Bernardo Díaz Nosty
En noviembre de 1998, más de 330 ediciones digitales de diarios escritos en español estaban activas en Internet. La cifra permite asegurar que la lengua española es, después de la inglesa, la que posee el mayor número de cabeceras de periódicos en la red. Esta afirmación, sin embargo, debe ser revisada y contrastada para determinar si tan destacada presencia se corresponde con los resultados de otras pautas de evaluación más precisas sobre el alcance real del fenómeno.
La rápida expansión de Internet y su uso como instrumento que propende a ser dominante en la transferencia de conocimiento e información, la convierten en la principal extensión tecnológica de los nuevos soportes de intercomunicación cultural. En el ámbito de las naciones de habla hispana, en tantos casos marcadas por la pobreza y el subdesarrollo, las prácticas de uso de la red pueden provocar la aparición de una nueva forma de analfabetismo funcional, creada por barreras económicas y tecnológicas que, en varios países, excluyen de momento al 99 % de sus poblaciones1.
Antes de entrar en el estudio concreto de las ediciones digitales, conviene conocer la dimensión real del soporte en el ámbito geográfico considerado, tanto por los hábitos de consumo de él derivados como por la evaluación demográfica de sus usuarios. Son premisas necesarias para saber el verdadero alcance del fenómeno y algunas tendencias generales sobre su evolución en los próximos años. El análisis combina dos aspectos relacionados con el desarrollo cultural en nuestro espacio lingüístico: Internet y las ediciones digitales de los diarios.
En un reciente trabajo sobre el uso de las lenguas española y portuguesa en Internet2, se ponía de manifiesto la escasa importancia relativa de ambos idiomas en un escenario de circulación de flujos de información dominado por la expresión lingüística inglesa. Según este estudio, el número de documentos en lengua española representa un 2,46% de los escritos en inglés. La lengua inglesa tiene, por consiguiente, una presencia 40 veces superior a la del español y 86 veces mayor que la del portugués.
Otras indagaciones, que participan de la misma metodología3, vienen a coincidir con esta evaluación. Así, en un conteo de Magallanes-Altavista realizado en 1998, la lengua española figura en cuarta posición, con un 1,52% de los textos registrados por este motor de búsqueda. La lengua inglesa define el 70,5% de los contenidos, seguida de la alemana (3,35) y la francesa (1,95). Si se considera la dimensión demográfica de la lengua española, esto es, el valor relativo de la presencia en Internet, la situación no es halagüeña.
Existe, en términos de potencialidad expansiva, un amplio espacio de mercado para el desarrollo de la red, que contrasta con un bajo nivel de presencia documental o de contenidos, que son los valores detectados en las búsquedas.
Hay otras propuestas para el análisis, que conducen a la detección del peso de las naciones y de los espacios lingüísticos en Internet. José Antonio Millán sugiere dos líneas de indagación:
Millán añade que un tercer criterio el del número de servidores de Internet en países de una lengua determinada no es muy ilustrativo4. Respecto de los usuarios, propone investigar sobre el número de máquinas con acceso a la red y el número de individuos por máquina.
Al segundo aspecto dan respuesta las búsquedas que sitúan los contenidos en lengua española en torno al 1,5% de la red. En cuanto a las demás sugerencias, existen evaluaciones estadísticas y estimaciones que coinciden en informar sobre el bajo nivel de implantación de Internet en el espacio de lengua española. España, tanto por el número de máquinas conectadas a la red como por la estimación de usuarios, supera en términos absolutos al conjunto de las naciones americanas consideradas.