Jaime Otero Roth y María José Ferrari Sánchez
La situación de la lengua española en la Unión Europea ofrece un llamativo contraste entre su posición en las instituciones europeas y el interés creciente que despierta en las sociedades de los países miembros. Debido a la creciente complejidad y los costes rampantes a los que se enfrentan los servicios de traducción e interpretación en un contexto de ampliación y por tanto de aumento de las lenguas oficiales, la tendencia en las instituciones es, desde hace años, a reducir las lenguas de trabajo, cada vez más, a los tres idiomas con más peso demográfico y político de la Unión: el inglés, el francés y el alemán, relegando a lenguas con gran peso cultural y proyección internacional como el italiano, el español, el polaco o el holandés. Esta evolución ha ido acompañada de una política cada vez más asertiva de defensa del multilingüismo por parte de la administración comunitaria como uno de los valores en los que se basa el proceso de integración comunitario; política que, al promover la enseñanza de las lenguas extranjeras en los sistemas educativos, ha favorecido el refuerzo del español allí donde ya se estudiaba y su introducción en sistemas de los que tradicionalmente estaba ausente. Esta aparente divergencia obedece, sin embargo, a dos conductas racionales que no son necesariamente contradictorias: mientras una busca la eficacia de las instituciones al menor coste posible para los propios europeos, la segunda persigue que las sociedades europeas se conozcan mejor a sí mismas como condición para una mejor integración y que al mismo tiempo saquen partido de sus «recursos naturales» —en este caso, la diversidad lingüística— en sus relaciones con el resto del mundo.
Los datos recogidos en este trabajo muestran el interés creciente por el español a través de las estadísticas sobre enseñanza de lenguas en los distintos sistemas educativos de la UE. Estos datos revelan, asimismo, cómo la situación del español se ha visto favorecida por el compromiso reciente —apenas una década— adoptado por los países miembros de introducir dos lenguas comunitarias en la enseñanza formal. La transformación del estatus del español que se está produciendo está, por tanto, muy vinculada a las políticas de impulso de la enseñanza de lenguas de la UE.
Especialmente significativo como reflejo de la evolución del panorama europeo de la enseñanza de lenguas es el caso de los países nórdicos. En esta región de Europa donde el español resulta relativamente lejano en términos culturales y donde el inglés ha cobrado el carácter de segunda lengua más que de lengua extranjera —y por lo tanto queda fuera de toda posible comparación con las demás—, la demanda de lengua española ha ganado terreno respecto a la francesa y a la alemana, lenguas europeas de gran tradición en otros sistemas educativos, revelando así el atractivo del español como lengua de proyección internacional.
En este proceso, el español se enfrenta a la falta de tradición de su enseñanza como lengua extranjera en la mayoría de los sistemas educativos europeos. Esto explica la escasez relativa de materiales y sobre todo de profesorado cualificado. A pesar de la existencia de programas específicos de formación del profesorado impulsados por el Ministerio de Educación y el Instituto Cervantes, y del aumento significativo de programas de profesores visitantes e intercambios de profesorado, el hecho de que la mayor parte de los países no hayan reformado los cauces de acceso a la profesión en la enseñanza pública hace muy difícil que en los próximos años haya profesores suficientes para responder a la demanda. En este sentido, no es sorprendente que se esté produciendo un importante aumento de estudiantes de Filología Hispánica en las universidades europeas.
Además de sus avances en los sistemas educativos podemos conocer, gracias a otras fuentes de información como las encuestas sobre lenguas en Europa o las preferencias de los estudiantes del programa Erasmus, cómo el español ha ganado en popularidad, conocimiento y uso entre los europeos, especialmente entre los más jóvenes. La tendencia al alza sostenida en la gran mayoría de los países, en particular si se compara el conocimiento y uso del español a través de las distintas generaciones, indica que, de mantenerse, la cifra de europeos que aprenden español puede seguir creciendo en los próximos años. Es especialmente interesante observar la elección de la «generación Erasmus» en cuanto a lengua y país de destino para los intercambios educativos; elección que está convirtiendo al español en una lengua juvenil, con el correspondiente potencial futuro que ello implica.
Si bien es prematuro afirmar que el español llegará a convertirse en la segunda lengua extranjera en Europa, es cierto que, a juzgar por las tendencias educativas y de opinión, se perfila en Europa una nueva distribución sociolingüística en la que el inglés es protagonista como lengua vehicular y con una sólida implantación institucional de las lenguas europeas centrales —francés y alemán— pero con un fuerte componente multilingüe en el que la posición del español ha experimentado una transformación esencial, caracterizada por su gran alcance como lengua internacional más allá de los límites de la Unión.
Así como las políticas de la Unión Europea de promoción del multilingüismo han tenido un efecto visible en la enseñanza de lenguas extranjeras, este trabajo muestra también cómo las diferentes situaciones en los países dependen en gran medida del apoyo de los gobiernos y de los recursos que estos faciliten. Allí donde se han igualado las condiciones entre distintas lenguas optativas, el español ha visto ante sí abierto un recorrido que antes no tenía. En este sentido, ha resultado decisiva la labor institucional en el exterior —embajadas, Ministerio de Educación, Instituto Cervantes—, estableciendo programas de colaboración con las autoridades nacionales, promoviendo la movilidad y los intercambios, contribuyendo a la formación de profesores, etc. La actuación de las instituciones, en suma, se revela como un factor clave tanto en la apertura de nuevas opciones en la enseñanza de las lenguas como para responder adecuadamente al interés que el español despierta en Europa.