Juan Antonio Frago Gracia
El inventario de los usos gramaticales que caracterizan al español americano actual descubre que algunos eran generales en el español clásico, otros vigentes en variación, pero por entonces de empleo corriente, algunos reminiscencias medievales en franco declive, y los de preferente extensión regional, que en el Nuevo Mundo, como sucedió con la fonética y con el léxico, se hicieron de registro común de acuerdo con el fenómeno nivelador que es factor principal en la formación del español de América. Este poso tradicional fue diferenciando en alguna medida la gramática en las dos orillas del Atlántico, por cuanto en el español europeo iban perdiendo vigencia, o quedaban relegadas a determinadas hablas populares y rústicas, formas y construcciones que por las circunstancias especiales de la sociedad indiana se han mantenido vivas, a veces como cuestión de grado, en el americano. Por supuesto, estos hechos gramaticales que se convertirían en notas dialectalmente diferenciadoras pudieron experimentar cambios o enriquecerse con matices de diversa índole en suelo americano, como le ocurrió a la locución adverbial no más, o a harto, adjetivo y adverbio, en su intensificación usual. O pudo darse la selección entre variantes recibidas de la metrópoli, así en la preferencia que se dio a en la noche (en la mañana, en la tarde) sobre a la noche y por la noche. Ahora bien, con el argumento documental de por medio, cabe afirmar que lo más granado del componente gramatical que hoy se suele exponer como americanismo ya estaba plenamente configurado y asentado en los años de la independencia, aunque la prudencia haga pensar solo en fase de avanzado desarrollo para algunos de sus elementos. Esto significa que, como de suyo era esperar, no se puede explicar, no digo describir, el español americano que hoy conocemos sin tener en cuenta la historia del de España, con mayor razón la del español virreinal y con particular atención el de la época en que llega a su fin la colonia y se inicia la etapa independiente.
Cierto asimismo es que no todo lo que para el primer tercio del siglo xix se verifica lingüísticamente vivo en el español americano se mantiene con igual vitalidad hasta la actualidad, pues se han podido sufrir cambios de implantación diastrática e incluso diatópica, entre ellos el que afecta a la construcción ya + sujeto + verbo, especialmente marcada cuando el sujeto es un pronombre, que hoy se conserva plenamente vigente sin distinción de estratos sociales en el habla de determinados dominios, en otros ha descendido al nivel popular o rústico, y en algunos ha llegado a perderse. En su Cartilla de campo el erudito hacendado corrientemente emplea la locución prepositiva entro de («entro de la misma manisuela», «entro del lagar») y la conjuntiva temporal de que («de que se ba acavando de recoger dicho sevo…»), que en textos literarios dieciochescos de la misma zona eran del todo normales, mientras que después han dejado de ser de uso culto, locuciones que sin embargo eran sumamente características de la lengua del boliviano Vargas, así como su continuo recurso a entro («se ocultan entro el monte»).
Como caso de extraordinario arcaísmo en 2010 he señalado varios registros del artículo en función pronominal como antecedente del relativo regido por preposición («por el en que se presentan las miserables descarnadas familias»), sacados de corpus venezolanos de hacia 1820, el mismo año en que se registraba en Argentina: «¿Cuándo será el día en que los juramentos tengan algo de sagrado? ¿Cuándo el en que las leyes sean respetadas?» (Rosas, 2004: 37). Como desde México a Chile se atestiguan en la época, y aun más tarde, arcaizantes ausencias del artículo determinado, así la mexicana de «habiendo aclamado él a Señor San Antonio». La enclisis pronominal con participios en la segunda mitad del xviii se daba intensamente en América, todavía de gran recurrencia bien entrado el xix, con llamativa diferencia de grado a lo que los textos españoles al respecto ofrecen. A los datos que en anteriores trabajos he reunido se podrían añadir los muchos que las cartas de Rosas contienen, entre ellos «quedo enterado de haber entregádose a Saavedra 420 caballos» (304); se encuentran también en Belgrano, «habiendo apropiádose cada especie de mercadería una porción de la nueva masa de signos» (196), y tras el triunfo independentista se hallarán ejemplos en textos oficiales como el decreto de amnistía refrendado por O'Higgins y Echeverría: «si acreditaren con ulterior comportación haber corregídose de sus anteriores extravíos» (Loveman y Lira, 2001: 22). Pero mucho después, entre 1899 y 1904, recurrirá a esta enclisis el colombiano Cuervo, «usted me ha transportado al corazón de la Pampa y héchome conocer una familia honrada» (Germán Romero, 1992: I, 101), «me anunciaban haber recibido el libro de ustedes y remitídolo a un amigo», «no le he dado cuenta antes de mi mala vida ni preguntádole a usted noticias de la suya» (II, 99, 195). No es extraño, así, que de esta construcción queden reminiscencias en algunas hablas rurales, pero también un estereotipado empleo en el lenguaje especializado de un acta de ejecución judicial venezolana de 2004, en la cual hasta cinco veces se repite la expresión formularia y concedídole como le fue6.
La secuencia de ya + pronombre (o sustantivo) + verbo de la que recogí muestras de una gran variedad diatópica se halla en Belgrano, «ya usted debe hacerse cargo de la intención» (110), «ya muchos se lisonjeaban de que se alzaría la voz de la patria» (67), en Rosas, «ya usted habrá visto por mi parte la jornada que tuvo que hacer», «ya usted habrá visto mi renuncia» (287, 288), en el mexicano Mier, «ya nuestras costas habían visto tres siglos antes a un aventurero impertérrito» (Ortuño Martínez, 2000: 290), y en estos autores, como en los de cualquier otra parte de América, son incontables los ejemplos de complemento objeto personal sin marca prepositiva, con diferencia de grado frente al español europeo de la época que no resiste comparación alguna, pues, verbigracia, en los escritos de los rioplatenses Mariano Moreno y Bernardo Monteagudo hasta la saciedad se suceden construcciones como reconocer un soberano (Goldman, 1992: 78), mirar el nuevo ángel (79), que unen el pueblo (91), convoquen la feligresía (111), salvar la patria, condena los ajenos, consulta la opinión pública (139), para mover el pueblo (140), aman la patria (141). Claro es que en un autor como el guerrillero Vargas, menos culto y más popular que los anteriores, y en un dominio de las circunstancias comunicativas y etnolingüísticas del extenso Alto Perú, la impronta de la tradición, y aun del arcaísmo, necesariamente había de ser mayor, y así en él es frecuente el uso de en (a), «muchos escaparon en la montaña» (28), «se incorporó en las tropas de la patria» (29), «se incorporó en las tropas del señor general» (422), etc. En Vargas la ocurrencia del tipo de orden ya + yo + V es muy superior a la de yo + V + ya, así en «ya yo he llevado un cordero» (148), «ya nosotros lo hemos muerto» (156), «ya su tropa iba saliendo» (322), «ya yo pensé que tal vez me hubiesen falseado mi firma» (397). Y es sorprendente que las gramáticas y descripciones americanistas presten poca o ninguna atención a la distribución diastrática y diatópica de una construcción que enlaza directamente con el español popular y literario del Siglo de Oro, siendo quizá Kany quien más la ha tenido en cuenta (1969: 315).
Pero incluso en un autor del perfil sociocultural de Vargas se aprecia el fuerte empuje innovador del español americano en la época de las independencias, que por limitación de espacio fijaré en tres rasgos generales hoy como entonces. En primer lugar, la pluralización de los verbos haber y hacer impersonales, casi sistemática en el caso del primero, «las ridículas trincheras que habían en las bocacalles» (17), «donde también habían tropas de la libertad» (323), «donde habían tropas de la patria» (356), «ya no habían tropas españolas» (357), con decenas de registros, menos corriente con el segundo: hacen pocos días (64), no hacían cuatro horas (212). Está luego la acusada tendencia americana a la pronominalización verbal, en ejemplos como desertarse (177), entrarse (11), regresarse (358, 376, 384), retrocederse (367). Y finalmente la preferencia por ustedes sobre vosotros, que, si no había triunfado definitivamente en América, debía de estar próxima al estado de cosas actual. Es cierto que con alguna frecuencia ambas formas se combinan, pudiendo dar la idea de que eran situaciones de neutralización o indicadoras de un cambio en marcha, y también que hay textos muy formales en los que vosotros se emplea regularmente, por su carácter ritual y por el peso literario de este pronombre. Sin embargo, la combinación de vosotros y ustedes en cierta medida quizá se deba al problema de acomodar la lengua hablada a la escrita, con la tradición que esta al respecto arrastraba, porque no dejan de ser significativas citas como las que siguen de Vargas: «¿con que vosotros no saben de las armas, ah?» (271), «si no quieren vosotros» (289), «a quién buscáis, dónde van, quiénes son ustedes?». Más ilustrativo todavía es que en el apremio de la orden y cuando la emoción embarga a los simples soldados se les aplique la tercera persona: «¡apúrense muchachos, muy bien, hijos, júntense todos!» (88), «¡esto está malo, muchachos, revuelvan!» (124), «¡muchachos, ríndanse!» (147), «¡avancen, a la carga, muchachos!» (320).