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Información lingüística en los censos
Limitaciones de los censosComo ya se ha comentado, las investigaciones
demolingüísticas tropiezan con múltiples problemas que confieren a sus resultados un
carácter inseguro o provisional. Estas dificultades emanan, por un lado, de la
volubilidad de algunos conceptos teóricos fundamentales lengua materna, lengua
principal, bilingüismo, por otro, de lo heterogéneo y cambiante de la realidad que
se pretende cuantificar, de la complejidad metodológica que supone la aplicación de
ciertos procedimientos cuantitativos y, en fin, de las lagunas de las fuentes
cuantitativas disponibles en lo que se refiere a su universalidad, fiabilidad y
comparabilidad.
La demografía lingüística suele
utilizar como herramienta de trabajo el concepto de «Grupo de Lengua Materna» (GLM),
definido como el conjunto de hablantes que comparten una lengua materna determinada [5]. El problema está en que los especialistas en
psicolingüística y en sociología del lenguaje y los lingüistas, en general
no manejan un criterio uniforme acerca de la interpretación y la definición del concepto
de «lengua materna».
Para unos, la lengua materna o
nativa es aquella que se aprende durante la infancia, generalmente antes de los tres
años, de los padres; para otros, es aquella de la que se hace uso principal o cuyo uso
predomina en la vida de un individuo, aunque su adquisición no se haya producido en
primer lugar; para otros, es la lengua que mejor se domina, al margen de su uso y del
momento de su adquisición; y otros piensan que debe considerarse como tal la variedad
cuya adquisición viene a concluirse en los años de la adolescencia (vernáculo).
El problema no es baladí, pues son
muchos los hablantes bilingües que tienen dificultades para identificar su propia lengua
materna, especialmente en situaciones lingüísticas complejas (inmigración de origen
lingüístico diverso; situaciones de lenguas minoritarias). Ante tal circunstancia, la
única salida razonable, a la hora de afrontar tareas demolingüísticas, es la de optar,
de modo riguroso, por una de las posibilidades interpretativas.
Muy ligado a este escollo
conceptual, se presenta el de la definición y caracterización del bilingüismo y del
hablante bilingüe. Para bien o para mal, la lingüística cuenta con definiciones del
concepto de «bilingüismo» propuestas desde posiciones muy diferentes: todas ellas
podrían alinearse a lo largo de una escala que situaría, en un extremo, las definiciones
que ofrecen una concepción estricta del fenómeno, definiciones del tipo «el
bilingüismo consiste en el dominio pleno, simultáneo y alternante de dos lenguas»; en
el otro extremo se encontrarían las definiciones de límites menos angostos, las que
hablan de bilingüismo para referirse simplemente al conocimiento de una segunda lengua,
en el grado que sea. Esta situación también obliga a la demolingüística a tomar
decisiones metodológicas que permitan aplicar criterios uniformes a la hora de contar los
hablantes bilingües.
En consecuencia, la utilización de
los conceptos básicos de «lengua materna» y «bilingüismo» en el campo de la
demolingüística exige una interpretación, en lo posible, unívoca y constante, así
como la aplicación de unos criterios coherentes que puedan servir de referencia. Así,
cuando se habla de «lengua materna» en sociología del lenguaje por ejemplo, a la
hora de recoger información con vistas a una planificación lingüística se suele
considerar como tal la lengua que se ha adquirido en el ámbito familiar durante la
primera infancia.
En esta misma línea, a propósito
del bilingüismo, sería razonable definir el «bilingüe» como la persona que tiene una
competencia parecida en dos lenguas y que es capaz de usar una u otra en cualquier
circunstancia con parecida eficacia. A pesar de todo, estas definiciones no esquivan
completamente otros problemas, como el de la medición del bilingüismo.
Junto a las dificultades de índole
teórica hay que sopesar aquellas que se derivan de la realidad demográfica estudiada. Se
calcula que la población mundial está aumentando a una tasa del 1,35 por ciento anual
(aunque este ritmo va en descenso desde los años setenta) lo que implica que en sólo
diez años pueden experimentarse cambios demográficos muy importantes. En algunos
países, que suelen estar a la cola del desarrollo, estas tasas pueden superar el 3
(Honduras, Kenia) y el 4% (Mozambique, Jordania). Según una previsión de las Naciones
Unidas para el año 2000, la población mundial superará los 6000 millones.
Al crecimiento natural de la
población habría que añadir, como factor de cambio demográfico, los movimientos
migratorios, que si bien no tienen por qué afectar a corto plazo a los datos de lengua
materna, sí pueden influir en las generaciones sucesivas, así como en los datos de uso
de las distintas lenguas. En estas condiciones, cualquier estimación de hablantes puede
quedar anticuada rapidísimamente. |
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Información lingüística en los
censosTambién
debe tenerse en cuenta otra clase de dificultades a las que se enfrenta la
demolingüística: las que nacen de los censos. Los censos son recuentos de carácter
periódico realizados en un espacio mínimo de tiempo (días) con el fin de ofrecer algo
así como una imagen fotográfica de la población de un país. Para completarlos (los
censos suelen realizarse en el mejor de los casos con una periodicidad de diez años) los
estadísticos nacionales e internacionales emplean fuentes complementarias, como padrones
municipales, registros de nacimiento, matrimonio y defunción, etc.
Con éstos actualizan los datos de
los censos y calculan las tasas de crecimiento, negativo o positivo, de la población, que
utilizan para hacer estimaciones presentes y proyecciones futuras de la población
nacional, además de cruces y tabulados temáticos sobre aspectos muy diversos de la
sociedad.
Pues bien, muchos de los censos
nacionales de población, en los que se basa en buena medida la demolingüística, no
recogen información sobre las lenguas y su uso. El conocimiento de la realidad social es
un requisito previo imprescindible para la acción de gobierno: este es el motivo
fundamental del desarrollo de los censos y otros registros estadísticos en los Estados
modernos [6]. En el caso que nos ocupa, los censos
lingüísticos tienen una gran importancia porque la población de un territorio no
coincide ni aproximadamente con el número de hablantes de una sola lengua en el mismo
territorio salvo en casos muy contados. Para muchos países, sin embargo, la lengua o
lenguas habladas por sus habitantes no es materia de investigación.
Aunque la falta de recursos puede
explicar en casos extremos la falta de preguntas lingüísticas en los censos, no hay una
correspondencia unívoca entre el nivel de desarrollo de un país y la existencia de
información lingüística. Estas preguntas se encuentran en países con población
heterogénea, donde se atribuye a la información lingüística un valor del que carece en
países de habla homogénea. Junto a la información sobre el país de nacimiento, la
nacionalidad, la raza y la religión, la información estadística sobre lenguas suele
utilizarse para conocer la composición étnica de la población, pero también para la
planificación cultural y educativa.
Sí hay correspondencia entre el
nivel de desarrollo y la fiabilidad de muchos censos, determinada por criterios como los
de periodicidad, regularidad, exactitud o comparabilidad internacional. Algunas de estas
carencias de fiabilidad afectan por igual a la interpretación de datos lingüísticos y a
la de datos de otra clase. Nos referimos a errores que pueden surgir en cualquier estadio
de la recolección, procesamiento o presentación de los datos, y que pueden conducir a la
infra o supra valoración de la población en el censo (errores
de cobertura) o a la defectuosa recogida de datos (errores de contenido).
En lo que respecta concretamente a
los datos lingüísticos, la fiabilidad de un censo puede depender también de ciertos
aspectos psicológicos (el encuestado puede exagerar su conocimiento de una lengua u
ocultarlo por motivos sociales) o políticos (las cifras pueden aparecer infladas o
rebajadas para apoyar una causa cultural o política asociada a la lengua). |
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En el momento de preparar un cuestionario de
intención lingüística, es posible encontrar, como dificultad primera y de enorme
trascendencia, la que tiene que ver con la forma de redactar o de hacer las preguntas. Los
cuestionarios lingüísticos los de los censos o los monográficos pueden
buscar informaciones muy diversas: en unos casos se pregunta por el conocimiento de la
lengua o las lenguas del individuo, por su competencia lingüística; en otros, por el uso
que se hace de ellas o por el nivel de dominio de las lenguas.Puede ocurrir que los cuestionarios aplicados en lugares
diferentes, aun buscando un mismo tipo de información, lo hagan por medio de preguntas
distintas, que inevitablemente llevan a la recogida de respuestas heterogéneas, muchas
veces imposibles de comparar: se puede preguntar por el uso habitual o por el uso según
determinados tipos de ámbitos o dominios o según determinados tipos de interlocutores.
En ocasiones, esto ocurre incluso en los censos realizados dentro de un mismo país.
A los aspectos tratados sumaremos el
que se refiere al nombre de las variedades lingüísticas en estudio, porque una misma
denominación puede referirse a un habla o a un diasistema; con otras palabras, es posible
que lo que para unos hablantes no es más que una modalidad dialectal, para otros sea una
lengua o incluso una familia de lenguas. Cuando el referente lingüístico no está bien
fijado, las posibilidades de interpretación pueden ser múltiples. Esto va en detrimento
de una cabal comprensión e interpretación de los recuentos censales; al mismo tiempo, la
ambigüedad referencial puede utilizarse según el particular interés de los redactores
de los cuestionarios. |
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Limitaciones
de los censosLas
notas técnicas del Anuario Demográfico de las Naciones Unidas, que recoge
discontinuamente tablas de población clasificadas por las lenguas de aquellos países que
incluyen en sus censos datos de carácter lingüístico, explican las limitaciones de los
datos de procedencia censal a efectos internacionales [7].
Estos son difícilmente comparables porque cada país recoge información diferente en
función de sus necesidades y porque los que recogen información semejante lo hacen de
modo distinto.
Así, los recuentos de las Naciones
Unidas mezclan datos de tres tipos: hablantes de lengua materna, la lengua más empleada y
el conocimiento de otras lenguas, según las preguntas de los censos nacionales. El
concepto de lengua materna produce datos más o menos comparables entre unos países y
otros, puesto que las preguntas del censo sobre las que se basan las estadísticas son
esencialmente equivalentes en todos ellos, aunque no indican el uso ni el nivel de
conocimiento de la misma.
Las preguntas sobre el uso de las
lenguas toman, en cambio, formas diversas lengua empleada habitualmente, lengua
mejor hablada, lengua hablada en el hogar, lengua hablada con fluidez e ignoran la
capacidad de usar lenguas distintas en ámbitos diferentes. Las preguntas sobre
conocimiento de otras lenguas no producen habitualmente datos comparables.
Otras dificultades para la
interpretación de los datos surgen de que muchos países aplican límites de edad para la
recogida de datos de lengua [8], de que hay personas
multilingües que son registradas en varios recuentos de hablantes a la vez, por lo que a
menudo la suma de los hablantes de distintas lenguas en un mismo país no coincide con la
población total, o de la falta de método en la agrupación de lenguas y dialectos, lo
que produce disparidades en la clasificación y el detalle de los hablantes de unos
países a otros.
Tomemos, para ilustrar las
dificultades de la comparación, algunos ejemplos. Canadá, país de población cultural y
racialmente heterogénea y de inmigración reciente, pasa por ser uno de los países del
mundo donde se ejerce con más cuidado la protección de las minorías. En el censo
canadiense de 1996, dos cuestionarios diferentes trataban con un grado distinto de detalle
las cuestiones lingüísticas.
El cuestionario abreviado, que
recibieron cuatro de cada cinco hogares y que constaba de siete preguntas, incluía una
sobre la lengua materna. El cuestionario extenso, dirigido a uno de cada cinco hogares,
contenía 48 preguntas más, entre ellas algunas dedicadas a la primera lengua adquirida
en la infancia, lenguas comprendidas y lenguas habladas en casa, y conocimiento de lenguas
oficiales y no oficiales en las distintas regiones de Canadá. Estos datos, según la
oficina de estadística canadiense, serán empleados «to establish programs to protect
the rights of Canadians under the Canadian Charter of Rights and Freedoms», así como
«in forecasting language training requirements and in determining where services must be
provided in both official languages to comply with the Official Languages Act» [9].
Es claro que en el caso canadiense,
como en el de todos los países donde se recogen oficialmente datos lingüísticos, la
forma de allegarlos está condicionada por la realidad social y política del país. En
Canadá sobresalen dos rasgos: la protección a las minorías (básicamente indígenas,
pero también originadas por la inmigración reciente) y la coexistencia entre los dos
grupos culturales dominantes, anglófonos y francófonos, especialmente en algunas
provincias canadienses.
Por otro lado, la diversidad étnica
de la población, la persistencia de minorías indígenas y la coexistencia de las lenguas
amerindias con la lengua española explican que no falten en Hispanoamérica censos con
información lingüística, aunque ésta adolezca de algunas de las lagunas mencionadas.
En el último censo mexicano, que desde hace décadas recoge con regularidad datos sobre
la lengua de la población, se incluyó esta instrucción al encuestador:
(Pregunte sólo si esta persona
tiene 5 años cumplidos o más)
¿Esta persona habla alguna lengua indígena? sí / no;
¿Qué lengua indígena habla?
¿Habla también español? sí / no [10].
El censo guatemalteco de 1994
incluyó las siguientes preguntas sobre etnia y lengua a los mayores de 3 años:
¿Es indígena? sí / no;
¿En qué lengua o idioma aprendió a hablar? Kiché / Kaqchikel / Mam /
Qeqchí / Otra lengua maya... / Español / Otro idioma...;
¿Habla usted alguna lengua maya? Kiché / Kaqchikel / Mam / Qeqchí / Otra
lengua maya... / Ninguna;
¿Habla idioma español? sí / no;
¿Usa traje maya? sí / no [11].
Además recogen o han recogido en
algún momento datos sobre la lengua de la población, al menos, Bolivia, Ecuador,
Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico y Venezuela. En otros países,
como Chile y Colombia, se recoge información étnica aunque no lingüística.
En lo que se refiere a Europa, es
muy infrecuente encontrar datos lingüísticos de forma oficial y periódica en los
censos. En esta misma línea, el censo español tampoco atiende a cuestiones
lingüísticas. |
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| NOTAS: |
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5.
Sobre el concepto de «GLM», véase Weinreich, U.: «Unilingüismo y
multilingüismo», El lenguaje de los grupos humanos, Buenos Aires, Nueva
Visión, 1976, pp. 81-115. 6. A título de
ejemplo, el ajuste que supone el último padrón de habitantes español, de 1 de mayo de
1996, sobre el censo de 1991 afecta entre otras cosas a la mediación de la renta per
cápita y a la del desempleo, y podría acarrear para algunas comunidades autónomas una
variación en las asignaciones presupuestarias que reciben de la Administración central
de miles de millones de pesetas. Lorenzo Navarrte, «El padrón ajusta las cuentas», El
Pais, 1 de Septiembre de 1997.
7. El Anuario
Demográfico de la ONU (UNDY) recogió datos lingüísticos procedentes de censos de
población por primera vez en 1956. |
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Las
notas técnicas dicen expresamente, en lo que podría ser una advertencia a la osadía de
los autores de este ensayo, que: «it should be emphasized that data in this table do not
lend themselves to determining how many persons in the world speak a certain language», Demographic
Yearbook 1993, Naciones Unidas, Nueva York 1995, págs. 105 y ss.
8.
En general, a partir de los 5 años. Véanse las notas a los Cuadros 2 y 3.
9.
Véase la página en Internet de Statistics Canada: www.statcan.ca.
10.
Hablantes de la lengua indígena. XI censo de Población y Vivienda, 1990,
México, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 1993.
11.
Fuente: Instituto Nacional de Estadística de Guatemala, julio de 1997. |
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