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El español en el mundo

Redes sociales, textovisualidad y transmedia: literatura y nuevas tecnologías

Vicente Luis Mora

3. Un breve apunte sobre problemática autorial

El efecto, para el espectador, debe ser una especie de estupefacción. ¿Cómo se ha hecho todo esto?
Flaubert

Todo texto digital es, en sí mismo, una coautoría. Mientras que en una obra impresa el estatuto de autor es todavía reconocible como perteneciente a una sola persona, incluso aceptando las reflexiones sobre la muerte del autor hechas célebres por Foucault y otros posestructuralistas, en los textos digitales la cuestión se vuelve más compleja y pantanosa. El motivo es claro: el lenguaje de los medios digitales opera con una doble capa, humanística por un lado y matemática por otro, como han apuntado Lev Manovich, Espen Aarseth o Maria Clara Paixão de Sousa. Según resume Juan Manuel Lucía:

El texto digital ofrece (…) una doble naturaleza. Por un lado, mantiene y continúa la tecnología de la escritura hasta ahora conocida (…) Pero, por otro lado, junto a esta capa de información humana se ha incorporado otra de información matemática, una serie de procesos que yo, como usuario, no tengo por qué conocer, pero que son cruciales para que la tecnología informática funcione. (…) dos elementos que (…) permiten al texto digital ofrecer un nuevo modelo de textualidad, que aúne los dos aspectos esenciales que la oralidad y la escritura poseen por separado: por una parte, la interacción con el usuario, con el receptor; y por otra, la conservación del mismo texto, compartiendo los tres la capacidad de difusión. De ahí que podamos hablar del texto digital como de un modelo de una segunda textualidad en la que deberíamos seguir indagando, un camino a seguir hacia el futuro que deja obsoletos los modelos textuales actuales11.

También Laura Borràs ha recordado «la cuestión de la autoría en la literatura digital que contrapone la doble textualidad implícita en la obra: la textualidad binaria, el código informático, y la lingüístico-alfabética, el lenguaje humano»12. Genera un diálogo entre «ciencias» y «letras» que dificulta gravemente el acceso a la experiencia completa; no hay muchas personas capaces de acceder con igual capacidad y dominio a los dos lados de la ecuación. Por este motivo, es difícil mostrarse de acuerdo con Luka Nakamura cuando dice que podemos ver los mediacomo «el producto de las élites no culturales»13: que no sean culturales no quiere decir que no sigan siendo élites. Que exista la posibilidad de apropiación de los instrumentos que estos creativos técnicos originan no significa que se sea «dueño» de los mismos, en realidad solo están conveniente y quizá transitoriamente prestados para su uso discrecional. En cualquier momento puede establecerse un pago por acceso que demostraría a los usuarios «quién manda» y quién es el propietario de los medios de producción digitales. La capa matemática, informática, de estos medios, es la que genera su «propiedad» intelectual digital, puesto que es la única de las dos que la convierte en digital.

El proceso es muy sencillo, tal como lo describe Manovich, aunque endiabladamente complejo para materializarlo, requiriendo múltiples saberes expertos e instrumentos informáticos precisos. En primer lugar, cualquier manifestación digital precisa de un programa. Estos programas, «después de que los escriba un programador, experimentan una serie de traducciones: el lenguaje informático de alto nivel se compila en código ejecutable, el cual es a su vez convertido por un ensamblador a código binario»14. Después se crea una interfaz, para relacionarse con el usuario (o se aprovecha una existente). A continuación, vienen las «operaciones», que son «aplicaciones de software que funcionan sobre el sistema operativo, sus interfaces y tareas típicas», luego vienen las «ilusiones», que consisten en «la apariencia y la nueva lógica de las imágenes digitales creadas con aplicaciones de software», para terminar en «las formas», que serían «las convenciones que se emplean normalmente para organizar la totalidad de un objeto de los nuevos medios» (ibidem). Con independencia de que en estos cinco pasos la capa humanística tenga alguna incidencia, a la hora de recomendar o exigir un diseño concreto de la operación, ilusión o forma, solo entra en acción como sexto paso, lo que nos da una idea de la enorme importancia que tiene la capa matemática, informática o técnica en todo el proceso.

La consecuencia es clara: no pueden trasvasarse sin más las antiguas concepciones sobre autoría y obra que eran operativas para la literatura convencional. Los nuevos medios digitales en general y la literatura digital en particular requieren de una profundización en esta problemática y de un acercamiento más global y omnicomprensivo a la hora de entender de qué hablamos cuando hablamos de autor en las obras actuales (incluso en las no puramente electrónicas, pensemos en los libros que incluyen diagramas o gráficos realizados por aplicaciones informáticas). Conceptos hasta ahora aceptados sin demasiadas reticencias como los de autoría y originalidad comenzarán en poco tiempo a ser revisados, puede que hasta legalmente.

  • (11) José Manuel Lucía (2012), Elogio del texto digital, p. 115. volver
  • (12) Laura Borràs (2011), «Nuevos lectores, nuevos modos de lectura en la era digital», p. 48. volver
  • (13) Lisa Nakamura (2008), Digitizing race. Visual cultures of the Internet, p. 18. volver
  • (14) Lev Manovich (2005), El lenguaje de los nuevos medios de comunicación, p. 55. volver
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