Bernardo Díaz Nosty
La demografía de Internet se corresponde con la de las sociedades más desarrolladas y no es previsible, en términos de mercado, su expansión en áreas económicamente deprimidas, con bajo número de líneas telefónicas y equipos informáticos; al menos más allá de los estratos socioeconómicos mejor situados, circunstancia que limita el techo de los análisis prospectivos.
En los escenarios globales se tiende cada vez más a la creación de espacios económicos en geografías virtuales definidas por la segmentacion social, al margen de la realidad distintiva entre países pobres y países ricos de la geografía humana.
La estadística precisa del número de usuarios de Internet no es fácil, pero sí las aproximaciones (tabla 5, tabla 6). La última valoración disponible (septiembre de 1998) descubre que sólo un 2,57% de la población mundial tiene acceso a los servicios de la red, y se concentra fundamentalmente en áreas de habla inglesa. De los 5.750 millones de personas que pueblan el planeta, el ciberespacio en formación estaba integrado por 148 millones11 (58,8 % de los usuarios procedentes en su mayoría de Estados Unidos y Canadá, véase gráfico 3).
En el ámbito de la lengua española, el mayor número de usuarios se localiza entre los hispanos de Estados Unidos, con una población de 4,4 millones de internautas12, cifra que duplica a la de quienes tienen acceso a la red en España (2,2 millones)13. El resto de las naciones de Latinoamérica suman 1,5 millones, de los cuales una tercera parte se encuentran en México14. Según esta estimación, en México los usuarios significan el 0,54% de la población, diez veces menos, en términos relativos, que el valor asignado para España (véase tabla 3).
Uriel Caballero describe las claves de la baja cota de usuarios en México, en gran medida extensibles al resto de la región. Las barreras de acceso a Internet y a sus servicios comerciales y de valor agregado son, a su juicio, múltiples: a) socioeconómicas, como son los bajos ingresos personales y familiares; b) educativas, constituidas por los bajos niveles de escolaridad, la poca información y el analfabetismo tecnológico; c) generacionales, ya que se detecta la tendencia a que los adolescentes y los adultos jóvenes sean los principales usuarios de las tecnologías de la era digital15.
Razones semejantes se expresan como determinantes del crecimiento de Internet en la zona de Centroamérica y Caribe. Un estudio que incluye los datos de once países de habla hispana revela la debilidad de las variables de entorno que crean las condiciones objetivas para el desarrollo de Internet. En esta zona, un «tres por ciento o menos» de la población posee ordenador. «Las computadoras y las tarifas de Internet son más elevadas... Las cuotas de abono a la línea son elevadas y varían según los países, pero el alto coste del enlace internacional es un componente determinante en la estructura de la tarifa»16.
En la tabla 3 se agrupan en cuatro grandes zonas las naciones de Latinoamérica. Las más deprimidas se encuentran en Centroamérica (0,15 usuarios por cada cien habitantes) y las Antillas (0,14), donde se dan los valores de máximo contraste entre Puerto Rico, el país con mayor índice relativo de usuarios, y Cuba, que tiene una población internauta de poco más de 2.500 personas. Mejoran los bajos valores medios de la zona, además de Puerto Rico, Costa Rica, Panamá y República Dominicana.
Los países del Cono Sur presentan unos índices cinco veces superiores a los de Centroamérica y Caribe, con 0,78 usuarios por cada 100 habitantes, pero con la mayor proyección de crecimiento de la América de habla hispana17. La zona integrada por Venezuela y los países andinos muestra valores cuatro veces menores que los del Cono Sur. Los más bajos se registran en Perú, Ecuador y Bolivia, con indicadores inferiores a 0,1 usuarios por cada cien habitantes, que en Colombia y Venezuela son entre 3 y 4 veces superiores18.
Pese a que el espacio de lengua española triplica demográficamente al alemán, el número de usuarios de Internet es un 43,8% menor (véase tabla 2). Mientras que el primero es de 7,7 millones, el de los germanos llega a 13,7 millones. Excluyendo a los usuarios de la lengua dominante el inglés, el de los internautas de lengua alemana ocupa el primer lugar, con el 22,6% (véase gráfico 4), seguido por el de los japoneses (20,3) y, en tercera posición, por el de los de lengua española (12,7), que superan al espacio de usuarios de habla francesa (9,7), china (6,8) y del resto de lenguas con presencia en la red.
En la tabla 4 se contabilizan las direcciones IP en la red a las que ha sido asignado un nombre19, que, a diferencia de las estimaciones de usuarios, ofrecen una mayor precisión y permiten trazar otra aproximación a la implantación de la red. España, con 243.436, 6,16 por cada mil habitantes, supera al conjunto de las restantes naciones de lengua española (216.981), con 0,7 direcciones por cada mil habitantes. Se trata de un valor muy bajo, que pone de relieve la escasa incidencia del fenómeno de Internet en el espacio de lengua española. Naciones como Países Bajos, con poco más de 15 millones de habitantes, supera en el número de direcciones (514.660) al conjunto de naciones de lengua española. Finlandia, un país de 5,2 millones de habitantes y primero del mundo en densidad de población internauta, cuenta con 513.527 (véase tabla 19).
Unas primeras conclusiones cierran este obligado preámbulo de contextualización: