Leyre Gil Pedromingo y Jaime Otero Roth
En la última década, el África subsahariana ha sido objeto de un interés creciente por parte del gobierno y la sociedad española, como consecuencia de nuevas oportunidades para desarrollar relaciones políticas y económicas con el continente y en respuesta a retos derivados de fenómenos como las migraciones, los conflictos armados o las emergencias sanitarias. Este interés renovado por África se ha traducido en una intensificación de los contactos diplomáticos, en el aumento de los intercambios económicos y en un significativo incremento de la cooperación al desarrollo.
España no es una excepción en este redescubrimiento del continente «olvidado». La expansión de la economía y el comercio internacional desde finales de los años noventa hizo girar la atención internacional hacia África, en busca de materias primas y oportunidades de negocio. Durante los últimos años, han podido crearse las condiciones de un mayor crecimiento y apertura a la economía global3. La mejora de la estabilidad política y la consolidación de sistemas democráticos en no pocos países de la región facilitaron el establecimiento de empresas extranjeras. Potencias emergentes como Brasil, China o la India han establecido nuevas relaciones comerciales y de inversión en África, sumándose a Estados Unidos, las antiguas metrópolis europeas y otros países industrializados, y empujándolos a reforzar su presencia. Estos desembarcos han ido acompañados, por lo general, de políticas de cooperación al desarrollo y de intercambio cultural. China, el caso más significativo de una potencia relativamente recién llegada que ha multiplicado su comercio y sus inversiones en el continente, ha realizado un considerable despliegue en materia de ayuda al desarrollo y de cooperación cultural y educativa que incluye la promoción del chino como lengua extranjera4.
El dinamismo económico durante la pasada década apenas ha reducido, sin embargo, la brecha entre el mundo desarrollado y África. En la región subsahariana, los índices de desarrollo humano (renta, salud, educación) siguen siendo comparativamente muy bajos. La renta per cápita no llega a 2.000 dólares por término medio (9.543 en el mundo), la esperanza media de vida al nacer está en torno a los 50 años y la tasa de alfabetización de adultos rebasa por poco el 60% (78,6% en el mundo). La escolarización en África subsahariana es la más baja del mundo (50,6% de la población en edad escolar frente al 67,8% mundial), especialmente entre las niñas y en las áreas rurales, donde habita más del 60% de la población, frente al 50% en el mundo5.
Además de estos, para el análisis de las perspectivas de una mayor presencia cultural en África subsahariana conviene tener en cuenta el factor demográfico. La población creció de 183 millones de habitantes en 1950 a 674 millones en el año 2000. Según estimaciones recientes, en 2009 habría superado los 827 millones. Las proyecciones medias prevén que en 2050 la población de África habrá triplicado a la de Europa (1.998 frente a 664 millones). África seguirá siendo entonces el continente más joven con un 10% de la población mayor de 60 años, frente al 35% en Europa, el 27% en América del Norte y el 24% en América Latina y Asia6. Las diferencias de renta, unidas a la explosión demográfica y a las situaciones de conflicto violento, subyacen bajo la persistencia del éxodo migratorio. Aunque el mayor aumento de migrantes en términos globales se produjo entre 1960 y 1980, la emigración fuera de África dio un salto desde finales de los años noventa atraída por el ciclo de prosperidad en el Norte, haciéndose visible especialmente en el Magreb y en el sur de Europa7. Según las proyecciones demográficas de Naciones Unidas, África será el continente con mayor incremento relativo de la población en los próximos 50 años, lo que hace probable que las presiones migratorias se mantengan8.
Si desde ciertas perspectivas la emigración tiene consecuencias positivas para el continente de origen (remesas, intercambios culturales, transferencia de conocimientos), al menos desde el punto de vista educativo tiene el efecto de contrarrestar negativamente los avances alcanzados en muchos países africanos. Se calcula que África pierde una media anual de 20.000 personas cualificadas que vienen a cubrir necesidades de países desarrollados en la educación y la sanidad, principalmente9.
La nueva realidad africana ha involucrado a todos los actores de las relaciones exteriores españolas, que han adquirido conciencia creciente tanto de las oportunidades como de los retos sociales, económicos y de seguridad que plantea para España. Las empresas, en un proceso de rápida internacionalización desde los años noventa, han acudido a las ocasiones creadas por el crecimiento económico10. La sociedad civil (asociaciones, ONG, congregaciones religiosas, universidades) y las administraciones autonómicas y locales han incluido a África entre las prioridades de su cooperación internacional. El gobierno ha reforzado la acción exterior en la región, queriendo integrar los distintos aspectos de la política hacia África subsahariana mediante planes plurianuales que comprenden la totalidad de los países de la región y un conjunto de objetivos prioritarios. Como en el caso de Asia-Pacífico (también objeto de sucesivos planes de política exterior desde 2000), esta planificación integral se justificaría como un método necesario para reforzar las relaciones exteriores con regiones donde la presencia de España parte de niveles comparativamente muy bajos.
Un primer Plan África 2001-2003, presentado en 2000, partía de una «globalización de la política exterior española» y establecía una vinculación explícita entre intereses empresariales, de cooperación y migratorios. El Plan incluía entre sus seis grandes objetivos el de fomentar la presencia de la lengua y la cultura españolas11. El siguiente Plan África (2006-2008) surgía bajo los efectos de la crisis migratoria de 2005-2006 y su enorme repercusión social a través de los medios de comunicación12. Este plan ampliaba la presencia diplomática en la región, renovaba y multiplicaba los acuerdos migratorios y sobre todo aumentaba considerablemente la cobertura de la cooperación en el continente, en el contexto de un salto cuantitativo en la ayuda oficial al desarrollo de España13.
El Plan África 2006-2008 dedicaba a la cooperación cultural su objetivo 6) «Fortalecimiento de la cooperación cultural y científica y realización de proyectos culturales al servicio de los objetivos del desarrollo». Este objetivo se asentaba en dos principios estratégicos: la cooperación cultural y científica como factor de desarrollo social y económico; y un mejor conocimiento y aprecio mutuo como condiciones para un verdadero acercamiento a África. Al menos en su enunciado, por lo tanto, el objetivo cultural pasaba de la promoción de la lengua y la cultura españolas a convertirse en una cooperación de dos sentidos justificada por su contribución al desarrollo africano. Sin embargo, el segundo Plan África no renunciaba a la promoción lingüística: una de las líneas estratégicas en las que se concreta el objetivo 6) es la proyección de la lengua española en los países africanos «donde su implantación es muy limitada», con el fin de «mejorar la percepción mutua» y responder «a una demanda creciente por parte de las sociedades africanas». Se señalaban las perspectivas del español en la Unión Africana, donde se declaró oficial en 200314, se subrayaba el «objetivo común» de la promoción del español en África junto a Guinea Ecuatorial y se anunciaba la apertura de Aulas del Instituto Cervantes en la región, de donde estaba ausente15.
En la acción cultural y educativa, España parte de una presencia casi esquemática en África en comparación con los principales socios europeos, con dos únicos centros culturales de la AECID en Guinea Ecuatorial16. Además de la labor de embajadas y consulados, hay que contar con los lectores destinados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación en universidades subsaharianas17. Al margen de esto, la presencia educativa se reduce a una sección en la Embajada de España en Guinea Ecuatorial y dos colegios españoles en Malabo y Bata, resultado de la colaboración entre la comunidad salesiana, el Ministerio de Educación y la AECID. También en Bata y Malabo hay sendos centros de formación de la UNED, que tiene desde el año 2000 un convenio con la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial para el uso del centro de Malabo. La AECID ofrece becas a alumnos africanos para continuar sus estudios superiores en universidades españolas.
La evaluación de la ejecución del Plan África 2006-2008 por parte de observadores externos ha destacado logros como el aumento de la ayuda oficial al desarrollo, el reforzamiento del despliegue institucional mediante la apertura de embajadas y otras oficinas, la participación de contingentes españoles en misiones de paz o la creación de una Dirección General de África en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, que al escindirse del área del Mediterráneo y Oriente Próximo ha elevado el perfil de la región en la administración central del Estado18. Otros comentarios encuentran en el Plan insuficiencias como la «instrumentalización» o la «condicionalidad» de la ayuda, el «asociacionismo interesado» y la «incoherencia» de las políticas de cooperación al desarrollo así como la subordinación de estas a los intereses estratégicos de España. Con pocas excepciones, estas evaluaciones han prestado poca atención al objetivo 6) sobre cooperación cultural y conocimiento mutuo, dos elementos que podrían considerarse al menos útiles para una mejora de la eficacia de la ayuda19.
El Plan África 2009-2012 contiene un anexo de balance general del Plan África 2006-2008, como parte de los mecanismos de seguimiento y evaluación. En él se destaca el aumento del presupuesto destinado a acciones culturales desarrolladas por las embajadas de España20. Además de la relación de proyectos culturales y científicos realizados, se recoge la ampliación del número de lectorados y la creación de nuevas plazas de gestores culturales. En el capítulo «Cooperación lingüística y promoción del español», se señala el apoyo a la creación de un departamento de traductores e intérpretes de español en la Unión Africana y la facilitación del acceso al DELE, que hoy tiene 16 centros de examen en la región21, además del inicio de las actividades de las Aulas Cervantes de Malabo y Bata. Un apartado completo está dedicado a Casa África en Las Palmas de Gran Canaria (2007), un paso determinante en el objetivo de acercar África a España y facilitar los contactos de las respectivas sociedades africanas.
En el nuevo plan, los objetivos culturales han quedado subsumidos en el objetivo 6, «Consolidación de la presencia política e institucional española en África. Casa África y otras formas de diplomacia». Se introduce el concepto de «diplomacia pública», dando un especial protagonismo a Casa África como su principal instrumento, con dos perspectivas complementarias: fomentar el acercamiento de África a la opinión pública española y el acercamiento a las instituciones y sociedades africanas «para conocer sus intereses y prioridades hacia España y la UE». En el capítulo «Fomento de la lengua española» se ajustan algunos objetivos que siguen vigentes o que no fueron alcanzados en el periodo del plan anterior22.