Jaime Otero Roth y María José Ferrari Sánchez
A pesar de esta situación de relativa poca importancia de lo español en Europa, la demanda de su lengua en los sistemas de enseñanza de los países miembros crece en rápida progresión. Poseemos cuatro fuentes principales para medir el interés por el español en la UE: los Eurobarómetros de 2000 y 2005 (publicados en 2001 y 2006, respectivamente), que preguntaban directamente acerca de las lenguas consideradas más útiles de aprender; los datos publicados por los departamentos y ministerios de educación de los países miembros, generalmente de forma anual, que recogen las fluctuaciones en el número de estudiantes de cada lengua; los números de los programas de movilidad estudiantil europeos y, por último, las cifras de estudiantes matriculados en los programas en el exterior del Ministerio de Educación y del Instituto Cervantes, en los países donde están presentes.
De acuerdo con los datos recogidos tanto por el Eurobarómetro de 2000 como por el de 2005, el español es considerada la cuarta lengua más útil de conocer por los europeos por detrás del inglés, el francés y el alemán4. Sin embargo, si nos centramos solo en los 15 países que componían la comunidad europea en la primera encuesta5 y analizamos sus respuestas en la segunda, encontramos importantes cambios. Como muestra el gráfico 1, en 2000 ante la pregunta «¿Qué dos lenguas, aparte de la materna, cree que son más útiles de conocer?» un 68% ubicaba entre esas dos lenguas el inglés, un 40% el francés, un 23% el alemán y un 18% el español. Ante una pregunta semejante, aunque con una formulación ligeramente distinta, en 2005 —«¿Qué dos lenguas, aparte de la materna, cree que son más útiles para su desarrollo personal y profesional?»—, un 68% mencionaba el inglés, un 23% el francés, un 19% el español y un 18% el alemán, lo que permite apreciar el fuerte descenso del francés que se da entre ambas fechas y la superación de las cifras del alemán por el español.
Esta creciente percepción de la utilidad del español que recogen los Eurobarómetros da solo una imagen parcial de la importancia de esta lengua si atendemos a los datos publicados anualmente tanto por los departamentos de educación de los países miembros como por el Ministerio de Educación y el Instituto Cervantes, que serán analizados de manera individual en este estudio. Las cifras de todos ellos demuestran que el interés por el español crece aceleradamente hasta el punto de ser la lengua cuyo número de estudiantes más aumenta en prácticamente todos los países, en puntos tan distantes del continente como Suecia, la República Checa o Portugal. Son muchos los países que han puesto en marcha de forma reciente y con gran éxito programas específicos para implantar el español en la educación escolar y universitaria en respuesta al creciente interés del público. De acuerdo con los datos publicados por la Comisión Europea, durante el curso 2006/2007 los currículos oficiales de primaria o secundaria de 20 de los 27 países miembros de la UE incluían expresamente la enseñanza del español6. Sin embargo, la cifra real es superior debido a que varios países no especifican las lenguas que ofrecen: en 25 de los 27 países de la Unión Europea se oferta el español oficialmente en la educación obligatoria; es decir, en todos salvo en Lituania y Grecia. En este último el español se está enseñando desde el curso 2006/2007 como parte de un proyecto piloto en varios centros escolares. El español es también una de las lenguas más estudiadas en la educación no oficial.
Son particularmente reveladoras, por último, las cifras relativas al programa de movilidad para estudiantes y profesores universitarios Erasmus, que reflejan que durante el curso 2008/2009 España fue, por octavo año consecutivo7, el destino preferido para realizar intercambios educativos por los estudiantes europeos, como muestra el gráfico 2. El número de estudiantes acogidos por las universidades españolas fue de 32.447, lo que supone casi 9.000 más que el segundo favorito, Francia, y 12.000 más que Inglaterra8. Estas cifras revelan algo más que la atracción de los jóvenes europeos hacia el clima y la cultura de España: si analizamos los datos a partir de las lenguas que se aprenden en los países receptores, encontramos que el español, lengua oficial solo de España, recibe más alumnos que el francés (Francia y Bélgica9 combinados), el inglés (la suma de Reino Unido e Irlanda) o el alemán (Alemania y Austria), según muestra el gráfico 3. En cuanto al personal universitario, España fue también el país con mayor demanda para seguir cursos de formación de personal y el segundo después de Alemania en cifras globales de movilidad del profesorado, hecho que se explica por la demanda en toda Europa de docentes de español cualificados10.
A la vista de estos datos podemos afirmar que si bien el español no fue una lengua comúnmente aprendida por los europeos de hace una generación, no cabe duda de que actualmente hay cada vez más personas estudiándolo en toda Europa y de que además la mayoría de ellos son jóvenes. Sumadas al gran número de universitarios que han tenido la oportunidad de venir a España —y por tanto de alcanzar un alto dominio de su lengua, como indican las encuestas posteriores a los intercambios realizadas tanto entre los estudiantes como entre los expertos en educación de sus universidades de origen11— las políticas de promoción de lenguas se concentran principalmente en los centros escolares, por lo que las cifras indican que miles de niños y jóvenes europeos están recibiendo clases de español cada año.
Estas consideraciones acerca de la edad de quienes aprenden español nos llevan a poner en duda la vigencia, solo cinco años después, de la cifra de hispanohablantes europeos del último Eurobarómetro sobre competencia lingüística: primero, porque la edad mínima para contestar el cuestionario eran los 15 años, por lo que quedaban excluidos de él la mayoría de los escolares de entonces y, por tanto, todos los ciudadanos que hoy tienen menos de 21 años; segundo, porque en 2005 eran muchos los países, especialmente aquellos de reciente incorporación, que no habían emprendido aún las reformas educativas encaminadas a la introducción de lenguas comunitarias en la escuela y que hoy en día ofrecen el español como una de las opciones de mayor éxito. Un nuevo Eurobarómetro sobre aptitudes lingüísticas habrá de aclarar muchos aspectos de la situación del español entre las generaciones más jóvenes y probablemente revelará un aumento sustancial en su número de hablantes, tal como han estado reflejando las cifras de los estados individuales en los últimos años.
A la hora de buscar las causas del aumento de interés por el español, debemos trascender el plano europeo y considerarlo parte de un fenómeno de expansión de la lengua que se está dando a nivel global, como muestran las estadísticas de los distintos países recogidas y analizadas anualmente por el Ministerio de Educación en los estudios titulados El mundo estudia español y refrendadas por los datos relativos a los programas internacionales tanto del Ministerio de Educación como del Instituto Cervantes12. En un mundo globalizado hablar varias lenguas se ha convertido en un valor diferencial; conocer solo una, aunque esta sea el inglés, ya no es suficiente. La UE no es ajena a esta realidad, por lo que también en el viejo continente ha habido una reciente evolución en la forma de entender la importancia de las lenguas: frente a la antigua noción de que estas eran ante todo vehículo de cultura y de identidad, y de que su aprendizaje estaba destinado principalmente a favorecer la cohesión europea, actualmente se valora más su utilidad internacional. Así se desprende no solo de varios escritos de la Comisión, sino también de las respuestas recogidas por el Eurobarómetro de 2005 a la pregunta, «¿Por qué motivos cree usted que es importante que los jóvenes aprendan idiomas en el colegio y en la universidad?». Estas son algunas de las respuestas, en este orden: tabla 1.
Esta lista de motivos contiene implicaciones sin duda favorables para el español, no en vano una de las lenguas europeas con mayor capacidad para conectar con grandes zonas culturales y de negocio del mundo. Primero, por el hecho de que a la hora de considerar la utilidad de una lengua prime su peso internacional sobre el europeo —recordemos que el español es la quinta lengua europea en número de hablantes, pero la segunda a nivel mundial—13. La diferencia en porcentaje entre estas dos respuestas ha aumentado considerablemente desde 2000, cuando a una pregunta semejante —«¿Por qué motivos cree usted que es importante que los menores de 20 años prendan lenguas?»—, un 39,1% mencionaba su peso global frente a un 35,9 % que mencionaba su uso en Europa14. Segundo, por la mayor consideración de la aplicación práctica de las lenguas sobre la valoración de la tradición cultural a ella asociada, en el caso de otros países europeos superior a la española. Tercero, porque la asunción de la utilidad laboral de las lenguas favorece directamente la causa del español, debido a la creciente importancia de las empresas españolas y, sobre todo, al atractivo del mercado latinoamericano. Semejante valoración de la conveniencia laboral de las lenguas fue argüida como motivo principal para su aprendizaje en la «Consulta pública sobre multilingüismo», realizada por la Comisión Europea entre el 14 de septiembre y el 15 de noviembre de 200715. Por último, por la importancia que se le da a las lenguas del lugar de vacaciones, siendo España uno de los destinos favoritos de los europeos.
Con todo, aun considerando que la inclinación hacia el español se debe en gran parte a esta tendencia global, no podemos olvidar la importancia que sobre este cambio de suerte de nuestra lengua en Europa han tenido las políticas de promoción del multilingüismo de la Comisión Europea, gracias a cuya labor los países miembros han contraído el compromiso de ampliar la oferta de lenguas en sus sistemas educativos y de oficializar el estudio de dos lenguas comunitarias en las escuelas. Esto ha permitido que el español penetre como opción educativa a lo largo y ancho de Europa, brindando la oportunidad de aprenderlo, por primera vez en su historia, a muchos europeos.