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El español en el mundo

La frontera estéril: la literatura en español en Gibraltar

José Juan Yborra Aznar

1. La lengua como código cultural en Gibraltar: estado de la cuestión

Las líneas de frontera son líneas que atraviesan y cortan un cuerpo, lo marcan como cicatrices o como arrugas, separan a alguien no sólo de sus vecinos sino también de sí mismo.

Claudio Magris

El poeta y guerrero sioux Alce Negro ya expresó que cualquier lugar puede ser el centro del mundo. Tras esta esencial antítesis se plantea un determinante claro: el conflicto entre localismo y universalidad, polos extremos de una oposición que atraviesa la propia urdimbre del hecho cultural. Cuando el primero de ellos se circunscribe a un reducido territorio definido por la única frontera que como tal se constituye en la actualidad en el occidente europeo, se ha de tener en cuenta que este carácter liminar puede resultar determinante para la producción literaria de un espacio tan peculiar.

La actual colonia británica de Gibraltar se configura como el paradigma de un ámbito fronterizo desde la intemporalidad legendaria en que se instituyó como columna hercúlea separadora del familiar Mare Nostrum y el desconocido y mítico Atlántico por un lado y entre la vieja Europa y África por otro. Incluso dentro de la península Ibérica se instituyó en gozne entre la Andalucía occidental cristiana y el reino nazarí de Granada durante un tiempo suficiente para que la toponimia local jalonase los campos sureños con el apelativo de «la Frontera».1La llegada a la Roca de una escuadra anglo-holandesa y la cesión de la plaza realizada por España a Gran Bretaña en 1713 mediante el Tratado de Utrecht no hace sino establecer una nueva y más determinante linde que se mantiene hasta nuestros días.

Lejos de nuestros objetivos está realizar una aproximación a la compleja evolución histórica y política en Gibraltar en estos trescientos años,2 aunque no podamos obviar el entramado social y lingüístico sobre el que se fundamentan las manifestaciones culturales y literarias en la ciudad. No son escasas las aproximaciones a la cuestión desde perspectivas diferentes cuando no interesadas, puesto que nos movemos en ámbitos que por encima de subjetividades afectan a elementos de política internacional; se salen de esta tónica las de autores españoles como Francisco Oda o José Uxó o las del historiador gibraltareño Tito Benady.3

Si hay un rasgo que defina a primera vista a la sociedad gibraltareña durante estos últimos trescientos años, este ha sido el del mestizaje. Junto a un poder colonial angloparlante se han sucedido asentamientos desde varias zonas del Mediterráneo como Malta o Génova, del norte de Marruecos, sin olvidar una importante comunidad judía de habla hispana o la nada despreciable población de origen peninsular. Toda esta amalgama de población lleva consigo el hecho de determinar la lengua que se establece como vehículo de comunicación. Una situación social tan compleja como la de la Roca ha motivado por tanto unos usos de habla donde se van a alternar —cuando no mezclar— códigos formando un complejo entramado en la expresión oral. He aquí una de las cuestiones que más interés ha despertado entre lingüistas e investigadores debido al bilingüismo, al contacto de lenguas existente y al complejo entramado social. Este es el caso de Benítez Burraco,4 Fierro Cubiella,5 García Martín,6 Howes,7 Kramer 8 o Lipski.9 A un nivel de mayor concreción, son numerosos los estudios que se centran en las peculiaridades del léxico en Gibraltar, los cuales han llegado a materializarse en un diccionario10 y en trabajos sobre toponimia gibraltareña,11 sobre la influencia del habla de la Roca en la comarca del Campo de Gibraltar,12 o sobre la creación literaria en el lado español de la Verja,13 terreno éste bastante fértil aunque tangencial en el presente estudio.

En el verano de 1704 se produce en Gibraltar una de las migraciones forzadas más conocidas de la historia moderna de España. Conocida y trascendental, ya que tras la toma de la plaza de Gibraltar por la escuadra anglo-holandesa no sólo se produce el despoblamiento de la ciudad, sino que sus habitantes fundan dos nuevos núcleos urbanos —San Roque y Los Barrios— y determinan el renacimiento de Algeciras. Muy pocos son los originarios de Gibraltar que permanecen en la Roca, y la población española se reduce a los caballeros que acompañaron al príncipe de Hesse que intervinieron en este episodio enmarcado en la guerra de Sucesión española.14 Durante los primeros años de ocupación británica y sobre todo tras la firma del Tratado de Utrecht el núcleo de la población gibraltareña está integrada por los componentes sajones que conforman la guarnición militar; el español es muy reducido, como es el caso de algunos miembros de la guardia fronteriza y los pocos ciudadanos que no abandonaron sus propiedades tras el éxodo de 1704. Tras un primer estadio donde se mantiene la situación inicial, en la década de los veinte la guarnición británica comienza los trabajos de fortificación de la ciudad ante la posibilidad de ataques de las fuerzas españolas. Esto hace que, de los 400 hispanos que habitaban en la Roca de un total de 1.113 vecinos en 1725, muchos abandonaran la ciudad y vendieran sus propiedades antes del asedio que tendría lugar dos años después,15 el cual supuso el primer cierre de la comunicación en una frontera recién creada. Tras el cese de las hostilidades se reanuda el asentamiento de habitantes andaluces, aunque el grueso de nuevos ciudadanos vendrá de otras zonas del Mediterráneo, como Génova, Malta, Menorca o Marruecos, de donde acude un importante grupo de judíos. Cincuenta años después la población total asciende a 3.201 habitantes, de los cuales 1.540 eran foráneos y de ellos sólo 134 españoles. El conocido como Gran Sitio (1779-1783) provocó importantes consecuencias entre las que la mayor no fue la casi desaparición de la colonia hispana, sino la práctica destrucción de la ciudad y la creación de una primera conciencia gibraltareña surgida ante el vecino y enemigo del norte. Sin embargo, durante estos años de confinamiento en los descampados del sur de la Roca, no se pierde la lengua española, que se convierte en vehículo de comunicación de la sociedad local frente al uso del inglés por parte de la oficialidad militar británica. Es más, el español se convertirá en el factor aglutinador de una sociedad local tan mestiza como aquella. Como bien señala Tito Benady: «Durante todo este tiempo el castellano continuó siendo la lengua franca de españoles, genoveses y judíos y como no había enseñanza inglesa, en general continuó siendo el idioma del pueblo, aunque se hablase con cadencia italiana y utilizando muchas palabras inglesas e italianas».16

La finalización del Gran Sitio coincide con un cambio importante en las relaciones entre España y el Reino Unido, que de ser enemigos se convierten en aliados tras la Revolución francesa y, sobre todo, en la guerra de la Independencia española, en la que Gibraltar se convertirá en refugio de buen número de burgueses gaditanos que huían del asedio galo de la ciudad, lo que tendrá importantes consecuencias no sólo en el aumento del número de españoles en la Roca —pertenecientes ahora a un grupo de indiscutible influencia económica—, sino en la aparición de medios de expresión en nuestra lengua, como sucederá con la aparición de El Cronista de Gibraltar—versión en español del periódico decano en la Roca, el Gibraltar Chronicle—. La presencia de la población peninsular aumenta a partir de 1810, cuando se produce la destrucción de las fortificaciones del istmo y la frontera se convierte en más permeable. Así pues, en el censo de 1816 de los 11.401 habitantes del Peñón, 7.266 eran extranjeros y de ellos 3.152 poseían la nacionalidad hispana.

Frente a las continuas hostilidades que caracterizaron al siglo xviii, el xix se define por una estabilización del estatus que permitirá la comunicación a través de la frontera y el asentamiento de un importante grupo de españoles en la población del Peñón, que oscilará entre el 14 y el 28 %. Durante esta centuria la frontera se convertirámás veces en paso que barrera, las relaciones serán más fluidas17 y Gibraltar se configura no sólo como la ciudad con más pujanza económica de la bahía de Algeciras, sino como refugio ocasional de españoles en épocas de turbulencias políticas. Si el número de hispanohablantes es importante en estos tiempos, no lo es menos el hecho de que los ciudadanos varones de la Roca contraigan matrimonio con mujeres de este lado de la Verja, con lo que se perfila una premisa clásica en sociolingüística: la configuración del español como lengua materna en esta época. Así lo atestigua F. A. Hayek a mediados del siglo pasado:

Una proporción muy alta de los hombres gibraltareños se casan con españolas [...] y esta tendencia a casamientos mixtos con españoles es importante en varios aspectos y explica por qué la población de Gibraltar, que desciende de ingleses e italianos (como comúnmente se afirma y frecuentemente se verifica por los nombres de familia) su carácter es predominantemente español. Las madres españolas, que generalmente no hablan inglés, deciden el idioma que se habla dentro de la familia y es probable que la mayoría de los niños solamente hablen español hasta que ingresan en el colegio, y sigue siendo el idioma que hablan fuera de la escuela [sic].18

Una prueba de la confirmación del español como código de comunicación empleado por la población local son los intentos que a lo largo del siglo xix se realizan para publicar en Gibraltar prensa en nuestra lengua, intentos que infructuosamente quiere frustrar el poder colonial británico. Tras el caso excepcional de la edición en la Roca de un diario en español en los tiempos del asedio de Cádiz, en 1841 Agustín Parral funda una imprenta en el Peñón con la finalidad de editar un periódico en castellano. El gobernador de Gibraltar niega todo permiso hasta que en 1868 —el año de la revolución septembrina— se otorga licencia para publicar El Calpense, que se mantendrá prácticamente cien años en la calle, hasta que tuvo lugar el cierre de la Verja. En ese mismo año ve la luz el Boletín del Vicariato Apostólico de Gibraltar y a lo largo de la centuria salen otras cabeceras como el Gibraltar Guardian,19El Mono, Mons Calpe, El Anunciador, El Mico, La Flora Calpense, Vox Populi, Altruismo o El Cepillo.20 La tirada de la prensa escrita en español y la escrita en inglés —vertebrada ésta alrededor del Gibraltar Chronicle— manifiesta una mayoría de lectores de publicaciones en castellano; así, tomando como referencia el año de 1878, frente a los cuatrocientos ejemplares diarios del Gibraltar Chronicle, salían a la calle quinientos de El Calpense, cuatrocientos del Gibraltar Guardian y trescientos semanales de El Mono.

Esta situación no cambia en el primer tercio del siglo xx, cuando la sociedad civil gibraltareña posee unos usos claramente decantados hacia el español.21 El repaso a las publicaciones periódicas confirma igualmente el hecho. Hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial son tres los periódicos gibraltareños: el publicado en inglés —Gibraltar Chronicle— editaba mil doscientos ejemplares; los publicados en español —El Calpense y El Anunciador— doblaban su tirada hasta mil doscientos cincuenta y mil cien respectivamente.22

A partir de 1939 se observan importantes cambios sociolingüísticos en Gibraltar. El estallido de la Segunda Guerra Mundial lleva implícitos dos fenómenos a tener en cuenta: en primer lugar, el descenso del número de trabajadores españoles que acudían a las obras del Arsenal y sobre todo la evacuación forzosa de casi dieciséis mil gibraltareños —gran parte de la población civil de la Roca— a Gran Bretaña, Irlanda del Norte y otros puntos como el norte de África, Madeira o incluso Jamaica. El abandono de la ciudad por parte de la mayoría de los españoles que allí se refugiaron durante nuestra guerra civil fue otro de los motivos que explican el descenso de la población hispanohablante en el Peñón en el primer lustro de los años cuarenta. La situación parece que vuelve a estadios anteriores con el regreso de los evacuados al fin de la contienda. De hecho surgen nuevas publicaciones como Luz, Gracias, Deportes, Vox o El Calpense Extra, pero las circunstancias políticas provocarán importantes cambios a partir de la mitad del siglo. Coincidiendo con la visita a la colonia de la soberana británica, en 1954 se inician por parte del gobierno de Franco una serie de medidas con el fin de retomar la soberanía española sobre Gibraltar. Estas se incardinan en un proceso de endurecimiento de relaciones que van impermeabilizando la frontera, suprimiendo primero el tráfico comercial y reduciendo a continuación el número de permisos a los trabajadores españoles. Tras la celebración de un referéndum en el Peñón el 10 de septiembre de 1967 cuya consecuencia directa será la promulgación de la Constitución de la Roca en 1969, el gobierno español decide cerrar entonces totalmente la frontera durante un período que se prolongará hasta 1982. Durante estos trece años se asienta en ambos lados de la Verja un sentimiento de incomunicación que en el lado gibraltareño se articula en el afianzamiento de un nacionalismo local y de rechazo hacia lo hispano. En la actualidad, veintidós años después de que la frontera vuelve a estar expedita, las susceptibilidades continúan a ambos lados y la consecuencia directa sobre el asunto que nos ocupa es que al sur de la Verja el uso del castellano se ha visto reducido considerablemente perdiendo actualización frente al inglés. Aunque sigue siendo el código usual de gran número de los treinta mil habitantes de la Roca, éstos utilizan la lengua sajona como seña de identidad pasándose de una situación próxima al bilingüismo a otra que tiene mucho de diglosia.

  • (1) Sobre estas cuestiones generales, véase el trabajo de Purificación Golpe y J. Juan Yborra, «Aproximación a las peculiaridades léxicas del Campo de Gibraltar», Actas de las I Jornadas de señas de identidad del Campo de Gibraltar, Junta de Andalucía, Consejería de Educación y Ciencia, 1998, pp. 48-59.Volver
  • (2) Véanse las monografías ya clásicas desde la perspectiva hispana de Ignacio López de Ayala, Historia de Gibraltar, Antonio de Sancha, Madrid, 1782; Francisco M.ª Montero, Historia de Gibraltar y de su Campo, Imprenta de la Revista Médica, Cádiz, 1860; o la de Antonio Torremocha (ed.) y Alonso Hernández del Portillo, Historia de Gibraltar, UNED Campo de Gibraltar, Algeciras, 1994. volver
  • (3) Francisco Oda-Ángel, en Gibraltar: La herencia oblicua. Aproximación sociológica al contencioso, Servicio de Publicaciones de la Diputación, Cádiz, 1998, realiza un interesante trabajo de campo donde se analizan distintas percepciones sociales de gibraltareños y linenses, desde primeras autoridades a periodistas o representantes sociales. El estudio de José Uxó posee una lectura más institucional y se incluye en un libro conjunto: VV. AA., Estudios sobre Gibraltar, Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior, Madrid, 1996. Tito Benady, incansable historiador gibraltareño, ha realizado numerosos trabajos sobre la realidad social de la Roca en una serie que posee uno de sus hitos con «Los gibraltareños», Historia 16, n.º 187 (noviembre de 1991), pp. 73-86 y continúa con otros citados posteriormente. volver
  • (4) Cf. R. Benítez Burraco, «El habla de Gibraltar: Notas para un estudio léxico-semántico», Almoraima. Revista de Estudios Campogibraltareños, n.º 18 (octubre de 1997), pp. 79-89. volver
  • (5) Cf. E. Fierro Cubiella, Gibraltar (aproximación a un estudio sociolingüístico y cultural de la Roca), Servicio de Publicaciones de la Universidad, Cádiz, 1997. volver
  • (6) Cf. J. M. García Martín, Materiales para el estudio del español en Gibraltar, Servicio de Publicaciones de la Universidad, Cádiz, 1996. volver
  • (7) Cf. H. W. Howes, The Gibraltarian: the origin and development of the population of Gibraltar from 1704, Gibraltar Books, Gibraltar, 1982. volver
  • (8) Cf. J. Kramer, English and Spanish in Gibraltar, Buschke, Hamburgo, 1986. volver
  • (9) Cf. J. M. Lipski, «Sobre el bilingüismo anglo-hispánico en Gibraltar», Neuphilologische Mitteilungen, vol. LXXXVII, 3, pp. 414-427. volver
  • (10) Cf. M. Cavilla, Diccionario yanito, Medsun Publishing, Gibraltar, 1978. volver
  • (11) Cf. G. Cuesta Estévez, «Toponimia bilingüe de Gibraltar: Acercamiento a un problema histórico y sociolingüístico», Almoraima. Revista de Estudios Campogibraltareños, n.º 25 (abril de 2001),pp. 437-447. volver
  • (12) Cf. P. Golpe y J. J. Yborra, op. cit., pp. 48-59 y D. Gómez Fernández, Constantes en las adaptaciones fonético-fonológicas inglés-español y andaluz a partir de las inferencias léxicas inglesas en el Campo de Gibraltar, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1977. volver
  • (13) Cf. M. J. García Rivas, «Gibraltar y la frontera: Influencia en los relatos breves», Almoraima. Revista de Estudios Campogibraltareños, n.º 30 (octubre de 2003), pp. 59-67 y P. Golpe, «Aportaciones a las peculiaridades léxicas comarcales en la narrativa actual del Campo de Gibraltar», Almoraima. Revista de Estudios Campogibraltareños,n.º 22 (octubre de 1999), pp. 205-209. volver
  • (14) Cf. T. Benady, «Españoles en Gibraltar en el siglo después de Utrecht», Almoraima. Revista de Estudios Campogibraltareños, n.º 17 (abril de 1997), pp. 183-190. volver
  • (15) Ibid., p. 184. volver
  • (16) Cf. T. Benady, «Los gibraltareños», op. cit., p. 76. volver
  • (17) En este sentido se puede contemplar un dato significativo: en 1849 se crea en Algeciras un Instituto de Segunda Enseñanza adonde acudirán estudiantes gibraltareños a cursar sus estudios hasta su clausura cinco años después. Véase el artículo de J. Juan Yborra, «La Enseñanza Media Pública en la Algeciras decimonónica: Génesis y decadencia de su Instituto Local (1849-1854)», Almoraima. Revista de Estudios Campogibraltareños, n.º 9 (mayo de 1993), pp. 97-111. volver
  • (18) Se trata de un informe emitido en octubre de 1944 recogido por T. Benady, «Los españoles en Gibraltar en los siglos xix y xx», Almoraima. Revista de Estudios Campogibraltareños, n.º 21 (abril de 1999), pp. 329-338. volver
  • (19) A pesar del título es un periódico en español. Se publica de 1872 a 1889. volver
  • (20) Sobre la prensa en Gibraltar en el siglo xix, véase el artículo de T. J. Finlayson, «The Cervantes 2005 01 31/1/06 21:23 Página 60. volver
  • (21) T. Benady, en su artículo citado «Los gibraltareños», señala que: «El sistema educativo continuaba siendo inglés pero muchos gibraltareños leían la prensa española y fueron influenciados por las ideas que llegaban a través de la frontera» (p. 83). volver
  • (22) Sobre la prensa gibraltareña en el siglo pasado, véase el art. de T. J. Finlayson, «Newspapers Published in Gibraltar 1900-1972», Gibraltar Heritage Journal, n.º 5 (1998), pp. 103-113. volver
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