Rafael C. Carrasco Jiménez
Las bibliotecas digitales prometen ser una de las fuentes de información más fiables y extensas del siglo xxi. Sin embargo, aún queda un camino apasionante que andar para que los lectores puedan identificar con facilidad la información que les interesa, utilizarla de manera flexible y, sobre todo, compartirla con otras personas y crear nuevas aplicaciones sin restricciones. El aumento constante de contenido en español (y en otras lenguas de España) permite augurar que esta evolución contribuirá al progreso del conocimiento y a la formación de los ciudadanos.