Justo Bolekia Boleká
El futuro del español en Guinea Ecuatorial, al margen de lo que puedan decir las autoridades del país, corre un serio peligro. El boom del petróleo en todo el país atrae a muchas personas procedentes de otras partes de África, y del mundo, que no tienen precisamente el español como lengua primera, segunda o de comunicación. Además, hemos de tener en cuenta que el porcentaje de usuarios del español de forma correcta es muy bajo, y el Estado guineoecuatoriano hace muy poco, por no decir nada, para la promoción y mantenimiento de esta lengua debido, quizá, a sus compromisos con Francia, lo que ha obligado a elevar a la categoría de lengua oficial (conjuntamente con el español) al francés y por un decreto presidencial del poderdante máximo del país. La presencia masiva de francófonos procedentes de los países de la zona del franco CFA, así como las facilidades que ofrece el Centro Cultural Francés tanto en las capitales del país como en pequeñas ciudades rurales, en cuanto a la formación de maestros y de alumnos, contribuyen al desplazamiento del español. Quiero decir con todo esto que el español que se habla se reduce a aquellos usuarios que han seguido una formación primaria completa o incompleta, así como una formación secundaria o universitaria, y por motivos profesionales, familiares (recordemos que existen familias en las que el español se ha convertido en la primera lengua), etc. Además, estamos también asistiendo a un bilingüismo o a un plurilingüismo pidgin-español-francés en el que las lenguas autóctonas pierden terreno. Se necesita una política educativa coherente y un bilingüismo de mantenimiento para garantizar el uso y conocimiento del español, porque no es suficiente la labor de los centros culturales españoles de Malabo y Bata. Los poderes públicos guineoecuatorianos, con todos sus ingentes recursos, deberían garantizar el uso y conocimiento de esta lengua oficial a todos los guineoecuatorianos, porque es su lengua y es también el soporte de una de sus identidades culturales dentro del África negra. Debemos, pues, lanzar una llamada de socorro tanto para el español como para las mismas lenguas autóctonas que se usan en todo el país.
Después de todo cuanto llevamos dicho y escrito, sólo nos queda la recapitulación. En el terreno de las lenguas de Guinea Ecuatorial, es urgente emprender y promover la enseñanza y el aprendizaje de las lenguas nacionales en sus respectivas áreas geográficas, dentro de los niveles de educación infantil y primaria, para evitar esta ruptura social, cultural y comunitaria entre el discente y el adulto, o entre las identidades etnoculturales y la cultura escrita importada por la colonización. Es necesario propiciar de manera institucional la promoción de las lenguas nacionales mediante la instauración de círculos orales autóctonos tanto en los medios de comunicación (radio, televisión) como en espacios tales como la casa familiar, los acontecimientos culturales, etc. Se trata de llevar a cabo lo que F. Niyi Akinnaso denomina «vernacularización».72
En cuanto a las literaturas de Guinea Ecuatorial tendríamos que preguntarnos: ¿para quién se debe escribir o se escribe y en qué lenguas? Si lo hacemos en español, contribuimos a violentar nuestra propia realidad lingüística. Si lo hacemos en nuestras lenguas nacionales, nos arriesgamos a permanecer en el olvido, con lectores muy limitados de los que podríamos incluso recibir escaso reconocimiento debido a la racialización de la que han sido (y son todavía) objeto. Quizá habría que fomentar la lectura de nuestras literaturas escritas en español sin dejar de promocionar las lenguas nacionales, con objeto de ir introduciendo poco a poco, y a lo largo del período escolar, algunos textos bubis, fangs, ámbös o combes cortos adaptados a la edad mental de los lectores en formación. Pero todo esto debe ser un proyecto gubernamental bilateral (entre Guinea Ecuatorial y España) con un alto espíritu democrático y de tolerancia. A pesar de tener dos ministros de Educación y Ciencia, dos de Cultura, un director general de Cultura, amén de los numerosos consejeros, etc., ni las lenguas nacionales ni las literaturas guineoecuatorianas (española en Guinea Ecuatorial y autóctonas —ámbö, bisíö, bubi, fang y ndowè—) parecen formar parte de la afirmación del actual presidente Teodoro Obiang Nguema sobre la «cultura [...] considerada en mi Gobierno como prioridad absoluta [...]».
Queramos o no, la «literatura hispano-negroafricana», con todos sus epítetos, debe situarse en dos contextos. En primer lugar, en el contexto africano autóctono, si tenemos en cuenta la realidad geocultural del mismo país. En segundo lugar, en el contexto de la literatura española. Sin embargo, la literatura española en Guinea Ecuatorial es la eterna olvidada del mundo literario español, quizá porque nadie ha derogado todavía, y públicamente, la ley que consideraba a Guinea Ecuatorial como materia reservada. Es como si desde el poder se tratara de borrar la presencia española en el África negra. Pero no es así en Guinea Ecuatorial, donde las obras leídas por los estudiantes siguen siendo las consagradas obras de la literatura española escrita y transmitida y difundida por españoles en los centros privados tutelados por la Cooperación Española a través de la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza. En estos centros algunos alumnos guineoecuatorianos van reclamando la inclusión de obras literarias guineoecuatorianas entre aquellas de lectura obligada en clase. Y ésta es una buena señal.