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El español en el mundo

El español en Japón

Víctor Ugarte Farrerons

3. El español en el Instituto Cervantes de Tokio

Al iniciarse el primer año académico 2007-2008 en el Instituto Cervantes de Tokio, se optó por reproducir la oferta mayoritaria de otros centros del Instituto Cervantes en cuanto al número de alumnos por aula (de 8 a 16) en cursos de 60 horas. Dado que el nuevo Plan curricular del Instituto Cervantes estaba ya finalizado, se adoptó desde el inicio, siendo Tokio uno de los primeros centros en ponerlo en práctica para la totalidad de la oferta de cursos. La afluencia de alumnos en un primer momento ya fue prometedora y se concluyó el curso académico con 1.531 matrículas, que suponían 66.803 horas/alumno.

Los cursos más demandados fueron los de nivel A1 (35 cursos con 432 matrículas), seguidos por los de A2/1 (10 cursos con 117 matrículas) y B1 (9 cursos con 91 matrículas) y cursos especiales con fines específicos, normalmente de preparación al DELE, con un total de 122 matrículas. Las restantes se distribuyeron entre los diferentes niveles, siendo relevante el hecho de que existieran cursos en todos los niveles, desde el A1 hasta el C2.

Desde un primer momento se diferenció la oferta del Instituto Cervantes de la de las academias privadas en cuanto al nivel de exigencia. No se planteó entrar en competencia directa reproduciendo los esquemas imperantes en el país sino intentar ofrecer un nivel académico de excelencia con un cierto grado de exigencia. Por ejemplo, se exigía a los alumnos superar un examen para poder pasar de nivel. Estos resultados en horas/alumno del primer año académico fueron esperanzadores y demostraron que se había logrado un cierto posicionamiento de mercado que permitía al Instituto Cervantes ocupar un lugar en la oferta académica de Tokio. En cuanto a la carga horaria, todos los cursos generales se ofrecieron de 60 horas, que podían distribuirse entre 90 minutos a la semana (los más habituales en Japón y los que tuvieron mayor acogida), 90 minutos dos veces a la semana y 180 minutos de una vez, especialmente los sábados.

De los primeros cuestionarios de calidad realizados por nuestros alumnos para evaluar el centro, mayoritariamente muy positivos, se extrajeron conclusiones muy valiosas, que se pueden resumir en algunos puntos que los estudiantes estimaron como mejorables: excesiva carga horaria de los cursos, horarios inadecuados, metodología muy diferente a la que estaban acostumbrados (hubo quejas porque las clases se impartían en español y «se obligaba» a los alumnos a hablar en clase) y también el excesivo número de alumnos por curso.

Lo mejor valorado fue la calidad educativa, el profesorado nativo, el entorno (ya desde el primer año se han venido realizando, aproximadamente, 200 actividades culturales al año), el hecho de que el Instituto Cervantes sea una institución pública, etc.

A la hora de establecer los precios, se tomó como referencia los de los centros homólogos, no siendo ni el más económico ni el más caro. En cuanto a la publicidad, se contrató, mediante el correspondiente proceso de licitación, a una empresa de comunicación que centró su promoción en Internet, revistas especializadas como la de los cursos de radio y televisión de la televisión pública japonesa NHK, presencia en librerías especializadas en idiomas extranjeros, etc. Se inició también la promoción de los espectáculos de flamenco o los vinculados a la cultura en español, con gran número de espectadores.

Durante el periodo académico 2008-2009, el número de horas/alumno tuvo un ligero descenso de casi un 10%. Factores determinantes fueron que algunos alumnos de nivel inicial abandonan los cursos ante la creciente dificultad de entender al profesor o no estar acostumbrados a una clase planteada desde un enfoque por tareas y de carácter eminentemente comunicativo, ya que la tradición educativa en el país, en lo que se refiere al estudio de lenguas extranjeras, se basa en el método tradicional de gramática-traducción, como se ha comentado antes. Este tipo de sistema crea disfuncionalidades en los alumnos, que pueden llegar a tener una competencia gramatical elevada, tras una serie de años de estudio de la lengua meta, pero no así en lo que se refiere a su capacidad comunicativa o pragmática. Pero, principalmente, el factor determinante en este descenso fue el hecho de que la gran mayoría de los cursos duraba un año completo y los alumnos no tuvieron espacio entre matrícula y matrícula, y no querían comprometerse a un año entero más al ser su interés más cultural que didáctico. Su nivel de autoexigencia no era tan alto como el que se les proponía. Por otra parte, el manual escogido resultó ser muy poco apropiado y demasiado exigente para un entorno lingüístico tan lejano. También se detectó una asignación de los alumnos a sus respectivos niveles con ciertos fallos, que se corrigieron posteriormente cambiando la prueba de nivel y el proceso de asignación.

Durante estos primeros dos cursos no se contaba con jefe de estudios ni con un profesorado de plantilla suficiente. Por ello, al formarse ya el área académica se pudo ajustar la oferta y la formación y selección del profesorado colaborador. En cuanto a las debilidades que algunos interesados veían, se intentaron convertir en fortalezas, enfatizando en la publicidad que los cursos son impartidos en español y que esto es positivo para el aprendizaje de la lengua, ideando un sistema de pruebas de clasificación donde a los estudiantes se les comunica esta faceta desde el principio. Este tipo de información también se proporciona por parte de los recepcionistas del centro, siempre como un punto fuerte de nuestros cursos y no como una debilidad. Asimismo, se reforzó el concepto de exclusividad de nuestros servicios: solo especializados en la enseñanza del español, profesorado altamente cualificado (titulación superior y mucha experiencia), realización de pruebas de clasificación en cualquier horario de martes a sábado y amplia oferta de cursos. En este sentido, y para paliar el descenso sufrido, de cara al curso académico 2010-2011 se planteó la idea de ofrecer cursos de 30 horas en horarios y días de la semana que no entraran en competencia con nuestros cursos estrella de 60 horas (3 horas una vez a la semana, siendo el sábado el día más demandado). El catálogo de cursos, así pues, se multiplicó exponencialmente, dado que se empezaron a ofrecer cursos de 10 semanas, 5 semanas y una semana con una carga horaria de 30 horas, que complementaban la oferta tradicional de cursos de 60 horas durante 20 semanas. En paralelo se crearon programaciones para cada uno de los módulos de nivel, acordes con el Plan curricular del Instituto Cervantes, que se ajustan al perfil del alumno japonés en cuanto a la distribución de contenidos, y se ideó un sistema de evaluación que ha contribuido a una gran mejora de la imagen cualitativa de nuestros cursos, siendo anecdóticas en estos momentos las quejas referentes a la carga horaria de los cursos, el libro de texto (se cambió por un nuevo manual que se ajustara mejor a las programaciones) o los horarios, puesto que se modificaron los solapamientos en este sentido y, de esta forma, se ha sabido aprovechar mejor la capacidad laboral de los profesores (en lugar de trabajar 1,5 horas al día, tienen en su mayoría la posibilidad de trabajar 3 horas al día).

Todo ello ha contribuido a que en los cursos siguientes, hasta este año académico, se haya ido creciendo en número de matrículas y horas/alumno y a que la oferta de cursos haya sido continua y sistemática, aportando al centro un flujo constante de alumnado, en servicios que ofrecen excelencia, puesto que en todos los niveles existe, además, la posibilidad de estudiar en minigrupos. Se trata de clases con un mínimo de 4 y un máximo de 7 alumnos que pagan un 25% más de matrícula. Esta iniciativa, pese a que reduce la media de alumnos, aumenta el número de matrículas y disminuye los abandonos, además de generar esa imagen de confianza y seriedad que debe aportar una institución al ofrecer a sus alumnos la posibilidad de continuar sus cursos, pese a que su grupo haya visto reducido el número de efectivos o no tenga el número suficiente de alumnos para abrir un curso, algo común especialmente en los niveles altos C1 y C2. De este modo, el Cervantes puede convivir con el mercado de las academias de lenguas, siempre muy competitivas en términos de flexibilidad y número reducido de alumnos por curso. En cuanto a la oferta de cursos especiales es destacable el dato de que se hayan ofrecido, además de los cursos de preparación al DELE, otro tipo de cursos, también adaptados a la principal motivación que tienen los japoneses estudiosos de la lengua española: la cultural. De este modo, se han organizado cursos de gastronomía española, cata de vinos, historia del flamenco, historia del cine español, Buñuel, así como los de gramática y conversación, que también han gozado de buena acogida. También, desde el primer curso, se han ofrecido, sin interrupción, cursos de catalán y, en el año 2011-2012, se han iniciado cursos para niños de 7 a 12 años, en los que se incorpora el curso ¡Hola, amigos!, elaborado por el Instituto Cervantes en colaboración con el Ministerio de Educación de Alberta (Canadá). Estos cursos han nacido tras una larga labor en el desarrollo de actividades para niños dentro de la programación cultural; especialmente reseñable es la actividad denominada «Cuentacuentos», que se celebra en nuestra Biblioteca Federico García Lorca.

A su vez, desde el segundo curso se ofreció, de forma gratuita a todos los alumnos del centro, el servicio de biblioteca, que incluye, además del préstamo, actividades como el «Club de lectura», los «Sábados de la biblioteca» o encuentros con escritores.

En cuanto a la percepción de la calidad docente ha tenido mucho impacto la celebración regular de cursos de formación para el profesorado (un total de 40 desde el año 2009 al 2012), con una media anual de 250-300 matrículas. Este tipo de cursos han aumentado el prestigio académico de la institución, así como la motivación del profesorado colaborador. Se han ofrecido también cursos de examinadores del DELE en las universidades que lo acogen en todo Japón.

Fruto de estos cursos ha sido el establecimiento de relaciones con universidades para la puesta en práctica del AVE en sus cursos de español, como complemento a los cursos presenciales o como eje didáctico de los cursos. Un ejemplo paradigmático es el de la Universidad de Sofía, una de las más prestigiosas del país, donde se está utilizando el AVE de manera regular. También se ha utilizado en las de Meiji Gakuin y Takushoku, encontrándose en fase de pruebas en una escuela internacional de Yokohama. La cifra de licencias usadas anualmente en universidades oscila entre las 450 y 500. Se han ofrecido, desde el principio, los cursos del AVE sin tutor y, posteriormente, se incorporaron los que incluyen tutoría vía Skype.

El Diploma de Español como Lengua Extranjera (DELE) es también otro de los pilares de la actividad del Instituto Cervantes de Tokio. En Japón se convocó por primera vez en junio de 1990. Podemos tomar como referencia la situación ya más asentada en el año 2000, con 450 candidatos, que crecen hasta los 655 en 2007, último año organizado desde la Embajada de España en Tokio. A partir del año 2008, el DELE se organiza desde el Instituto Cervantes de Tokio. Se plantea, desde el primer momento, una campaña de difusión en las universidades con departamento de español o con un gran número de alumnos. Se extienden los centros de examen a otras ciudades (hasta ese momento se organizaban en Tokio y Kioto), que en este momento en el curso 2011-2012 son las siguientes:

  • Tokio: Instituto Cervantes de Tokio
  • Osaka-Hirakata: Universidad de Estudios Extranjeros de Kansai
  • Fukuoka: Instituto Artlingual
  • Kioto: Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto
  • Nagoya: Universidad Nanzan
  • Sapporo: Universidad de Hokkaido (operativo a partir del 1/10/2012)
  • Okinawa: Universidad de Ryukyu

Desde el año 2008 se ha ido incrementando el número de candidatos a los DELE en una media de más de un 30% anual, llegando en el año 2011 a 1.700 inscripciones, aproximadamente, en Japón y 2.500 en el Aula Cervantes de Seúl, en Corea del Sur, dependiente del centro de Tokio. Todavía se está lejos de los exámenes gestionados por la Casa de España, citados anteriormente, y que contaron en 2011 con 5.800 candidatos.

La fuente principal de los DELE en Japón ha pasado de estar compuesta únicamente por alumnado universitario a contar también con estudiantes del Instituto Cervantes de Tokio y de otras academias que han empezado a ofrecer con éxito cursos de preparación para el DELE. En un primer momento, nos encontramos con un panorama complicado, ya que el grado de conocimiento del examen era mínimo, limitado en muchos casos a la prescripción de profesores españoles que no solían ser titulares en las universidades. Este grado de conocimiento ha cambiado mucho y ahora es muy raro que un alumno japonés de español no conozca el examen y sus ventajas. El inconveniente principal es que lo suelen considerar muy difícil y, en efecto, es un reto sobre todo para los que siguen una enseñanza tradicional japonesa del español. Para este tipo de alumno se adapta mucho mejor el examen de la Casa de España, que, además de utilizar el japonés, es menos costoso que el DELE y en él se sienten mucho más cómodos los profesores japoneses de formación tradicional.

Por otra parte, en la citada encuesta del GIDE a alumnos universitarios que estudian español, llama poderosamente la atención que solo un 3,21% de los encuestados manifiestan querer aprobar un examen público de español tras finalizar su curso. Es curiosa esta falta de motivación si vemos el caso extremo opuesto del inglés, cuyo examen en Japón, denominado The EIKEN Test in Practical English Proficiency, tuvo en 2010 nada menos que 2.300.000 candidatos.

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