Julia Escobar
Hasta hace unos años en España, desde el punto de vista pedagógico, la traducción sólo se utilizaba como un procedimiento más para la enseñanza de idiomas o en los estudios de Filología y no siempre con muy buena prensa, aunque ahora vuelven a surgir voces que defienden su eficacia 43. Fuera de esa práctica más o menos extendida la traducción se empezó a enseñar en la Universidad Complutense de Madrid como tal disciplina en el Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores, creado en 1974 por profesores, que también eran traductores, como Emilio Lorenzo y Valentín García Yebra, con la intención de formar profesionales en el campo de la traducción.
El IULMYT no ha dejado de funcionar desde entonces y sigue impartiendo estudios de postgrado. Hasta que en 1991 con la Ley de Reforma Universitaria, se creó la licenciatura de Traducción e Interpretación, la formación universitaria de traductor e intérprete (además de los estudios de postgrado antes mencionados) había estado encomendada a las Escuelas Universitarias de Traducción e Interpretación (conocidas como las EUTIS) que otorgaban el grado de diplomado y que estuvieron funcionando ya desde mediados de los setenta.
A partir de 1991 la Universidad española ha asistido al auge de estos estudios que se han convertido en una de las opciones más solicitadas dentro de las nuevas titulaciones surgidas de la Reforma de los planes de estudio, hasta el punto de que ya se han creado catorce Facultades de Traducción e Interpretación 44.
Todas estas facultades de Traducción e Interpretación se han agrupado en una Conferencia de Centros de Traducción e Interpretación, asociación que, además de interlocutora de las demás instancias relacionadas con la materia, pretende convertirse en el portavoz y aglutinante de los problemas planteados por este tipo de estudios. No obstante, quisiera destacar dos aspectos especialmente relevantes y que constituyen materia de debate.
El primero se refiere a la necesidad de separar la Traducción y la Interpretación en los planes de estudio, como desde un principio sugirieron las asociaciones profesionales consultadas 45, en razón de sus diferentes planteamientos tanto teóricos como prácticos. El segundo tiene que ver con un problema más general, y que atañe, en particular, a las vías de acceso a la profesión de traductor. Me refiero a los problemas que estas nuevas titulaciones plantean en el panorama laboral, al tratarse de una profesión de libre acceso, que carece de regulación al respecto.
Los profesionales en ejercicio se enfrentan ahora a un proceso de adaptación, respeto a los derechos adquiridos y homologación de titulaciones muy similar al que conocieron profesiones como Periodismo o Bellas Artes.