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El español en el mundo

Ese famoso (y dichoso) bilingüismo paraguayo

Bartolomeu Melià

5. La declaración de bilingüismo

Algunos atribuyen el mantenimiento del guaraní a la ruralidad en que se mantuvo tradicionalmente la sociedad paraguaya. Si bien en los ambientes urbanos fue surgiendo una historia y literatura, con aceptables exponentes de las letras castellanas —Augusto Roa Bastos, premio Cervantes en 1991—, el monolingüismo guaraní siguió predominando, y los monolingües castellanohablantes eran raros. Nuevamente en la gloriosa y desgraciada guerra del Chaco, el guaraní cumplió su función identitaria nacional y de comunicación general, con los mismos efectos sociolingüísticos ya notados en la guerra de 1870: por razones de seguridad el guaraní era lengua de comunicación generalizada y en el campo de batalla era de uso común. Una orden general declaraba: «Las conversaciones y las claves secretas se harán exclusivamente en guaraní». La paraguayidad se construía sobre el prestigio del guaraní. Es sintomático ese movimiento pendular del guaraní entre la guerra y la paz, que marcan hitos en la historia lingüística del país.

Terminada la guerra, tornan las andanadas contra la lengua:

El Paraguay tiene un grande enemigo de su progreso en el idioma guaraní [...]. Como idioma de la barbarie, entorpece la lengua [...] articulación salvaje, que no tiene literatura (El País, 3 de marzo de 1939).

En tiempos de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) la lengua guaraní merece una señalada consideración, si bien de carácter diglósico, en la Constitución de 1967, art. 5: «Los idiomas nacionales de la República son el guaraní y el español. Será de uso oficial el español».

Hay que admitir que esta formulación reflejaba y refleja la situación real de las dos lenguas en el país, que la última Constitución de 1992 ha querido sustituir por otra lingüística y políticamente más correcta: «El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe. Son idiomas oficiales el castellano y el guaraní» (art. 140). Pero las situaciones y estados de lengua no se imponen por decreto, y el guaraní no ha entrado propiamente en el uso oficial.

¿Se puede decir que el curso de la lengua guaraní en el Paraguay está en la actualidad librado a su suerte? ¿Hay avances significativos en la castellanización del Paraguay? Ambas preguntas pueden ser respondidas afirmativamente, pero no simplemente.

Los primeros resultados del último Censo de 2002, publicados en agosto de 2003, así como otros datos de carácter lingüístico registrados en el mismo Censo, permiten tener hoy una visión más detallada de las lenguas habladas en el Paraguay y los grados de sus bilingüismos. En realidad el Paraguay es un país pluricultural y plurilingüe, si bien el bilingüismo guaraní-castellano es muy relevante y característico del Paraguay, siendo un rasgo de su identidad, que hay que entender correctamente, incluso cuando se trata de diseñar y planificar políticas que no sean discriminatorias y excluyentes.

La forma de analizar y diagnosticar el estado de las lenguas en el Paraguay sería el primer paso firme para su remedio y fortalecimiento.

1. Las enseñanzas de los números

La distribución lingüística de los hablantes en el Paraguay, a partir de datos provenientes del Censo de Población y Vivienda de 2002, de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, la presenta Carlos Carrera (2004, p. 44) como se recoge en la tabla 3.

De estas cifras resulta, respecto al bilingüismo guaraní-castellano, la tabla 4.

Esta tipología lingüística configura al mismo tiempo una tipología cultural, que a su vez se traduce en otros aspectos de la vida: actividad económica, pobreza, hábitat y vivienda, migración, educación, salud y supervivencia, creencias religiosas, situación de la mujer y desarrollo humano en general, como si la lengua fuera expresión y reflejo de toda la vida y el modo de ser del Paraguay.

Si nos situamos en la perspectiva del idioma del hogar según área urbana y rural, y reducimos la alternativa a sólo dos idiomas principales y predominantes, teniendo en cuenta que la predominancia de un idioma no excluye el otro, las proporciones se presentan un tanto diferentes, pero dentro de parámetros similares (Paraguay, DGEEC, 2003, pp. 30-31) (véase la tabla 5).

Hay que recordar que el país se ha tornado más urbano en el último decenio, hecho que sin duda afecta al desarrollo de las lenguas.

Dejamos de lado lo que sucede en los veinte pueblos indígenas, donde el uso de la propia lengua es en general bastante elevado, pero también con alarmantes casos de abandono de la propia lengua para pasarse sobre todo al guaraní. No deja de haber, sin embargo, interesantes casos de bilingüismo con el castellano (véase Melià, 2004, pp. 77-88).

El Paraguay a lo largo del siglo xx ha recibido una inmigración de procedencias diversas que ha tenido problemas para aclimatarse en el mundo mental guaraní. Esos inmigrantes en parte se establecieron en los centros urbanos, pero ciertas comunidades étnico-culturales se afincaron en el campo, donde constituyen enclaves definidos y a veces bastante cerrados. La penetración brasileña, a manera de frontera móvil, es el fenómeno más llamativo de las últimas décadas, cuyo alcance económico y cultural apenas se conoce y cuyo desarrollo presagia tensiones y conflictos.

El cuadro lingüístico del Paraguay se está transformando. Hay una creciente fuga de la gente del campo hacia las ciudades, cuyo centro urbano se desenvuelve en castellano. Si bien es cierto que los guaranihablantes se han extendido hacia las ciudades y han ganado nuevos espacios.

Por influencia de sus dueños y selección de su público los medios de comunicación —diarios, revistas y televisión—, que siempre estuvieron castellanizados, mantienen y agrandan la misma tendencia. Sólo las radios que atienden prioritariamente a la población rural siguen usando habitualmente el guaraní. El bilingüismo, mal entendido, lleva a la sustitución de la lengua guaraní, en una ida sin retorno. El puente entre las dos lenguas queda roto.

Aun con el grado de mera aproximación que estas cifras puedan tener, ofrecen un panorama ilustrativo de la realidad lingüística de la sociedad nacional paraguaya.

Los elevados índices de monolingüismo guaraní en las áreas rurales, que también se da en algunas ciudades del interior del país y en determinados barrios de la capital, hace tiempo tendrían que haber sido considerados en cualquier planificación relacionada con la comunicación, como son la educación, los mismos medios de comunicación, la transmisión de conocimientos y tantos otros.

2. ¿Condenados al bilingüismo?

Se comprende que en el mundo actual, al margen incluso de los apremios acuciantes de la globalización, se sienta la necesidad de abrirse a otra lengua de comunicación más extensa. La castellanización está en el horizonte de la población en general, y en especial la rural. Sin embargo, la confusión de perspectivas entre lo que es y lo que se desea que sea dificulta tanto la construcción de un proyecto como el avance en los dominios y competencias lingüísticas sin los cuales no hay ni cultura ni identidad. La opción ineludible parece ser el bilingüismo. Pero ¿cómo entenderlo?

Una política lingüística no debe encarar sólo el bilingüismo, aunque éste sea una tarea importante y en este caso primordial.

La heterogeneidad del mapa lingüístico del Paraguay en su conformación actual da lugar a perplejidades e indecisiones de todo orden. Las diversas lenguas que se hablan en el país, aunque en sí son sistemas de expresión totales y cada una vehicula culturas importantes, y todas ellas tienen derecho a ser respetadas y promovidas, se encuentran en diversas situaciones socio-políticas poco equitativas que menoscaban sus derechos y su vida.

Desde el punto de vista socio-histórico se pueden distinguir dos tipos de lenguas, que no se agrupan en este caso por su estructura y filiación lingüística —por lo que son como lenguas—, sino por razón de origen y por su relación con el conjunto socio-cultural en que están insertas. En otras palabras, están las lenguas que en el Paraguay tienen su autonomía propia, casi única, como son las indígenas, y están las lenguas de inmigración, como el castellano, el portugués brasileño, el alemán, el japonés o el coreano y, en cierta medida, el inglés, que se rigen normativamente por un patrón de lengua que no es el que hayan podido desarrollar en el Paraguay, sino en aquel centro de donde los inmigrantes proceden. Así pues, no es desde el Paraguay que se desarrollarán ni se discutirán aspectos de ortografía o normas gramaticales, ni pautas de estilo. A lo más estilos personales de sus eventuales escritores. Estas lenguas están en el Paraguay pero no son del Paraguay. Sin embargo, cada una de ellas reclama para sí un cierto papel de dominio y de influencia, según el peso de su historia y el poder que se le atribuye.

Esas lenguas al Paraguay extrañas forman todavía parte de conjuntos culturales y económicos que mantienen fuertes lazos con los centros exteriores de origen, los cuales de una manera u otra ya han asimilado la globalización o la mundialización. Es un dato que hay que tener en cuenta cuando se habla del bilingüismo en el Paraguay, pues ahí radica un factor esencial y permanente del tipo de diglosia imperante entre esas lenguas y el guaraní. El bilingüismo japonéscastellano, o alemán-castellano, el bilingüismo brasileño-castellano, cuando se da, tiene sus propias características, poco semejantes al bilingüismo en el que interviene una lengua indígena americana. Y esto hay que tenerlo en cuenta muy seriamente. La cuestión del paso del guaraní a la modernidad, que es uno de los problemas más acuciantes, se presenta muy de otra forma en el bilingüismo entre el castellano y cualesquiera de las otras lenguas de migración, pues cada una de ellas ya realizó su proceso de actualización y de modernización de su terminología técnica y científica en el país de origen.

El Paraguay, un país «lingüístico» por excelencia, objeto de consideración y de repetidos estudios desde el exterior, podemos decir que ha carecido en su interior de un grupo de lingüistas significativo, aunque haya nombres relevantes en el campo gramatical y lexicográfico.

En este punto hay que recordar que la lengua pertenece a dos instancias en perpetua tensión: es sistema y es acto; es tradición y novedad; es pasado y futuro. La perspectiva del deber ser y de lo que se desea que sea se confunde con frecuencia con lo que es. La lengua es del pueblo, pero puede ser y es orientada por agentes especializados. Es popular y es clásica a la vez. Es lo normal y lo original. Quien se hace emperador de la lengua, como dice Günter Grass, se torna fácilmente su empeorador.

Ya hemos mencionado la tarea de ahondar en la noción de lengua nacional, ver si ella es aceptada y, si es rechazada, por qué. Hay grandes sectores de la sociedad paraguaya, cuya lengua era el guaraní, que la abandonaron o la están abandonando. El sector de los castellanohablantes no quiere ni está en condiciones de guaranizarse; le falta voluntad y se le ha privado de los espacios y áreas de posible mantenimiento del guaraní. Culturalmente, más que nunca, se están formando dos Paraguays, situación anunciada en el uso exclusivo de una sola lengua e impermeabilidad hacia la otra.

Pero la distancia más significativa entre ambos tipos de lenguas por su razón de origen, y que afecta también a los modos del bilingüismo que de ellas resultarán, está en la cultura que expresan. Tal vez lo más relevante es que las lenguas inmigradas en el Paraguay provienen de culturas decididamente mercantilistas, en las cuales el precio de las cosas responde a la venganza, dentro de un sistema de desequilibrio en el tener cosas y en la comunicación despareja de bienes y palabras, mientras que las lenguas indígenas se adscriben a culturas económicas dominadas por el don, aunque conocen también la venganza. No son lo mismo a fin de cuentas los bilingüismos establecidos entre dos lenguas de sociedades mercantiles y los bilingüismos en los cuales una de ellas se rige todavía de manera significativa por la economía de la reciprocidad y del don.

3. ¿Bilingüismo o lengua propia?

Las dudas y perplejidades en el hacer políticas lingüísticas, incluso el marasmo en el que se encuentran, así como la dificultad de extender esas políticas a toda la nación, pueden tener sus causas en una limitada concepción teórica del asunto.

La manera de presentar el bilingüismo del Paraguay, como derivación de un hecho histórico primordial de la vida colonial —lo mestizo—, es una lectura sesgada de la realidad. El bilingüismo no es lo propio y específico del Paraguay. Tomarlo como tal redunda al final en confusas conductas y sentimientos de desasosiego y desconcierto. No se puede confundir lo que fue —raíz y tradición— con lo que se quiere ser —proyecto actual de futuro—. Lo que define la identidad de la paraguaya y del paraguayo, ¿es el bilingüismo o es el guaraní? Este planteamiento está lejos de ser entendido, de ser aceptado y asumido. Ahora bien, se puede ser bilingüe y tener como propia una sola lengua. De hecho la mayoría de los bilingües en el mundo aprendieron una segunda lengua, sin abandonar la propia.

De hecho hay políticas que proponen un bilingüismo de transición mediante el cual se encamina al hablante a sustituir su propia lengua por otra, en un movimiento orientado hacia el monolingüismo. En este proceso estarían amplios sectores de la sociedad paraguaya actual.

Dos aspectos del bilingüismo han retenido sobre todo la atención y han suscitado acaloradas polémicas, de las cuales el Estado no puede estar ajeno, aunque no son de su sola incumbencia.

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