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El informe demolingüístico elaborado concluye que el número de hablantes de español en
el mundo (GLM y bilingües) supera los 350 millones. Para llegar a esta cifra se han
tenido que afrontar numerosos problemas teóricos, metodológicos y técnicos, tantos que
forzosamente se ha de hablar de cautela, de provisionalidad y de cálculos aproximativos.Las estadísticas comparadas permiten
apreciar que el número de hispanohablantes en el mundo es claramente inferior al de los
anglófonos y notablemente superior al de los hablantes de francés. En general, en la
evolución demográfica de los tres idiomas destaca una estabilidad que puede deberse a
que el periodo considerado (1984-1996) es demasiado corto para reflejar tendencias
prolongadas. Hemos podido observar, no obstante, que crecen más, aunque muy poco, el
francés y el inglés que el español, quizá por las posibilidades de expansión que les
proporciona su oficialidad en países de elevadas tasas de crecimiento de la población. |
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El
español en el siglo XXI Las proyecciones realizadas para el
año 2010 revelan, con todas las reservas necesarias, que el español podría haber
llegado al final de un ciclo de expansión relativa de su número de hablantes.
Consecuentemente, si el aumento de los hispanohablantes desde este final de siglo se
prevé como pausado, a partir de ahora la eventual expansión del español habría de
basarse en otros factores, muchos de ellos de naturaleza cualitativa, como un mayor
prestigio cultural, mayor poder adquisitivo, mayor uso como segunda lengua, mayor uso como
lengua de la ciencia y la tecnología o la adopción como lengua franca fuera de los
países de habla hispana, entre otros. Una vez alcanzada una presencia internacional de
primer orden, es el momento de promover e impulsar políticas lingüísticas encaminadas a
acrecentar el prestigio cultural, científico y tecnológico de los países hispánicos y,
por tanto, de la lengua española.
Al mismo tiempo, sería aconsejable
que, a través de los instrumentos políticos nacionales e internacionales que
se estimaran oportunos, se llegara a un acuerdo entre todos los países hispanohablantes
con la mirada puesta en una planificación del español, que podría buscar, como
objetivos comunes y esenciales, los siguientes: a) favorecer la unidad, el enriquecimiento
y la actualización de la lengua española; b) garantizar el derecho a la comunicación en
español en situaciones públicas en los países hispanohablantes; c) proteger el derecho
a hacer un uso correcto y prestigioso de la lengua española. El español es una lengua de
cultura, internacional, homogénea, extensa y compacta que merece una política
lingüística que contribuya a mantener estos atributos, en beneficio de la propia lengua
y de sus hablantes como individuos.
Finalmente, las dificultades
metodológicas del análisis demográfico, a las que se ha hecho referencia más arriba,
nos obligan a sugerir la realización de estadísticas lingüísticas comparables en todo
el mundo hispánico, en su conjunto y para cada uno de sus países. Sería bueno trabajar
a partir de unos mismos criterios para fijar los glm e introducir en los censos preguntas
homologadas, capaces, no ya de garantizar, sino simplemente de hacer posible la
comparación de los datos. Hasta que no se haga así y así se practique durante un tiempo
prolongado, será difícil conocer con el rigor debido la situación de las lenguas que se
dan cita en el mundo hispánico, muy especialmente de la lengua española. |