David Fernández Vítores
La situación del español en la UE está determinada fundamentalmente por tres factores: su estatus de lengua oficial, su elevado número de hablantes nativos y su fuerte proyección como lengua de comunicación internacional fuera de la Unión. Junto con el polaco, el español es la quinta lengua de la Unión Europea por número de hablantes nativos (véase gráfico 2.). Este dato es sin duda un argumento de peso a la hora de reivindicar una mayor cobertura lingüística para este idioma en la traducción de los documentos producidos por las instituciones y en la interpretación de las reuniones multilingües que en ellas tienen lugar. Por eso, aunque el inglés, el francés y, en muy menor medida, el alemán, son los idiomas más utilizados en el trabajo diario de las instituciones, el español ocupa, junto con el italiano, la cuarta posición en esta clasificación. De hecho, en más de una ocasión España e Italia han solicitado de forma conjunta que, en las reuniones con una cobertura lingüística limitada a tres lenguas, esta se ampliara a cinco para incluir así el italiano y el español86.
En algunas agencias especializadas de la Unión, este régimen lingüístico ampliado a cinco lenguas no es solo una práctica institucional consolidada, sino que está reconocido de derecho. Es el caso de la Oficina de Armonización del Mercado Interior (OAMI), cuyo Reglamento interno reconoce cinco lenguas de trabajo: español, alemán, francés, inglés e italiano87. Con todo, la tendencia general es, como se ha visto, a limitar en la medida de lo posible el número de lenguas utilizadas en las instituciones comunitarias y evitar así que el multilingüismo se convierta en una rémora para su funcionamiento88. En principio, esta limitación perjudica al español, al menos en el ámbito institucional. Sin embargo, al desactivarse el incentivo que supone para el aprendizaje de una lengua su uso dentro de las instituciones, es probable que gran parte de los ciudadanos europeos que actualmente concentran sus esfuerzos en aprender alemán, italiano o incluso francés, decidan canalizar estos esfuerzos hacia el aprendizaje del español, que cuenta con una mayor proyección internacional y, por tanto, les resultaría más útil para comunicarse fuera de las fronteras de la Unión.
Es precisamente esta característica del español la que explica en mayor medida que el 6 de los ciudadanos europeos haya decidido incorporarlo como lengua extranjera, por encima de idiomas que cuentan con un porcentaje de población nativa superior, como es el caso del italiano (véase gráfico 2.). A esto también ha ayudado el estatus de lengua oficial del que disfruta el español, que hace que otras lenguas que cuentan con el mismo porcentaje de hablantes no nativos, como es el caso del ruso, no tengan la misma representación que el español en el ámbito institucional de la UE.
Fuera de España, más de dos millones de ciudadanos europeos hablan español con una competencia de hablante nativo y otros 28 millones con una competencia limitada89. La perspectiva del ingreso de España en la Comunidad Económica Europea en 1986 supuso un claro estímulo para la incorporación del español como lengua extranjera por parte de los ciudadanos comunitarios. Eso es al menos lo que se desprende del repunte que experimentó el español desde 1976, cuando España aún no formaba parte del club comunitario, hasta 1987, justo un año después de su ingreso como miembro de pleno derecho en una Unión Europea de 12 miembros.
Asimismo, puede decirse que el prestigio del español como lengua extranjera ha sobrevivido a ampliaciones que, debido al origen de las lenguas nacionales de los Estados adheridos, le eran potencialmente adversas. Este es el caso de la ampliación de 1995, por la que se incorporaron Austria, Finlandia y Suecia, cuyas lenguas oficiales en la UE no pertenecen a la misma familia lingüística que el español. Tras la ampliación de 2004, el porcentaje de hablantes no nativos de español se mantuvo inalterado e incluso aumentó a finales de 2005. Este dato resulta especialmente llamativo no solo por el desincentivo al aprendizaje del español que cabría esperar de la ampliación de la oferta de lenguas oficiales de la Unión de 11 a 20, sino porque, en los diez nuevos Estados miembros, la difusión del español como lengua extranjera es en general bastante escasa90. De ahí que exista una gran diferencia en la utilidad del español percibida por los Estados miembros pertenecientes al club comunitario antes de la ampliación de 2004 y aquellos incorporados con posterioridad. Con todo, el 16 de los ciudadanos de la UE considera el español como una de las lenguas más útiles, aparte de su lengua materna91. Esto sitúa a este idioma como el cuarto más útil en el ámbito de la UE. Además, esta percepción de utilidad parece mantenerse a lo largo del tiempo, ya que, desde 1998, siempre ha sido igual o superior al 15. Algo que no ocurre, por ejemplo, en el caso del francés, cuya utilidad percibida ha disminuido considerablemente desde 2001.
Aunque, en general, el español se considera la cuarta lengua más útil por detrás del inglés, el francés y el alemán, hay países en los que el español se sitúa como la segunda lengua más útil. Es el caso de Francia y Reino Unido. De hecho, en este último país, el español ha desplazado al alemán de esta posición desde 2001, año en el que el 40 de los ciudadanos de Reino Unido consideraba que este último idioma era el segundo más útil. Sin embargo, en 2005, el español ya ocupaba la segunda posición con un 34, mientras que el alemán descendió al 2792. Asimismo, el español es considerado el tercer idioma más útil en Alemania, Italia, Austria e Irlanda.93
En el ámbito educativo de la Unión Europea, el español se enseña fundamentalmente en el segundo ciclo de la educación secundaria general94 y en especial en los países de la UE15. En la mayoría de los casos, el porcentaje de alumnos que lo estudia es inferior al 20 y, con frecuencia, inferior al 10. Sin embargo, hay excepciones dentro de los países de la UE: Dinamarca (27,9), Francia (62,4) y Suecia (40,6)95. Además, la tendencia en estos países parece ser al afianzamiento de esta lengua en la enseñanza secundaria, ya que el porcentaje de estudiantes de español durante el curso escolar 2005/2006 aumentó considerablemente con respecto al curso escolar 2001/200296. Gráfico 5.
La situación del español en la educación superior presenta un panorama heterogéneo. Esto se debe a que, a diferencia de lo que ocurre en la enseñanza secundaria, la demanda de este idioma en la educación superior está más ligada a las preferencias de los propios estudiantes que a la rigidez de los planes de estudio. El dato que resulta más llamativo tiene que ver con el Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios, más conocido como Erasmus. Como puede observarse en el siguiente gráfico, España es, con diferencia, el país de la UE que más estudiantes Erasmus acoge: gráfico 6.
Si se tiene en cuenta que, según los propios estudiantes Erasmus98, uno de los principales estímulos para solicitar estas becas es el aprendizaje de otras lenguas99, el dato correspondiente al español indica el enorme interés que despierta este idioma entre los universitarios europeos. Además, aunque la mayoría de los estudiantes Erasmus que visita España proviene de la UE15, España también es el principal país de acogida de estudiantes procedentes de Polonia, lo que muestra la creciente penetración de esta lengua en Europa del Este. En otros países, como es el caso de Reino Unido, se observa una tendencia a la consolidación del aprendizaje del español entre los estudiantes universitarios en detrimento de otras que tradicionalmente estaban más extendidas, como el francés y el alemán100.