Rafael C. Carrasco Jiménez
Al lector no le importa mucho saber quién es el proveedor de los contenidos que utiliza o dónde y en qué formato han sido almacenados, por lo que conviene que no necesite conocer estos aspectos y, que si se manifiestan, sea de forma disimulada. La interconexión de metainformación descriptiva (que cada biblioteca puede haber compilado de formas distintas e incompatibles) se puede hacer de dos formas diferentes: bien transformando las preguntas de los usuarios al lenguaje interno que usa cada biblioteca (esta es la idea en la que se basa el célebre protocolo Z39.5010, que interroga a todas las bibliotecas y recolecta las respuestas obtenidas en cada una de ellas) o transformando y compartiendo los metadatos en un formato de intercambio estándar (en esto se basa, por ejemplo, el método OAI11, en el que cada biblioteca recopila los metadatos de las demás y los utiliza para responder a las cuestiones de sus usuarios).
En los próximos años, no solo debemos generalizar el uso de estos métodos de interconexión: debemos extender la idea de la compartición de metadatos también a los contenidos y, sobre todo, a los servicios. Por ejemplo, los lectores pueden querer obtener una copia impresa del libro que han consultado en formato digital y la biblioteca debe proporcionar métodos sencillos para pedir este libro prestado a una biblioteca tradicional próxima, comprarlo a una editorial o solicitar su impresión mediante pedido.
Uno de los fenómenos más llamativos de la Red es la aparición y el éxito de nuevas formas de colaboración entre personas que no se conocen. Estos fenómenos colectivos, aparentemente muy bien organizados, se rigen en realidad por reglas muy sencillas: muchas formas de organización complejas (como las complicadas estructuras que forman algunas bacterias) no son diseñadas por un proceso que requiera una inteligencia elevada sino que son estructuras que emergen desde un nivel lógico inferior12. Como puso de manifiesto Francis Galton13, la sabiduría de un grupo o un colectivo da resultados mucho más eficaces que la individual. No siempre, pero en ciertas circunstancias, la cooperación produce resultados difíciles de conseguir aisladamente (lo cual no es sorprendente si pensamos que tampoco la inteligencia humana se genera por mera adición de la inteligencia de las neuronas).
Ejemplos de aprovechamiento de la actividad colectiva en Internet son los sistemas de recomendación que utilizan muchos servicios de reserva de hoteles, que recopilan las opiniones de los usuarios y las procesan para obtener información específica según la procedencia y el tipo de viajero (de negocios, con niños, etc).
En el ámbito de las bibliotecas digitales, merece la pena vincular estas con los clubes de lectura, agrupaciones espontáneas que promueven que los lectores compartan los juicios o sentimientos que motiva una lectura, lo que añade interés a la experiencia de leer un libro. También debemos seguir las experiencias de creación y publicación colaborativa de libros (un ejemplo de ellas es Connexions, http://cnx.org/), que favorecen la creación y diseminación de nuevos contenidos.
En todo caso, las bibliotecas digitales no pueden permanecer al margen de esta corriente; al fin y al cabo, esta actividad ocurrirá incluso sin su cooperación. Nuestra responsabilidad es abrir el conocimiento para que pueda ser utilizado con mayor facilidad, incluso en formas que hoy no podemos prever.
Las bibliotecas digitales modernas pueden beneficiarse de su integración con otras herramientas que, diseñadas en otros ámbitos, generan nuevas formas de uso. Por ejemplo, la Biblioteca Digital Mundial de la UNESCO (http://www.wdl.org/es/) permite consultar qué contenidos reproducen documentos de una época determinada mediante la selección de un periodo en una línea temporal y, además, explorar un mapa en el que se marcan los lugares sobre los que la biblioteca tiene información. Sobre estas ideas, originadas en el mundo de los buscadores de información, se irán desarrollando nuevos servicios y usos que cambiarán la forma en que los lectores se acercan a una biblioteca. También veremos la interconexión entre las bibliotecas y los servicios de impresión por pedido (que venden copias impresas) o de generación de ejemplares adecuados para teléfonos celulares.