Rafael C. Carrasco Jiménez
La reciente aparición de nuevos canales de transmisión de información es probablemente uno de los cambios más profundos que afectan a las sociedades desarrolladas. A diferencia de los medios de comunicación clásicos (como los periódicos o el teléfono tradicional), las redes informáticas modernas (en el sentido amplio que incluye Internet, la telefonía inalámbrica y otros medios digitales) nos dan una mayor libertad para determinar qué queremos publicar o recibir, además de permitir un caudal de datos más intenso. Así, los hábitos de los ciudadanos en muchas de sus actividades están cambiando rápidamente (por ejemplo, en el trabajo, las compras o los viajes), influidos por la capacidad de estos medios de comunicación. Sin embargo, es todavía una cuestión abierta qué formas de control podemos utilizar para distinguir la información fiable de la que no lo es.
De hecho, la necesidad de seleccionar y ratificar la calidad de la información es la fuente de negocio de algunas de las empresas más prósperas del momento. También es la causa de que la creación de grandes bibliotecas digitales se haya convertido en el objetivo de numerosas instituciones públicas y privadas que quieren proporcionar a sus ciudadanos o clientes información valiosa y de calidad contrastada.
Una biblioteca digital se diferencia fundamentalmente de una tradicional en el medio en el que están almacenados sus contenidos. Mientras que en la tradicional se conservaba un soporte material (siendo el papel impreso el más habitual, pero no el único), en las bibliotecas digitales los objetos no son más que series de números guardados en un medio de registro volátil (como los discos de almacenamiento de un ordenador).
Algunas consecuencias de esta diferencia sustancial son que:
En lo que sigue, describiremos brevemente los desafíos a los que se enfrentan las bibliotecas digitales en el siglo xxi, sobre todo aquellas centradas en los contenidos textuales (por contraste con las especializadas en imágenes, música o vídeo). Entre estos desafíos se encuentran la personalización del entorno, las nuevas características de la metainformación, la transcripción masiva de textos, los nuevos servicios especializados, la interconexión de las bibliotecas, el aprovechamiento de la actividad colectiva y la preservación de sus contenidos. También revisaremos algunas experiencias interesantes de creación de bibliotecas digitales en español.