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Los datos de los censos se ocupan principalmente de los residentes de Estados Unidos y no
tanto de la lengua que éstos hablan, aunque haya preguntas sobre ello en los
cuestionarios. Las preguntas del censo no producen datos lingüísticos seguros (véase
Veltman, 1988, para detalles metodológicos y de diseño). Muchos no dejan de preguntarse
por qué la Oficina del Censo muestra tan poca iniciativa e interés en el estudio de las
lenguas minoritarias del país [23]. Hasta ahora
los trabajos que tratan aspectos lingüísticos proceden de investigadores o instituciones
particulares y son de alcance mucho más limitado. La preocupación prioritaria en todos
ellos ha sido documentar el proceso de disminución de las habilidades comunicativas de
los hispanos. Todos ellos indican que en estos hablantes se cumple el mismo proceso de
desplazamiento lingüístico de tres generaciones que se lleva a cabo en otros países en
situaciones similares. La tercera generación ya no habla español, y sólo una porción
de la segunda lo hace. Los nacidos en Estados Unidos tienen ya muy pocas posibilidades de
hablarlo. (Sobre este fenómeno, consúltese la bibliografía, Morales y Cardona, 1999.)
En las tablas 7a y 7b hemos reproducido los
datos del censo de 1990 según la información que presenta sobre la lengua utilizada en
el hogar. De los 22 millones de hispanos, un 22 por ciento serían ya monolingües en
inglés (5 millones aproximadamente) y un 37% bilingües (9 millones). Estos datos
coinciden con la interpretación general de que un tercio de la población ya no habla
español.
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Veltman, en su
informe global de 1988, llamaba la atención sobre lo equivocada que era la opinión de
que el grupo hispano se resistía a aprender inglés. Utilizando un modelo bastante
similar al del censo (Spencer, 1986), fijando en 250.000 los inmigrantes de origen hispano
por año y utilizando para sus proyecciones de desplazamiento lingüístico los datos de
lengua materna y uso del Survey of Income and Education de 1976, el más fiable por
sus preguntas específicas sobre lengua materna, postulaba que en el año 2001 habría
16,6 millones de hablantes de español, bilingües y monolingües [24]. Los resultados del desplazamiento aparecían detallados según
la clasificación de la población en monolingües en español, bilingües con español
dominante, bilingües con inglés dominante y monolingües en inglés [25]. La rapidez en aprender el inglés de cada individuo y la
frecuencia de uso estarían condicionados por el tiempo que llevaran en Estados Unidos y
por la edad de llegada. En general, las investigaciones realizadas hasta ahora coinciden
en predecir que al cabo de diez o quince años de estancia en Estados Unidos el 75 por
ciento de los individuos hablará inglés normalmente.
En un análisis posterior (Veltman,
1990) se vuelve a hacer una proyección de los individuos que hablarán español en el
2001. Los factores de cambio que se tienen en cuenta son los mismos. La interpretación
del desplazamiento por grupos de edad se apoya en que el comportamiento de los que ahora
tienen 15-19 años será el que tengan dentro de unos años los de 10-14 años, y el de
los 20-24 predice el de los de 15-19 de ahora. Además, dada la creciente concentración
de emigrantes hispanos en áreas urbanas, las proporciones se basan en estos grupos de
rápido desplazamiento [26].
Según estos cálculos, con los
índices más favorables, los hablantes de español en el 2001 sobrepasarán igualmente
los 16 millones; pero, de detenerse la inmigración en 1986, el crecimiento también se
detendría. Habría alcanzado el máximo de 12,29 millones en 1996 y luego ya no
aumentaría significativamente. Esta interpretación confirma la dependencia del
crecimiento del español en la inmigración. Llama la atención la rapidez con que se
pierde la lengua materna aun con los índices más bajos de desplazamiento, como son los
del español en Estados Unidos (Veltman, 1988c) [27].
Las proyecciones de Veltman no parece que se vayan a cumplir por el momento. La
inmigración no da muestras de haberse detenido: ni el IRCA de 1986 ni la IIRIRA del 1996
han hecho grandes mellas en ella. En este sentido, todo está por ver.
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| NOTAS: |
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23. Las preguntas son:
a) «¿Habla en su hogar algún otro idioma además del inglés?» b) «¿Cuál es ese idioma?»
Se le ofrecen entre paréntesis ejemplos: chino, italiano, etc.
c) «¿Cómo habla el idioma inglés?»
Debe seleccionar entre: Muy bien, Bien, Regular, No habla inglés.
24. El modelo
se basa en grupos lingüísticos y no tiene en cuenta a los que no hablan español
normalmente (aunque pueden entrar en el grupo los latinoamericanos que procedan de otros
grupos étnicos). |
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25.
Usando las medidas más favorables y manteniendo separados los datos de inmigrantes, sus
hijos y sus nietos, cabe esperar que menos de una cuarta parte de los nietos tendrán el
español como lengua materna y que sólo un 20 por ciento hablará español normalmente.
Los datos que ofrece la tabla 2 (pág. 117) son los siguientes para el año 2001:
Desplazamiento lento: 17,07 millones (hablantes de español).
Desplazamiento alto: 16,11 millones (hablantes de español). 26.
Texas es una excepción, pues es un Estado con una gran concentración de hablantes y al
mismo tiempo es de desplazamiento lento.
27. Se
establece un 75 por ciento de desplazamiento cuando los individuos lleguen a los 20 o 24
años. |
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