Centro Virtual Cervantes
Lengua
El español en el mundo > Anuario 2005 > J. Lasso y M. D. Jalón. La presencia...
El español en el mundo

El español en el panorama lingüístico de Namibia

Jesús Lasso Rey y María Dolores Jalón

8. La influencia de Cuba. La presencia del español en la población namibia

A pesar del patente interés mostrado en ámbitos docentes y académicos, la presencia del español en Namibia permanecería en el terreno de lo anecdótico de no haber sido por la implicación cubana en el prolongado y tortuoso proceso hacia la independencia. Tras la revolución en 1959, la República de Cuba inició una política de apoyo político, logístico y militar a los movimientos revolucionarios independentistas de izquierda. En el contexto africano, Cuba participó de manera activa en los conflictos de Argelia, África central, Guinea Conakry, la región del Congo, Mozambique y especialmente en Angola y la frontera con Namibia.53 Durante la década de los años ochenta, en los momentos de mayor hostilidad del conflicto, las tropas cubanas destacadas en Angola y la franja fronteriza namibia rondaban los cincuenta mil soldados. No obstante, el apoyo cubano al SWAPO namibio no se limitó a la provisión de material y la ejecución de operaciones militares, sino que se extendió también a las acciones políticas, logísticas, adiestramiento de guerrilleros, y la práctica de una política de educación y acogida de refugiados. En este último aspecto de la campaña cubana de escolarización y alfabetización de refugiados namibios radica la presencia actual de un número de hispanohablantes namibios cercano a los 3.200.

Durante su lucha en la clandestinidad, la organización del SWAPO había adoptado como medida imprescindible la preparación de sus militantes e inversión en recursos humanos. Debido al desolador panorama educativo namibio, sólo así podría afrontar el reto de la formación del gobierno de la futura Namibia con ciertas garantías de éxito. En este sentido, el programa del SWAPO incluía explícitamente el compromiso con una profunda transformación socio-económica socialista de la sociedad namibia. En 1976 se funda en Lusaka (Zambia) el Instituto de las Naciones Unidas para Namibia. Dicho instituto formaba a los militantes exiliados del SWAPO en diferentes campos de la agricultura, leyes, economía, historia, política y educación. Desde 1976 a 1988, 1.200 estudiantes namibios estudiaron en el instituto, de los cuales 900 se diplomaron en Desarrollo y Dirección de Empresas y Secretariado. En 1981, el Instituto contaba con 3.000 estudiantes en escuelas secundarias y 500 en universidades.

Cuba aunó esfuerzos en esta dirección y, a finales de los años setenta, se iniciaron las actividades de escolarización y alfabetización de cientos de niños y jóvenes namibios afectados por el enfrentamiento armado. La inmensa mayoría procedían de la etnia ovambo, asentada en la zona central del norte del país, fronteriza con Angola. En un principio, los jóvenes captados por estos programas se establecían en los campamentos de refugiados del sur de Angola, en las zonas controladas por el SWAPO y el MPLA. Allí los niños recibían educación durante meses por parte de profesores cubanos, mientras que, en ocasiones, muchos de los menos jóvenes complementaban su formación con instrucción militar.54 Una vez concluido el primer periodo de aprendizaje, los componentes de estos programas eran embarcados rumbo a Cuba para recibir una educación completa. El destino principal para la enseñanza primaria y secundaria era la isla de la Juventud, pequeña isla al sudoeste del principal territorio insular cubano. Allí se fundaron dos escuelas específicamente dedicadas a acoger a los ciudadanos exiliados namibios, bautizadas con el nombre de figuras históricas en la lucha anticolonialista namibia: Hendrik Wibooi y Hosea Kutako. En ellas, profesores cubanos compartían la docencia con educadores procedentes de la propia Namibia. Una vez finalizada la escuela secundaria, los estudiantes que así lo desearan podían desplazarse a cualquier localidad de Cuba para continuar sus estudios en la universidad. Se calcula que más de 3.200 niños y jóvenes cubanos pasaron por las aulas de la isla de la Juventud, de los cuales 1.270 se graduaron posteriormente en diplomaturas universitarias y 137 obtuvieron una licenciatura o título superior. La mayoría de ellos permanecieron en Cuba durante un periodo de ocho a doce años. Posteriormente, ya en 1989, es también reseñable la creación de la escuela Solidaridad con Namibia, con cerca de 120 estudiantes.

Además de Angola y Cuba, otros destinos de los jóvenes refugiados y exiliados a causa del conflicto fueron Zambia y, en menor medida, Sierra Leona y Nigeria, mientras que en Europa destacan especialmente las extintas República Democrática Alemana y Checoslovaquia. Otros países como la antigua Unión Soviética, Finlandia o Suecia recibieron también un escaso número de expatriados adultos.

A partir de 1990, con el cambio de circunstancias económicas en Cuba y la independencia de Namibia, todos los namibios residentes en la isla caribeña, salvo excepciones, decidieron regresar a su nueva patria. El retorno supuso un proceso de adaptación social y lingüística en un entorno donde el inglés había sido proclamado el idioma oficial. Muchos de los repatriados recibieron, no obstante, la confianza del partido gubernamental para desempeñar su trabajo en la administración e instituciones oficiales. La presencia de hispanohablantes se extiende por numerosas entidades y ministerios namibios, en especial en la Comisión de Planificación Nacional, el Ministerio de Pesca, el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Industria y Comercio, el Ministerio de Obras Públicas, la Policia Nacional y el Ministerio de Prisiones, por citar algunos ejemplos.

Consecuentemente, existe una asociación de amistad cubano-namibia que reúne a todos los estudiantes que compartieron una educación en español, cuya presidencia ostenta el presente ministro de Pesca. A pesar de no disponer de una gran infraestructura, la asociación congrega en fechas señaladas a los hispanohablantes educados en Cuba para participar en los actos conmemorativos y rememorar sus lazos afectivos con la isla. En la actualidad, Namibia es el país africano receptor de la mayor actividad de cooperación cubana. Unos 1.400 cooperantes han desarrollado su labor en el país desde la independencia y unos 231 se encuentran en territorio namibio en el momento de redactar este artículo.

Entre las iniciativas para cultivar el español de este grupo de repatriados, destacan también los cursos de español con fines específicos ofrecidos durante el primer lectorado AECI. Estos cursos fueron diseñados específicamente para los funcionarios namibios del Centro de Estadística de la Comisión Nacional de Planificación, a fin de cultivar su español y desarrollar sus destrezas escritas.

Deseamos hacer hincapié, por tanto, en la existencia de una comunidad de hispanohablantes namibios educada en Cuba y diseminada por Namibia. Cuantitativamente, se trata de un grupo significativo de personas, teniendo en consideración la escasa población del país.

Desde el punto de vista lingüístico, sorprende sobremanera que no haya constancia de este grupo en ningún censo o recuento de lenguas presentes en Namibia. Paradójicamente, muchos de estos hispanohablantes declaran haber rellenado el censo oficial de 199155 identificando como su lengua materna el oshivambo, en referencia a la pregunta sobre el idioma de comunicación en el hogar. Evidentemente, al provenir de familias rotas y tras una larga estancia en Cuba, casi ningún hispanohablante repatriado posee familiares educados en las mismas circunstancias, lo cual descarta el uso del español en casa. Sin embargo, casi todos confiesan sentirse tan cómodos haciendo uso oral del español como en su lengua materna. En cuanto a la expresión escrita, la preferencia por el empleo de la lengua española es abrumadora. En este artículo deseamos, por tanto, subsanar tal omisión de los estudios sociolingüísticos, en un país donde se registra la importancia de grupos de hablantes muy inferiores en número. La tabla 7 describe los hábitos lingüísticos de esta singular comunidad hispanohablante.

La primera y meridiana conclusión es el papel marginal que ocupa la lengua española. Su presencia se restringe a la música y la preferencia por leer en español, lo cual no implica la existencia de un hábito lector en un país con escasísimo acceso a material en lengua española. Tan sólo una minoría utiliza el español en los sectores de trabajo anteriormente mencionados.

Respecto a las lenguas vernáculas africanas (en un 95% de los casos el oshivambo), observamos su predominio en el entorno rural y religioso, así como el uso oral casi exclusivo de estas lenguas. El inglés es la lengua dominante en casi todos los ámbitos para este grupo de hispanohablantes repatriados. Su uso como lengua de comunicación supraétnica y oficial no implica, ni mucho menos, su dominio, sino que es más bien un resultado de la política lingüística adoptada en Namibia. El único apartado en que el inglés no ocupa un lugar preferencial es en la literatura, entendida como aspecto lúdico y creativo del idioma. Según indicábamos, este grupo prefiere, cuando tiene opción, leer en español y continúa en su lengua de origen africano la tradición oral de relatos transmitida a lo largo de siglos. Por otra parte, muchas de las personas entrevistadas para este trabajo han aprendido también afrikáans a su regreso a Namibia, prueba de la persistencia de este idioma como lengua franca en muchas zonas del país. Finalmente, el portugués queda relegado a los intercambios comerciales, la influencia de la música angoleña y la radio. Tan sólo aquellos que permanecieron durante periodos más largos en los campamentos de refugiados de Angola recibieron algún tipo de instrucción en portugués.

Cualitativamente, según lo expuesto, en el caso particular de los hispanohablantes repatriados nos referimos a un grupo de población notoriamente más influyente que muchas minorías lingüísticas del país, ya que el 44% posee una educación universitaria y aproximadamente un 35% trabaja en los órganos de la administración pública. No es casualidad que puestos de máxima relevancia como ministros, alcaldes, jefes de policía o secretarios permanentes de ministerios, estén ocupados por namibios hispanohablantes. No obstante, la continuidad del español en Namibia no está garantizada, sino todo lo contrario. La falta de un entorno donde practicar la lengua en la vida cotidiana, la imposibilidad de mantener el español en el entorno familiar y la inexistencia de una oferta educativa en la escuela primaria, parecen abocar a la lengua española a su extinción en Namibia más allá de las esferas académica e internacional. Antes de que desaparezca esta generación, tan sólo un esfuerzo institucional en el plano educativo podría variar esta tendencia, brindando a estos namibios la oportunidad de transmitir a sus hijos una parte tan importante de su legado afectivo e intelectual.

  • (53) En el sur de Angola se enfrentaban el MPLA (Movimiento para la Liberación de Angola), apoyado logísticamente por Rusia y las tropas cubanas y en buenos términos con las guerrillas del SWAPO, con las tropas sudafricanas y el movimiento contrarrevolucionario de UNITA (Unidad para la Independencia Total de Angola) secundado por los EE. UU. volver
  • (54) La no distinción por parte del ejército sudafricano entre campamentos civiles y guerrilleros desembocó, entre otras tragedias, en el ataque a Cassinga, campamento ocupado en su mayoría por mujeres y jóvenes no militarizados, donde perecieron 147 hombres, 167 mujeres y 298 niños y hubo un total de 611 heridos. Muchos de los huérfanos y supervivientes de aquel dramático suceso fueron trasladados a Cuba. volver
  • (55) Último censo con cifras disponibles del número de hablantes por lengua materna. volver
flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es