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El español en el mundo

Pluralidad del español en los Estados Unidos de América

Francisco Marcos Marín

9. De rasquachis, gonzos y zoot-suiters

Los lenguajes o usos jergales espontáneos y profundos del suroeste están unidos a dos grupos sociales y económicos muy diversos. El campesino ambulante que se gana la vida con improvisaciones y chapuzas se designa precisamente con la palabra de ese significado, es el rasquachi, el ser desvalido, desamparado, que sirve también de objeto de humor y burla y se contrapone al pachuco, vestido como zoot-suiter, con una levita y unos pantalones abombados y caracterizado con una larga cadena de dos vueltas que cae de la cintura hasta más abajo de las rodillas.1 El movimiento literario y periodístico, cultural en general, no se expresa en español, sino en inglés, con una gran cantidad de elementos españoles o, mejor, del caló, que es el nombre que corresponde al habla de los pachucos, con indudable y nítida coincidencia en su denominación con el de la jerga de los gitanos. Hay un interés por la identificación como marginados. Puede elaborarse hasta el estilo bonzo, que aparece en reportajes escritos o filmados en los que el escritor o filmador se mete dentro de la acción, abandonando la postura de observador y que se inició con el artículo «Extraños retumbos en Aztlán», como consecuencia de la colaboración entre Oscar Z. Acosta y Hunter S. Thompson, según propone Gregg Barrios (2005).

En la periodización de la etapa moderna del español en los Estados Unidos es fundamental el proceso de la revolución mexicana, que hizo emigrar al norte, poco después de 1910, a gran número de mexicanos, que se instalaron en ciudades fronterizas, como El Paso y San Antonio, en Texas, o, especialmente, Los Ángeles, en California. Allí crearon sus propios barrios, aunque la segunda generación, la de 1940, estaba ya en el ámbito del inglés y de la sociedad norteamericana. El Chuco es el nombre que dan a El Paso, Texas, los nacidos en esa ciudad, los pachucos, nombre que acabó extendiéndose a todo el grupo, con notables consecuencias en la dramaturgia chicana, teatro y cine. Son los ciudadanos marginales de la gran urbe, L.A., Los Ángeles, que pasan a la posteridad por los tristes motines, los Zoot Suit Riots de 1943, como consecuencia del ambiente creado por los sucesos de Sleepy Lagoon (la página http://www.pbs.org/wgbh/amex/zoot/eng_sfeature/ sf_lamap.html ofrece mapas, incluido uno animado con el movimiento de la población de Los Ángeles, cedido por el profesor Philip J. Ethington de la University of Southern California) y el juicio posterior; pero todo ello retomado y reinterpretado sobre todo después de 1970.

Para comprender el interés de estas figuras, reales, frente a invenciones posteriores y supuestos lingüísticos de mesa de despacho, es preciso entender la evolución de la cultura chicana, como consecuencia de las protestas, tras la aprobación de las leyes de braceros en California, que culminaron con la huelga de los vendimiadores en Delano, en 1965, con el éxito conseguido gracias a los esfuerzos de César Chávez y sus compañeros, como Rodolfo «Corky» González, en favor de la unión de los trabajadores. El fenómeno no tuvo sólo alcance hispano, sino que se extendió a las otras minorías.

Los problemas que culminaron en el caso de Sleepy Lagoon comenzaron como consecuencia de las movilizaciones de marinos en Los Ángeles, por la Segunda Guerra Mundial, y la reacción de la comunidad chicana ante la invasión por ellos de su hábitat. Se creó una situación de peleas callejeras, inseguridad y alarma de la opinión pública, que condujo al drama posterior.

Sleepy Lagoon (http://www.sleepylagoon.com/H/sltrial.htm) era un lago artificial en el curso del Los Angeles River, llamado así por una canción popular coetánea del director y trompetista Harry James. Los chicanos, a los que no se autorizaba a entrar en las piscinas públicas, lo usaban para bañarse. Hoy no se conserva. El 2 de agosto de 1942 se encontró allí el cadáver de José Díaz. No había pruebas ni siquiera de que hubiera sido asesinado, pero se desató un movimiento de histeria colectiva que acabó en el arresto de trescientos jóvenes chicanos y un juicio perverso en el que se hizo alarde de un total desprecio por los derechos civiles. Pese a la falta de pruebas, doce acusados fueron sentenciados por asesinato y cinco por agresión. Las líneas divisorias del caso no eran nada fáciles, baste citar que entre los jóvenes había trabajadores blancos, como Victor «Bobby» Thompson y un húngaro-americano, John Matuz, que tenían una fuerte relación con la comunidad chicana, basada en el interés común por la música negra, un estilo de vida y la moda. Debe señalarse, porque importa, que los implicados en estos incidentes hablaban inglés, no vestían el traje zoot y no se identificaban a sí mismos como pachucos.

Los motines de 1943, conocidos como Zoot Suit Riots, se produjeron tras el juicio, pero no directamente por éste, sino por el estado de opinión contra esos «hijos de la revolución», a los que se empezó a llamar pachucos y a identificar como delincuentes, porque eran distintos y se comportaban de modo diferente al norteamericano medio. El domingo 30 de mayo de 1943 un grupo de zoot-suiters, es decir, jóvenes vestidos con el traje zoot, se enfrentaron a once marineros que paseaban por el barrio de Alpine (véanse de nuevo los mapas en la página http://www.pbs.org/wgbh/amex/zoot/eng_sfeature/ sf_lamap.html), quienes se habían citado con dos chicanas, novias de dos de los jóvenes.

Inmediatamente después, grupos de marineros en taxis empezaron a recorrer los barrios chicanos en busca de jóvenes vestidos con el traje zoot. El 3 de junio un grupo de marineros entra en un cine y golpea a los espectadores chicanos, indiscriminadamente, atacan a otras personas en bares y restaurantes, la policía civil y la militar llegan tarde. El 4 de junio el Los Angeles Daily News habla de «guerra abierta», doscientos marineros alquilan una flotilla de taxis y se desplazan al Este de Los Ángeles, donde continúan golpeando a la población, cinco afectados deben ser internados en hospitales. El titular del Los Angeles Times era, literalmente: «Los Zoot-Suiters aprenden la lección en lucha con los soldados». La prensa vespertina del 7 de junio publica que los zoot-suiters planean matar a todos los policías. Cinco mil soldados y policías recorren la ciudad a la caza y captura de jóvenes mexicanos. Se producen peleas sumamente violentas, en las que intervienen grupos numerosos, la multitud cruza los puentes sobre el Los Angeles River e invade los barrios del Este, para atacar a los chicanos, la situación está fuera de control. El miércoles 9 de junio el ayuntamiento prohíbe que se vista el traje zoot, por «perturbación pública». Se vuelve lentamente a la calma el día 10.

En 1944 se consigue la revisión del juicio de Sleepy Lagoon, un asunto por el que se interesa también Hollywood. Pero ya se ha producido una identificación entre chicanos, zoot-suiters y pachucos, que permanecerá como motivo de inspiración artística y seña de identidad.

En 1965, Luis Valdez, joven aspirante a dramaturgo que trabajaba en la San Francisco Mime Troupe, se une a César Chávez en el movimiento de los campesinos y, para difundir sus ideas y conseguir fondos, crea un movimiento artístico, El Teatro Campesino (http://www.elteatrocampesino.com/campesin/history/history.html), que marcará el arte chicano, desde sus representaciones iniciales en los campos y los pueblos, hasta su desarrollo casi inmediato en núcleos urbanos.

En 1968, El Teatro Campesino se traslada a escenarios ciudadanos y se convierte en el estandarte de la reforma artística chicana. Empieza a ganar premios, se consolida y, en 1970, alcanza el nivel paradigmático del teatro chicano, en el que se combina una concepción basada en la commedia dell’arte con el teatro ambulante, las compañías de revistas del Oeste y los rasgos populares del teatro mexicano.

Un año después, en 1971, El Teatro Campesino evoluciona y da lugar a La Carpa de los Rasquachis, donde se amalgaman música, baile y teatro. Este nuevo modelo cultural chicano, tras el éxito en su recorrido por el interior de los EUA, recorre ocho países europeos en 1976 y, en 1977, con el nombre de «El Corrido» se convierte en un programa de la televisión pública.

En 1978 Valdez presenta Zoot Suit, éxito total en L.A., pero menos en el Este, donde se representó en Broadway. La obra sigue vigente en 2005, con su inglés dominante, si bien entreverado de palabras españolas y giros jergales, y su impacto sobre amplios públicos, porque, en realidad, identifica los problemas de todas las minorías étnicas en Norteamérica. «El Pachuco», un personaje mítico, camela a Henry Reyna para que se oponga a la desigualdad social de un juicio injusto y luche por su comunidad. Así lo hace, pero no hay resolución en la escena. Es, claramente, un planteamiento brechtiano, que establece un nuevo estándar teatral y conduce, en 1981, a la película del mismo título, protagonizada por Edward James Olmos, en el papel de «El Pachuco», y el hermano del autor, Daniel Valdez, quien ya había representado a Reyna en las tablas (http://www.imdb.com/title/ tt0083365/).

El rasquachi, el pachuco y su manifestación lingüística, el caló, adquieren de esta manera un rasgo cultural y literario propio, que es realmente representativo de una estética, lo que no significa que la población hispana o latina se sienta totalmente identificada con él; pero, en cualquier caso, despierta un sentimiento de grupo, de identidad, algo que no existe en el caso del spanglish. El primero es hispano, provoca confianza, el segundo no, el spanglish produce incomodidad, si no hostilidad directa.

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