Jesús Lasso Rey y María Dolores Jalón
Como consideración general, las medidas lingüísticas adoptadas a escala nacional y en particular en la educación parecen encaminar al país a una situación de diglosia. Es decir, la distribución complementaria de funciones entre el inglés como idioma de prestigio social y económico y el resto de lenguas restringidas a servir como idiomas de calidad inferior, en especial las lenguas de origen africano. El devenir de la historia reciente muestra la crucial importancia de las decisiones políticas en la evolución lingüística namibia. La administración sudafricana del apartheid practicó una segregación racial basada en la fragmentación etnolingüística. Tras la independencia, esta situación fue contestada por la adopción del inglés como única lengua oficial de Namibia, de acuerdo con criterios más ideológicos que lingüísticos. En la actualidad, la escasa eficiencia de la reforma educativa limita los posibles progresos de una mayoría de la población no angloparlante. La nueva estratificación social, por tanto, favorece la creación de una nueva elite que rige los designios del país en inglés.
En este contexto, el español goza de una aceptable salud en el ámbito académico universitario y en la enseñanza extracurricular de adultos. Su importancia internacional y cultural es también incuestionable en el sudoeste de África. Sin embargo, su implantación en la educación primaria y secundaria como lengua extranjera se topa con un sistema público lastrado por el desconocimiento de su propia lengua oficial y la prioridad de mantener la oferta de las numerosísimas lenguas nacionales. En este sentido, la enseñanza privada ofrece un reducto para el arraigo de las lenguas europeas no nacionales en el país.
Por último, deseamos dejar constancia de una comunidad de hispanohablantes de aproximadamente 3.200 personas, educadas en Cuba durante el proceso de independencia de Namibia y por el momento inexistentes en los censos y estudios sociolingüísticos oficiales. El presente artículo ha pretendido ubicar a este grupo en el mapa hispanohablante y describir su singular idiosincrasia en el panorama lingüístico namibio. Su presencia constituye un estímulo añadido y campo abonado para sembrar y cultivar en Namibia el vínculo de nuestra lengua.