Jesús Lasso Rey y María Dolores Jalón
Namibia está situada en la parte sudoccidental del continente africano. Bañado al oeste por las aguas del océano Atlántico, el territorio namibio limita al norte con Angola y Zambia, al este con Botsuana y Zimbabue y al sur con Sudáfrica. La superficie total del país es de 842.269 km2. Namibia comprende una enorme variedad de regiones geográfico-climáticas que pueden dividirse topográficamente en cuatro zonas: el desierto del Namib2 y las llanuras costeras al oeste, la meseta central, el desierto pedregoso del Kalahari al este, y el ecosistema tropical de la zona selvática del noroeste que incluye el corredor del Caprivi. Excepción hecha de esta última área, el clima predominante varía de desértico a semidesértico y continental, con un incremento de la humedad en las latitudes norteñas del país. Las temporadas de lluvias suelen coincidir parcialmente con los meses del verano austral (de noviembre a febrero). La árida sabana africana cubre el 64% del país, el desierto, un 15%y los bosques y selva tropical, el restante 20%.
Respecto a la población, el número de habitantes censados en Namibia asciende a 1.830.330.3Un 33% de la población habita en zonas urbanas frente a un mayoritario 67% residente en áreas rurales. El porcentaje4de personas portadoras del virus de inmunodeficiencia adquirida (sida) en edades comprendidas entre los 15 y los 49 años es del 22,5%, lo cual ha motivado el descenso de la esperanza media de vida a los 45,3 años. La densidad de población es de 2,1 habitantes por kilómetro cuadrado, uno de los índices más bajos del mundo, acorde con las extremas condiciones geográfico-climáticas. El grado de alfabetización5 es del 81% y el porcentaje oficial de desempleo alcanza el 31%. La capital de Namibia, Windhoek, cuenta con una población de 233.529 habitantes. Windhoek constituye el centro político, administrativo y financiero más importante del país. Otras ciudades reseñables son Walvis Bay, Rundu, Oshakati, Swakopmund, Katima Mulilo y Lüderitz.
Primitivas herramientas de piedra halladas en el desierto del Namib muestran la evidencia de que grupos nómadas de cazadores-recolectores ya habitaban estos parajes hace aproximadamente setecientos cincuenta mil años. El grupo identificado más antiguo de estos primitivos moradores son los boskopoides, quienes vivieron en la Edad de Piedra hace al menos unos quince mil años. Los herederos de estos primigenios habitantes de la actual Namibia son las comunidades san, comúnmente denominadas «bosquimanos».6 En la actualidad los san «sobreviven» en algunas de la regiones más remotas e inaccesibles, como el desierto del Kalahari al este del país, donde conservan imperturbables algunos aspectos de sus ancestrales costumbres y estilo de vida.7Estas comunidades dispersas de san fueron progresivamente desplazadas por los grupos khoi-khoi, con los cuales están emparentados, más conocidos por el término en desuso «hotentotes».8Son los antecesores de los actuales namas namibios procedentes de la región del Cabo, aproximadamente desde el siglo xvi.9 Estos grupos mantuvieron el control del sur del país hasta mediado el siglo xix. El dominio nama fue a su vez relegado por la irrupción en el territorio de nuevos grupos khoi-khoi también originarios del sur, conocidos colectivamente como los oorlams.10 La última comunidad en establecerse en el periodo precolonial fueron los basters.11 Mientras tanto, durante los siglos xvi y xvii, comunidades de población bantú12 provenientes de las migraciones del África central, se asentaban en las regiones más septentrionales y orientales de la actual Namibia. Entre los grupos que después desempeñarían un papel protagonista en la historia del país destacan los ovambos,13 damaras14 y hereros.15En las décadas de 1840, 1860 y 1880 los territorios de esta parte del África sudoccidental fueron escenario de numerosas rivalidades y enfrentamientos armados entre las diferentes comunidades por la posesión de tierras de pasto y ganado.16
A primera vista, los 1.495 kilómetros del litoral namibio se antojan un lugar inhóspito para los asentamientos humanos debido a la persistente niebla, el desierto de arena, la escasez de agua y alimentos y la abrupta costa rocosa, no en vano bautizada como Costa de los Esqueletos. El complicado acceso desde el mar a los territorios del interior condicionó la historia y posterior colonización de la actual Namibia. El primer europeo de quien se tiene constancia fue el navegante y explorador portugués Diego Cão, quien en 1486, tras sopesar los, a su juicio, escasos alicientes de la zona, se limitó a erigir una cruz conmemorativa en honor a su rey y zarpó con rumbo a destinos más halagüeños. El lugar quedó bautizado como Cape Cross. A diferencia de los marineros portugueses, quienes únicamente visitaron la costa namibia de manera anecdótica en su afán por abrir nuevas rutas hacia la India, los navegantes británicos y especialmente los holandeses exploraron de forma exhaustiva el litoral del sudoeste africano en la década de 1670. Sin embargo, el goteo de población europea que se iba aventurando en la actual Namibia penetró desde las rutas del sur que partían de la región de Cabo, en particular los colonos de ascendencia afrikáner.17 Los primeros europeos en toparse con los habitantes africanos de estas tierras fueron exploradores, cazadores, comerciantes y misioneros.18Era el preludio de la denominada «colonización formal europea».
Namibia cobró la entidad geográficamente definida que hoy conocemos a finales del siglo xix, cuando las principales potencias coloniales europeas del momento en África del Sur (Gran Bretaña, Alemania y Portugal) negociaron las fronteras de la recién nacida África del Sudoeste.
En abril de 1884, el canciller alemán Otto von Bismarck autorizó el izamiento de la bandera alemana en el enclave costero de Angra Pequena, posteriormente rebautizado como Lüderitz.19 Desde allí, los colonos alemanes fueron expropiando tierras y ganado apoyados por el progresivo envío de tropas. El conflicto con los africanos residentes en los territorios era inevitable. Las comunidades nama y herero se levantaron sucesivamente en armas y fueron reprimidas de manera drástica por las tropas alemanas.20
Durante la Primera Guerra Mundial, la Unión de Sudáfrica invadió África del Sudoeste actuando como fuerza vicaria de los aliados. En julio de 1915, los alemanes se rindieron a las tropas sudafricanas, cuatro veces más numerosas. Cuatro años más tarde, Alemania renunciaba a todos sus derechos sobre las colonias. En 1921, la Liga de Naciones encomendó a Sudáfrica la tutela de África del Sudoeste con un mandato de clase «C». Dicho mandato capacitaba a Sudáfrica para la administración de la antigua colonia como parte integral del país, quien por su parte se comprometía a respetar las garantías del bienestar económico y progreso social de sus habitantes, obviando, sin embargo, la cuestión del autogobierno. No obstante, la confianza de la comunidad internacional fue traicionada sin demora. Los colonos alemanes fueron autorizados a conservar sus tierras, y las expropiaciones a favor de los nuevos y cada vez más numerosos colonos afrikáners fueron refrendadas por la administración sudafricana. No tardaron en surgir nuevas revueltas, en esta ocasión protagonizadas por los ovambos, sofocadas violentamente por el ejército sudafricano. La nueva legislación se ocupó de promover y proteger los intereses de la población blanca: la explotación de tierras y ganado, minería,21 manufacturas y pesca.
En 1946 el mandato de la Liga de Naciones fue reemplazado por la autoridad de las Naciones Unidas. Sudáfrica, sin embargo, rechazó la orden para la devolución de los territorios y perseveró en su política y actitud incorporando África del Sudoeste como quinta provincia sudafricana con representación parlamentaria. La población blanca de África del Sudoeste pronto mostró su adhesión al gobierno segregacionista de Sudáfrica y la sociedad namibia se transformó en ejemplo del «desarrollo separado», más conocido como régimen de discriminación racial o apartheid.22 La población no blanca23sufría carencias básicas de los derechos más elementales, reflejados entre otros en la deficiente asistencia sanitaria, la sumisión y explotación laboral, un paupérrimo acceso a la educación, restricción de desplazamiento, indefensión judicial y la privación del voto democrático. Los abusos del gobierno sudafricano y la impotencia de las Naciones Unidas motivaron las protestas de una minoría blanca y la germinación de movimientos en defensa de la igualdad de derechos humanos en la futura Namibia. La organización del SWANU, la OPC, posteriormente denominada OPO, y finalmente la organización de los pueblos de África del sudoeste (SWAPO)24 en 1960, aglutinaron los esfuerzos para abanderar la abolición del mandato sudafricano y la creación de un nuevo Estado soberano. Shafiishuna Samuel Nujoma,25futuro presidente de Namibia, y Adimba Toivo ja Toivo26son dos de las figuras emergentes de la lucha política de este periodo. Las infructuosas tentativas diplomáticas determinaron la decisión de la facción más influyente del SWAPO de empuñar las armas en 1966 para obtener sus objetivos. La década siguiente fue testigo de una guerra de guerrillas en el norte de Namibia, infiltradas desde las vecinas Angola y Zambia, y contrarrestadas por las acciones del ejército sudafricano.27 En 1974, el golpe de Estado en Portugal y la subsiguiente independencia de Angola aliviarían temporalmente los problemas logísticos de los guerrilleros del SWAPO, capaces ahora de operar libremente desde sus bases en el sur de Angola. Como consecuencia, los enfrentamientos se recrudecieron en los años ochenta con la entrada en acción de nuevas fuerzas en la contienda. La guerra fría entre las superpotencias soviética y estadounidense comenzó a librarse también en Angola, sumida en una cruenta guerra civil.28 La implicación de Cuba y su política internacional de apoyo a los movimientos independentistas de Angola y Namibia, mediante el envío de tropas y especialmente la atención a los refugiados namibios, constituye un factor determinante para comprender la presencia de la lengua española en esta parte del mundo. Los esfuerzos de Sudáfrica por maquillar su anexión de África del Sudoeste con concesiones políticas e incluso un simulacro de elecciones no fueron reconocidos ni por la comunidad internacional ni por el SWAPO. Finalmente, en 1989, el principio del fin de la guerra fría entre Moscú y Washington, y las negociaciones entre Cuba, Angola y Sudáfrica sobre la retirada de las tropas cubanas y sudafricanas del sur de Angola y Namibia fructificaron en la independencia namibia. En marzo de 1990 se celebraron las primeras elecciones democráticas supervisadas por las Naciones Unidas. El SWAPO obtuvo una holgada victoria, instituyendo a Sam Nujoma como presidente legítimo de la República de Namibia. Desde entonces el partido del SWAPO ha permanecido en el poder copando en las tres sucesivas elecciones más de dos tercios de la Asamblea Nacional Constituyente.
Tras la caída del telón de acero y con el fin de la guerra fría, coincidente con la independencia de Namibia, el partido gubernamental del SWAPO ha adoptado y mantenido una política de no alineamiento. La joven República de Namibia trata de realzar la modesta influencia del país en la región y mantener los lazos de amistad con los países desarrollados, fuente de importantes donaciones y posible origen de inversiones. En este sentido, destacan las relaciones de dependencia con el poderoso vecino sudafricano, origen del 84% de las importaciones namibias, y cuya moneda, el rand sudafricano, en paridad con el dólar namibio, sigue siendo la moneda cooficial en Namibia.
El proceso de transición a la independencia y el inicio democrático del país motivaron que Namibia fuera considerada por la comunidad internacional como un modelo democrático en África. No obstante, la situación política se ha enrarecido en los últimos años debido a ciertas arbitrariedades derivadas del inmenso poder que detenta el SWAPO. Desde el nacimiento del país, sus dirigentes practicaron una política de reconciliación entre la inmensa mayoría multiétnica de origen no blanco y la minoría blanca poseedora de la mayor parte de los recursos económicos. Por tanto, al no haber alterado la propiedad preexistente de los medios de producción, la economía namibia se puede medir con un doble rasero. Si bien su nivel de renta per cápita (1.890 dólares)29 la sitúa entre los países de ingreso medio y los más altos del África subsahariana, este análisis oculta profundas desigualdades. Según informes de las Naciones Unidas,30 Namibia ocupa el puesto mundial número 71 conforme a su renta per cápita, pero desciende hasta el 115 en el baremo de desarrollo humano.
Respecto a los sectores más activos de la economía namibia, destacamos la pesca, por hallarse indefectiblemente ligada a los intereses españoles, con un volumen del 11% del PIB y el 25% total del volumen de exportaciones. Otros sectores reseñables son la minería, la agricultura y el turismo.
Los sectores prioritarios para alcanzar la estabilidad económica son la educación, los servicios sociales, la vivienda y la salud, con atención preferencial a la pandemia del sida. La minería se encuentra bajo el control de grandes multinacionales altamente tecnificadas, por lo cual la generación de empleo recae principalmente en la pesca, el turismo, el desproporcionado sector público (ya que ha debido absorber a parte de los trabajadores de la antigua administración colonial, los propuestos por los nuevos dirigentes, así como a muchos ex combatientes recuperados para la vida civil) y el sector privado. Este último adolece de estructuras heredadas del antiguo régimen, y precisa de nuevas inversiones o fuentes de crédito para el desarrollo de la pequeña y mediana industria.
Finalmente, entre los lastres inmediatos para el progreso del país se encuentra la agricultura, practicada tan sólo como medio de subsistencia por el 65% de la población, sin la creación del excedente necesario para el ahorro y la inversión. A ello se une el deficiente sistema impositivo, el crecimiento demográfico más acelerado que el económico, la falta de mano de obra cualificada, las grandes disparidades en el reparto de la riqueza y la escasez de agua como un bien preciado entre la población namibia.