CINDOC
Antes de exponer algunas conclusiones extraídas de la generalidad de los datos aportados, conviene señalar que un estudio más detallado de la difusión del español como idioma de comunicación científica implicaría, no sólo el análisis de indicadores de producción y difusión como los considerados en este estudio, sino el de indicadores relacionados con los recursos humanos de que disponen las comunidades científicas de los países de habla hispana.
Una primera aproximación al respecto no ha permitido obtener datos fiables para algunos países americanos. Sin embargo, sí se dispone de datos fiables y actualizados de los sistemas de I+D de los países europeos, y naturalmente de España, lo que nos permitirá abordar, en un futuro próximo, un análisis comparativo de la producción científica de los investigadores en español con la correspondiente a la de otros países de nuestro entorno en sus respectivas lenguas.
Al margen de las consideraciones hechas al final de cada apartado, sirvan estas líneas finales para subrayar la conclusión que resulta más evidente: en contraste con la extensión de nuestro idioma en el mundo, la producción científica en lengua española tiene escasa presencia en el escenario internacional. El ámbito de la información científica internacional parece que acoge con más calor, al menos con más presencia, la literatura científica editada en francés.
Antes de proponer algunas líneas de actuación encaminadas a cambiar esta situación conviene tener en cuenta las palabras del profesor Michel Bergeron, que los autores de este estudio asumen como propias:
Toda sociedad tiene el deber de reaccionar cuando se instala de manera insidiosa una relación formal entre calidad o pobreza de la investigación y la lengua utilizada en su difusión... Una sociedad no puede dejar el monopolio de la expresión de su ciencia y de su tecnología a una lengua extranjera, ya que con esta actitud se arriesga a alienar la propia ciencia, fuente de cambios sociales, y convertirla en extranjera a nuestras culturas nacionales.
Y añade más adelante:
Es nuestro deber y obligación como científicos, investigadores y docentes, no olvidar que el verbo se encarna en civilización y cultura. La lengua, y quiero repetirlo, es algo más que un conjunto de palabras, así como la ciencia es mucho más que la simple acumulación de datos. La diversidad en la expresión científica, lejos de constituir un elemento anticuado de dispersión, acentúa la universalidad de la ciencia.
Para concluir este informe se proponen algunas medidas concretas de actuación, orientadas a impulsar el español como idioma de comunicación científica:
Estas propuestas no pretenden que el uso de nuestra lengua sea incompatible con el empleo del inglés o de otros idiomas de amplia difusión. Intentan contrarrestar el efecto perverso de un sistema de evaluación científica que prima en exceso la publicación en inglés, obligando a los investigadores a «publicar en inglés o perecer», lo que tiene consecuencias graves para nuestro idioma, al que el sistema convierte en vehículo de segunda para la comunicación científica.
Estas son las razones por las que creemos imprescindible una política orientada a promover y difundir el uso del español en el ámbito internacional y que considere entre sus objetivos prioritarios fomentar la comunicación en lengua española en el ámbito científico y tecnológico.