Centro Virtual Cervantes
Lengua
El español en el mundo > Anuario 2009 > A. Santana. Rusia. Una aproximación demolingüística
El español en el mundo

El español en Rusia: pasado, presente y futuro

Andrés Santana Arribas

3. Rusia: Una aproximación demolingüística

Razonada ya nuestra buena imagen en Rusia, es hora de adentrarnos algo más en la inmensidad rusa. Para ello, no vamos a referir datos estadísticos generales del país, de fácil consulta enciclopédica, sino que intentaremos una aproximación demolingüística que nos ayude a comprender en qué medio sociolinguocultural se desarrolla el español en Rusia.

Así, convendría comenzar recordando que Rusia, o la Federación de Rusia, ambas denominaciones oficiales, es el país de mayor extensión del mundo, con 17.075.400 km2, o, lo que es lo mismo, ocupa la octava parte de la tierra firme de todo el planeta. Este hecho dificulta la expansión de nuestra lengua, pues requiere de mayores esfuerzos económicos y humanos para realizar una política de promoción lingüística efectiva, aunque también magnifica los resultados de dicha política, pues podemos afirmar que, aunque con lagunas y algunas plazas importantes aún por conquistar, el español se extiende por la amplia geografía del país, desde Kaliningrado (Universidad Estatal Immanuel Kant y Universidad Estatal Técnica) hasta Vladivostok (Universidad Estatal del Lejano Oriente), por tomar dos de los puntos más alejados del país de noroeste a sureste. Es posible estudiar nuestra lengua en la práctica totalidad de ciudades importantes de Rusia.

Según los últimos datos del Servicio Federal Público de Estadísticas (http://www.gks.ru/), Rusia tiene una población de 142 millones de habitantes, lo que la convierte en la novena potencia mundial por este parámetro. Los rusos son etnia mayoritaria, con un 79,8%, seguidos por tártaros (3,8%), ucranianos (2%), chuvasios (1,1%), chechenos (0,9%) y armenios (0,8%), ocupando las demás etnias el 10,3% restante.

No es de extrañar que en un país tan inmenso como Rusia la lengua mayoritaria y de obligado conocimiento para toda la población sea el ruso, ya que sirve como elemento de unión e idioma vehicular, si bien el importante componente multiétnico y multicultural de este país, hace que el idioma ruso cohabite con alrededor de otras 30 lenguas cooficiales y un total aproximado de 170 lenguas y dialectos distintos24.

Igual que le sucede al idioma español, además de en la ONU, el ruso es fuerte en aquellos lugares donde funciona como lengua vehicular, pero no está en condiciones de competir todavía con el inglés como lengua franca internacional. En 1991, la extinción de la URSS da lugar al nacimiento de una serie de países (antes repúblicas socialistas soviéticas de la URSS), en los que el ruso continúa siendo, en mayor o menor grado, lengua de comunicación. El caso quizás más singular es Ucrania, donde la mitad oriental del país se expresa normalmente en ruso al tiempo que hace monumentales esfuerzos por cumplir con la exigencia de su Gobierno central de que el ucraniano sea la lengua oficial de comunicación. Según nos cuentan nuestros colegas ucranianos, ya se ha conseguido que casi el 50% de las asignaturas de las universidades de Ucrania Oriental, es decir, las rusoparlantes, se impartan en ucraniano. Las tesis doctorales son escritas por lo general en ruso, pero traducidas posteriormente al ucraniano para su defensa pública. A pesar de los esfuerzos de Kiev, la lengua de comunicación en la vida cotidiana ucraniano-oriental sigue siendo de manera natural el ruso, como sucede en muchos otros lugares de la extinta Unión Soviética.

Lo maravilloso de este fenómeno es que se trata de un proceso de ida y vuelta, ya que las lenguas y las culturas de estos estados de reciente creación están también presentes en Rusia a través de las numerosas diásporas de ucranianos, bielorrusos, georgianos, armenios, azeríes, etc. Todo lo cual nos da una idea de hasta qué punto Rusia es un país de gran riqueza lingüística y multicultural.

Cosa bien distinta es que podamos considerar a la población rusa como multilingüe, lo cual no es posible en nuestra opinión: a pesar de convivir dentro de sus fronteras con más de cuarenta lenguas, los rusos no están familiarizados en general con ningún otro idioma que no sea el propio. Muchos están acostumbrados a oír en sus ciudades distintas lenguas, pero no se plantean siquiera la necesidad de aprender alguna de ellas para comunicarse, ya que todo residente legal en Rusia debe conocer la lengua rusa, según la vigente legislación de este país.

En Rusia, como en España, la lengua nacional es la que domina y utiliza la inmensa mayoría de la población y el estudio de lenguas cooficiales y extranjeras se reduce a una minoría de ciudadanos, cuya motivación suele ser fundamentalmente profesional o familiar. Es queja habitual de los turistas que visitan Rusia, así como de los que vienen a España, que resulta prácticamente imposible comunicarse en inglés o en cualquier otra lengua extranjera en sus calles y ciudades.

Parece que en España se ha tomado ya conciencia política de la necesidad de que nuestros escolares aprendan lenguas extranjeras en el colegio. En el caso ruso, este cambio de mentalidad política se ha registrado ya en el plano práctico con la aparición de una nueva generación de políticos en la clase dirigente: cuando ocupó el kremlin Vladímir Putin, ya dominaba perfectamente el alemán y aprendió inglés durante su mandato hasta alcanzar un nivel avanzado; por su parte, Dmitri Medvédev domina el inglés, tiene una fuerte formación en latín y está muy sensibilizado con la suprema importancia del aprendizaje de lenguas.

Si en nuestro país hace unos años que se han puesto en marcha programas bilingües en centros docentes públicos de primaria y secundaria (la mayoría de inglés, en mucha menor cantidad de francés, e incluso alguno que otro en alemán), en el caso de Rusia, los colegios «con enseñanza profundizada de una lengua extranjera» tienen ya una antigüedad secular y —centrándonos ya en la materia que nos interesa— en la actualidad hay cinco secciones bilingües de español en Rusia, sin que exista reciprocidad, pues no tenemos en España colegios con secciones bilingües rusas ni centros escolares que impartan sus contenidos en la lengua de Pushkin. El Ministerio de Educación y Ciencia de Rusia ha iniciado estos últimos años una ambiciosa política lingüística para que las cuatro lenguas que formaban parte tradicionalmente de los planes de estudios de secundaria (inglés, alemán, francés y español) formen parte de la nueva prueba de Selectividad como una asignatura cuya nota sume para la calificación final.

Por último, conviene destacar aquí que, además de en otras esferas de la vida, Rusia es una superpotencia en riqueza energética y mineral: posee las mayores reservas mundiales de minerales y recursos energéticos (sobre todo, de gas y petróleo), además de los más cuantiosos recursos forestales y la cuarta parte del agua potable de todo el mundo. Semejante riqueza de materias primas ha posibilitado que, a pesar de los años política y económicamente difíciles y erráticos, sufridos bajo los mandatos de Mijail Gorbachov y Borís Yeltsin, la economía rusa haya crecido a un ritmo vertiginoso durante los últimos años, merced a los altos precios en los mercados energéticos, pero también a una cierta modernización del país y a la aplicación de una mayor racionalización de los recursos humanos y materiales, tanto en la hacienda pública como en el sector privado.

Este buen momento económico, la internacionalización de la economía de mercado rusa, su integración en el mundo globalizado y la aparición de una clase media-alta que puede permitirse viajar e incluso adquirir inmuebles en el extranjero han supuesto un importante crecimiento adicional del interés por el aprendizaje de lenguas extranjeras, si bien el factor laboral continúa siendo el mayor incentivo para el aprendizaje de lenguas en este país, por lo que no ha de extrañar que el español sea la cuarta lengua extranjera detrás del inglés, líder absoluto, francés y alemán, muy arraigados históricamente en Rusia, y en dura competencia con el italiano (Italia es uno de los países de la UE con mayores intereses comerciales en Rusia), tal como veremos más adelante.

El camino realizado por los centros educativos del país no ha sido distinto al del resto de agentes productivos en Rusia. Con el inicio, en 1985, de la perestroika de Gorbachov y los tenebrosos años noventa para el sistema educativo, bajo mandato de Borís Yeltsin, las universidades públicas, que han sido tradicionalmente las auténticas locomotoras del desarrollo del español en Rusia, se toparon con una realidad completamente nueva: si hasta entonces la financiación había sido total por parte del Estado, ahora las universidades públicas recibían una financiación parcial y se veían obligadas a salir a un mercado sin ley en busca de vías alternativas de financiación, algo para lo que la mayoría de ellas no estaba preparada. Ello contribuyó al surgimiento de universidades privadas, las cuales siguen sin alcanzar en Rusia ni el prestigio ni la excelencia de formación e investigación de las públicas. Se produjo además una significativa fuga de cerebros al extranjero. Los más prestigiosos centros educativos del país vivieron sin duda sus momentos más delicados. Por ello, resulta todavía más increíble que, en lo que llevamos de siglo xxi, el resurgimiento económico ruso haya dado un absoluto vuelco a la situación, permitiendo, por ejemplo, que el Ministerio de Educación de Rusia anuncie anualmente cuantiosas convocatorias de ayudas y programas de innovación que suponen significativos ingresos económicos y un salto de calidad definitivo para los centros educativos que las ganan en concurso público.

La ambiciosa política educativa del actual presidente ruso, Dmitri Medvédev, especialmente sensible con la educación —pues desarrolló una etapa importante de su carrera profesional en la Universidad de San Petersburgo, por lo que se siente especialmente identificado con el medio universitario, como dejó patente recientemente durante su visita oficial a España el pasado mes de marzo—, ha emprendido un proceso de creación de «superunivesidades» a través de la fusión de diferentes centros de educación superior e institutos de investigación de una misma región o zona geográfica, de forma que, unidos en estas nuevas superestructuras, puedan estar en condiciones de competir con las mejores universidades del mundo.

  • (24) Al igual que en España se discute sobre el estatus del valenciano, el gallego o el bable, tampoco existe acuerdo entre los especialistas rusos sobre el número y el rango de sus lenguas y dialectos, por lo que podremos encontrar muy diferentes clasificaciones y listados. volver
flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es