Centro Virtual Cervantes
Lengua
El español en el mundo > Anuario 2005 > B. Melià. La libertad...
El español en el mundo

Ese famoso (y dichoso) bilingüismo paraguayo

Bartolomeu Melià

7. La libertad de hablar y el gusto de hablar bien

Juan Jacobo Rousseau, que desconfiaba sinceramente del Estado, en el capítulo XX de su Ensayo sobre el origen de las lenguas (publicación póstuma de 1781, pero escrito varias décadas antes), advertía: «Y como no se tiene nada más que decir al pueblo sino dennos dinero, lo decimos con carteles en las esquinas o con soldados dentro de las casas. No se debe reunir a nadie para eso; por el contrario es necesario mantener a las personas separadas; es la primera máxima de la política moderna [...]. Una lengua en la cual no podemos ser entendidos por el pueblo reunido es una lengua servil. Es imposible que un pueblo, que hable esa lengua, se mantenga libre». Hay lenguas promovidas por el Estado que son instrumentos de dominio y de servilismo. El castellano en América a veces ha tenido esa triste función. La democracia pasa necesariamente por una democracia lingüística.

En un nuevo siglo que se anuncia como el siglo de la lucha por los lenguajes, el dominio de las personas desde la lengua, por la lengua y para la lengua es el gran desafío y también el gran peligro.

Para el pueblo paraguayo la lengua guaraní ha sido el lugar de su libertad frente al Estado, y muy especialmente frente al tipo de Estado liberal vigente a lo largo del siglo. El Estado pretendió darle una lengua al paraguayo: el castellano. Lo hizo tan mal que lo dejó sin lengua. Para poder hablar, los paraguayos de hecho han tenido que prescindir alegremente de las enseñanzas impartidas a través de los programas estatales. No es precisamente el Estado el que ha suministrado los recursos más adecuados conforme a las necesidades lingüísticas de los hablantes, ni en guaraní ni en castellano.

El guaraní debe ser devuelto definitivamente al pueblo. Y esto quiere decir a su tradición y a su historia. No es sensato inventar un nuevo guaraní, ni estamos en condiciones para ello. Quienes de una u otra manera han confundido la ecología donde se produce la comunicación con campos experimentales de términos técnicos y supuestamente científicos, han contribuido muy señaladamente a ese estado en que se encuentra la lengua guaraní escolar.

El problema no está en si hay que hablar un guaraní puro o mezclado; el problema del guaraní no está en que sea hablado en forma de yopará —nombre de esa comida paraguaya, mezcla por lo demás muy rica, de arroz y porotos— o en forma literaria y culta, sino en que sea hablado. Lo que está en juego no es sólo el guaraní del futuro, sino el de hoy.

Este guaraní de hoy es también la base para construir el castellano, porque lo que está en juego no es hablar con unas palabras o con otras, sino comunicarnos y ser creativos. Que los ciudadanos, que tienen el derecho y el deber de hablar las dos lenguas oficiales del país, puedan optar entre ellas con toda libertad, según sus necesidades, según sus conveniencias, pero sobre todo por puro gusto —o mejor, por buen gusto—, es lo que el Estado, como servidor del bien público, está obligado a ofrecer. Y que no se pueda dudar de sus buenas intenciones y de su capacidad.

Las lenguas siguen siendo del pueblo, de la casa, de la calle y de la plaza, pero no se puede descuidar la fase de concepción, de educación y creación. Hay tareas de normatividad, de normalización, de difusión, de propaganda y de literatura que son necesarias, de esta política lingüística nos sentimos huérfanos, tanto en guaraní como en castellano.

«El caso del Paraguay es de importancia ejemplar para la planificación lingüística, porque la mayoría de las lenguas indígenas se ve confrontada con el mismo problema de mayor o menor grado», dice en un artículo reciente Klaus Zimmermann (2002).

Cuando no se hable guaraní, cuando haya huecos y vacíos, como los comienza a haber en el mapa del Paraguay, en los que ya no se habla guaraní, la política lingüística se encontrará ante una selva deforestada, un campo de soledad y triste panorama, cuya recuperación costará al fin vanos esfuerzos. El castellano estará al mismo tiempo en peores condiciones para afirmarse. Ya lo estamos experimentando. Hay un tipo de globalización que sólo difunde la «no lengua», pobre y esmirriada, de los aeropuertos de paso y de las calles sin rostro.

Un pueblo sin lengua difícilmente aprende bien otra lengua. El futuro del castellano en el Paraguay está en el guaraní. Por esto no se puede pensar que de la muerte de una lengua nazca otra sin más, ya que la nueva puede llegar con los virus de muerte resucitados.

flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es