Centro Virtual Cervantes
Lengua
El español en el mundo > Anuario 2005 > F. Marcos-Marín. Algunas líneas...
El español en el mundo

Pluralidad del español en los Estados Unidos de América

Francisco Marcos Marín

13. Algunas líneas concluyentes

Las culturas se mueven entre la fosilización del monolingüismo y la incomunicabilidad y la necesidad de yuxtaponerse para reafirmar aquello que les es específico y que, al mismo tiempo, debe ser comunicable. La existencia de una lengua única para la transmisión de los conocimientos conduce al estancamiento cultural, porque impide las operaciones de la comunicabilidad: pasaje, traslado o traducción. El monolingüismo lleva a la insuficiencia cultural, por malentendido, no de la lengua, sino de la cultura.

De la historia se puede esperar una noticia de los intentos por superar los conflictos y por llegar a encuentros. Interesa, independientemente de su éxito o su fracaso, si se procuró que las cosas fueran de otra manera. A la política hay que pedirle una mayor apuesta empírica, una conciencia de los riesgos del conservadurismo monolingüe, mientras que de la cultura, como lingüistas, basta con decir que se debe definir como comunicación de culturas, en la pluralidad.

Los Estados Unidos se crearon sobre la base de los derechos del hombre, es cierto, y el principio de que todos los hombres son iguales y todos tienen derecho a la felicidad funciona en este país diariamente. El sueño americano, la creencia de que en ningún lugar del mundo tiene un ser humano tantas posibilidades de alcanzar sus metas como aquí, funciona como un poderoso imán de atracción y exige unas respuestas sociales adecuadas. Las respuestas, en más o menos la mitad oriental del país, se orientaron a la asimilación con el modelo de sociedad fundadora. El suroeste, en cambio, incorporado mucho más tarde y procedente de una cultura diferenciada, tiene exigencias muy distintas. La complejidad (e incluso las resistencias) a su asimilación distan de ser improvisadas, obedecen a la suma de dos poderosas corrientes culturales, la española, en el sentido histórico, explícito y buscado en algunos territorios, y la latinoamericana, con una creciente e imparable inclinación de la balanza en el lado mexicano, lo que incluye una necesaria, a veces contradictoria y siempre viva conciencia de las culturas indígenas, que marca un sentido muy especial de la palabra «raza». Por todo ello la lengua no es el único factor de identidad y ni siquiera es un factor imprescindible, a diferencia de lo que ocurre en España o en América Latina. Los hispanos se siguen identificando como tales, con diversos nombres, chicano, latino, hispano, hispanoamericano, mestizo, méxico-americano, cubano-americano y una amplia lista, aunque ya no hablen español. La pervivencia de la cultura hispana en los EUA no depende de la lengua.

Dicho esto, es necesario añadir que la lengua se percibe como un fuerte valor cultural, con el que, históricamente, muchas veces no se ha sabido qué hacer y que ahora, con muchas más posibilidades (y muchos más hablantes) tampoco se sabe muy bien cómo tratarla. El inglés es la lengua común, la lengua imprescindible para el triunfo completo en la sociedad, una de las metas de ese sueño americano que imanta a quien llega.

El español fue un obstáculo en tiempos, como tal, se descuidó, se dejó perder. Las cosas están cambiando, pero no cambiaron totalmente y sigue existiendo la duda. El elemento determinante es el nuevo prestigio internacional de la lengua: los anglos aprenden español ahora, no para entenderse mínimamente con el jardinero o la cocinera, o para dar instrucciones a los recolectores de fruta, sino para acceder a un mercado, para establecer contactos políticos, sociales, para una nueva comunicación de culturas. El español que encuentran esos nuevos estudiantes de una de las lenguas históricas de los Estados Unidos en su propio país no es suficiente, por eso salen a ampliar sus estudios y acuden a México, a España, a los países hispanoamericanos, que les ofrecen una seguridad lingüística que no encuentran en su territorio y sus hablantes. Estos mismos también se sienten imprecisos, un tanto perdidos, creen que «hablan mal» el español; pero empiezan a tener una conciencia de que es un valor. Las exigencias culturales en la mayoría de quienes tienen el español más vivo, los inmigrantes, recuérdese, van muy por detrás de las económicas. La escuela no es un valor prioritario, interesa mucho más la ganancia inmediata.

Si se descorazona a los hispanohablantes hispanos de Norteamérica con la crítica de sus modos de expresarse o se los desconcierta con la propuesta de soluciones, como el spanglish, que desprecian en el fondo, sólo aumentará su inseguridad. El español de los Estados Unidos es un haz dialectal, como el de cualquier lugar, con sus especificidades, por su imprescindible y difícil relación con el inglés; pero el hablante de un dialecto tejano o neomexicano tiene tanto derecho a expresarse en su dialecto como el salteño, el andino o el canario, por poner sólo unos ejemplos. Claro que su dialecto tendrá algunos rasgos diferenciadores, a veces como todos los otros tienen los suyos, a veces como los tiene alguno, el judeo-español, por pasar al paradigma del arcaísmo dialectal paradigmático del español. No se quiere decir que los dialectos hispano-norteamericanos sean como el judeo-español, ni mucho menos, sólo que en el mundo de la lengua española hay muchas moradas y lugar para todos. Sin embargo, reflexionar sobre el judeo-español tiene su relevancia, porque, si se quieren mantener las variantes norteamericanas dentro del español general, es necesario evitar que el español norteamericano evolucione en el mismo sentido que lo hizo el judeo-español, hacia una koiné, hacia un medio de comunicación entre ellos, diferenciado del resto, hacia un lenguaje especial en el que se vaya mezclando con palabras y giros, ingleses en este caso, o de las jergas de contacto entre las dos comunidades, las hablas mixtas que vayan surgiendo, hasta quedar definitivamente diferenciado, distinto. Quizás el único rasgo común a todos los dialectos del español de los Estados Unidos hoy sea la posposición p’atrás, quizás haya algún otro o se estén formando otros, es secundario. Lo único necesario es entender que este español es plural, es fuerte demográficamente, es fuerte económicamente, tiene un buen mercado, pero tiene debilidades culturales y sociales que exigen del resto del mundo hispanohablante un esfuerzo, primero de aceptación de esas características propias, segundo de convencimiento de que se puede conseguir mantener la cohesión de todo el idioma, explicando y reforzando con acciones de prestigio, no coercitivas ni discriminatorias, la importancia de la norma hispánica. La vieja tarea de la escuela es hoy también parte de la responsabilidad de los medios de comunicación, a los que los norteamericanos acceden ad libitum, puede decirse que sin limitaciones. Los mecanismos de la libertad son siempre ventajosos para las lenguas.

flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es