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El español en el mundo

Pluralidad del español en los Estados Unidos de América

Francisco Marcos Marín

8. El desafío de la frontera

En el mundo actual la frontera ya no es una dimensión política. Las líneas artificiales entre los estados tienen, cómo no, su importancia, sobre todo cuando cruzarlas es difícil o peligroso. A principios del siglo xx un trabajador cruzaba la frontera con sus herramientas, un caballero dejaba su tarjeta al oficial del puesto. Eso era todo. Hay que reconocer que, cien años después, la situación ha empeorado. Además, esa frontera no es ni la única ni la peor, hay otras, culturales, educativas, económicas, sociales, incluso, aunque menos que antes, raciales. Por si fueran pocas está también la frontera virtual, la raya imaginaria que divide a unos de otros en el espacio de las comunicaciones electrónicas. Cada frontera o cada lengua, en cada una de sus dimensiones, tienen su reto.

El reto fronterizo del español es que los hablantes de español en los Estados Unidos o entre Brasil y los países limítrofes recuperen la conciencia de pertenecer a una comunidad lingüística de prestigio, mediante la adecuada política cultural. Instituciones como el Instituto Cervantes y las hispanoamericanas que el tiempo traerá tienen ahí un campo amplísimo para labrar. Ni que decir tiene que se hará mejor y más deprisa si se consigue un auténtico esfuerzo de cooperación, amparado en marcos de acción conjunta. La realidad cotidiana de las Academias de la lengua demuestra que es una aspiración real, más allá de lo meramente posible. Prestigio es palabra que va de la mano de la educación, la cual recubre dos aspectos, en esta era. El primero es el convencional de las instituciones, que implica el desarrollo de mecanismos de transmisión común de ciencia y técnica, mediante el instrumento lingüístico correspondiente, que es la terminología. El segundo es el de las redes de comunicación o, lo que viene a ser lo mismo, el desarrollo del español en Internet.

Lo más llamativo de la distribución de las lenguas en Internet, en los últimos cuatro años, es que el inglés ha dejado de ser, estadísticamente, la lengua con mayoría absoluta, aunque la siga teniendo relativa. Las estadísticas sobre Internet son múltiples y engañosas, por ello es preciso mantener una línea de selección constante y no combinar datos de fuentes distintas, sin haberlas comparado. En anteriores trabajos se ha usado Global Reach (http://global-reach.biz/) y se sigue en esa línea.

El gráfico 2, de septiembre de 2004, es de nuevo distinto de los anteriores, pero refleja las previsiones.

De la cuarta posición, el español pasa a la tercera, tras el inglés y el chino, pero sigue sin despegar hasta el 15-20%, como sería esperable por su número de hablantes (350 millones). En realidad, es la segunda lengua, de acuerdo con la distinción imprescindible entre dos tipos de idiomas en Internet. Hay lenguas de alfabeto latino, que constituyen el primer grupo, el de acceso desde cualquier cultura, y lenguas en otros sistemas de escritura, que sólo son accesibles desde el interior de esa cultura. Ese Internet-2, dicho sea de paso, es ya un tercio del total de los usos de Internet, una proporción inesperada para quienes hablaron sin parar de cómo la globalización, representada por la lengua inglesa e Internet, terminaría con las lenguas y culturas menores. Para el inglés esta estadística tiene en cuenta a quien usa el inglés como lengua de conexión primera, no a los muchos millones que lo usan secundariamente. El alemán mantiene sus posiciones, como primera lengua en la demografía europea, y al portugués le queda mucho techo por alcanzar.

Algunas precisiones respecto al español están relacionadas con el inglés de los EUA, al superponerse parte de la población en el uso de ambas redes. Los puntos fuertes generales serían éstos: unos 15 millones de personas se conectan a Internet en España. En diciembre de 2003, la Unión Internacional de Comunicación daba estos datos para estos países de América: Argentina, 4.100.000; Bolivia, 270.000; Chile, 4.000.000; Colombia, 2.732.200; Costa Rica, 800.000; Cuba, 120.000; República Dominicana, 500.000; Ecuador, 569.700; El Salvador, 550.000; Honduras, 168.600; México, 12.250.000; Nicaragua, 90.000; Panamá, 120.000; Paraguay, 120.000; Perú, 2.850. 000; Uruguay, 400.000; Venezuela, 1.274.400. Un total estimado, por tanto, de 30.914.900, a los que habría que añadir 25.900.000 hispanos, hispanohablantes según el censo, en los EUA, primer país aportador de internautas en español, lo que probablemente es excesivo. Excluyendo a los EUA, España supone una mitad de la población de internautas en español, lo cual da todavía una gran capacidad de crecimiento. Si se incluyen los EUA, el español descubre uno de los dos centros que definirán su futuro.

La diversidad es y será uno de los dos focos del español en Internet: el otro, como para todo mercado estable, es la consistencia. Una estabilidad en la aceptación de la diversidad es lo que puede mantener unida, económica y políticamente, a la lengua hispana. La diversidad se manifiesta en las diferencias culturales dentro de un sistema fuertemente homogéneo (más del 92% de sus hablantes lo tienen como lengua materna), que es consciente de la incorporación de la mujer a la producción y al consumo, con capacidad decisoria, y que atiende a un público juvenil dominante en número y en recursos económicos.

Los retos inmediatos para que la lengua alcance en Internet lo que le corresponde son de varios tipos. Por una parte hay que desarrollar el parque tecnológico, porque, incluso en los EUA, la proporción de computadoras que poseen los hispanos es inferior a la de los anglos. Su capacidad de acceso es menor y los reflejos son inmediatos. En el año 2005 se estima que se gastarán unos 2.700 millones de dólares en publicidad para ellos, la cifra no debe engañar, supone sólo el 2% del presupuesto para publicidad en ese país, seis puntos porcentuales por debajo de lo equilibrado. Otro aspecto es el poder de compra, complicado porque el mercado está muy fragmentado: junto a países con capacidad adquisitiva alta hay otros en la pobreza e, incluso en el mismo país, los grados de acceso son incomparables. La afirmación de la identidad es otro elemento imprescindible. Hay una conciencia de pertenecer a una unidad y esa conciencia depende, en buena medida, de que se tiene un diccionario común para todos: la lengua es el factor unificador y por ello, el aspecto más atractivo del mercado, causante de la revolución a la que se asiste en los últimos diez años. Esa comunidad favorece un hecho de dimensiones todavía poco calculadas: la información en español llega a todo su universo, al área de una lengua en la que no se pone el sol. Aunque cambie el mensaje, la fuente de información permanece: hay programas de televisión que todo el mundo ve, actores y actrices que todo el mundo identifica como suyos, con pérdida de conciencia de dónde proceden al fin y a la postre, noticias que se distribuyen desde la misma fuente, letras que viajan en músicas de difusión millonaria, editoriales que publican para todo ese mundo y empresas que se han descentralizado y operan en América desde redes que unen puntos del continente que antes estaban poco o nada vinculados.

Lo anterior no impide que haya que aceptar el bilingüismo como una consecuencia natural de la nueva distribución de población y trabajo. No se trata sólo de los EUA, donde la situación estable vendrá determinada por el bilingüismo de los jóvenes actuales, de su comodidad en un uso equilibrado de ambas lenguas, fuera de fenómenos que, en todo caso, como este autor escribió ya en 2001 y muchos han repetido después, están fuera de la lengua española y, de afectar a alguna otra, afectarían al inglés, caso del spanglish. Otros países, como Chile, plantean un plan educativo que lleve a los escolares a un bilingüismo práctico, con el inglés, y Brasil lleva largo tiempo intentando desarrollar ese programa con el español, cuyo crecimiento en la enseñanza secundaria, sin necesidad de leyes de obligatoriedad, está siendo vertiginoso.

La Academia Norteamericana de la Lengua Española lleva desde su fundación la denuncia de la penetración innecesaria del anglicismo en el terreno más vulnerable, el de la ciencia y la tecnología, con toda la fuerza de la novedad. El español es una lengua abierta. Falta todavía mucho para que los préstamos del inglés igualen el número de los arabismos; pero la estructura del sistema, que es lo peligroso, podría resentirse de los calcos sintácticos. Por ello hay que insistir en que Internet es la baza que el español se juega en los contenidos. Hay ejemplos que demuestran que ese camino es rentable: el Instituto Cervantes, por ejemplo, no puede basar su prestigio en el mundo del hispanismo en unas pocas decenas de centros o de miles de alumnos, lo basa en la enorme penetración que tiene el Centro Virtual Cervantes, como fuente a la que acuden profesores e hispanistas, con la seguridad de encontrar los contenidos que necesitan. Ése es el camino de fortalecer el español en Internet y por Internet: crear contenidos y ofrecer el apoyo educativo que mantenga la lengua en comunidad, unida por una norma hispánica.

Educación y demografía van unidas, porque es imprescindible planificar para educar a la población. La planificación, a su vez, tiene un necesario componente político, porque exige una ordenación. La política es, sin duda, uno de los componentes de un nuevo sentido del prestigio del español. El censo norteamericano de 2000, en el que se registran 281 millones de personas, incide en la redistribución de la representación parlamentaria. Los cambios en la distribución de la población hacen variar la representación en el Congreso, con un incremento de los estados más hispánicos (Florida y el Suroeste). Sin dejarse engañar por las presentaciones negativas de movimientos como el English Only, no cabe duda de que, frente a la única escuela que ofrecía el estudio del español en 1891, como recuerda Mar Vilar, la franja de estudiantes de español en la escuela secundaria norteamericana a fines del siglo xx llegaba al 80%, con un porcentaje global consolidado del 65%. Es decir, de manera regular, el 65 % como mínimo de los alumnos de secundaria se matriculaban, opcionalmente, en español, sólo el 35%, como mucho, se repartía entre todas las demás lenguas.

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