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El español en el mundo

Redes sociales, textovisualidad y transmedia: literatura y nuevas tecnologías

Vicente Luis Mora

4. Las redes sociales como experiencia de escritura

No cabe duda: la poesía transmuta.
Heriberto Yépez, 41 Clósets

En la actualidad se vive un boom de las redes sociales, que tienen una presencia mediática y sociológica desmesurada. Convendría realizar un pequeño acercamiento a su historia para ver cómo desde el principio esta Red 2.0, según ha sido denominada, se ha ido vinculando estrechamente a la experiencia creativa.

La primera red social que alcanzó importancia literaria fue la «blogosfera» o conjunto de blogs. Abreviatura de web-log o diario en línea, el blog es una cómoda y sencilla herramienta digital que se ha extendido rápidamente, hasta llegar a 156 millones de usuarios en 2011, según datos de Nielsen. La facilidad de manejo y la posibilidad de incluir fotos y vídeos junto a los textos, ayudada por el crecimiento de YouTube, han espoleado a los internautas deseosos de tener un espacio público y privado a la vez donde compartir sus experiencias, artísticas y no. Creados en 1997, los blogs tuvieron desde su principio un claro componente literario, en razón de su base textual, que los emparentaba con los diarios privados (aunque un blog, por naturaleza, es público). Ahondando sobre este particular, Enric Bou ha intentado esclarecer los puntos de engarce entre el blog y el diario íntimo. Escribe Bou:

Entre los diarios y los blogs podemos indicar ya una diferencia fundamental. Muchos blogs son escritos por rabia, escritos sin reflexionar mucho, sin deliberar. Están escritos en un momento de exceso reactivo y pueden ser ofensivos, puesto que carecen del carácter secreto de los diarios. De hecho, muy pocos diarios se publican antes de la muerte del autor. Los bloggers, en cambio, inmersos en la inmediatez del presente (escritura y lectura), están muy cerca del concepto barthesiano de diarrea15.

Bou tiene en este trabajo sobre blogs literarios, titulado significativamente «Bloqueo digital: perversidad en las autobiografías público-privadas», una postura favorable y crítica a la vez. Partiendo de la palabra catalana bloc, la relaciona por homofonía con el término bloqueo y concluye diciendo que los blogs son a la vez una fuente y una forma de obstrucción para la escritura, aunque añadiendo que algunos blogs son realmente valiosos y un auténtico paso adelante no solo para la literatura sino para la crítica literaria. Pero la postura de Bou sobre la condición o no de diario de los blogs no está tanto en el cuerpo del ensayo, sino en su título; los define de un modo muy interesante: como «autobiografías público-privadas».

Esta conexión entre lo personal y lo artístico hacía que los blogs fuesen desde el principio caldo de cultivo de prácticas literarias; así, pocos años después de su aparición en 1997 comenzaron las experiencias literarias con blogs, con el argentino Hernán Casciari y la británica Brooke Magnanti como puntales más conocidos. Ambos desarrollaron blogs aparentemente reales (Diario de una mujer gorda, en el caso de Casciari; Belle de Jour: Diary of a London Call Girl, en el de Magnanti), pero que escondían un propósito ficcional y claramente literario. De hecho, Casciari llegó a formular las reglas de la «blogonovela», como él la denominó, en un temprano texto16. Desde entonces, como ha señalado Daniel Escandell, «es necesaria una distinción entre las ficciones en blog (novelas por entregas, poesía, textos dramáticos, etc.), que no se nutren de los rasgos propios de este sistema, y las creaciones literarias específicas de blogs, que son interdependientes con el uso, costumbres y aspecto de los mismos. Son obras que cumplen con los rasgos propios de un blog (…) como el uso de etiquetas o la estructura de relaciones rizomáticas, además de la ordenación cronológica inversa»17. Estas posibilidades creativas no son las únicas; también la reflexión crítica encuentra un espacio cada vez mayor en la blogosfera, donde críticos literarios de todo tipo y calidad comparten y discuten sus reflexiones sobre obras literarias, en un espacio que se ha convertido en una alternativa real a los suplementos y medios periodísticos tradicionales.

Con posterioridad, han sido otras redes sociales las que han alcanzado, en pocos años, un desarrollo inimaginable y realmente global. En mayo de 2012, Facebook tiene ochocientos millones de usuarios (si fuera un país, sería el segundo más poblado del mundo, tras China) y Twitter, aunque su cómputo es más difuso, estaría según algunas estimaciones rondando los quinientos millones de perfiles activos. Aunque el fin de ambas redes es principalmente comunicativo y social, desde muy pronto han sido utilizadas con profusión para temas relacionados con la literatura (quizá porque los microblogging o microblogs, como también se les denomina, son esencialmente textos escritos, con independencia de que puedan incluirse imágenes o vídeo), e incluso para la creación de literatura per se. Los creadores, sobre todo los jóvenes, han irrumpido en estas herramientas y las han amoldado a sus gustos y necesidades, tanto más cuanto más «nativos digitales». Como han explicado Pisani y Piotet, «los jóvenes también nos enseñan que la tecnología importa poco, sobre todo cuando esta es capaz de simplificarse y de ser poco intrusiva. Lo que los jóvenes aprecian ante todo son las redes sociales y todas sus herramientas. Este hecho expresa una ruptura generacional, pero implica sobre todo una ruptura en los usos»18. En este sentido, numerosos creadores nacidos en las décadas de los ochenta y noventa utilizan a su antojo las redes creando antologías en línea19, elaborando experimentos de escritura tuit o escritura Facebook, o auspiciando ejercicios de autoría disuelta o colaborativa.

Pero debemos entrar en un asunto peliagudo y espinoso: ¿hay una literatura facebook o literatura tweet o tuit, una tuiteratura? ¿Existe algún marchamo distintivo o práctica en estas redes que se diferencie de modos o formas ya existentes y que sea inequívocamente literaria? La cuestión es difícil, porque va unida a muchas otras: qué sea literatura, quién lo decide, cómo reconocerla, qué sistema sería válido y terminante dejando los demás a un lado. Sobre esto ha reflexionado el escritor argentino Juan Terranova: «más allá de toda normativa, si se genera escritura, se genera la posibilidad de una literaturnost. Esa es, en la euforia o la disforia, en el triunfo o la decepción, la lección que nos dejan los corpus nacionales narrativos, poéticos y dramáticos de la modernidad. (…) Acosado por la ansiedad y un mal disimulado entusiasmo crítico, que en algún momento puede ser vitalidad, elijo leer las redes sociales dentro del corpus literario. Twitter y Facebook son máquinas literarias complejas. (…) Toda escritura, por mínima e irrelevante que sea, vulnera esa frontera siempre difusa, siempre en cuestión»20. En efecto, lo importante es que tales fronteras siempre han estado en cuestión, y siempre existieron batallas (incluso políticas, a partir de la noción de «literatura nacional»21) dirigidas al esclarecimiento de qué sea el arte literario y quién establece sus cánones. La literatura digital es otra manifestación más de la dificultad que tales operaciones taxonómicas (o cartográficas) suscitan. De este modo, y como consecuencia, la creación literaria en las redes sociales podría ser considerada literatura, aunque solo sea porque los problemas de validez y legitimación que genera son los mismos que los de la literatura tradicional. En cualquier caso, el uso de los hashtags o etiquetas, la especial relación con el conjunto (tanto de tuits o estados propios como ajenos), la serialidad discontinua o el empleo de fragmentos rizomáticos serían las estrategias técnicas que podrían apuntar a una nueva textualidad, ligeramente distinta de las ya existentes. A juicio del autor mexicano Alberto Chimal, cuyos libros 83 novelas y El viajero del tiempo dieron sus primeros pasos en redes sociales, «se ha generado mucho más de lo que podemos seguir con cierta regularidad; hay un montón de narraciones sucesivas hechas vía Twitter, de minificciones y de otros tipos de textos más cercanos a la poesía o al aforismo. Y hay cosas que no tienen equivalente en la literatura impresa»22. Otro ejemplo sería la poesía tuit-mix del tijuanense Rafael Saavedra, hecha a medias de apropiacionismo artístico y de descomposición textual gracias a Twitter, o novelas compuestas a base de tuits como BoswellSpeaks, de Richard Grossman, Gatubellisima, de Luis Alejandro Ordóñez, o The French Revolution, de Matt Stewart.

  • (15) Enric Bou (2010), «Bloqueo digital: perversidad en las autobiografías público-privadas», p. 166. volver
  • (16) Hernán Casciari (2006), «La ficción on line: un espectáculo en directo». volver
  • (17) Daniel Escandell (2012), «El escenario virtual de la blogoficción», p. 110. Véase Vicente Luis Mora (2006), «Las posibilidades formales de las nuevas tecnologías», pp. 175-ss. volver
  • (18) Francis Pisani y Dominique Piotet (2009), La alquimia de las multitudes. Cómo la Web está cambiando el mundo, p. 31. volver
  • (19) Por poner un ejemplo que ha llegado incluso a ser editado en libro convencional por La Bella Varsovia (2011), véase la antología digital, coordinada por la poeta Luna Miguel, cuyo significativo título es Tenían veinte años y estaban locos, http://estabanlocos.tumblr.com/. volver
  • (20) Juan Terranova (2011), La masa y la lengua. Artículos sobre Internet, literatura y redes sociales, pp. 44-45. volver
  • (21) Véase al respecto el interesante ensayo de Pascale Casanova (1999), La république mondiale des lettres. volver
  • (22) Citado en Jesús Alejo (2012), «Twitter: de las redes a la literatura». volver
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