Concepción Lois Cabello
Don Francisco de Salcedo, deán de la catedral de Santiago del Estero hacia 1586, y don Diego Suárez Babiano (†1593), vicario general de Córdoba, reunieron valiosas colecciones privadas, sobre todo de filología y teología. Los jesuitas importaron libros durante casi dos centurias (1586-1767) para las bibliotecas y para su venta, y fueron el elemento cultural dominante en el antiguo virreinato del Río de la Plata. Muchas bibliotecas personales o de frailes se salvaron en la vieja Universidad de Córdoba. El Colegio Máximo y el Noviciado en Córdoba contenían unos 5.000 volúmenes en 1767, y el Colegio Grande de San Ignacio en Buenos Aires tuvo más de 3.000 volúmenes. Muchos de los libros acabaron en la moderna biblioteca de la Universidad de Córdoba, en la Biblioteca Nacional de Argentina y en otras colecciones de Buenos Aires y las provincias. En Buenos Aires, los dominicos tenían una biblioteca de al menos mil títulos en 1739. En 1768, el obispo de Buenos Aires escribió al Conde de Aranda que los monasterios dominicos y de otras órdenes en su provincia estaban pobremente equipados de libros. Había bibliotecas dominicas, franciscanas y mercedarias en el Río de la Plata, y es frecuente encontrar libros hoy en las bibliotecas argentinas con inscripciones como «Es de la Merced de Córdoba».
La Biblioteca Nacional de Argentina, fundada como biblioteca pública de Buenos Aires en 1810, se convirtió en Biblioteca Nacional en 1884. Las colecciones mezclaban material de bibliotecas universitarias, colecciones privadas y donaciones, y han continuado creciendo mediante canje internacional, depósito legal y compra. Con el traslado a un nuevo edificio en el centro de Buenos Aires, en 1992, hoy es plenamente capaz de ofrecer servicios acordes con su estatus de institución nacional.
El fondo general consta de más de 800.000 piezas y cuenta, en la sala Mariano Moreno, con más de 400 puestos de lectura. La Hemeroteca, inaugurada en 1932 con una colección que entonces sumaba más de 3.000 diarios y revistas, guarda un importante fondo. La Sala de Investigadores fue creada por decreto de gobierno del 27 de septiembre de 1932, con el nombre de sala Paul Groussac, en homenaje a uno de sus directores más importantes, quien durante 44 años engrandeció y modernizó la Biblioteca Pública de Buenos Aires. Reúne los manuscritos e impresos reservados, primeras ediciones e impresos de las misiones guaraníticas, libros de gran belleza tipográfica, periódicos del periodo revolucionario y documentos de la colonia: el tesoro de la Biblioteca Nacional. Con más de 21.000 obras monográficas y cerca de 800 publicaciones periódicas, está integrado por las piezas bibliográficas reunidas en el momento de su fundación en 1810 y por importantes donaciones de los siglos xix y xx.
La fototeca Benito Panunzi reúne en su colección documentos visuales que conforman un importante fondo referido a la historia argentina y sobre fotografía, con piezas notables del siglo xix. Este valioso acervo está en proceso de limpieza, catalogación y digitalización en tres resoluciones diferentes. La Biblioteca Nacional ha puesto a disposición del público en 2007 los fondos de archivo de origen privado que integran su patrimonio, como los del escritor César Tiempo, los del crítico literario Luis Emilio Soto y los del Centro de Estudios Nacionales.
La sala de consulta Gustavo Cuchi Leguizamón es el punto de acceso al archivo de partituras, con un fondo total estimado de 300.000 piezas, que, en su gran mayoría, pertenecen a compositores argentinos y/o rioplatenses de variados géneros, épocas, formas, corrientes y orígenes culturales. Es un registro de música clásica, folclórica o popular, en el que destaca un gran número de partituras de tango.
La división Audioteca-Mediateca es la depositaria del fondo de materiales especiales. Almacenada en el repositorio Juan Carlos Paz, abarca colecciones de material multimedia, digital y audiovisual. Ha comenzado a formar su Archivo Audiovisual de Danza (AAD), con el fin de generar un espacio para el desarrollo y la investigación en esta disciplina.
La Mapoteca incluye atlas, mapas y planos de ciudades, cuya antigüedad se remonta a 1699. También posee material sobre historia de la cartografía desde sus comienzos hasta la actualidad así como reproducciones facsimilares de ediciones de mapas antiguos.
La sala de lectura para no videntes Vicente G. Quesada fue creada en 1993 con el objetivo de posibilitar el acceso a la cultura a personas ciegas o con capacidades visuales diferentes. El sistema automatizado es WWWIsis, desarrollado y distribuido por BIREME (Brasil).
Por su parte, la Biblioteca Nacional de Maestros, creada a finales del siglo xix, y la Biblioteca del Congreso de la Nación son también importantes bibliotecas argentinas.
La Biblioteca Nacional cuenta con las siguientes secciones: Sección Boliviana de Libros y Folletos (desde el siglo xvi hasta la fecha), Libros Antiguos Raros y Curiosos (desde 1493), Periódicos Bolivianos (desde 1823), Revistas Bolivianas (desde 1840), Publicaciones Oficiales del Estado Boliviano (desde 1825), Organismos Internacionales, Colección Moreno (con los fondos del historiador y bibliógrafo Gabriel-René Moreno) y Colección Rück (con los fondos del ingeniero Ernest O. Rück). Cuenta con más de 10.000 documentos en diversos soportes.
En Santiago de Chile la colección jesuítica, de unos 5.000 volúmenes fue depositada en la Universidad de San Felipe, donde quedaron sin uso. Esta colección y las propias de la universidad reunieron más de 8.000 volúmenes y llegó a ser el núcleo de la Biblioteca Nacional chilena bajo el patrocinio de Manuel de Salas y San Martín. Los jesuitas llegaron a tener 15.000 libros en 33 lugares diferentes en Chile antes de 1767. Al final del siglo xviii había sustanciales bibliotecas al menos de cuatro órdenes, además de las jesuíticas, en Santiago de Chile. Había 5.000 volúmenes en el Convento de Santo Domingo y 3.000 en el Convento de San Agustín. Esta colección se basaba en la heredada de fray Agustín Carrillo de Ojeda y en una donación de 400 libros de fray Francisco de Loyola y Vergara en 1672. Un catálogo manuscrito en la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile muestra unos 3.000 volúmenes en el Convento de San Francisco en esta ciudad. Los mercedarios tenían 435 libros en su Convento de la Merced, cuando fue fundado en 1683. Un siglo más tarde había unos 1.000 en su colección. La biblioteca episcopal sobrevive en el Cabildo Eclesiástico de Santiago de Chile. Perteneció a Francisco Ruiz de Berecedo, nacido en Concepción en 1675, y tuvo 2.058 libros de literatura clásica, historia y lingüística. El sobrino de Berecedo, Manuel de Alday y Axpee, más tarde obispo de Santiago, la devolvió a la catedral.
La Biblioteca Nacional fue fundada en 1813. La estructura original ha evolucionado y ha aumentado el papel en la coordinación bibliotecaria del país. Ejerce también actividades de museo y archivo a través del país, de manera que su papel es esencial en el desarrollo cultural de Chile, proporcionando recursos para la investigación y el trabajo creativo en todos los campos, y produciendo publicaciones y cobertura de las colecciones y servicios técnicos.
La colección general agrupa las colecciones que dieron origen a la Biblioteca Nacional. Reúne alrededor de 350.000 títulos publicados en todo el mundo, a excepción de Chile, desde 1516 hasta la fecha, con énfasis en las ciencias sociales y el área humanista. En su colección resaltan numerosos libros de gran valor bibliográfico por su antigüedad y contenido, que datan de los siglos xvi, xvii y xviii.
La Sección de Periódicos y Microformatos posee la colección más completa e importante de periódicos chilenos de los siglos xix y xx, desde el primer periódico nacional, Aurora de Chile, hasta la totalidad de los que se editan actualmente. Reúne 15.000 títulos de periódicos y diarios nacionales, con más de 100.000 volúmenes, reunidos en virtud de la Ley de Depósito Legal. La sección Hemeroteca, conservadora del depósito legal de revistas chilenas, cuenta con la más completa colección nacional, con alrededor de 7.000 títulos. Ambas secciones cuentan con soporte alternativo de microfilmes para la lectura de aquellas revistas y periódicos que, por razones de conservación, no se pueden fotocopiar.
La sala José Toribio Medina conserva su biblioteca y los fondos bibliográficos más valiosos de la Biblioteca Nacional. Incluye primeras ediciones de la imprenta americana, destacadas obras sobre el Nuevo Mundo, bibliografía, mapas, estampas y manuscritos. Se estima que alrededor del 60% de todo lo que se imprimió en la Hispanoamérica colonial forma parte de esta colección. Cuenta, además, con innumerables obras impresas en todo el mundo sobre la época colonial.
La colección cartográfica conserva gran parte del patrimonio cartográfico nacional de los siglos xix y xx, y recibe todas las publicaciones y ediciones cartográficas y geográficas de las dos instituciones oficiales en la materia: el Instituto Geográfico Militar y el Instituto Hidrográfico de la Armada.
El Archivo del Escritor es la memoria de la expresión literaria. Conserva, bajo medidas adecuadas de preservación, originales ológrafos y en otros soportes de escritores nacionales, latinoamericanos y europeos, según la relación que hayan tenido con Chile. Posee un importante fondo fotográfico que reúne material iconográfico de escritores nacionales y sudamericanos de distintas épocas, especialmente desde el siglo xix hasta la fecha. Además, forman parte de sus colecciones objetos que pertenecieron a novelistas, poetas, ensayistas y dramaturgos chilenos, tales como máquinas de escribir, lapiceros, condecoraciones, diplomas y documentos personales.
El Archivo de Literatura Oral contiene variadas manifestaciones del saber oral que no habían sido recogidas, como canciones tradicionales, romances, refranes, cuentos, adivinanzas, ruedas de canto a lo divino, encuentros de payadores, cantoras campesinas, rezadoras y santiguadoras, fiscales de Chiloé, organilleros, tradiciones y costumbres en general. Cuenta con 18 colecciones sonoras recibidas, además de aquellas que conforman el trabajo de sus investigadores de campo, especialmente orientado al registro de fiestas de religiosidad popular. Dispone de una vasta colección de fotografías y diapositivas, en su mayoría de fiestas religiosas, una cantidad importante de registros en vídeo, colecciones de cuentos e historias campesinas, cuadernos y libretas originales de poetas populares del siglo xx y dos valiosas colecciones de la Lira Popular, literatura de cordel del siglo xix que incluye un total de 750 pliegos impresos con poesía en décimas e ilustrados con preciados grabados populares.
Creada en 1967, la sección Archivo de Referencias Críticas tiene por misión recoger todo el material publicado en la prensa nacional sobre la vida y obra de escritores chilenos, tales como entrevistas, críticas de libros, biografías, noticias literarias y otros artículos. Desde 1975 lleva un registro de los artículos de escritores latinoamericanos y españoles. En 1987 se inició el proceso de automatización de sus colecciones y actualmente existen más de 90.000 registros en línea, 40.000 de los cuales están digitalizados y son accesibles a través del Catálogo de Analíticas y Referencias Críticas de la Biblioteca Nacional.
El Archivo Fotográfico Digital desarrolla actividades orientadas al rescate, conservación, documentación, catalogación, reproducción y difusión de colecciones.
El Archivo de Música reúne la colección de partituras de música chilena más completa del país. Junto al material impreso se conserva un archivo sonoro de obras nacionales, además de otro con recortes de prensa sobre el quehacer musical en Chile.
El Catálogo Público en Línea y todos los catálogos de la Biblioteca Nacional de Chile utilizan el sistema integrado ALEPH, que almacena la información en una base de datos Oracle. Sus páginas están construidas en HTML.
En 1767, en el momento de la expulsión, había bibliotecas jesuíticas en Córdoba de Tucumán, en Bogotá, y la biblioteca jesuítica del Colegio de San Bartolomé en Santafé de Bogotá fue la base de la biblioteca pública, fundada en 1774. No se abrió al público hasta el 9 de enero de 1777, entonces tenía 4.182 volúmenes, sobre todo de teología, historia y autores clásicos.
Esta colección dio origen a la moderna Biblioteca Nacional de Colombia. En la última parte del siglo xviii el arzobispo de Bogotá y virrey de Nueva Granada, Antonio Caballero y Góngora, tuvo una colección privada notable. Propició un subsidio a Juan Celestino Mutis en 1783 para su famosa expedición botánica y parece probable que hiciera accesible su biblioteca a los beneficiarios de su ayuda. Conserva algunas de las bibliotecas particulares pertenecientes a escritores, científicos y personajes de la vida nacional colombiana, adquiridas por compra o donación.
Hay 19 fondos especiales que reúnen 51.119 volúmenes (29.955 de ellos libros raros y curiosos). La Hemeroteca Manuel del Socorro Rodríguez custodia 25.000 títulos de publicaciones seriadas. El Centro de Documentación Musical alberga: 13.132 partituras manuscritas, reproducciones e impresos; 747 hojas de vida de músicos colombianos; 353 fotografías de protagonistas de la historia musical colombiana; 3.470 libros y revistas especializados; 9.000 programas de mano de actos y presentaciones en distintos escenarios de agrupaciones como la Orquesta Sinfónica de Colombia y la Banda Sinfónica Nacional; una colección de audio que contiene grabaciones de campo, fonogramas editados, programas de radio y grabaciones musicales; y una colección de vídeo que contiene registros documentales de campo de expresiones musicales en diversos escenarios.
La colección de obra gráfica está compuesta por las acuarelas de la Comisión Corográfica, los dibujos de Alberto Urdaneta, José María Espinosa y Ricardo Rendón, la obra gráfica del Fondo Germán y Graciela Arciniegas, los linóleos de Bernardo Rey, 3.000 afiches y carteles, fotografías en papel y archivos fotográficos de varios autores. El sistema automatizado es SirsiDynix
Por su parte, la Universidad de Antioquia nació en 1803 como un colegio franciscano, con una biblioteca de textos latinos. En 1871 recibió su actual nombre y en 1911 fue nombrado el primer bibliotecario. Con la reforma educacional de 1935 la universidad y su biblioteca iniciaron una fase de modernización, atestiguada por las estadísticas sobre el crecimiento de las colecciones y de su uso. Cuando se trasladó a un nuevo edificio en la Ciudad Universitaria, en 1968, la biblioteca adquirió su aspecto presente, con grandes colecciones que cubrían todos los campos y ofreciendo amplios servicios.
A su vez, la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá, comenzó en los años treinta como una biblioteca privada del Banco de la República y ahora alberga unos 400.000 libros, 8.000 títulos de publicaciones periódicas y unos 1.000 diarios. Su colección especial incluye libros raros y manuscritos, mapas, fotografías, cintas, discos y vídeos. Coordina una red de bibliotecas públicas y centros regionales de información en 16 ciudades.
La Biblioteca Nacional fue fundada en 1888 como parte de un programa de iniciativas del gobierno para promover la cultura y la educación. La colección original, diseñada desde la universidad, creció gradualmente mediante el depósito legal, canje, compra y donativos. A lo largo del siglo xx ha combinado los papeles de biblioteca nacional y biblioteca pública, promoviendo normas técnicas, asegurando información profesional y proporcionando préstamo y servicios de referencia. En 1971 se abrió un nuevo edificio y ha contado con directores notables.
La colección de libros nacionales ofrece para su consulta el patrimonio bibliográfico más completo del país y la colección de libros extranjeros brinda obras clásicas universales, así como latinoamericanas y europeas de más renombre. Incluye una colección especial con obras de los grandes maestros de las artes plásticas universales. La colección de publicaciones periódicas ofrece al usuario una amplia y completa colección de diarios y semanarios nacionales que datan desde 1883 hasta nuestros días, y de revistas nacionales y extranjeras. La colección nacional está constituida por 2.755 títulos y 128.424 volúmenes, y contiene revistas actuales, memorias de las instituciones del país e índices, entre otros. Tiene catálogo automatizado.
Quizá la manifestación más característica del espíritu de la Ilustración para el desarrollo de las bibliotecas en Hispanoamérica es la Sociedad Económica de Amigos del País en La Habana.
Fundada por varios caballeros de La Habana para «aumentar la instrucción e influir en el gusto por la lectura», la Sociedad Económica de Amigos del País fue financiada con fondos de la venta del Papel periódico, publicación iniciada en 1790 y producida por la imprenta de la Capitanía General. Miembros de la Sociedad Económica contribuyeron con sus libros y hubo un ambicioso plan de intercambio con otros países hispánicos, que no llegó a realizarse. Esta biblioteca, de suscripción para la élite intelectual de la capital de Cuba, durará un siglo de administración colonial más medio siglo de la primera República de Cuba. En 1950 era todavía la colección más útil para los investigadores sobre Cuba.
Por su parte, la Biblioteca Nacional José Martí, fundada en 1901, situada en La Habana, mantuvo limitados servicios y colecciones hasta la revolución de 1959, a causa de la falta de interés gubernamental. Desde ese momento ha estado en la primera línea de la vida intelectual y cultural cubana. Desde 1976, además de organizar la producción bibliográfica del país, la Biblioteca Nacional se responsabiliza de coordinar la red de bibliotecas públicas y de producir recursos científicos y técnicos para promover el desarrollo económico. Adquiere libros para donarlos a las bibliotecas de las escuelas locales y dirige campañas promocionales. En 1976 fue reestructurada y perdió su función de biblioteca pública, que fue restaurada en 1989. Organiza exposiciones, conferencias, conciertos y actos culturales, y lleva a cabo un extenso programa de publicaciones. Alberga 3 millones de volúmenes, 200.000 fotos y 26.000 mapas, pero los problemas de financiación y la falta de espacio impiden su modernización.
A su vez, la Universidad de Camaguey es un centro de gestión de información y producción del conocimiento universitario. El plan estratégico del Centro de Información Científico-Técnica es una muestra de la estrecha relación entre el cambio de la biblioteca universitaria y la calidad de los procesos universitarios de cara al siglo xxi.
Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1759), de Quito, vio una oportunidad de crear una biblioteca pública en la capital de Ecuador con los restos de las bibliotecas jesuíticas. El trato especialmente duro dado a los jesuitas de Ecuador causó la destrucción de muchas obras; no podremos conocer nunca la extensión e importancia de sus colecciones.
La Biblioteca Nacional del Ecuador Eugenio Espejo cuenta con aproximadamente 100.000 unidades de información, de las cuales se ha automatizado un 25%. De ellas, 6.625 son libros que datan desde el siglo xv, contando entre ellos el libro más antiguo del Ecuador, del año 1493. Cuenta también con una Sección Bolivariana. Se utiliza un programa del Sistema Integral Automatizado de Bibliotecas de la Universidad de Colima, llamado SIABUC, ya implementado para consultas del público en las secciones Nacional, Arte e Infantil.
La Biblioteca Nacional fue fundada el 5 de julio de 1870 y abierta en 1888. En 1986 el edificio fue destruido en un terremoto y, desde entonces, las colecciones recuperadas fueron instaladas en varias ubicaciones temporales, proporcionando servicios limitados. En cuanto a actividades culturales y educativas, la Biblioteca Nacional promueve conferencias y eventos dirigidos a una población amplia, y además proporciona servicios a escuelas y universidades para compensar las deficiencias bibliotecarias en estos sectores.
La Biblioteca Nacional de Guatemala Luis Cardoza y Aragón fue inaugurada el 18 de octubre de 1879, en el edificio de la Sociedad Económica, con cerca de 15.000 volúmenes; luego fue trasladada al Salón Mayor de la Universidad de San Carlos con acceso por la Décima Calle.
La Biblioteca Nacional Luis Cardoza y Aragón está bajo la Subdirección General del Patrimonio Cultural y Natural, y esta a su vez depende de la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura y Deportes guatemalteco.
Entre sus objetivos figuran la conservación, preservación y difusión del acervo bibliográfico de la nación; mantener relaciones con otras bibliotecas e instituciones dentro y fuera del país, y coordinar la red de Bibliotecas Públicas en los departamentos del territorio nacional.
La Biblioteca Nacional de Honduras fue creada el 11 de febrero de 1880, durante el Gobierno de la Reforma Liberal de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa para conservar y difundir el patrimonio bibliográfico de autores nacionales, el fomento, promoción y difusión de la lectura y la investigación científica.
Su nuevo edificio fue inaugurado en 1906, mientras que en 1963 fue trasladado a otro inmueble conocido como Casa Morazán, donde funcionó hasta 1998, cuando fue instalada en lo que fue la Antigua Real Casa de Rescates, que data de 1780. En ese mismo antiguo edificio también funcionó desde 1896 la Tipografía Nacional.
La Biblioteca Nacional de Honduras lleva por nombre desde enero de 2009 Biblioteca Nacional Juan Ramón Molina, en honor al poeta hondureño.
Alonso de la Vera Cruz volvió de España en 1573 llevando una colección de libros a México, y fundó diversas bibliotecas en el país. Algunos de estos libros se conservan en el Museo de Michoacán, en Morelia, y en otros centros culturales como la Universidad de Cuzco, heredera de las colecciones jesuíticas locales.
En 1821, México tenía notables colecciones de impresos y manuscritos, el legado de 300 años de colonialismo, disperso en colecciones universitarias, privadas y monásticas. Se diseñó un programa de creación de nuevas bibliotecas con colecciones de fondos modernos y una biblioteca nacional, pero las turbulencias políticas impidieron llevarlo a efecto, y además la mayoría de las riquezas bibliográficas del país fueron destruidas o dispersadas.
Un decreto de 1833 de Benito Juárez reunió libros de antiguos conventos y de la Catedral, y dio origen a la futura Biblioteca Nacional, inaugurada en 1861 como parte de la universidad, llegando a ser independiente en 1884. Nuevos trastornos políticos impidieron un mayor desarrollo de las bibliotecas al principio del siglo xx, pero desde la vuelta de la estabilidad en los años veinte, México ha conseguido con éxito crear un sistema nacional de bibliotecas efectivo, coordinado por una Biblioteca Nacional moderna y eficiente.
La colección general de la Biblioteca Nacional de México está formada por obras de consulta, literatura juvenil, colecciones de literatura mexicana y universal, y se encuentra distribuida en estantería abierta. Desde 1979 se abrieron la Sala de Bibliografía, la Fonoteca, la Sala de Materiales Didácticos y la Mapoteca. La Sala de Tiflológico se creó en 1959 para brindar un servicio de apoyo a ciegos y débiles visuales. La Sala Especial de Videoteca se creó en 1982. Una colección específica reúne un conjunto de material monográfico que trata sobre la Revolución mexicana. Entre las bibliotecas particulares adquiridas por compra o donación, destacan: Mario Colín Sánchez, María Asúnsolo, Ángel Pola, la Escuela Nacional Preparatoria (Gabino Barreda), Rafael Heliodoro Valle, Francisco J. Mújica y Diez de Bonilla, entre otras. Tiene catálogo automatizado pero no está consultable en red.
Por su parte, la Biblioteca Central de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) es el centro de investigación más importante de México y una de las más prestigiosas del mundo hispánico.
Los franciscanos en la capital pasaron por haber desarrollado la mejor colección de libros de México. Hay muchos indicios de que altos prelados fueron coleccionistas de libros y fundadores de bibliotecas, como Juan de Zumárraga o Vasco de Quiroga. El más famoso de los prelados mexicanos bibliófilos fue Juan de Palafox y Mendoza. Enemigo del privilegiado clero regular, sobre todo de los jesuitas, fundó un seminario en Puebla en 1646 y le donó una biblioteca de 6.000 volúmenes. Creció bajo sus sucesores y continúa alojada en un edificio del siglo xviii, conocida como Biblioteca Palafoxiana.
La Biblioteca Nacional fue fundada en 1882 para promover la educación popular y desarrolló sus colecciones y servicios hasta el periodo 1909-1923. El desarrollo renovado fue interrumpido por el terremoto de 1931, que destruyó el edificio de la biblioteca, pero en los años sucesivos se efectuaron importantes logros y las colecciones crecieron significativamente por la donación de la US Biblioteca de Nicaragua (Biblioteca de la Embajada de Estados Unidos) en 1952. El terremoto de 1972 destruyó de nuevo el edificio y las colecciones que albergaba. El subsiguiente proceso de regeneración recibió impulso del éxito de la revolución de 1979 y el énfasis en el desarrollo bibliotecario como una prioridad.
Mediante la colaboración de la Unesco y otras organizaciones internacionales, Nicaragua tiene ahora un sistema efectivo de bibliotecas, coordinado por la Biblioteca Nacional. La financiación del gobierno, asegurada en 1991, da una base segura al desarrollo futuro. Desde el año 1997, la Biblioteca Nacional Rubén Darío funciona en las instalaciones del Palacio Nacional de la Cultura y cuenta con obras patrimoniales bibliográficas como la colección de Julio Cortázar, donada por el escritor en 1988 y constituida por 2.486 volúmenes, y el Fondo Nacional Ernesto Mejía Sánchez, con 1.078 títulos de obras antiguas, entre las que se encuentran los libros fundadores de la Biblioteca Nacional y las memorias de diferentes instituciones de gobierno desde comienzos del siglo xx. La Sala Rubén Darío está especializada en los estudios relacionados con la vida y obra del poeta. El departamento encargado de coordinar la Red de Bibliotecas Públicas, con 140 unidades, depende de la Biblioteca Nacional.
La Biblioteca Nacional fue fundada en 1941 y, en 1942, se creó la Comisión Nacional de Cooperación Bibliográfica, como «centro radiador de la cultura patria», consolidando los logros de las iniciativas de las bibliotecas públicas desde la década de 1870. Ha sido un instrumento de promoción de una red nacional de bibliotecas, asegurando normas profesionales bibliotecarias así como actividades de lanzamiento para incrementar el interés popular por la lectura y los libros. Las colecciones comprenden ahora materiales panameños, extranjeros y periódicos.
La biblioteca actúa como coordinadora del sistema de bibliotecas públicas, escolares y universitarias. La hemeroteca posee cinco colecciones especiales: periódicos panameños, revistas panameñas, memorias institucionales panameñas, revistas extranjeras y revistas de organismos internacionales. La Sala Panameña alberga monografías, literatura no convencional y material audiovisual y multimedia. El Fondo Antiguo de la Biblioteca Nacional cuenta con 586 obras monográficas editadas entre los años 1500 y 1899 (41 son panameñas y la gran mayoría procede de España). La Colección de Referencia mantiene un total de 5.003 obras e incluye el Archivo Vertical de recortes de periódicos y folletos relativos a temas de interés general, con especial énfasis en lo relacionado con Panamá y los panameños. En esta sección también se encuentra un archivo de biografías panameñas y extranjeras. Posee 19 colecciones especiales constituidas por acervos particulares que pertenecieron a intelectuales destacados o a instituciones locales. La Biblioteca Colón es la colección que dio inicio a la creación de la Biblioteca Nacional en 1942. El sistema de gestión automatizado es Absys.
Tras la creación de la primera biblioteca popular en 1869, fue fundada la Biblioteca Nacional en 1887 y se trasladó a un nuevo edificio en 1900. Sus colecciones se enriquecieron desde el principio por la adquisición de notables bibliotecas privadas. Durante la dictadura de Stroessner, la biblioteca estuvo totalmente abandonada por el gobierno.
Hoy la Biblioteca Nacional ofrece pocos y básicos servicios, y las colecciones se encuentran en proceso de catalogación y restauración. La colección de revistas y diarios paraguayos data del siglo xix hasta la actualidad. Si bien esta colección dista de estar completa, ha sido digitalizada hasta el año 1900, gracias a una donación del embajador de Estados Unidos, en 2008. Han sido unas 89.000 páginas de unos 54 periódicos, que hoy se pueden consultar en sala y que próximamente se espera que sean accesibles a través de Internet. Una colección muy importante de obras extranjeras incluye los libros del fondo antiguo de los siglos xvi al xix. A estos se suman todos los libros extranjeros recibidos por donaciones de sus autores y/o instituciones. Se está comenzando a organizar una importante colección de revistas extranjeras que datan de los últimos cinco años. Es depositaria de la colección de publicaciones de las Naciones Unidas. El catálogo automatizado no es consultable en red.
La Biblioteca Nacional de Lima cumple un doble papel como biblioteca nacional y pública, mediante la construcción de un sistema bibliotecario automatizado, función de depósito legal y construcción de depósitos, así como facilidades de acceso. Se abrió en 1822.
En 1991 se abre el Centro Nacional de Información y Cultura para el siglo xxi. La Sala de Afiches, Fotos y Postales Carlos Domínguez, colección iconográfica sobre el Perú, reúne los archivos Courret, Luis S. Ugarte, Manuel Moral, Rafael Castillo y otros sobre la vida y costumbres de Lima entre los siglos xix y xx. También la Sala de Mapas y Planos Antonio Raimondi, la Sala de Audio y Video Serafina Quinteras y la Sala de Educación José Antonio Encinas.
La Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña se presenta como el principal centro bibliográfico patrimonial del país, depositario de la totalidad de la producción nacional registrada.
Su misión principal es recopilar, preservar y difundir los diversos materiales bibliográficos, impresos y en otros soportes, que forman parte de la memoria colectiva nacional, a fin de posibilitar el acceso a la información y al conocimiento contenidos en sus colecciones a todos los usuarios.
Cuenta con una hemeroteca, que permite el acceso a información histórica y actual de publicaciones periódicas nacionales y extranjeras, al igual que a los periódicos nacionales. También con una videoteca: con siete unidades de vídeo de forma simultánea. Y con cinco unidades de microfilmación, que permiten la consulta de los periódicos antiguos nacionales. A todo ello se unen la Unidad de Servicios Culturales para Ciegos, que apoya las necesidades de información de las personas no videntes, mediante la lectura en voz alta la grabación de material y la revista; y una Sala Infantil.
La Biblioteca Nacional fue fundada como biblioteca pública en 1816 por el general José Artigas y ocho meses después de abrir sus puertas, las fuerzas portuguesas destruyeron la colección. Reabrió en 1838 y se creó una red bibliotecaria en el país. A lo largo del siglo xix el intento de construir las colecciones se vio dificultado por la política gubernamental de distribución del material desde la biblioteca a los locales provinciales. Con la introducción del depósito legal en 1893, y la adquisición de notables colecciones privadas junto con material obtenido mediante donaciones, compra y canje, la biblioteca posee ahora importantes fondos, incluidos los manuscritos de muchos escritores de Uruguay.
Coordina también el sistema bibliotecario nacional, que comprende las bibliotecas escolares, universitarias y municipales. Un nuevo edificio se abrió en 1955. Cuenta con unos 900.000 volúmenes de libros, folletos y publicaciones periódicas nacionales y extranjeras. Atesora un valioso archivo documental literario uruguayo, así como importantes colecciones de mapas, planos, fotografías, postales y grabados, periódicos y revistas nacionales y extranjeras. En Materiales Especiales se conserva la colección de libros y folletos anteriores a 1850 de autores extranjeros, incunables, manuscritos, grabados, mapas, planos, afiches, fotografías, postales, partituras, acuarelas, monedas y medallas. A este acervo pueden acceder todos los investigadores registrados como tal en la Biblioteca Nacional. Se ha adoptado el sistema CDS/ISIS para el procesamiento y recuperación de la información, en su versión Windows.
La Biblioteca Nacional fue fundada en 1833, pero hasta el siglo xx las turbulencias políticas dificultaron su desarrollo. Las colecciones y los servicios a usuarios fueron creciendo progresivamente. Al traslado a un nuevo edificio en 1911, siguió un periodo de reorganización y reestructuración, durante el cual la Biblioteca Nacional llegó a ser la oficina bibliográfica nacional oficial.
Desde que se estableció el gobierno democrático en 1958, la mejora de los servicios bibliotecarios y de información ha sido una prioridad nacional. Tras una reorganización en 1974, coordina el sistema nacional de información y proporciona apoyo técnico a las bibliotecas públicas. La catalogación automatizada se introdujo en 1976 y el catálogo en línea estuvo accesible en 1985.