Yolanda Lastra de Suárez
En este continente hay nueve países que fueron colonizados por España y donde actualmente la lengua oficial es el español. Algunos de ellos reconocen a las lenguas indígenas también como oficiales o las consideran nacionales. En ocho de ellos todavía se hablan lenguas originarias aunque se han extinguido muchas y desde luego la proporción del número de hablantes nativos en comparación con la cantidad que habla el español como lengua nativa es generalmente inferior.
La situación lingüística es diferente en cada país, pero se pueden hacer algunas generalizaciones. Paraguay es el país con la mayor proporción de hablantes de una lengua originaria, el guaraní. En el área andina (Perú, Bolivia, Ecuador, Santiago del Estero (Argentina) se mantienen bastante vigorosos el quechua (Perú, Bolivia, Ecuador) y el aymara (Bolivia e inmediaciones de Arica en Chile).
Por otra parte, hay países (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay) con zonas selváticas en las que se mantienen una gran variedad de lenguas pertenecientes a diversas familias. Todas estas son vulnerables y, por supuesto, dignas de estudio. Últimamente ha surgido gran interés por preservarlas, estudiarlas y clasificarlas. Los mismos indígenas, en algunos casos, han formado organismos para conservar sus lenguas y sus culturas, pero los factores económicos y la educación formal por parte de los gobiernos, mayormente impartida en español, van en contra del deseo de evitar el desplazamiento lingüístico. En seguida haremos mención de la situación país por país.
En Colombia la población indígena (no necesariamente hablante de lenguas ancestrales) es de 1.392.623, lo que constituye el 3,43% de la población total. Según la constitución de 1991 el español es la lengua oficial, pero las originarias son oficiales en los territorios en donde se hablan. Se supone que la educación sea bilingüe en dichas áreas. Aun así las lenguas se han ido desplazando. De todas maneras, hay que reconocer que ahora los intelectuales le dan importancia a su preservación y las estudian, cosa que por lo general no sucedía al principio de la década de los sesenta, cuando parecía más importante el estudio de los dialectos del español.
Las lenguas con el mayor número de hablantes son: guajiro (arahuaco), catío (chocó), emberá (chocó), paez, coaiquer (barbacoa) y cuiva (guajibo). Existen aproximadamente 16 familias y unas 60 lenguas.
En Venezuela hay dos familias lingüísticas a las que pertenecen grupos importantes de hablantes. Estas son la arahuaca y la caribe. Las lenguas arahuacas se hablaron desde Brasil, Perú y Bolivia hasta el norte de Colombia y Venezuela y en las Antillas. Son arahuacas: guajiro, parajuano, aruaco, curripaco y piapoco. Hay otras en grave peligro de extinción, por ejemplo el yavitero y el baré.
A la familia caribe, que es una de las más extendidas en el norte del continente, pertenecen las siguientes lenguas: cariña, panare, maquiritare, pemón, yucpa, mapoyo y yabarana. Las dos últimas son las que tienen menos hablantes.
Hay, además, dos lenguas chibchas y algunos hablantes del yeral (lingua geral), que es tupí-guaraní, y unas nueve lenguas no clasificadas.
Ecuador es un país andino, pero al mismo tiempo tiene población amazónica. Aproximadamente la mitad de la población vive en la zona andina. La población total es de 12.156.608. La población indígena constituye el 6,8%. Los indígenas viven principalmente en las sierras, pero también en la zona selvática y en la costa. No hay acuerdo sobre el número de hablantes de cada lengua sino solo cálculos estimativos, pero no hay duda acerca del hecho de que la lengua que tiene mayor cantidad de hablantes es el quichua, hablado principalmente en las sierras, pero hay otra variante en las tierras bajas.
La constitución de 2008 reconoce al quichua y al shuar como lenguas oficiales para relaciones interculturales. Hay programas especiales para la educación de los indígenas, pero hasta ahora no han tenido mayor impacto. Los grupos mismos se han organizado y se hacen notar, por ejemplo, en el radio y la televisión.
Algunas de las lenguas son: colorado, cáyapa, coaiquer (barbacoa); siona y secoya (tucano); cofán (no clasificada), huaorani (sabela); jívaro, shuar, achuar (jívaro).
Perú también tiene un territorio en la costa del Pacífico, una extensa área serrana y otra área en la selva amazónica. La población indígena se encuentra mayormente en las últimas dos áreas. La población total del país según el censo de 2007 era de 27.412.157 y la población indígena de 4.045.713, es decir, un 15%, aunque probablemente dicha población sea aún mayor.
El quechua es el idioma de la mayoría de los indígenas, seguido del aymara y el ashéninga (campa). En la selva hay unas veinte familias lingüísticas, pero no hay estadísticas confiables sobre el número de hablantes de cada una de las 40 lenguas existentes. Según la constitución, todas las lenguas nativas son oficiales, pero en la realidad su estatus social es muy bajo.
En el momento del primer contacto, el país era plurilingüe. Los incas utilizaron el quechua como lengua común porque desde antes que ellos dominaran era una lengua franca en una de sus variedades. Los incas mismos antes no la hablaban. Durante el imperio incáico no se erradicaron las lenguas del pueblo. Con la conquista, se siguió difundiendo el quechua junto con el evangelio, ahora en su variedad cuzqueña, aunque también empezó la castellanización.
A raíz de la rebelión de Túpac Amaru II en 1780, el gobierno colonial prohibió la literatura quechua y trató de imponer el castellano a toda costa, pero a los hablantes de español (frailes y terratenientes) les convenía mantener una barrera lingüística para explotar a los indios. Con la independencia hubo dos posturas, la de la asimilación y la de la imposición del español. En resumidas cuentas, se siguió abusando de los indios ya fueran quechuas, aymaras o de la selva. En este último territorio son explotados por petroleros, aserradores, cazadores, mestizos de la costa o de la sierra, comerciantes, turistas, misioneros...
Es interesante señalar que en cuanto a la clasificación lingüística de las dos lenguas principales, el quechua y el aymara, hay polémica: unos estudiosos sostienen que se trata de dos lenguas genéticamente relacionadas y otros sostienen que lo que ha habido es mucho contacto y por lo tanto difusión, pero que se trata de dos familias no relacionadas. Se necesitan más descripciones de las diversas variedades para poder llegar a un acuerdo.
La población total de Bolivia que se identificó como étnica según el censo de 2001 era de 3.142.637. El quechua contaba con un total de 1.555.641 hablantes (49,5%), el aymara 1.277.881 (40,6%), chiquitano (macro je) 112.218 (3,6%), el guaraní (tupí-guaraní) 81.197 (2,6%) el mojeño 46.336 (1,5%) y otras lenguas nativas 69.364 (2,2%).
Algunas de las familias lingüísticas existentes, además de las ya mencionadas, son: arahuaco, pano-tacana, mosetén, tupí-guaraní, zamuco, uru-chipaya, chapacura, macro gê y macro chibcha. Existen además unas cinco lenguas aisladas.
La constitución de 1994 reconoció el plurilingüismo y los derechos de los aborígenes. Una ley obliga a que la educación sea bilingüe en los sitios donde viven los indígenas y a que se enseñen lenguas indígenas en centros no indígenas. Se reconocen 35 lenguas como oficiales. Las dos lenguas principales se usan diariamente en los programas de radio y televisión.
Paraguay es el único país en donde predomina una lengua indígena, el guaraní. Ha habido mucho mestizaje, pero se puede decir que toda la población conoce el guaraní en mayor o menor medida. Se le reconoce como lengua oficial. Se hablan además otras lenguas indígenas en el Chaco paraguayo.
Cuando llegaron los españoles, los guaraníes de Paraguay ocupaban el área al este del Gran Chaco. Ahí se podía sembrar mandioca, maíz, batata, frijol, maní y calabaza, así como tabaco y algodón. También cazaban, pescaban y recolectaban. Vivían en casas comunales. Había chamanes, que eran los únicos funcionarios religiosos. La poliginia era común. Como estaban rodeados de tribus guerreras, se aliaron fácilmente con los españoles. Se fundó Asunción y los españoles los trataron como aliados y tuvieron concubinas guaraníes. Los frailes protestaban, pero el sistema funcionaba bien.
Los jesuitas fundaron misiones en el Alto Paraná en territorios inaccesibles no relacionados con el resto del país, en donde se establecieron encomiendas que sistematizaron las relaciones entre españoles y guaraníes. Ya los indios estaban aculturados, pero ahora los españoles trataron de explotarlos. Los mestizos se consideraban legalmente «españoles» y no había barreras lingüísticas porque todos hablaban guaraní. Poco a poco se fueron pareciendo más los dos pueblos. Se introdujeron animales domésticos, herramientas, armas y vehículos de ruedas. Subsistió la lengua, el papel de la mujer, los alimentos, el folclore y las creencias.
Después de la independencia se difundió la escolarización en español. El guaraní resurgió durante la guerra contra la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay) (1865-1870). Luego siguió otro periodo hispanista, pero con la guerra del Chaco contra Bolivia aumentó el prestigio del guaraní. Hoy se habla guaraní con muchos préstamos del español como lengua coloquial en las ciudades y predomina en las áreas rurales.
Entre las familias lingüísticas del Chaco se encuentran el mataco-macá, zamuco, guaycurú, mascoi y tupí-guaraní. Las pertenecientes a las dos últimas son las más vulnerables. A continuación, reproducimos un cuadro sobre el bilingüismo en Paraguay. Tabla 3.
En Uruguay hubo indígenas charrúas, pero se extinguieron a principios del siglo xix. En la actualidad las únicas lenguas indígenas son de migrantes.
Por su parte, en Chile sí hay una importante población de araucanos hablantes de mapudungun, llamado también mapuche. En el momento del primer contacto ocupaban lo que ahora es la parte central de Chile. Hoy en día los hablantes chilenos de mapuche viven al oeste de la cordillera, entre el río Bío-Bío y el canal de Chacao.
Los españoles empezaron a ocupar territorio araucano cuando se fundó Santiago, en 1541. Hubo guerras entre españoles y araucanos hasta que Felipe III mandó que el río Bío-Bío fuera el límite entre indios y españoles. En el siglo xix los blancos se infiltraron en territorio araucano y en 1882 este se incorporó a Chile. La cultura araucana se había conservado bien hasta ese entonces y ahora permanece hasta cierto punto en algunos sitios. La lengua se enseña en las escuelas rurales. Se estima que hay unos 400.000 hablantes.
El huilliche es una lengua araucana hablada en algunos sitios del sur de Chile y en la isla de Chiloé. Otra lengua indígena de Chile es el aymara, hablado en el norte del país en las inmediaciones de Arica. Hay también algunos hablantes de quechua. Es difícil que sobrevivan unos cuantos hablantes de kawesqar (alacaluf) en Tierra del Fuego.
Es bien sabido que este es un país de inmigrantes, sobre todo italianos, pero también polacos, alemanes, yugoslavos, portugueses, rusos, sirios, etcétera. Sin embargo, se han asimilado y todos hablan español. Por mucho tiempo se pensó (fuera del círculo reducido de antropólogos y lingüistas) que las lenguas indígenas habían desaparecido completamente y ni siquiera se conocía el número de hablantes existente. En 1966 y 1967 se llevó a cabo un censo especial y se encontró que la población indígena constituía el 1% del total del país. Durante varias décadas después, solo había estimaciones acerca del número de hablantes.
Hoy en día sabemos que hay catorce lenguas aborígenes, pero tampoco se sabe el número de hablantes de cada una a través de un censo. Los datos estimativos, sin embargo, son mejores que los anteriores, ya que ahora hay antropólogos y lingüistas que se dedican a estudiar estos grupos. Tabla 4.