 |
 |
El conocimiento del número de hablantes de una lengua tiene un gran valor para cualquier
comunidad lingüística. Si se percibe que una lengua tiene vitalidad, esto es, que cuenta
con un número apreciable de hablantes, su importancia social puede verse incrementada
dentro de la misma comunidad y entre los miembros de comunidades lingüísticas ajenas:
cuanto mayor es el número de hablantes, mayor puede ser también el prestigio de una
lengua.
Por otra parte, es obvio que la
política, la industria, la educación lingüística o la investigación científica de
una comunidad tienen una estrecha relación con su perfil sociolingüístico; de ahí que
el conocimiento de las características de una lengua, empezando por el número de
hablantes, sea susceptible de proyección en el ámbito de la praxis social.
Las comunidades lingüísticas son
agrupaciones y mercados cuyo tamaño y posibilidades determinan unos modos sociales,
económicos y de comunicación, pero es importante advertir que la consideración social
de una lengua, si bien está ligada a su vitalidad, también depende de otros factores,
como la historia, la autonomía o el nivel de desarrollo normativo, científico-técnico y
literario: todas las comunidades encierran valores simbólicos, difícilmente
cuantificables, que a menudo se reflejan en la vida cotidiana. |
 |
La intención de estas páginas es presentar y
comentar algunos datos fundamentales de la demografía de la lengua española. Sin
embargo, aunque nuestro interés estará centrado de forma casi exclusiva en el español,
resultará obligado, por una parte, prestar atención a otras lenguas, como el inglés o
el francés, con el fin de fijar unas referencias que ayuden a valorar más objetivamente
la situación actual y, por otra, hacer referencia a las lenguas con las que el español
convive, tanto en Europa como en América.
Estimar la cantidad de personas que
hablan una lengua viva es algo complicado, «más complicado, si cabe, que estimar el
número de lenguas» que existen en el mundo [1]. Esta
afirmación pone de manifiesto un hecho al que se enfrentan cotidianamente todos los
demolingüistas independientemente de su origen y cuya principal consecuencia
es la falta de un conocimiento preciso de la realidad.
La tarea de hacer recuentos de
hablantes no carece de antecedentes ni para el español ni para otras muchas lenguas,
porque desde hace tiempo los anuarios estadísticos internacionales y algunas
enciclopedias lingüísticas incluyen epígrafes sobre este particular. Además, existen
obras monográficas, algunas de gran importancia como el Statistical Report on
the Languages of the World de Gyula Décsy [2] , en
las que se ofrecen las cifras de hablantes de las más diversas lenguas y familias
lingüísticas [3].
A pesar de todo, varios trabajos
recientes han llamado la atención sobre las lagunas que ofrece la demolingüística del
español [4]: en ellos, el interés por lo puramente
demolingüístico se ha conjugado con unos planteamientos más amplios, como la
consecución de un índice capaz de cuantificar el peso político del español en el mundo
o el estudio de la situación de la enseñanza del español como lengua extranjera.
Al abordar la demolingüística del
español específicamente y del modo más universal posible, este estudio no tiene la
pretensión de resolver todos los problemas asociados al recuento de hablantes de esta
lengua. Nuestra aspiración es presentar un cálculo aproximado del número de hablantes
de lengua española en la actualidad, utilizando para ello los limitados recursos
existentes, sean éstos de origen demográfico o propiamente lingüístico.
Tal objetivo, tan necesario como
aparentemente simple, requiere una serie de labores previas, como explicar el
procedimiento de cálculo, qué se entiende por hablante e incluso qué se va a considerar
como lengua española: ¿Se puede hacer un recuento? ¿Se considera hablante de español
al que tiene esta lengua como segunda o tercera? ¿Se ha de incluir en la lista de
hispanohablantes a los de la isla de Guam (Islas Marianas) o a los hablantes de papiamento
de Curazao (Antillas Holandesas) junto a los puertorriqueños?
Todo ello está lleno de erizadas
dificultades porque la incertidumbre es la norma en cualquier estimación lingüística,
especialmente en lo que se refiere a una lengua internacional y en expansión, como es el
caso del español. Los problemas son tantos que conferir a un recuento de esta naturaleza
el tratamiento de definitivo rayaría en la temeridad, pero, al mismo tiempo, no es menos
cierto que muchas de las dificultades que van a quedar en evidencia podrían encontrar
algún tipo de paliativo en futuros estudios: una labor coordinada y periódica de
recogida de datos, de puesta al día de la información, vendría a cubrir una laguna
injustificable en el mundo hispánico.
El esfuerzo, por parcial o inseguro
que sea su resultado, ha de merecer la pena porque proporcionará un claro beneficio
el beneficio de la información a muchos sectores de la comunidad
hispanohablante. |
|
|
|
| NOTAS: |
|
|
1. Crystal, D.: Enciclopedia del lenguaje de la
Universidad de Cambridge, Madrid, Taurus, 1994, p. 286.  2. Bloomington,
Eurolingua, 1986-1988.
3. En el
momento de redactar este trabajo tenemos noticia de que la UNESCO auspicia un informe
sobre las lenguas del mundo que prepara la Escuela de Lenguas Orientales y Africanas de
Londres. Se nos ha confirmado su elaboración, pero desconocemos los contenidos.
4. Moreno
Fernández, Francisco.: «El español en el mundo», informe encargado por el Instituto
Cervantes en 1992. |
|
Véase
también la línea de trabajo iniciada por el Marqués de Tamarón en «El español,
¿lengua internacional o lingua franca?», Nueva Revista, n.º 29, Abril 1993, y
continuada por Jaime Otero en «Una nueva mirada al índice de importancia internacional
de las lenguas», en El peso de la lengua española en el mundo, Servicio de
Publicaciones de la Universidad de Valladolid, 1995. Como inspirador común de un
saludable escepticismo demolingüístico, véase Gregorio Salvador, «Los alegres
guarismos de la demolingüística», en Lengua española y lenguas de España,
Barcelona, Ariel, 1987. |
|
|
|
|