de una prensa débil, artesanal y, en el sentido más estricto, provinciana».46
No parece razonable considerar que fuera del área metropolitana de la capital de la nación los índices de difusión sean superiores a los ya expresados. Con desigualdades, marcadas por el desarrollo económico y cultural de las distintas entidades federativas, el valor medio nacional, si se extiende al conjunto el índice de difusión de 25 ejemplares por cada mil habitantes, arroja una circulación neta diaria próxima a los 2,3 millones de ejemplares.
Cabe suponer, a la vista de otras variables de entorno, como las de carácter sociocultural y económicas, que la extensión de los valores de la conurbación central al conjunto del país traza una cota muy conservadora, por debajo de la cual hay que entender que se encuentran las realidades de la mayor parte de las entidades federativas.
Aun cuando se han hecho indagaciones en Yucatán y Jalisco, donde se dan buenos ejemplos de prensa local, y en Zacatecas, sólo en este último Estado hemos podido reunir datos muy aproximados a la realidad. Sobre una población de 1,34 millones de habitantes, las ventas diarias de los periódicos locales El Sol de Zacatecas e Imagen y de los nacionales de todo tipo no superan los 6.500 ejemplares47, muy centradas en Zacatecas capital y en Fresnillo, valor que traslada al referente de difusión uno de los índices más bajos imaginables: 4,9 copias por cada mil habitantes. Se trata, sin duda, de una prospección en una comunidad especialmente deprimida.
En el caso de Yucatán, cuyos principales diarios Diario de Yucatán y Por Esto! se editan en Mérida, el índice, calculado a partir de datos no siempre bien contrastados, supera los 21 ejemplares por mil habitantes48.
En Jalisco, donde se encuentra la segunda ciudad del país, Guadalajara, aparecen diarios de la importancia de El Informador, Ocho Columnas y Siglo XXI, además de otras ocho cabeceras, editadas en Guadalajara y Puerto Vallarta, que junto con las ventas de los diarios nacionales suman, según todas las fuentes consultadas, alrededor de 140.000 ejemplares, equivalente a un índice de difusión de 23,4 ejemplares por cada mil habitantes49.
A la vista de estos datos, que no están basados en un sistema de verificación universal y fiable, se amplían los argumentos de la hipótesis de partida sobre la discrepancia entre las cifras comúnmente divulgadas sobre la difusión de la prensa en México y la que puede inferirse como aproximación a la realidad. Lejos, pues, del índice de difusión publicado por la UNESCO, de 115 ejemplares por cada mil habitantes, se puede definir una cota conservadora de acercamiento al valor real de la difusión en México situada entre 20 y 25 ejemplares.
Puede afirmarse que esta primera conclusión no es extraña a la conciencia del sector mexicano de los medios, donde se sabe que la circulación es muy baja, pero no se precisa, ya que las cifras de los editores ocultan la realidad y construyen una ficción que, ante la ausencia de estadísticas fiables, se traslada a las evaluaciones de organismos e instituciones internacionales.
Como se expuso en la presentación de la hipótesis, la debilidad del sector periodístico, su escasa implantación y la excesiva atomización de sus cabeceras la talla media de los más de 300 diarios mexicanos puede situarse entre 5.000 y 6.000 ejemplares explica la baja asignación de recursos publicitarios al medio.
En la tabla 15 se aprecia que la cuota de inversión de los anunciantes en prensa diaria es, en términos relativos, la más baja de Latinoamérica y una de las más bajas del mundo. En México sólo se destina un 7% a los diarios. Sin duda, este dato revela el escaso desarrollo del soporte comercial de los periódicos, directamente relacionado con la difusión. El siguiente país en esta clasificación, que reúne datos de ocho países, es Colombia, donde la cuota publicitaria del medio asciende al 14%, cinco puntos menos que Argentina50. Uruguay y Venezuela aparecen con porcentajes superiores al 20%, mientras que Puerto Rico y España se sitúan por encima del 30%.
El consumo de papel prensa, que no permite precisar el alcance de la difusión, ya que está relacionado con el volumen de páginas impresas, porcentajes de invendidos, etcétera, descubre, sin embargo, que la materia prima empleada por los diarios mexicanos es aproximadamente la mitad que la utilizada por los periódicos españoles (490.000 toneladas)51, cuando la población de México es 2,3 veces superior a la de España.
Las razones que concurren en el fenómeno de la baja lectura de diarios en México son extensibles al resto de los consumos editoriales. «Un estudio de la Universidad de Colima, por ejemplo, reveló que el 21% de los hogares en México carecen de un solo libro, y apenas el 16% tienen de uno a cinco, entre ellos la Biblia. En el 14% de las casas existen de seis a diez títulos; en el 15%, de once a veinte; y en el 44% hay más de veinte libros, principalmente diccionarios, enciclopedias y material escolar»52.
«Se produce entonces un fenómeno de doble realidad, en el que se superponen dos criterios de verdad... Y surge la paradoja de que muchas veces la prensa o la televisión extranjeras permiten informarse mejor y entender más la propia realidad del país en que uno vive que en los propios medios nacionales... El oficialismo periodístico entendido no como propiedad o manipulación del medio por entidades oficiales, sino como una tendencia exagerada a cubrir sólo declaraciones oficiales ha actuado como una barrera en el interés público por acceder a los beneficios de la integración»55.
«El Universal es el único diario que informa de su tiraje, aunque hay motivos para suponer que exagera al respecto. Los editores dicen que imprimen más de 150.000 ejemplares diarios y se respaldan en una auditoría que, cada uno o dos años, contratan con una empresa de verificación estadounidense. Sin embargo, es sencillo falsear esa información con propósitos mercantiles (basta con imprimir más ejemplares el día en que la empresa auditora va a efectuar sus mediciones).»