Julia Escobar
La traducción se ejerce sobre textos escritos en una lengua (original o de partida) que el traductor debe trasladar a otra lengua (terminal o de llegada). La interpretación procede de forma similar pero con la diferencia de que se ejerce sobre la lengua hablada. Esta definición tan general no las convierte por ello en actividades sin matices.
La tipología de la traducción es objeto de serios y variados estudios que van desde la especificidad de las materias sobre las que se aplica (traducción literaria, científico-técnica, jurídica) a la finalidad y soporte del texto traducido: libro, revista o periódico, texto informativo, subtítulos y guiones de cine y televisión, carta o documento destinado a ser transformado infinidad de veces hasta su redacción final, etcétera. En el caso de la interpretación su diferenciación está sujeta, entre otras cosas a las circunstancias y condiciones en que se realiza (simultánea, consecutiva, susurrada), pero desde el punto de vista profesional, lo que caracteriza y define a ambas son sus ámbitos de aplicación.
Dichos ámbitos, así como la proyección social y cultural de la traducción y la interpretación (número de traductores e intérpretes, instituciones que los forman, tutelan o representan, mercado laboral) es lo que tendremos en cuenta a lo largo de este trabajo que, sin desdeñar el análisis teórico del hecho traductivo, lo que pretende es acercarse a su realidad para ayudar a comprender mejor cómo se articula esta última y cuáles son sus características, sus diferencias y sus puntos de contacto.
De todos modos no parece inútil recordar brevemente algunos de los rasgos que caracterizan a la traducción, entendida como hecho lingüístico, y que la convierten en un factor primordial a la hora de analizar la imagen de una cultura, su peso político y su desarrollo social. Para empezar, la traducción es una condición indispensable para que se produzca el intercambio cultural, en el sentido más amplio, entre países que hablan lenguas diferentes y desconocidas entre si. No es sino el deseo de saber lo que piensan, dicen y hacen los «otros» y viceversa lo que ha animado, desde la noche de los tiempos, a comerciantes, eruditos o políticos de todas las lenguas y nacionalidades a recurrir a la traducción y a la interpretación.
Tampoco es un secreto que algunas de las ideas que caracterizan a determinadas culturas son muchas veces producto de una reflexión inducida por la vía indirecta de la traducción, que ha ido modificando su primitiva formulación hasta volverla irreconocible e inespecífica, convirtiéndola, en virtud de esa compleja alquimia, en patrimonio de la humanidad. Se trata, según la expresión acuñada por el profesor García Yebra 1 de la «traducción implícita» que realizamos todos cuando elaboramos un texto o un discurso hablado, manejando conceptos e ideas adquiridos directa, o indirectamente de otras lenguas.
La traducción se nos muestra como una actividad compleja y altamente cualificada que, para su mejor cumplimiento, requiere un gran número de conocimientos y de experiencias, ya que no consiste sólo en realizar un trasvase de lexemas adecuándolos a un campo sintáctico determinado, sino que se trata de una verdadera «transculturación». Tiene además una función metafórica y metabólica: es una suerte de alquimia donde se produce un mestizaje entre la lengua y el mundo del emisor original del mensaje, y la lengua y el mundo del traductor, y esto es válido para sus dos variantes, la escrita y la hablada que aunque cumplen, como ya he dicho, idéntica función de vasos comunicantes lo hacen según unos procedimientos y unas características muy diferentes.
La traducción es, además, uno de los parámetros para medir la importancia de una lengua 2 de forma que, generalmente, cuanto mayor es su importancia (y el número de hablantes no es un criterio suficiente para calibrarla), menor suele ser el número de traducciones que se realizan hacia ella y mayor el de las traducciones realizadas desde ella. Los estudios y encuestas sobre la traducción entre países europeos 3 demuestran que el portugués, el italiano y el español son los idiomas a los que más se traduce, mientras que en francés y en inglés, en particular en el Reino Unido, donde el número de publicaciones es el más elevado de Europa, la actividad traductora es muy escasa.
Pero hay excepciones imputables a diferentes causas algunas estructurales y otras coyunturales como ocurre con algunas lenguas que tienen en determinados ámbitos (literarios, políticos o científicos) una importancia crucial: lenguas clásicas latín y griego, lenguas semíticas, lenguas orientales, las lenguas eslavas y otras llamadas de «difusión limitada».
Hay otros factores que han aparecido en cierta forma recientemente y que pueden modificar, en sentidos muy diferentes, aunque muchas veces convergentes, la frecuencia o la necesidad de la traducción. Me refiero al plurilingüismo como práctica habitual. Parecería que, en principio, sólo necesitan acceder a la traducción aquellos que desconocen la lengua de la que se traduce, por tanto cuanto mayor sea el número de lenguas que se hablan o estudian en un país, menor será también el recurso a lo que Steiner llama, no sin soberbia, «la humillante confianza de la traducción» 4.
Aunque esto es verdad para cierto tipo de traducciones y en particular para algunas lenguas internacionales como, por ejemplo, el inglés 5, el plurilingüismo tiene, en contrapartida, un factor positivo para el incremento de la traducción pues al aumentar el número de personas que conocen más de una lengua, aumenta también el de personas que pueden llevar a cabo una actividad cuyas aplicaciones prácticas ofrecen un variopinto mosaico de posibilidades alentadas, además, por el incremento de las relaciones internacionales y por la introducción de nuevos y revolucionarios métodos de trabajo y de comunicación.
Por otra parte hay que entender que el respeto a la realidad multilingüe del mundo que en la Unión Europea es doctrina se ejerce en doble dirección, lo que implica inevitablemente pasar por la traducción pues si expresarse en la lengua propia es un derecho inalienable no lo es menos entender en la lengua de uno lo que dicen los demás en la suya de forma que todos estos factores, unidos a los progresos realizados en la enseñanza de idiomas y a la vertiginosa multiplicación de la información a través de los nuevos cauces de comunicación (me refiero al así llamado «ciberespacio»), no puede sino redundar en beneficio de la traducción haciendo menos humillante, y cada vez más necesaria, su confianza en ella como garantía de la multiplicidad y la diversidad lingüísticas.
Otro aspecto de la máxima importancia que no se puede ignorar a la hora de analizar la trascendencia de la actividad traductora y la necesidad de ocuparse seriamente de ella: si al tiempo que hace falta para llevar a cabo la difusión de las ideas y del saber dentro del mismo ámbito lingüístico donde se producen tales ideas (y no está claro que la velocidad con que ahora se puede conseguir tal difusión influya en la de su asimilación) añadimos el tiempo que se necesita para traducirlas y difundirlas en otras lenguas podremos calibrar la importancia, complejidad y dinamismo de la traducción en la actualidad: se trata de una actividad plural, que se realiza en doble dirección y cuya rapidez, eficacia y calidad son de una importancia crucial para el mejor entendimiento y el cabal desarrollo de los individuos.
También es una actividad ante la que ninguna institución ni persona interesadas en la salud de la lengua pueden permanecer indiferentes pues los traductores, además de ser, como decía Kundera «los modestos constructores de Europa», tienen, por la naturaleza misma de su función, una influencia en la formación y el enriquecimiento de la lengua que ha sido fundamental para el nacimiento de buen número de lenguas nacionales 6. Hace ya tiempo que todos sabemos que el valor normativo de la traducción y su repercusión en la lengua, tanto hablada como escrita, es inmenso (doblaje, subtitulado, prensa, publicidad, etcétera) y que la responsabilidad de los traductores y de los intérpretes no termina o al menos no debería de hacerlo en el momento en que han finalizado su cometido 7. Si hiciera falta encontrar más argumentos para avalar su trascendencia formativa, bastaría con recordar que en el sector editorial el mayor número de traducciones lo son de literatura infantil y juvenil 8.
El valor de este estudio es puramente instrumental. Está, por lo tanto, sujeto a revisiones y actualizaciones. Partiendo de mi trabajo anterior 9, y de acuerdo con los criterios del Anuario del que forma parte, he pretendido condensar en él los datos actuales sobre la traducción e interpretación referidos en su mayor parte al español y a su proyección internacional, distribuyéndolos en tres apartados profesión, instituciones y formación para terminar con un apartado dedicado a las propuestas de actuación y un apéndice de datos.
Mis fuentes se basan principalmente en mi propia experiencia como traductora y como editora, pero sobre todo en mi experiencia personal en el terreno asociativo, que me ha puesto en contacto de manera privilegiada con la realidad profesional, así como en los datos aportados por otras personas e instituciones a las que cito cuando corresponde. Este estudio viene a sumarse al esfuerzo de otros empeños similares emprendidos durante estos últimos años desde diferentes sectores tanto públicos como privados. En nuestro país muchos de estos trabajos proceden del ámbito universitario, como el repertorio de traducciones llevado a cabo por el profesor Julio César Santoyo desde la Universidad de León 10 y otros proyectos universitarios que mencionaré en el apartado dedicado a la enseñanza de la traducción y la interpretación.
Por su parte, las asociaciones profesionales, además de los correspondientes censos y otros repertorios 11, han dado a la luz recientemente algunos estudios de tipo sociológico con la intención de estudiar el perfil del traductor y su incidencia en el mundo laboral, en particular en su calidad de autores, es decir referido fundamentalmente a la práctica editorial 12. Todos ellos, así como otras publicaciones similares (repertorios, guías, anuarios, informes) que están proliferando en otros países 13 contribuyen no sólo a saber cuánto, cómo y en que circunstancias se traduce, sino a localizar los focos donde incide la actividad traductora y a conocer mejor sus canales de acceso, aprendizaje y salidas profesionales, con el fin de mejorar sus prestaciones y su incidencia en el estado de la lengua.