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El español en el mundo > Anuario 2012 > A. R. Santana. La Constitución de 1812 y su repercusión en América y Europa
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La Constitución de 1812, base del constitucionalismo español y fuente para Europa y América

Alberto Ramos Santana

3. La Constitución de 1812 y su repercusión en América y Europa

Reunidas las Cortes en la Real Isla de León el 24 de septiembre de 1810, aprobaron el primer decreto proclamando solemnemente el principio de la soberanía nacional que residía en las Cortes19 , y en el mismo decreto se insistió en ello al atribuir el poder ejecutivo a la Regencia20 , que para que no hubiera dudas sobre quiénes representaban la soberanía de la nación deberían prestar juramento ante las Cortes con la fórmula publicada en el mismo decreto:

¿Reconocéis la soberanía de la nación representada por los diputados de estas Cortes generales y extraordinarias? ¿Juráis obedecer sus decretos, leyes y constitución que se establezca según los santos fines para que se han reunido, y mandar observarlos y hacerlos ejecutar?

La idea quedó ratificada en el artículo tercero del texto constitucional: «La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a esta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales». Esta declaración, que fue debatida intensamente en las Cortes, se convertiría en emblema y ejemplo en muchos territorios de Europa y América incluso tras la anulación de la Constitución de 1812.

Como es ampliamente conocido, la Constitución gaditana tuvo apenas seis años de vigencia en España, y en tres breves etapas, y pese a ello su texto sirvió de modelo para el desarrollo constitucional de muchos países iberoamericanos y europeos, contribuyendo a forjar caminos de libertad.

La Constitución de Cádiz fue emanación de la soberanía nacional, expresada por los diputados de las Cortes, que habían sido electos mediante sufragio, de manera que fue decretada por «las Cortes generales y extraordinarias de la Nación española», o lo que es lo mismo por los representantes legítimos de la nación. El principal valor que se reconoció en la Constitución de 1812, y por ello se convirtió en modelo, es la concepción de la propia Constitución como ley suprema producto de la soberanía popular, y en tanto que emanación de la soberanía: la Constitución como norma superior que organiza el estado-nación21, que limita el poder y contiene una declaración de los valores fundamentales, los derechos y las garantías de la sociedad y los ciudadanos. Y ese fue el ejemplo que Cádiz ofreció a Europa y América.

En general, se ha repetido que el ejemplo constitucional gaditano saltó el Atlántico y fue seguido en América, principalmente en las antiguas colonias del imperio español, que en el proceso emancipador y de su propia consolidación como naciones libres siguieron el texto de la Constitución española de 1812. No obstante, no conviene olvidar que la Constitución de Cádiz estuvo vigente en casi toda la América española, aunque el período cronológico varía en función del más pronto o tardío comienzo y éxito del proceso de independencia en los diferentes territorios americanos.

Siguiendo el mandato de las Cortes, la Constitución, proclamada en Cádiz el 19 de marzo de 1812, comenzó a editarse y jurarse en los territorios americanos a partir de los meses de septiembre y octubre de ese mismo año. Aunque su vigencia fue corta, algunos efectos se notaron en la aplicación de la Constitución, que, entre otras cosas, y para el gobierno y administración de los territorios ultramarinos, suponía un importante recorte del poder absoluto ejercido por los representantes de la monarquía en América, tanto en los casos de los virreyes, como de las Audiencias; pero sobre todo donde más se dejó notar fue en el establecimiento de ayuntamientos para el gobierno de las poblaciones que llegaran, «por sí o en su comarca», a las mil almas; igualmente la creación de las diputaciones provinciales que colaborarían con el jefe político en la administración de las provincias22. Como apuntó Antonio Annino para el caso mexicano, la aplicación de esta medida contemplada en la Constitución de 1812 provocó una gran transferencia de poder del Estado a las comunidades locales, contribuyendo a la desintegración del espacio político virreinal23.

Por esta y otras razones, la aplicación de la Constitución provocó malestar entre los partidarios de no modificar el estatus social y político en las colonias, mientras que en los sectores criollos descontentos entendieron que el código gaditano no les proporcionaría la independencia.

En cumplimiento a lo establecido en la Constitución las Cortes Generales y Extraordinarias convocaron, mediante el Decreto 162, de 23 de mayo de 1812, la «Convocatoria para Cortes ordinarias de 1.º de octubre de 1813». El Decreto iba acompañado de sendas instrucciones sobre cómo celebrar las elecciones en la «península e islas adyacentes» y «en las provincias de Ultramar». Mientras que en el primer caso se ordenaba formar una «junta preparatoria» en cada provincia, y se especificaba, en una tabla, el número de diputados por provincia y por cada 70.000 habitantes con arreglo al censo de 1797, en el segundo caso se ordenó que se formaran juntas preparatorias en las capitales siguientes:

México, capital de Nueva España; Guadalajara, capital de Nueva Galicia; Mérida, capital de Yucatán; Guatemala, capital de la provincia de este nombre; Monterrey, capital de la provincia del Nuevo Reino de León, una de las cuatro internas del Oriente; Durango, capital de la Nueva Vizcaya, una de las provincias internas del Occidente; Habana, capital de la isla de Cuba y de las dos Floridas; Santo Domingo, capital de la isla de este nombre; Santa Fe de Bogotá, capital de la Nueva Granada; Caracas, capital de Venezuela; Lima, capital del Perú; Santiago, capital de Chile; Buenos Aires, capital de las provincias del Río de la Plata, y Manila, capital de las islas Filipinas.

Y aunque también se aplicaba la proporción de un diputado por cada 70.000 habitantes, en este caso no se establecía el número pues se indicaba que se usaran «los censos de población más auténticos entre los últimamente formados». Sea como fuere, en las Cortes ordinarias de 1813 hubo representantes americanos, durante poco tiempo, pues en mayo de 1814 Fernando VII restauró por la fuerza el gobierno absoluto.

Desde 1814 a 1820 las provincias de ultramar, como la España peninsular, volvieron a ser gobernadas como si la Constitución de Cádiz jamás hubiera sido promulgada. Se volvió al gobierno absoluto simple y llanamente. En el mes de marzo tuvo lugar, como sabemos, el pronunciamiento de Riego y la publicación y juramento de la Constitución de Cádiz, y en el mes de abril el rey dirigió a todos los habitantes de ultramar un manifiesto en el que les participaba el restablecimiento del régimen constitucional.

Entre los meses de mayo y junio se publicó y se prestó juramento a la Constitución por parte de las supremas autoridades de los diferentes virreinatos. Unas nuevas Cortes, reunidas el 9 de julio, contaron nuevamente con representantes americanos, aunque menguados por los procesos de independencia ya concluidos. Pero nuevamente, en 1823, volvía la restauración absoluta y los dos hemisferios de la monarquía fernandina dejaron en suspenso las soluciones liberales de gobierno.

Por eso no es gratuito afirmar que la emancipación de los territorios españoles en América se vio favorecida por la coyuntura bélica y política que vivió España entre 1808 y 1814, y por los procesos posteriores de anulación, restauración y nueva anulación de la Constitución de 1812. La intromisión de Napoleón en los asuntos españoles y la supresión de hecho de la dinastía de Borbón, origen de la guerra de la Independencia española, provocaron, como en España, la aparición de juntas de gobierno en las principales ciudades americanas. Juntas que, si en principio reconocieron la autoridad real de Fernando VII, también propiciaron el comienzo del proceso emancipador, aunque la convocatoria y reunión de las Cortes de Cádiz, primero, y la proclamación de la Constitución de 1812, inclinaron a cierta moderación a los movimientos independentistas al confiar en que el nuevo escenario político español propiciaría también una nueva organización política, social y económica de los territorios americanos.

Sin embargo, el retorno al trono de Fernando VII y la vuelta al absolutismo en 1814 provocó la reanudación de las confrontaciones y la guerra abierta. En 1820 el pronunciamiento de Riego en Las Cabezas de San Juan facilitó a los patriotas americanos la realización de las últimas campañas militares, que les llevarían al triunfo final y a la independencia.

Las luchas por la emancipación no impidieron que el modelo político que se estaba elaborando en las Cortes de Cádiz, que tuvo como paradigma la Constitución de 1812, fuera el principal referente ideológico y político de las nuevas naciones americanas24. Tras conocerse la restauración del absolutismo en España, después del regreso de Fernando VII en 1814, los independentistas de la Nueva España proclamaron el 20 de octubre de ese mismo año la Constitución de Apatzingán, que recoge en parte el espíritu de la gaditana, aunque adaptándolo a las circunstancias del país americano, lo que confirma el carácter de referente que la Constitución de 1812 cobró desde los primeros momentos, convirtiéndose en recurso de interinidad en muchos lugares25, mientras se redactaba la propia constitución26. En esta línea, Mario Rodríguez ha analizado la influencia de «Cádiz» en el proceso libertador de Centroamérica, y concluye que la actividad de los diputados de la circunscripción centroamericana en las Cortes de Cádiz les sirvió para posteriormente luchar y elaborar sus propios códigos liberalizadores, ya que «el liberalismo español que se forjó en Cádiz aportó líneas ideológicas clave (sic) para un programa de modernización y de existencia independiente»27. Y, por poner otros ejemplos concretos, cabe recordar que la Constitución gaditana tuvo influencia, a través de la portuguesa de 1822, en la brasileña de 1824, y en el desarrollo general del constitucionalismo brasileño28; e influyó directa e indirectamente —a través de estas— en la uruguaya de 183029, en la chilena de 182230, en las de Argentina de 1819 y 1826, en la boliviana de 182631 , en las peruanas del primer tercio del siglo xix32, etc.

Por tanto, la Constitución de 1812 fue un modelo de gran influjo en el devenir político de las antiguas colonias españolas en América. La idea de nación y las referencias a la tradición española del constitucionalismo que «Cádiz» defiende tendrán sus paralelos en los textos constitucionalistas americanos, en los que la asunción de la soberanía nacional reforzó la imagen del pasado mítico representado por el gobierno indígena y por la independencia, es decir, la situación previa a la conquista española, de manera que, como proponía la propia Constitución de Cádiz, se remite a una antigua constitución histórica, aunque distinta, y a la tradición.

En cuanto a Europa, a partir de su proclamación el 19 de marzo, la Constitución de 1812 fue tácitamente aceptada en los estados que luchaban contra Napoleón, aunque no hubiera —que sepamos— un reconocimiento explícito. Sin embargo, las Cortes y la Constitución gaditana sí fueron reconocidas oficialmente en Rusia y en Prusia, y ello pese a levantar ciertos recelos por su carácter liberal y limitador del poder de los monarcas.

Efectivamente, Rusia fue el primer país que oficialmente reconoció la obra de las Cortes y su Constitución. En la ciudad rusa de Velikie Luki, el 20 de julio de 1812 se firmó un «Tratado de Amistad, Unión y Alianza» entre Rusia y España33, por el que Rusia reconocía la Constitución de Cádiz. El tratado, que establecía que las dos partes se ayudarían en la defensa de sus intereses recíprocos y harían la guerra al emperador de los franceses, comprometía a ambas monarquías a colaborar y a restablecer y aumentar las relaciones comerciales, y en su artículo tercero decía:

S. M. el Emperador de todas las Rusias reconoce por legítimas las cortes generales y extraordinarias reunidas actualmente en Cádiz, como también la constitución que estas han decretado y sancionado34.

Aunque el tratado de Velikie Luki fue consecuencia de la declaración de guerra entre Rusia y Francia, lo que propició el acuerdo con España y la hipotética alianza militar entre las dos naciones contra Napoleón, proporcionó a España el primer reconocimiento internacional de su revolución. Dos años más tarde, en 1814, Prusia reconocería también la Constitución35, aunque este reconocimiento tendría poco efecto cuando, terminada la guerra de la Independencia española, retornó al trono español Fernando VII, el 4 de mayo de 1814, y anuló la obra de las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. Al año siguiente se produce la derrota definitiva de Napoleón, el final del proceso revolucionario en Europa y el inicio del proceso de restauración del poder absoluto.

Como consecuencia de todo ello se inicia en Europa un debate político en el que predomina la presencia de partidarios de los modelos moderados de transformación política, más fáciles de asumir por una clase política traumatizada por un cuarto de siglo de convulsiones revolucionarias y guerras en Europa. Por otra parte, se constatan las dificultades para la defensa pública de los modelos revolucionarios en un contexto generalizado de rigor y persecución, que obliga al recurso a la clandestinidad. Sin embargo, en este ambiente, la Constitución gaditana de 1812 se refuerza como referente, y se difunde por Europa mediante la circulación de numerosas traducciones36. La Constitución de 1812 se convierte en la apuesta esencial del radicalismo liberal europeo, tanto por su significado político —la Constitución como norma emanada de la soberanía nacional— como por convertirse en símbolo de la libertad y la regeneración, hasta el extremo de que se puede hablar de una verdadera mitificación de la Constitución de Cádiz.

Cuando a comienzos de 1820 Rafael del Riego encabeza una insurrección militar que restablece en España la Constitución, el modelo gaditano se refuerza ante los revolucionarios europeos, que lo contemplan como ejemplo. El pronunciamiento a favor de la Constitución de 1812 permitía un cambio político completo, mediante un proceso revolucionario controlado por las elites liberales con apoyo del ejército. Animados por el éxito de la revolución española de 1820, que mostraba también la debilidad del absolutismo restaurado, los liberales europeos la convirtieron en su modelo político y en la bandera de la revolución liberal, y prácticamente todos los movimientos iniciados en Europa la tomaron como objetivo37. El modelo español se mitifica por el propio contexto de la promulgación de la Constitución, una guerra de Independencia entendida como resistencia heroica ante Napoleón, al igual que se contempla que en 1820 fue símbolo del primer desafío a las potencias de la Restauración. Los años 1808, 1812 y 1820, con la lucha de los españoles por su independencia frente a la dominación exterior, así como su deseo de dotarse de un sistema representativo de gobierno, propician la idealización del modelo español de acción revolucionaria.

La clave de tal influencia está en que en España se elaboró una estrategia de recuperación del poder arrebatado por los absolutistas, consistente en que, a partir del pronunciamiento como dispositivo, se ponía en marcha un proceso insurreccional destinado a reinstalar la Constitución de 1812. Esto fue el pronunciamiento de Riego y su triunfo sobre Fernando VII en 1820.

Este modelo de revolución liberal predominó en Europa al menos hasta 1830, se fundamentaba, en lo político, en la Constitución como objetivo y símbolo de la asunción de la soberanía y, en lo organizativo, en la conspiración secreta y en el pronunciamiento insurreccional basado en el ejército.

De esta manera, cuando en una época sometida a rápidas transformaciones económicas y sociales, los regímenes absolutistas trataron de frenar un proceso que era irreversible, se consolidaron grupos de oposición que, por una parte, habían rechazado el régimen napoleónico en nombre de los ideales de libertad y, por otra, se fijaron en la Constitución de 1812 como modelo, lo que explica las traducciones del texto gaditano que se hicieron en esos años.

Frente al poder absoluto, proclamar una constitución y la soberanía de la nación permitía a la nueva burguesía el acceso al control del Estado y transformar las antiguas monarquías en monarquías constitucionales evitando los radicalismos de la Revolución francesa. Y este es el modelo que representaba la Constitución de 1812, que colmaba así las aspiraciones de la burguesía europea. Como ya reconociera el propio Carlos Marx, la Constitución gaditana, que respondía a las necesidades de la sociedad española, fue ejemplar para la Europa de la época, porque en ella se dio con la solución jurídico-constitucional más apropiada para problemas comunes, como la propiedad de la tierra, la abolición del feudalismo, la adaptación al desarrollo del capitalismo, etc. Por eso cuando se extendió por Europa la idea de que el pronunciamiento de Riego era una insurrección política para lograr el restablecimiento de la Constitución de 1812, la repercusión revolucionaria del modelo español fue inmediata.

Un modelo que se aplica en Portugal, cuando en agosto de 1820 un pronunciamiento militar en Oporto conduce a la formación de la Junta Provisional de Gobierno y a la convocatoria de Cortes Generales Extraordinarias y Constituyentes. Reunidas en enero de 1821, la Constitución, que sigue el modelo de Cádiz38, fue aprobada el 23 de septiembre de 1822.

En Italia39 se aplicó el modelo en Nápoles y Sicilia, donde el trabajo propagandístico de la Carbonería culmina con el pronunciamiento de Nola, de 2 de julio de 182040. La proclamación de la Constitución de Cádiz en Avellino y la cesión del Gobierno por parte del rey conducen a su promulgación por parte del vicario general y al nombramiento de una Junta Provisional de Gobierno. Convocadas elecciones en septiembre, según el modelo gaditano, las Cortes aprobaron una nueva Constitución el 29 de enero de 1821, adaptando la de Cádiz con escasas modificaciones. Sin embargo, la reacción absolutista, liderada por el propio Fernando I, consigue apoyo exterior y el 21 de marzo de 1821 entran las tropas austriacas en Nápoles restaurando el absolutismo e imponiendo una dura represión.

Lo mismo ocurrió en Piamonte41. Las conspiraciones liberales, reforzadas tras el éxito napolitano, fructifican en el pronunciamiento de marzo de 1821 y conducen a una breve experiencia liberal «a la española» que dura poco tiempo: la Constitución de Cádiz se impone en Cerdeña casi sin modificaciones, gobierna una Junta Provisional de Gobierno…, pero la rápida reacción de la Europa legitimista, con la intervención del Ejército austriaco, restaurará, en medio de la represión, el absolutismo.

Ante los movimientos iniciados en 1820, la Europa de la Restauración reaccionó para evitar la reapertura del ciclo revolucionario cerrado en 1815. La drástica intervención de la Santa Alianza debía cortar cualquier brote revolucionario y, si en Italia intervinieron los ejércitos austriacos, en España serán los Cien Mil hijos de San Luis los que repongan a Fernando VII en su poder absoluto en 1823.

Sin embargo, podemos recordar un ejemplo más de la influencia gaditana en un movimiento liberal: Rusia. Sin olvidar que durante el mandato de Alejandro I hubo un intento reformista dirigido por Mikhail Speransky, fracasado por la oposición de la influyente corte rusa sobre el zar42, conviene destacar que tras la guerra contra Napoleón regresó a Rusia un cuerpo de ejército, oficiales y nobles que había conocido el movimiento liberal, la prosperidad de naciones sin servidumbre, el poder real limitado...; se formó así un estado de opinión favorable a los cambios y surgieron organizaciones secretas con proyectos de monarquía limitada, e incluso se planteó una república liberal. En San Petersburgo el grupo dirigido por Nikita Muraviev tomó la Constitución de Cádiz como modelo y artículos enteros de la Constitución de 1812 pasaron a su proyecto constitucional para Rusia43.

En diciembre de 1825, en la problemática coyuntura por la sucesión de Alejandro, se produce el pronunciamiento militar de los decembristas, que, con la Constitución de Cádiz como estandarte, trataron de imponer la constitución inspirada en el modelo gaditano44 . Los decembristas, que aplicaron el arquetipo revolucionario español —y por ello fueron acusados de querer llevar a Rusia el «contagio extranjero»45—, planearon la toma del poder político, en nombre de la Constitución, la ley y la libertad. Como es conocido, el movimiento fracasó y sus responsables fueron duramente reprimidos46.

* * *

En España, la crisis dinástica de marzo de 1808, seguida de las renuncias de Bayona y la cesión de la corona a Bonaparte, el comienzo de la guerra de la Independencia y la formación de las juntas, propició la reconstitución de la soberanía en la nación, un proceso que, desde el primer año del período analizado, se dio también en la América española. La formación de un poder unificado en la Junta Central, la convocatoria de Cortes, la crisis de la propia Junta Central y su renuncia al poder a favor de la Regencia reafirmaron los principios sobre la reversión de la soberanía al pueblo, como demostró el conflicto generado por la Junta de Cádiz de 1810, que se siguió en América. Por fin, la Constitución de 1812 consagró el principio de la soberanía residente en la nación, y, anulada la Constitución en 1814, repuesta en 1820 y anulada de nuevo en 1823, todo el proceso español constituyente —engrandecido por la lucha de una nación en armas por su independencia— se convirtió en modelo destacado para movimientos insurreccionales y que apostaban por la libertad nacional en Europa y América, a lo que hay que añadir la influencia teórica e ideológica en el contexto de los movimientos liberales europeos y americanos. Desde Finlandia a Portugal, desde Estados Unidos al Cono Sur, el texto gaditano fue objeto de estudio, reflexión y debate en casi todos los círculos intelectuales, ideológicos y políticos, constatándose así su vigencia como emblema de libertad.

  • (19) Alberto Ramos Santana (2010), Antes y después de Cádiz. La soberanía reconstituida. volver
  • (20) Sobre este asunto, cfr. Rafael Flaquer Montequi (1991), El ejecutivo en la revolución liberal, p. 47. volver
  • (21) Como ha señalado Artola, la Constitución de Cádiz fue la primera en identificar la nación y en dar una descripción del estado-nación. Cfr. Miguel Artola (2005), Constitucionalismo en la historia, p. 85. volver
  • (22) Miguel Molina Martínez (2007), «De cabildos a ayuntamientos: las Cortes de Cádiz en América». volver
  • (23) Antonio Annino (1995), «Cádiz y la revolución territorial de los pueblos mexicanos, 1812-1821». volver
  • (24) Un panorama general de estas influencias en: Alberto Ramos Santana (coord.) (2011), La Constitución de Cádiz y su huella en América. volver
  • (25) Demetrio Ramos (1987), «América en las Cortes de Cádiz, como recurso y esperanza», pp. 116-117. volver
  • (26) No hay que olvidar que, antes que la Constitución Española de 1812 promulgada en Cádiz, en América se promulgaron la Constitución Federal de los Estados de Venezuela, de 21 de diciembre de 1811, de clara influencia norteamericana en la constitución federal del Estado, y la Constitución de Quito de 15 de febrero de 1812, que en algunos aspectos y conceptos tiene similitudes a la de Cádiz. volver
  • (27) Mario Rodríguez (1984), El experimento de Cádiz en Centroamérica, 1808-1826, p. 108. Sobre la influencia de Cádiz en Centroamérica, cfr. Jorge Mario García Laguardia (1994), Centroamérica en las Cortes de Cádiz. volver
  • (28) Vicente de Paulo Barreto (2004), «A Constituiçao de Cádiz e as origens do constitucionalismo brasileiro»; Andrea Slemian y João Paulo G. Pimenta, (2011), «Cádiz y los imperios portugués y brasileño». volver
  • (29) Héctor Gros Espiel (2004), «La Constitución de Cádiz de 1812, la Constitución del Reino de Portugal de 1822, la Constitución del Imperio de Brasil y la Constitución de Argentina de 1826 como precedentes de la Constitución uruguaya de 1830»; Ana Frega Novales (2011), «Ecos del constitucionalismo gaditano en la Banda Oriental de Uruguay». volver
  • (30) Cristián E. Guerrero Lira (2011), «La Constitución de Cádiz y Chile». volver
  • (31) F. Javier Limpias (2011), «¡Viva la Pepa!». volver
  • (32) Teodoro Hampe Martínez (2011), «Sobre la Constitución de 1812: las Cortes gaditanas y su impacto en Perú». volver
  • (33) Sobre la gestación diplomática del Tratado y sus efectos, cfr. Ana María Schop Soler (1984), Un siglo de relaciones diplomáticas y comerciales entre España y Rusia, 1733-1833. También da noticia del tratado José Presas (1836), Cronología de los sucesos más memorables ocurridos en todo el ámbito de la monarquía española desde el año 1759 hasta 1836, p. 81. Y Manuel Marliani (1841), Reseña de las relaciones diplomáticas de España, desde Carlos I hasta nuestros días, pp. 161-162. Igualmente, Carlos Marx y Federico Engels en sus artículos sobre «La España revolucionaria», publicados en el New York Daily Tribune, citan el tratado. Cfr. Carlos Marx y Federico Engels (1980), Sobre España,p. 26. volver
  • (34) Las Cortes, en la sesión del 8 de septiembre de 1812, conocieron el tratado, cuyo texto se recoge en el Diario de Sesiones, mostrando su satisfacción por la firma y ordenando a la Regencia su publicación. Cfr. Diario de Sesiones (DS.), 8/9/1812. La noticia de la ratificación del tratado, a principios de noviembre, la conocieron las Cortes el 16 de diciembre. Cfr. DS., 16/12/1812. También recoge el texto el Conde de Toreno (1838), Historia del levantamiento, guerra y revolución de España, t. III, p. 378. volver
  • (35) Allan Brewer-Carias (2009), «La constitución de Cádiz de 1812 y los principios del constitucionalismo moderno: su vigencia en Europa y en América». volver
  • (36) Algunos ejemplos en Juan Ferrando Badía (1991), «Proyección exterior de la Constitución de 1812», p. 218. volver
  • (37) Irene Castells Oliván (1989), «La Constitución gaditana de 1812 y su proyección en los movimientos liberales europeos del primer tercio del siglo xix», p. 120. volver
  • (38) Jorge Martins Ribeiro (2008), «La importancia de la ideología y de los artículos de la Constitución de Cádiz para la eclosión de la Revolución de 1820 en Oporto y la Constitución Portuguesa de 1822»; Jorge Miranda (2004), «A constituçao portuguesa de 1822». volver
  • (39) Andrea Romano (2004), «L´influenza della carta gaditana nel costituzionalismo italiano ed europeo». volver
  • (40) Vittorio Scotti (2001), «La Constitución de Cádiz y las revoluciones italianas en Turín y Nápoles de 1820 y 1821»; del mismo autor, en 2003, «El liberalismo español e Italia: un modelo de corta duración». volver
  • (41) Gonzalo Butrón Prida (2006), Nuestra sagrada causa. El modelo gaditano en la revolución piamontesa de 1821. volver
  • (42) Carsten Goehrke et al. (1975), Rusia,p. 197. volver
  • (43) Juan Ferrando Badía (1991), «Proyección exterior de la Constitución de 1812», p. 248. volver
  • (44) Sobre la influencia de los sucesos españoles de 1808, 1812 y 1820 en el movimiento decembrista, así como la importancia del ejemplo de Rafael del Riego, cfr. Ana María Schop Soler (1984), Un siglo de relaciones diplomáticas y comerciales entre España y Rusia, 1733-1833, pp. 401-442. volver
  • (45) El periódico oficial español Mercurio de España, de marzo de 1826, pp. 167-170, publicó el comunicado de Nicolás I «emperador y autócrata de todas las Rusias», sobre «el lastimoso acontecimiento», explicando la versión oficial y el castigo impuesto a los insurrectos, que serviría para purificar del «contagio extranjero el suelo sagrado de Rusia». Tras el texto oficial del zar, se incluyó una nota aclaratoria del gobierno ruso. volver
  • (46) Por mandato expreso de Fernando VII se publicó en España el Informe presentado a S. M. el Emperador de Rusia por la Comisión de pesquisas sobre los acontecimientos del 26 de diciembre de 1825, en San Petersburgo. Imprenta Real, Madrid, 1826. volver
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