Amparo Morales
De acuerdo con los últimos datos, el español tendrá un crecimiento importante en Estados Unidos en las primeras décadas del siglo xxi, y las tasas migratorias y de natalidad de los hispanos son suficientes, por ahora, para absorber el desplazamiento al inglés. Con todo, hay que tener en cuenta los cambios cuantitativos que puede traer el nuevo diseño y la diferente distribución de cuestionarios del censo del 2000.
Conviene no olvidar que si el aumento de la población hispana descansara sólo en la tasa de natalidad de ese grupo, como aseguran algunos especialistas, ese aumento podría no afectar al número de hablantes de español, porque los nacidos en Estados Unidos, de hogares hispanos, tienen un porcentaje muy alto de desplazamiento al inglés. Así, aunque algunas estadísticas aseguran que, incluso sin inmigración, la población de origen hispano puede crecer más rápidamente que otros grupos con inmigración, eso podría no significar nada en términos lingüísticos. En tal caso el proceso natural de desplazamiento al inglés no estaría compensado por ningún otro factor y la estabilización del español podría perderse en años venideros, porque los hispanos quieren hablar inglés. Así lo demuestran las encuestas de opinión, en las que más del 92 por ciento de hispanos, ciudadanos y no ciudadanos, tanto mexicanos, como cubanos y puertorriqueños, dijeron en 1992 que había que aprender inglés (New York Times, 1992).
No se pueden hacer muchas conjeturas respecto de la inmigración, pero lo dicho anteriormente sobre ella indica que, si bien podría no detenerse y así lo predicen las estimaciones cuantitativas, sí es verdad que tiene pocas probabilidades de seguir el mismo ritmo ascendente. Contra la inmigración ilegal parecen estar los aumentos presupuestarios concedidos al Servicio de Inmigración y Naturalización en el último año para que mejore su ejecutoria y el hecho de que los estados sean ahora responsables de muchos de los gastos que acarrean los ilegales, especialmente su identificación para evitar que reciban los beneficios sociales. Las últimas medidas adoptadas, aun con su incoherencia, se mueven en la misma dirección que la opinión general: hacia su control. Por otro lado, el progreso industrial y los nuevos equipos agrícolas hacen menos necesaria gran parte de la mano de obra menos cualificada. Con ello, el proceso de desplazamiento al inglés no tendrá un freno tan fuerte como hasta ahora, pues los últimos años han sido de gran afluencia de inmigrantes.
Es importante subrayar aquí que la educación bilingüe, el instrumento que fue concebido para proteger y favorecer el mantenimiento del español, parece estar atravesando malos momentos. Iniciada en 1967, tuvo su auge en las décadas de 1970 y 1980 28. En 1980, 500 distritos escolares tenían programas bilingües, y en 1996 recibían fondos federales de hasta 50 millones de dólares (California, Nueva York y Florida eran las comunidades más beneficiadas)29. Hoy el panorama es más complejo: si bien aún muchos educadores se quejan de que sólo una cuarta parte de quienes lo necesitan están en programas bilingües, y justifican con ello el fracaso y la deserción escolar, ocurre asimismo el fenómeno contrario, y muchos padres de origen hispano se ponen en huelga para evitar que sus hijos entren en esos mismos programas. A estos programas se les atribuye ahora una larga lista de deficiencias: estar manejados por administradores que quieren a toda costa mantener las ayudas federales; dedicar poco tiempo a la enseñanza lingüística; descuidar el inglés, y no obtener los mejores resultados, pues los niños en programas bilingües obtienen peores notas en los exámenes nacionales que los de los programas regulares, y también son menos los que ingresan en la universidad. Según el estudio realizado por la Junta de Educación de Nueva York en 1994 sobre los programas bilingües de esa ciudad, sólo un 50,6 por ciento de los alumnos hispanos ingresaban en el programa regular después de haber pasado tres años en ellos, mientras que el porcentaje de éxito era mucho mayor en otros grupos étnicos30. Hay condicionamientos de índole muy práctica: los padres hispanos rechazan el sistema bilingüe porque consideran que mantiene a sus hijos en desventaja y no los prepara para empleos que exigen dominio completo del inglés, y se sienten molestos por algunas de las decisiones tomadas31. En 1990, los padres de las escuelas elementales de Los Ángeles hicieron huelga para que se enseñara a sus hijos en inglés; y se les unieron otros padres en Houston, San Antonio, Miami y Nueva York. En 1996, la Bushwick Parents Organization tuvo que acudir a los tribunales para oponerse a la educación bilingüe en las escuelas públicas.
Este estado de cosas ha propiciado que, a comienzos del curso de agosto de 1998, California haya puesto en vigor la propuesta 227, que elimina los programas bilingües. En su lugar, los niños tendrán un año de inmersión total en inglés y luego pasarán a las clases normales en inglés, con una hora al día en su lengua materna. Los estudiantes más rezagados tendrán ayuda especial.
No es de extrañar, pues, que pese a las ventajas pedagógicas que tiene la enseñanza en la lengua materna y los magníficos resultados de algunos de estos programas -como por ejemplo, los programas bilingües de la Newcomer School, en San Francisco, o el de la Main Elementary School, en Calexico, y algunas escuelas «étnicas» de Florida, en cuyos programas participan padres y maestros, con resultados muy satisfactorios-, la opinión general, incluso la de los hispanos, no los favorezca. Con ello, el español está en trance de perder una de las ayudas más importantes para su mantenimiento.
Frente a este panorama general, y en cuanto a la competencia oficial del español con el inglés, a pesar de que desde 1980 hasta el presente se han aprobado diecinueve de los estatutos que declaran el inglés el idioma oficial en veintitrés estados, y de que medidas similares están pendientes de aprobación en algunos más 32, el apoyo oficial que recibe por parte de otros sectores administrativos se hace patente. En la convención demócrata de 1996, se utilizó el español en varias de las intervenciones (se utilizaron también otras lenguas, además del inglés y el español) y los cuestionarios del censo de 1990 tenían traducción al español. El nuevo gobernador de California y el propio presidente de Estados Unidos parecen proteger a las minorías hispanas con sus palabras y acciones: en 1996 fue la amenaza de veto presidencial la que impidió la aprobación en el Senado de la medida de Cunningham, republicano por California, que oficializaba el uso del inglés en el Gobierno federal.
La vitalidad del español en los medios de comunicación va en aumento, y los periódicos y las revistas en este idioma, igual que los programas radiofónicos y televisivos, continúan creciendo en los últimos años. Quedarían por determinar aquí dos cosas: la primera, hasta qué punto se sigue el mismo proceso general de difusión y ampliación natural de esos medios en cualquier lengua, y, la segunda, qué difusión comparativa tienen los programas y las publicaciones en inglés realizados para y por hispanos 33. En lo que sí debemos estar de acuerdo es en que Estados Unidos, por su condición de foco de inmigración, ha sido un país capaz de aglutinar en una sola voz a todos los que hablan español (en los canales de radio y de televisión y en los periódicos trabajan juntos cubanos, chilenos, puertorriqueños, etcétera, con los mismos o muy parecidos intereses y preocupaciones), y esa voz única está dirigida por igual a todos los países de lengua española.