Bernardo Díaz Nosty
La difusión de la prensa en España fue en 1997 de 104,8 ejemplares por cada mil habitantes10, una de las cifras más bajas de Europa, que sólo supera los valores de Italia (103,5), Grecia (68,1) y Portugal (64,7)11. La circulación media de la prensa en las naciones de la Unión Europea es de 216,9 ejemplares por mil habitantes, algo más del doble de la de España (véase tabla 5)12.
El mapa de la prensa diaria europea se define por distintos relieves entre los distintos consumos nacionales. Por encima de los 400 ejemplares por mil habitantes aparecen las naciones escandinavas, encabezadas por Finlandia (455,5). Cinco países del espacio anglogermánico marcan un segundo nivel, situado por encima de los 300 ejemplares: Reino Unido (317,0), Dinamarca (311,0), Alemania (304,6), Países Bajos (302,7) y Luxemburgo (302,5), a los que sigue muy de cerca Austria (290,5). En torno a la cota 150 aparecen Bélgica (157,4), Irlanda (153,3) y Francia (150,8). Las naciones con menor circulación España, Italia, Grecia y Portugal se encuentran en el sur de Europa.
Las diferencias entre el norte y el sur de Europa son en parte debidas a la inexistencia de prensa sensacionalista en los países meridionales, en concreto en Francia, España e Italia, que es en el ámbito anglosajón el componente dominante en la estructura de ventas de los diarios, con cabeceras como la germana Bild Zeitung, cuya difusión diaria (4.528.000 ejemplares) supera a la del conjunto de los 125 títulos españoles, o las británicas The Sun (3.780.000), The Mirror (3.009.000) o Daily Mail (2.238.000).
En España, la evolución de la circulación de los diarios ha seguido, sin embargo, un proceso distinto al observado en la mayoría de los países europeos. Mientras que en los mercados más consolidados, los índices de difusión descendían de forma ligera y continuada, en España se asistía a un crecimiento sostenido, relacionado, sin duda, con los procesos de convergencia de la sociedad y la economía española con el estándar europeo.
La difusión diaria ha crecido en España, durante la última década, un 37 % (véase la tabla 4), de acuerdo con datos certificados muy fiables, que contrastan, como se verá más adelante, con la fragilidad estadística de las evaluaciones disponibles en los países de Latinoamérica13.
La prensa vive en España un momento excelente (tabla 7), más que por el volumen de su difusión, por la realidad económica de los grupos editores, que no sólo han creado estructuras industriales modernas y competitivas, sino que atraviesan los mejores momentos en la rentabilidad del negocio14. Se mantienen, en apariencia, explotaciones minifundistas, ya que la talla media de los periódicos fue en 1997 de 33.626 ejemplares/día (tabla 6), mientras que la media europea se eleva a 78.875. En realidad, tras esa fragmentación en 125 cabeceras, diez grupos editores concentran el 86,4 del mercado (véase la tabla 21). En los países americanos de lengua española el minifundismo es más acusado y la talla media de los aproximadamente 850 títulos cotidianos se sitúa entre 12.000 y 15.000 ejemplares.
En la tabla 8, que informa de la difusión en España, se ponen de manifiesto las desigualdades territoriales en el consumo de prensa diaria. Destaca la primera posición de Navarra, con un índice de 188,5 copias por cada mil habitantes, que se aproxima a la media de las naciones de la UE. Otras diez comunidades autónomas aparecen por encima del indicador 100, entre las que destacan el País Vasco (174,7), Baleares (160,7), Cantabria (148,3), Madrid (130,4), Cataluña (129,8) y Asturias (129,8). Los consumos se reducen notablemente en las regiones del sur, hasta llegar al valor más bajo de Castilla-La Mancha (52,3). En términos provinciales, las diferencias se matizan aún más, con una distancia crítica entre Guipúzcoa (207,9 ejemplares por cada mil habitantes) y Jaén (39,9)15.
En el mapa 1 (pág. 145) se contrastan dos áreas significativas por sus consumos de prensa. Los 4,5 millones de habitantes de una franja septentrional, que va de Asturias a Navarra, consumen más diarios que los 11,2 millones de habitantes de la amplia zona de Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía. Mientras que el área norte alcanza un índice de 158,9 ejemplares por cada mil habitantes, en el sur el valor se reduce a 62,6.
Las desigualdades territoriales en el consumo de prensa se han interpretado generalmente a partir de criterios socioeconómicos. El perfil del lector tipo está dibujado por la clase social y el grado de instrucción, de modo que a mayor cualificación de estas variables se produce también una mayor propensión al consumo. Aun siendo cierto el planteamiento, existen otras circunstancias, como el hábito de lectura, que influyen de manera decisiva en las sociedades en proceso de desarrollo.
La socialización de la lectura no es una consecuencia espontánea del crecimiento económico o del mayor grado de escolarización, sino que tiene en la propia sociedad y en la familia las fuentes del arraigo. Esta circunstancia permite entender en parte las desigualdades del mapa español, cuando casi se han estandarizado las prácticas de escolarización en toda la nación y se ha asistido a un proceso de convergencia económica interterritorial.
Si bien la compra del periódico no representa una causa significativa de exclusión social, en España se manifiestan, sin embargo, las acusadas diferencias interregionales antes expuestas. Áreas geográficas con elevado crecimiento económico en los últimos años mantienen bajos o medios niveles de consumo, como es el caso de la Comunidad Valenciana; mientras, en otras comunidades con hábito de lectura, pero sujetas a una profunda crisis económica, como es el caso de Asturias, la difusión se mantiene entre las más elevadas.
El factor económico es determinante, sin embargo, en amplias capas sociales de la mayoría de las naciones de Latinoamérica. Mientras que en España el precio de un periódico equivale al de una taza de café, en países de lengua española, como México y la mayoría de los centroamericanos, un ejemplar impreso supone, en términos adquisitivos, el equivalente a un almuerzo en un comedor popular.
Cerca del 38% de la población es lectora de diarios
Desde el punto de vista de la lectura de la prensa, como hecho social y cultural, los indicadores de difusión no expresan su alcance último, ya que cada ejemplar tiene una rotación habitual que multiplica por un valor próximo a tres el número de copias puestas en circulación. Así, en España, los lectores habituales en 1997 fueron el 37,7% de la población mayor de 14 años, valor que supone un avance de 8,5 puntos porcentuales en los diez últimos años16 (tabla 9).
Lógicamente, las desigualdades territoriales apreciadas en la difusión de la prensa trascienden al plano de la lectura. Como se pone de manifiesto en el gráfico 1, el nivel de lectura de Navarra (60,7% de la población mayor de catorce años) casi triplica el de Castilla-La Mancha (21,6).
Los valores de difusión y lectura incluyen a los diarios de información especializada, que en España se dividen en cabeceras con contenidos económicos y financieros y de carácter deportivo. En su conjunto, estos periódicos representan el 22,1% de la difusión total diaria y corresponden, en gran medida, a ejemplares dedicados al deporte, con especial atención al fútbol. Uno de cada cinco diarios vendidos es de información deportiva. Marca no sólo es el periódico con mayor difusión en España, sino que es la primera cabecera deportiva de Europa (véase tabla 10).
La importancia de la prensa deportiva en España, que en términos relativos es aún más elevada en Portugal, se ha querido explicar por la ausencia de periódicos sensacionalistas. Ésta sería la razón por la que en otros países mediterráneos, como Francia e Italia, la prensa deportiva tiene una presencia que se desconoce en las naciones del centro y del norte de la Unión Europea.