Andrés Santana Arribas
Sin duda, la gran obra de referencia sobre las relaciones históricas entre España y Rusia es el Corpus diplomático hispano-ruso, fruto de un paciente pero laborioso y titánico trabajo de investigación a cargo de destacados historiadores de ambos países, merced de lo cual disponemos de testimonios escritos de gran valor, donde diplomáticos, viajeros y personalidades de Rusia y España expresan sus opiniones sobre ambos países y ambas culturas, a través de cartas y documentos oficiales. El primer tomo 5 de su versión española se centra en el periodo 1667-1799. El segundo tomo6 abarca de 1800 a 19037. Tengo constancia de que el Instituto de Historia Universal de la Academia de Ciencias de Rusia avanza ya en la preparación del tercer tomo ruso, que abordará la época quizá más sensible de nuestras relaciones: la Guerra Civil y la Dictadura franquista, por parte española, y la Revolución de Octubre, la URSS y la Segunda Guerra Mundial, por parte rusa.
Que el Corpus comience su estudio a partir de 1667 no quiere decir, evidentemente, que las relaciones entre nuestros dos países surgieran entonces. Ya en su medular Rusia y España: una respuesta cultural8, en exquisita traducción de José Fernández Sánchez9, el gran hispanista leningradense Mijail Alexéyev afirmaba:
Las relaciones oficiales entre Moscovia y España se iniciaron relativamente tarde y hasta finales del siglo xvii tuvieron un carácter esporádico. Pero ambos pueblos […] se conocieron varios siglos antes. Existen documentos que confirman que en el siglo xv ya habían llegado rusos a España […]. A fines del siglo xv, se tenían noticias en Moscú de la Inquisición establecida por Fernando el Católico en España (1480). El arzobispo de Nóvgorod, Guennadi, se refiere a ese acontecimiento en una carta al metropolita de Moscú, Zosima, fechada en octubre de 149010.
No es objeto de este artículo ofrecer un completo estudio histórico de las relaciones entre ambos países, pero sí interesaría resaltar ciertos datos y acontecimientos que permitan al lector menos familiarizado con la temática comprender los motivos que han llevado a nuestro país a disfrutar de una imagen tan positiva y completa en un país como Rusia, tan geográficamente lejano como culturalmente próximo.
Pues bien, comenzamos nuestro recorrido en el siglo xvi, cuando dan comienzo las relaciones comerciales. Si en 1505 se registra el primer mensaje oficial entre los gobernantes de ambos países, del rey Felipe I al gran príncipe Iván III, en 1525 es el gran príncipe Vasili Ivánovich quien envía a España su primera embajada11, encabezada por Iván Yaroslavski-Zasekin.
Ya en el siglo xvii, se intensifica el intercambio comercial: España importa de Rusia fundamentalmente madera, cáñamo y lonas, y exporta vinos, aguardientes, almendras, pasas… El año 1667 es el reconocido generalmente como el del inicio de las relaciones diplomáticas entre ambos países: entra por Cádiz una embajada enviada por el zar Alexéi Mijailovich con Piotr Potiomkin a la cabeza y con invitación oficial para que el monarca español hiciera lo propio y enviase una embajada a Moscú. Del exhaustivo y completo informe oficial realizado por Potiomkin se deduce que existía un interés real hacia una entonces desconocida España, pues el informe aporta una detallada descripción del país, su historia, geografía, costumbres, etc., y se convierte en las primeras impresiones escritas de un ruso sobre España. Lógicamente, la literatura española era bastante desconocida por entonces en Rusia, pero el interés político-diplomático y el intercambio comercial traen consigo la entrada, a finales de siglo, de algunas obras de escritores medievales españoles.
El siglo xviii nos trae un esforzado y acelerado proceso de europeización de Rusia y el establecimiento de relaciones diplomáticas regulares entre ambos estados, abriéndose, en noviembre de 1723, el primer consulado ruso permanente en Cádiz. Comprobamos ya un interés creciente por la cultura y la literatura de nuestro país, que se acentuaría con el paso del siglo. Por ejemplo, en 1720 se menciona por primera vez en lengua rusa el Quijote de Cervantes y, a finales de siglo, esta obra goza ya de gran popularidad. Según Mijail A. Dmítriev, «a finales del siglo xviii y comienzos del xix, El Quijote era en Rusia uno de esos libros que se podía encontrar en la biblioteca de cada aldea, tanto en francés, como en su traducción rusa»12. Cabe decir que, en la segunda mitad del siglo xviii, abundan ya las traducciones al ruso de obras españolas y de obras francesas sobre temas españoles. Siguiendo un camino de entrada semejante al de la literatura rusa en España, se producen sobre todo traducciones indirectas a través del francés. Tal es el caso de la que Serguéi F. Goncharenko13 considera la primera obra española en verso traducida al ruso, el Romance del Conde Guarinos, hecha a partir de una traducción alemana por el gran poeta y fundador del sentimentalismo ruso Nikolái Karamzín y publicada en 1792.
Las primeras traducciones directas y los primeros estudiosos de la lengua española14 surgen, según Alexéyev15 a comienzos del siglo xix, un siglo marcado por el primer gran acontecimiento que unirá a ambos pueblos: 1812 y la guerra contra Napoleón en España y Rusia:
La guerra contra Napoleón en España tuvo una gran repercusión en la prensa, inspiró a escritores y ayudó mucho a despertar el interés por la literatura y la lengua española. De 1812 en adelante, los periódicos rusos se prodigaron en comentarios sobre la guerra hispano-francesa, sobre la constitución española y las cortes, se publicaron esbozos biográficos de los políticos y militares españoles16.
No podemos referirnos a esta época histórica de las relaciones sin destacar la enorme figura del canario Agustín de Betancourt (1758-1824), un ingeniero adelantado a su tiempo, uno de los mejores de la Europa de su tiempo, que desplegó en Rusia una fructífera labor durante dieciséis años, llegando a fundar el Instituto de Vías de Comunicación (primera universidad técnica de Rusia, delante de la cual el príncipe Felipe inauguró un busto de Betancourt el 24 de junio de 2003, con motivo del 300 aniversario de San Petersburgo) y a dirigir el Departamento de Vías de Comunicación (equivalente a nuestro actual Ministerio de Fomento). Entre sus logros cabe destacar el puente sobre el Neva (San Petersburgo), la modernización de la fábrica de armas de Tula o la fábrica de cañones de Kazán, la draga de Kronstadt, los andamiajes para la Catedral de San Isaac, la Columna de Alejandro I, el canal Betancourt, en San Petersburgo, la feria de Nizhnyi Nóvgorod, la fábrica de papel moneda, la navegación a vapor por el Volga, sistemas de abastecimiento de aguas, ferrocarriles, etc.17.
La revolución española de 1820 sería el otro gran acontecimiento que tendría enorme repercusión en Rusia, muy especialmente entre los nobles y militares que formarían el movimiento decembrista, imbuidos de las ideas liberales promulgadas en textos como la Constitución de Cádiz de 1812. No olvidemos que Rusia fue el primer país del mundo en reconocer las Cortes de Cádiz y su Constitución, a través de la firma en 1812 por el zar Alejandro I del histórico Tratado de Amistad, Unión y Alianza entre España y Rusia18. Se sabe que un ilustre simpatizante del decembrismo, el gran poeta ruso Alexander Pushkin, se interesó por el estudio del español, y los temas españoles están presentes en sus obras, lo que refleja una muy positiva imagen de nuestro país: «por su profundidad dan en conjunto una imagen sensacional de la heroica historia, el carácter nacional y las riquezas intelectuales del pueblo español»19. No podemos cerrar el siglo xix sin mencionar a dos ilustres personajes que viajan a nuestro país y lo popularizan en Rusia: el compositor Mijail Glinka, que descubre al público ruso la música española y crea los orígenes del tema español en la música rusa; y el escritor y viajero Vasili P. Botkin, autor de Cartas sobre España, el primer libro ruso sobre nuestro país.
Como el siglo xxi lo estamos escribiendo ahora, cerramos nuestro breve recorrido histórico-cultural en el siglo xx, que es cuando nuestra lengua y nuestra cultura se graban con letras de oro en el corazón del pueblo ruso. Como es bien sabido, la instauración en España de la II República despertó gran interés en el Gobierno de la URSS. Este hecho y la posterior Guerra Civil en España supusieron la aparición del español en el sistema educativo ruso y el surgimiento de un creciente interés popular por lo español. La llegada a la URSS de los Niños de la Guerra y otros emigrados políticos, su destacada labor en numerosos campos de la ciencia, la tecnología y la cultura soviéticas, especialmente en la formación en español de varias generaciones, no hizo sino multiplicar la imagen de España como un país hermano y amigo20 (véase ilustración 2), atenuando la triste sombra de la Dictadura franquista y la ruptura de relaciones diplomáticas. También supondrían un impulso fundamental para la lengua española las relaciones de la URSS con América Latina, especialmente con Cuba. Ahora se antoja una quimera repetir los fenómenos culturales vividos en la época soviética, cuando las tiradas de las obras de los autores españoles traducidos al ruso eran mayores que las tiradas originales de los propios escritores en España o Latinoamérica y cuando se llenaban estadios de fútbol completos para emocionarse oyendo poesías en español y ruso. En mi opinión, la traducción literaria (y, sobre todo, la traducción poética) ha sido y es la gran joya de la corona del hispanismo ruso, con tres inmensas figuras: Geléskul, Grushkó y Goncharenko. Este último además estableció las bases teóricas de la traducción poética hispano-rusa, hasta tal punto que sus monografías sobre el tema no tienen parangón en el mundo. Tras su triste desaparición, siguen en activo Grushkó y Geléskul, y están tomando el relevo generacional grandes traductores como Mijail Chílikov y Natalia Vanjanen, por lo que la calidad sigue asegurada.
El fallecimiento del dictador y el triunfo de la democracia en España suponen el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países en 1977. Poco tiempo después, en 1985, Mijail Gorbachov pondría en marcha su perestroika, la cual supondría la desaparición de la URSS y el inicio de un proceso de transición democrática en 1991. España vuelve a aparecer con fuerza en escena, pues muchos la ven como modelo de transición democrática. Este factor, el auge del turismo ruso a nuestro país21 y la gran herencia histórica que acabamos de referir son los elementos principales que hacen que España disfrute en Rusia de una imagen muy positiva y libre de elementos negativos, pues no se conocen entre ambos países grandes conflictos ni enfrentamientos históricos, a excepción de la ruptura de relaciones durante el franquismo y un breve paréntesis (entre el 31/5/1799 y el 4/10/1801) a causa de «una guerra no combatida pero sí declarada»22 por la alianza entre España y Francia y el no reconocimiento del zar Pablo I como Gran Maestre de la Orden de San Juan.
El gran hispanista ruso Serguéi Goncharenko afirmaba lo siguiente: «La cultura española atrae a los rusos en todos los aspectos y no solo en el artístico: comparten modos de diversión, humor, el gusto por el baile, el canto y la poesía. No exageraría si digo que Rusia es, de alguna manera, el Sur del Báltico»23.