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El español en el mundo

El español en Japón

Víctor Ugarte Farrerons

1. Introducción: tradición de los estudios de español y del hispanismo en el Japón

La presencia de la lengua española en Japón progresa en paralelo con la intensificación de relaciones entre Japón y los países hispanohablantes. En el caso de España, que por conocer mejor desarrollaré con más detalle, se trata de la historia de dos países lejanos con buenas relaciones. Anticipo al lector tres momentos, que desarrollaré posteriormente, en los que nuestra lengua consigue un especial impulso, momentos que el profesor Shoji Bando de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto define como «los tres booms del español en Japón».

Esta historia suele contar siempre como primera referencia con la llegada a la costa japonesa de Francisco Javier junto a Cosme de Torres y Juan Fernández. Concretamente a Kagoshima en 1549. Es, por tanto, una relación vinculada a una misión religiosa de los jesuitas y no a una misión oficial española. A partir de 1565, sí podemos hablar de un contacto más oficial, al establecer Miguel López de Legazpi un asentamiento permanente en Filipinas. La proximidad con Filipinas permitirá la llegada de nuevas órdenes religiosas a Japón (franciscanos desde 1593, dominicos en 1603). Este momento supone también una puerta abierta para el comercio de Japón con España a través de Nueva España.

Esta presencia de religiosos españoles en el archipiélago japonés continuará en varios periodos históricos. Sin embargo, el impacto en la difusión de la lengua española es muy escaso, dado que los misioneros utilizaban el latín como lengua de culto y el japonés para la comunicación y difusión de su mensaje. Aunque el profesor Uritani comenta: «[…] los misioneros portugueses y españoles […] fundaron seminarios llamados entonces Colegios en varias partes del oeste de Japón y en ellos algunos seminaristas debieron aprender el español. Los misioneros extranjeros estudiaron el japonés y publicaron gramáticas japonesas en latín, portugués y español. Los seminaristas japoneses, por su parte, se veían obligados a estudiar el latín para leer libros de teología o de liturgia, pero algunos libros debían de ser españoles o portugueses. Estos estudios no dejaron documento o huella alguna, porque la fe cristiana fue prohibida oficialmente durante 300 años»1. Esto sí, la figura del jesuita navarro se recuerda todavía como un hecho histórico, con un antes y un después, y es el primer referente español para los japoneses.

Los años siguientes no cuentan con momentos relevantes en cuanto a relaciones entre Japón y España, salvo dos momentos próximos en el tiempo: primero el naufragio del galeón San Francisco frente a la costa de Onjuku el 30 de septiembre de 1609, en el que 56 tripulantes perdieron la vida y 317 lograron salvarse gracias al socorro y esfuerzo sobrehumano y desinteresado de los pobladores de aquella pequeña localidad. Lideraba la expedición don Rodrigo de Vivero y Velasco (sobrino de Luis de Velasco, virrey de Navarra y de Nueva España) entonces gobernador y capitán general de las Filipinas, quien aprovechó el contacto y posterior estancia para negociar y preparar la firma de lo que hubiera sido el primer acuerdo bilateral de amistad, cooperación y comercio entre Japón y España, a través de la Nueva España de entonces.

El siguiente momento histórico relevante se produce en el año 1613 (18 de la Era Keicho), como continuación de las gestiones iniciadas por don Rodrigo de Vivero en 1609, cuando el señor feudal Date Masamune (1567-1636) del señorío de Sendai envía una delegación cuyo destino final era entrevistarse con el rey de España, Felipe III, y con el romano pontífice Paulo V. Para ello recibió previamente la autorización del sogún retirado (Oogosho) Tokugawa Ieyasu (1592-1616). Esta misión diplomática se conoce con el nombre de «Misión a Europa de la Era Keicho» y fue encomendada al embajador Hasekura Tsunenaga (1570-1621). Esta fue la primera delegación diplomática de carácter oficial enviada por Japón a España.

Entra Japón en una larga etapa de aislamiento que terminará en 1868 con la Restauración Meiji. Es entonces cuando podemos empezar a hablar realmente de historia de la lengua española en Japón. El 21 de agosto de 1873 se establecen relaciones diplomáticas entre el Perú y Japón, primer enlace oficial, estable y definitivo entre un país de habla hispana y Japón. Justo ese mismo año se inician en Tokio cursos de lenguas extranjeras en la llamada Escuela Oficial de Lenguas Extranjeras, donde no se incluyen de momento ni el español ni el inglés. En 1878 se establecen relaciones diplomáticas entre España y Japón. En 1888 se inician las relaciones diplomáticas con México, un año más tarde con Argentina y en 1897 con Chile.

En 1890 llega a Japón el primer profesor de español, el italiano Emilio Binda, que enseñará a Hiyama Gozaburo, primer jefe de un departamento de español en Japón, en 1897, cuando ve la luz el primer centro donde se imparten cursos de lengua española, la Escuela de Idiomas de Tokio, conocida hoy como Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio. Allí, el precursor Gonzalo Jiménez de la Espada formó a los primeros hispanistas japoneses, entre los que destacan Nagata Hirosada, primer traductor del Quijote, y Kasai Shizuo, maestro y formador de muchos hispanistas. En marzo de 1893 se constituye en Tokio la Sociedad de la Lengua Española, cuyo presidente será el marqués de Hachisuka, quien había sido representante diplomático de Japón en Madrid. El objetivo de la creación de esta sociedad era promover el conocimiento de la lengua española para así poder incrementar el comercio con Filipinas, España y países de habla hispana en América.

Como hemos visto, hasta este momento de apertura de Japón al exterior y de inicio de relaciones diplomáticas con países de habla hispana, el papel de la lengua española en Japón había sido puramente testimonial. Tampoco se puede hablar de un cambio demasiado significativo, ya que tras estos inicios, en los años siguientes no fueron muchos los departamentos de español creados en otras universidades. En el Japón de antes de la Segunda Guerra Mundial había únicamente tres universidades con departamento de español, una de ellas la Universidad de Estudios Extranjeros de Osaka, que lo había iniciado en 1921.

Finalizada la Gran Guerra, tras la ocupación del territorio japonés y hasta 1952, se inicia una etapa de recuperación económica, caldo de cultivo propicio para el desarrollo de la lengua de Cervantes. Un fenómeno interesante de este momento, similar a lo que pasará más tarde con el flamenco, es la popularidad que adquieren el tango, la música brasileña y la mexicana. El profesor Ueda Hiroto cuenta esta divertida anécdota al respecto: «Nuestros profesores, precursores de la enseñanza del español, nos cuentan que en su juventud no había día en que no se escuchara música latinoamericana en la radio. La fantasía que abrigaban los jóvenes era tan grande que, sin saber en qué idioma se cantaba su música favorita, tomaban clases de latín. Ya después de haber aprendido con paciencia la tercera o cuarta declinación de los sustantivos latinos se dieron cuenta de su equivocación, y la mayoría de ellos al día siguiente se incorporaron al aula de español»2.

En el año 1955, se funda la Sociedad Japonesa de Filología Hispánica, que luego pasará a llamarse Asociación Japonesa de Hispanistas. Actualmente, cuenta con unos 400 socios y publica anualmente la revista Hispánica. Sin duda, es este el periodo en el que se puede hablar ya de cierta visibilidad y madurez del hispanismo en Japón. Si bien, como veíamos en el párrafo anterior, la motivación cultural para estudiar español era ya palpable, en esta época: «el español era considerado, además, y en muchos casos primordialmente, como lengua práctica o lengua para el comercio, y sobre todo en los años sesenta, se establecieron muchos departamentos de español y empezaron a formarse numerosos estudiosos y especialistas del español, la mayoría de los cuales completaron su formación en España o países de habla hispana. Esto significa que la lengua española ya no era una simple herramienta de trabajo sino que era objeto de investigación científica»3. En 1957 se crea, en Tokio, la Sociedad Hispánica de Japón que, hasta hoy, imparte clases de español en la Casa de España y desde 1973 realiza sus propios exámenes: Evaluación Oficial del Conocimiento de la Lengua Española y Evaluación Oficial del Conocimiento del Español Comercial y Legislativo, pensados para alumnos japoneses y que, pese a que no tienen reconocimiento académico oficial ni validez fuera de Japón, han gozado de gran difusión, especialmente antes de la llegada del DELE (Diploma de Español como Lengua Extranjera).

Se suceden en esta época las apariciones de nuevos departamentos de español. Veamos algunos: en 1958 se crea el Departamento de Español de la Universidad de Sofía, al que le siguen en 1961 el de la Universidad Femenina Seisen, en 1962 el de la Universidad Municipal de Lenguas Extranjeras de Kobe y, en 1963, el de la Universidad de Nanzan en Nagoya. Coincide este momento con el inicio de emisiones de programas de cursos de español en la NHK, cadena pública japonesa de radio y televisión, concretamente desde 1956 en la radio y desde 1967 en televisión. NHK edita, además, sendas revistas mensuales, con materiales de los cursos de radio y televisión, con una tirada, cada una de ellas, entre 60.000 y 90.000 ejemplares. Precisamente la tirada de estas revistas se toma frecuentemente como referencia útil a la hora de establecer una cifra aproximada de estudiantes de español en Japón. Estos programas son seguidos todavía por muchos japoneses y han sido de gran ayuda en la difusión de la lengua española, si bien se basan en un sistema de enseñanza que usa principalmente el japonés, al igual que lo hace la inmensa mayoría de centros de enseñanza de español en Japón. Por otra parte son una buena puerta a la cultura en español, ya que de forma habitual incorporan contenidos culturales del mundo hispánico.

A partir de las décadas de 1970 y 1980 es de nuevo un buen momento para nuestra lengua en la universidad japonesa, con la apertura de nuevos departamentos de español. El interés provocado ante la expectativa del desarrollo económico de Iberoamérica inicia el primer boom de los tres mencionados al principio. De esta época, dice el profesor Ruiz Tinoco: «según cuentan los antiguos alumnos japoneses de español de hace ya medio siglo, cuando comenzó su andadura el Departamento de Español de la Universidad de Sofía, uno de los principales objetivos para aprender la lengua era emigrar a Latinoamérica»4. Este momento coincide, además, con la llegada de traducciones de los autores del boom latinoamericano, que impactan con éxito en lectores y escritores japoneses, reforzado todo ello por las primeras visitas a Japón de artistas, escritores y académicos hispanos. Se fortalece la relación de universidades y académicos de la América hispanohablante con Japón, muy especialmente en el caso de México. Es en esta época cuando se funda, en 1988, otra de las grandes asociaciones de hispanistas y profesores de español en Japón, la Confederación Académica Nipona, Española y Latinoamericana (CANELA), que edita la publicación Cuadernos Canela.

Cuando partimos de una realidad como la japonesa, en la que la situación de la lengua española no es ni mucho menos mayoritaria en el campo del estudio de lenguas extranjeras, situaciones imprevistas, modas o coyunturas pueden convertirse en fuertes impulsos o –como lo llamábamos antes– en un boom. Un ejemplo de esto, realmente sorprendente, es el caso de una lengua y cultura que no gozaba antes de la popularidad actual en Japón: la coreana. Este caso paradigmático nos puede servir de ejemplo de premio probablemente no buscado. Se trata del enorme éxito de una serie de televisión coreana de principios de la década de 2000, llamada Sonata de invierno, que dio lugar a un cambio en la percepción que se tenía en Japón de Corea del Sur; no solo por su industria del entretenimiento, que ha conseguido que ahora las series coreanas tengan millones de seguidores y los grupos de pop coreano llenen los estadios japoneses, sino también por una sustancial mejora en la imagen de Corea del Sur. Esto ha llevado también a que millones de japoneses estudien coreano y a que encontremos cientos de restaurantes de comida coreana en Japón. Y, por supuesto, el turismo a Corea del Sur refleja también este fenómeno. De hecho, el lugar donde se rodó la serie aludida, Yongpyong, es el favorito de los turistas japoneses.

No hemos tenido la suerte de contar con una serie parecida a esa Sonata de invierno, pero aunque la repercusión sea menor, algo similar podría decirse de la popularización de Gaudí en Japón. Vagamente conocido desde hace tiempo, no lo era de forma masiva. Gaudí ya había sido admirado por japoneses ilustres como el fotógrafo Hosoe Eiko, el arquitecto Kenji Imai en los años cincuenta y el también ilustre arquitecto Ando Tadao posteriormente. Pero será en los años ochenta cuando la Sagrada Familia y el Parque Güell se conviertan en escenarios de un popular anuncio de whisky Suntori, que invade los canales de la televisión japonesa. Lo bueno de este tipo de modas es que en Japón duran mucho tiempo y suelen incluso aumentar. No hay más que ver el interés de los turistas japoneses, que consideran imprescindible visitar la obra de Gaudí. Este turismo se ha incrementado desde ese momento, hasta llegar a los 700.000 turistas al año, aunque naturalmente no todo el aumento sea achacable solo al anuncio de whisky. Muchos de estos turistas llenan ahora las aulas del Instituto Cervantes y de otros centros educativos en Japón. Como se verá más adelante en una amplia encuesta a estudiantes universitarios de español en Japón, la arquitectura es el primer interés cultural de las alumnas y el segundo de los alumnos. La inmensa mayoría de los estudiantes de español de educación no reglada han viajado a España.

La nominación de Barcelona como sede olímpica creó ya un gran interés por España en general y por Barcelona en particular. El segundo boom coincide con las celebraciones de la Exposición Universal de Sevilla y especialmente de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Algunos iconos5 en la imaginería hispana en Japón son, entre muchos otros, la Alhambra de Granada y el Camino de Santiago, además de los toros, el flamenco, la paella, etc.

El flamenco merece punto y aparte. La afición es tal en Japón que son muchas las fuentes que dicen que hay más escuelas de flamenco en Japón que en España. Todas las grandes estrellas del flamenco tienen en su agenda una gira por Japón. Se recuerdan todavía con gran emoción las visitas de Antonio Gades, y hoy siguen llenando teatros María Pagés, Eva Yerbabuena, Joaquín Cortés o Sara Baras. El impacto del flamenco en la popularidad de la lengua española es fundamental, y las alumnas (en una inmensa mayoría se trata de mujeres) de flamenco en Japón son también estudiantes de español en las universidades o centros educativos.

Por otra parte, no podemos olvidar la emigración japonesa iniciada a finales de la década de los sesenta del siglo xix a América. Si bien en un primer momento se dirigía prioritariamente a Estados Unidos, al restringir este país la entrada a los japoneses, Brasil y Perú se convertirán en sus destinos prioritarios, aunque también cuentan Bolivia, Colombia, Argentina, Chile, Paraguay y otros países hispanohablantes en América. Estos japoneses se asientan formando familias, cuyos descendientes, los llamados nikkei, conservan en mayor o menor medida la identidad y la lengua japonesa. El término nikkei define a todas aquellas personas descendientes de japoneses, incluyendo a los de ascendencia mixta, es decir, aquellos que tienen origen japonés por línea materna o paterna.

Casi un siglo después, en 1990, un Japón económicamente poderoso, segunda potencia mundial, tiene problemas para encontrar mano de obra no cualificada, ya que los jóvenes japoneses tendían a rechazar trabajos llamados «3K» (kiken, kitanai, Mitsui / peligrosos, sucios y duros). Se modifica así la ley de inmigración para facilitar el permiso de trabajo y residencia a descendientes de japoneses, nikkei, de hasta tres generaciones. Esto provocó la llegada de miles de jóvenes procedentes de Iberoamérica, especialmente peruanos y brasileños. En el caso concreto de los peruanos formaron la más notable colonia hispanohablante en Japón, que sigue siéndolo con, aproximadamente, 60.000 miembros. Naturalmente, muchos de estos peruanos de origen japonés serán, y siguen siendo, los que enseñen español a los japoneses y constituyen, sin duda, un importante activo en la enseñanza del español en Japón. En muchos casos, los descendientes en Japón de estas familias no pueden practicar el español suficientemente, ya que o bien no tienen la opción de aprenderlo en la educación reglada, especialmente la preuniversitaria, o bien no lo practican en casa. Por otra parte hay un problema en cuanto a la valoración que del español hacen algunos de estos niños y jóvenes, dado que al no verle una utilidad en la práctica del día a día, no ven la necesidad de aprenderlo. Por todo ello, el 21 de abril de 2012 se organizó en el Instituto Cervantes de Tokio el I Encuentro sobre el Uso de la Lengua Española en Japón, en colaboración con el Observatorio de la Lengua Española en Japón, con entidades educativas especializadas en la comunidad de origen hispano en Japón, y con los consulados de las embajadas hispanohablantes con representación en Tokio y las asociaciones de residentes de origen hispano en Japón. El encuentro sirvió para dejar constancia de que existe un consenso claro en cuanto a la necesidad de impulsar la lengua española en Japón. El primer objetivo marcado es intentar conseguir la consideración del español como lengua optativa en el examen de acceso a la universidad pública. En dicho examen, desde su inicio, para la evaluación de un idioma extranjero se ofrece la opción de elegir entre tres idiomas: inglés, francés y alemán. Después, en 1997, se introdujo el chino y en 2002 el coreano, dando así a los estudiantes la opción de elegir entre cinco idiomas. Como primer paso, los 19 embajadores de los países hispanohablantes en Japón han firmado una carta que entregarán personalmente al ministro de Educación, Cultura, Deporte, Ciencia y Tecnología de Japón, en la que se solicitará la inclusión del español como lengua optativa en dicho examen. Se marcaron, además, otros objetivos encaminados a potenciar el uso del español en la educación reglada y entre los descendientes de hispanos, y la colaboración estrecha para la elaboración de un estudio sobre la situación y las posibles vías de mejora.

Si comparamos la «salud» de nuestra lengua y del hispanismo con otras lenguas europeas, un buen termómetro en Japón es ver la historia de sus diccionarios respectivos. Si vemos los diccionarios de español publicados, comparándolos con los de las otras lenguas importantes de Europa (inglés, francés, alemán, etc.), el diccionario de español tiene relativamente menos historia en Japón. Por ejemplo, aún no existe ningún diccionario sustancial que contenga más de 100.000 entradas6.

La buena noticia es que estamos inmersos en el principio del tercer boom, de la mano de los éxitos del deporte español, especialmente del fútbol, y esperemos, modestamente, que la acción cultural que se ha llevado a cabo desde el Instituto Cervantes de Tokio, con más de mil actividades culturales desde su inauguración, haya contribuido en parte. En algunos casos, el aumento del número de estudiantes interesados por el español en los últimos años es espectacular. El profesor Shimizu Norio, catedrático de la Universidad de Waseda y académico correspondiente de la Real Academia Española, al entrevistarle para este artículo, me precisa por escrito lo siguiente: «En tres años se ha duplicado el número de matrículas, o más. Cuando yo entré en Waseda (universidad que no tiene departamento de español), (en español) solo había 3 clases de iniciación (frente a 14 de francés, 9 de alemán, 13 de chino, 2 de ruso) y este año 2012 tenemos 7 clases de español (frente a 12 de francés, 8 de alemán, 12 de chino, 3 de ruso). Hay que tener en cuenta que la Facultad de Letras tiene departamentos de francés, alemán, chino y ruso (como primera lengua). Ahora bien, en Letras, como el caso del español, se dan otros idiomas como segunda lengua: italiano y coreano. El italiano tiene 3 clases y el coreano también 3. Esto significa que el español como segunda lengua tiene un puesto muy destacado y supera las 3 clases del ruso (que tiene su departamento) y compite con el alemán (8 clases). […] La Facultad de Letras tenía solo 3 clases de español cuando entré en 2008 y cada año se iba aumentando 1 clase y ha llegado este año a 7 […] Hay otro dato: ahora me refiero no al número de clases sino al número de solicitudes. En 2012, el presente curso, el francés ha tenido 446 solicitudes, el alemán 302, el ruso 73, el chino 432, el italiano 115, el coreano 100 y el español 259. Esto quiere decir que cada clase de español tiene cerca de 40 alumnos. Me he limitado a la situación de la Facultad de Letras de Waseda y no tengo datos de otras facultades».

Teniendo en cuenta que las asociaciones de hispanistas, los departamentos de español y las editoriales que publican a autores hispanos no son las mejor dotadas comparadas con otras especialidades, las ayudas públicas han sido importantísimas, muy fructíferas y útiles. Especialmente las ayudas para viajes y las ayudas a la traducción al japonés de obras en español, otorgadas por el Gobierno de España a través de diferentes programas, especialmente el actualmente denominado «Ayudas a la traducción y edición en lenguas extranjeras de obras publicadas en español», de la Secretaría de Estado de Cultura, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España. Ejemplo de estas ayudas son la serie de traducciones de premios Cervantes auspiciadas por el Instituto Cervantes, que lleva ya doce títulos en tres años.

Sin este tipo de ayudas no habríamos observado el crecimiento de títulos traducidos que vemos ahora. Si vemos la lista de los autores españoles que tienen alguna obra traducida al japonés, que se conserva en la Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón (se trata de una biblioteca de depósito, que conserva prácticamente todo lo publicado en Japón), vemos un total de 1.093 asientos bibliográficos en japonés, traducidos de la lengua original española en el periodo 1900-2011 (no hay obras anteriores a 1900). También encontramos 169 títulos de literatura en español y 89 de otras materias. Observando las fechas de publicación, el crecimiento es casi geométrico, especialmente cuando se inician estos programas de ayuda. Cabe destacar el apoyo de la Fundación Japón a publicaciones de autores hispanos y a su generoso programa de invitación a académicos y escritores hispanos a Japón.

A la colaboración oficial hay que añadir las relaciones de cooperación existentes entre universidades de Japón y de países hispanohablantes, que ha llevado a gran cantidad de convenios bilaterales, con fructíferos intercambios de académicos y alumnos. Veremos en el siguiente apartado un listado de algunos de estos acuerdos.

He mencionado antes algún ejemplo de sociedad hispánica en Japón, pero son muchas las sociedades y asociaciones de este tipo que han contribuido de forma importante al mantenimiento y desarrollo del hispanismo nipón. También es muy destacable el papel de los clubes universitarios, en los que miles de japoneses se divierten con el flamenco, el tango u otros ritmos latinos, además de la importantísima presencia de la guitarra española. La música es, sin duda, una parte de la cultura en español con más adeptos y que conlleva también un interés inmediato por aprender la lengua de Cervantes.

En los últimos años se ha creado, desde el Instituto Cervantes de Tokio, una herramienta para poner en común el conocimiento y las prácticas que nos ayuden al desarrollo de la lengua española en Japón. Se trata del Observatorio de la Lengua Española en Japón. Nace como un mandato tras el seminario organizado por el Instituto Cervantes, la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto y la Embajada de España durante la visita a Japón de los reyes de España, en 2008, que participaron en el seminario. El Observatorio se crea para definir estrategias comunes entre los hispanistas de Japón y para consensuar fórmulas de impulso del estudio y conocimiento del español y de la cultura hispanohablante. Tras reuniones preparatorias, el Observatorio de la Lengua Española en Japón ve la luz en el Instituto Cervantes de Tokio el jueves 10 de junio de 2010, con el auspicio de todas las embajadas de los países hispanohablantes en Tokio.

Transcurrido un año después de su fundación, en junio de 2011, se celebró en Kioto el I Foro del Observatorio de la Lengua Española en Japón, con la presencia del premio Nobel Mario Vargas Llosa como ponente de honor. El foro contó de nuevo con el auspicio de las embajadas de los países hispanohablantes y las asociaciones de hispanistas de Japón y CANELA. Se abordaron varios de los temas considerados prioritarios en reuniones preparatorias celebradas con anterioridad por los miembros del Observatorio. Siguiendo el espíritu del Observatorio, el acto se dividió en dos áreas: lingüística y cultural. Se habló, en primer lugar, de la motivación de los alumnos de lengua española en Japón y, entre otras cosas, se vio que la cultura es uno de los antídotos contra la falta de motivación del estudiante de español.

Para finalizar este apartado de la trayectoria del hispanismo en Japón concluiré con este resumen de Francisco Moreno Fernández, director académico del Instituto Cervantes: «Ahora bien, si el espacio que ocupa el español, como lengua extranjera, en los sistemas educativos de muchos lugares del mundo es amplio y sólido, no encontramos la misma situación en Asia ni en Japón. La presencia española en Asia-Pacífico está lejos de ser proporcional al proceso de internacionalización de la sociedad y de las economías española e hispanoamericana. Como tampoco es proporcional al creciente peso económico y político de la región asiática, donde podrían caber tres lenguas extranjeras como vehículos de comunicación internacional, para ser adquiridas a lo largo del proceso formativo de las sociedades orientales y, en este caso, de la sociedad japonesa»7.

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