Bernardo Díaz Nosty
La prensa, aunque no alcanza los niveles de difusión que señalan algunas fuentes, tiene en la mayoría de los países de lengua española una influencia cultural y política elevada, especialmente entre las clases y sectores más acomodados de sociedades con estructuras dualizadas1. La importancia de la prensa en la vida política, a través de la denuncia social y la construcción de la opinión democrática, tiene asimismo una dolorosa expresión en la censura, la represión y los atentados contra los editores y periodistas, algo más atenuados en los últimos años2.
La lectura de diarios es para la UNESCO uno de los indicadores de desarrollo natural de las naciones, junto con los valores de alfabetización, el nivel de escolarización y la amplitud de las cifras formativas.
Aun cuando, en lo que se refiere a la difusión de la prensa, las estadísticas mundiales son poco depuradas, ya que no discriminan la naturaleza de sus contenidos esto es, el tipo de publicación, tan distinta en términos culturales entre los periódicos de referencia y los sensacionalistas, hay una clara intención por parte de la UNESCO de valorar el consumo de diarios. Se trata de asociar alfabetización y desarrollo al hábito de lectura cotidiana.
La aplicación estadística del organismo mundial está en cierto modo desfasada y atiende a una situación que se ha transformado, en la que han aflorado otros indicadores culturales. Así, en los países más evolucionados, la circulación de la prensa está descendiendo en los últimos años3, circunstancia que no indica necesariamente que los consumos culturales hayan disminuido o que el analfabetismo esté en aumento.
En general, según los propios indicadores de la UNESCO, el analfabetismo desciende en todo el mundo y prácticamente desaparece en los países más avanzados4. Sin embargo, el acceso a los medios de comunicación convencionales se produce hoy en términos distintos a los conocidos en pasadas décadas. Hay naciones en vías de desarrollo que se incorporan al discurso de los medios a través del audiovisual y otras, entre ellas algunas de Latinoamérica, en las que los consumos significativos parcialmente no afectan a la prensa5.