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El español en el mundo

Panorama de la literatura en español en Guinea Ecuatorial

Justo Bolekia Boleká

5. El español y la producción literaria en Guinea Ecuatorial

Antes de que hayamos profundizado en este apartado, conviene señalar que la presencia del español en Guinea Ecuatorial no es homogénea. El grado de alfabetización y uso de esta lengua en una u otra zona del país difiere. Y de todos los espacios demográficos urbanos o rurales con los que cuenta Guinea Ecuatorial, Malabo y Bata son los que más población hispanohablante concentran, sobre todo porque el conocimiento y uso del español, tal como ya se hiciera en la época colonial, ofrece mayores probabilidades de encontrar trabajo, aunque hoy en día, y dada la presencia generalizada de empresas petrolíferas norteamericanas, se exija un conocimiento y uso del inglés a los trabajadores nacionales que consiguen empleo en dicho sector.

Dicho lo anterior, para hablar de la literatura debemos tener en cuenta la misma realidad multicultural del país debido, sobre todo, a los referentes en los que se basa directa e indirectamente el «literante». Y si relacionamos la literatura con el español como lengua oficial de instrucción, así como con aquellos guineoecuatorianos en quienes existe un mínimo interés por la lectura, diremos que esta literatura carece todavía de un nutrido público lector consumidor, joven o adulto, capaz de transformar su propio espacio sagrado de seguridad a partir de sus realidades imaginarias y, por consiguiente, literarias de las escasas obras que han sido en la todavía corta pero intensa, y a veces traumatizante, historia de Guinea Ecuatorial.

Esta virtual y casi fugaz radiografía literaria de Guinea Ecuatorial nos obliga a situarnos en tres períodos históricos: el correspondiente a la oralidad u «oralitura»23 de los pueblos que hoy conforman el Estado de Guinea Ecuatorial, con todo lo que ello supone, como es la creación de las obras sin un autor específico (de ahí que se hayan denominado «obras populares» o «de autores anónimos») la difusión de tales obras por el método de «boca en boca», el público consumidor, los transmisores de dichas obras, los géneros, etc.; el correspondiente a la convivencia forzosa y violenta entre los colonizadores y los colo nizados, y el que directamente relacionamos con nuestro destino como país independiente, en el que no faltan episodios de violencia, persecución, anulación física de muchos intelectuales, etnocidio, promoción de la ignorancia, etc.

1. La literatura en los futuros Territorios Españoles del Golfo de Guinea durante el período precolonial

Parece que huelga decir que durante este período los pueblos que más tarde formarían parte de Guinea Ecuatorial contaban con obras «literarias» u orales, de autores conocidos (entonces), aunque más tarde serían anónimos debido, precisamente, a la ausencia de un código escrito que permitiera archivar gran parte de cuanto se dijera o hiciera, o el nombre del autor.

Antes de 1778, año en que España inició su empresa africana, las obras que se encontraban en las tierras traspasadas por Portugal se transmitían en las lenguas únicas de tales territorios. Nos referimos a las lenguas más tarde conocidas como bubi, fang y ndowè, las tres nacionalidades históricas de la actual Guinea Ecuatorial. Tal como hemos manifestado antes, la ausencia de un código escrito en aquella lejana época nos obliga hoy a emplear el sistema del alfabeto latino para escribir y presentar al lector alguna muestra de las obras orales que se sitúan en esta época precolonial:

Cuento bubi denominado «A M´moobaaröó»24

N eláo eria bööla, n antyi baissó la baiiè la boláë baabò. Ba láho sótéé. Buáe ao a sëi bóiè e lè baló waisuáaí ba sëi lèèle, buáe alò asubá ö waissó e labbá; e lë lábbaá e eró böra’o é alabbua. Ö böiè e lë pòa’á e loggá, a tyi rá. Öbam atyí ö waissó e labbá, e bö’a ábëssé belá e eró böra’ò á bëssébóóla, e bö èré ëtaotaobbuá. Ö böiè e lë pòa’á e loggá, ká á hónnó í pëppo yaí. Ö böiè en ò téralonná. Ö waissó e lè tére a wëtyé yöbëòòla, n ekánnö bóbeem, n né labbá, n á tyí hólò rá, n sòsánrá bëssë. Be lè sosse, a abëssé bè’ò yèrá yé ëbba. Ö waissó a puum’, e lè tére, a tyi’o pá’e. A puum’, a ennò èlé elògaaé. E lè pèrö öpuruáalo, e lè egé riössa buá nná kó böbaaí. Ö böbaai bó wétyi: «i e M’moobaaröó, i e M’moobaaröó!». Ö waissó a iibi, egí obbuá, a ta ńmènnó bööbè, a ta ńmenna. Atyí ö böie wétyi:

«i e M’moobaaröó, i e M’moobaaröó. Ká böra kábi to sëiié?».
Ö waissó a ta ńmenná. Atyí ö böie wëtyó waissó:
«i e M’moobaaröó, i e M’moobaaröó. Ká böra kábi to sëiié?».
Ö waissó nmènna, a nmen ó böbaaí: «Tyi olëè, tyi olëè
Nè n të o baaröó

Ë sira’o si létaopua bilo yé biile
Sé pöppë si’a hëëí
A n ka si’a hëëí
A n ka si’a hëëí»...

Versión traducida al español del texto anterior

En tiempos de maricastaña, fui a un pueblo y allí encontré a muchos hombres y mujeres con sus hijos. Todos vivían en armonía y así fue durante mucho tiempo. En dicho pueblo había un matrimonio joven. Todo iba bien al principio, pero con el tiempo, cuando la mujer cocinaba, al no estar su marido, metía la comida en cuencos y los colocaba en el secadero. Y cuando éste regresaba, se acostaba sin comer.

Al día siguiente, la mujer volvía a cocinar; cogía otros cuencos de cerámica, los llenaba de comida y los volvía a colocar en el secadero. Y como siempre, al volver el marido se acostaba sin comer. Éste siguió comportándose así hasta que la mujer no pudo aguantarlo más y acudió a los ancianos para denunciar el hecho. Les enseñó los cuencos y los ancianos contaron un total de mil. La mujer, viendo que los ancianos no tomaban ninguna decisión al respecto, se levantó y salió. La apenada mujer y esposa se dirigió hacia la salida del pueblo y vio a su marido en dicho lugar, en compañía de otros hombres. Éste miró a su mujer y la llamó cantando de esta manera:«I e M’moobaaröó, i e M’moobaaröó!». La mujer se llamaba M’moobaaröó. Al escuchar a su marido se detuvo y miró, pero no contestó. Y éste volvió a llamarle: «I e M’moobaaröó, i e M’moobaaröó! ¿Qué te ha hecho el que come y reparte?». La mujer no contestó y siguió avanzando, y el marido volvió a llamarla: «I e M’moobaaröó, i e M’moobaaröó! ¿Qué te ha hecho el que come y reparte?». Y esta vez la mujer contestó a su marido también cantando:

«Nada, nada
Yo no soy el marido,
La comida está en el secadero
Y lleva cuatro días
Con telarañas y seca
Ya se ha secado,

Ya se ha secado»...

Cuento ndowè titulado «Ilombe y el hijo de la mujer fantasma»25

Ebetyendi na ke ebebe na. Ndjambu na mwadadu Ngwalesie. Wadiya, wadija, namwaya. Yondi vo mwana na, vayena leyendu mekuge, natele tyeye natye tokaka emeno. Avatedjombetye wagangwe, wavalikakamu etyendo. Mutyeye, tyeye, amubo evaba, avakobetye epatye a mwana. Mu namu na etyendive mwamwado, mu mba timbwanakamu. Mu na ¿dinadjave ndi ra? Mu na ngwendi Ilombe; ndi etyendive, natyendi tokaka emeno. ¿Emeno ene reme? Mu na djele momu; na-yendi emeno a ukuge. Umbokwe na, ngwe tego nayeva ameemeno na, natokandi mwado; vayena lekobenendi, lebanetye.

A mwado na, vayengweva, iyame ayendi uvengwa. Ebogo nave natyetye e mbadi kenandi evara ubimba. Nyangwe abetyendi andite ebekanga, wavatetyetye na e mbadi...

Versión traducida al español del texto anterior26

El matrimonio formado por Ndjambu y Ngwalezie era muy pobre, por lo que su hija Ilombe decidió irse del poblado para buscarse la vida.

Caminó durante muchos kilómetros, y por fin llegó a una playa donde se encontraba un muchacho. Éste se acercó a la chica y le preguntó: «¿Dónde vas?, ¿qué es lo que buscas?». Ilombe no contestaba, porque tenía miedo de que se tratara de un criminal. Pero luego perdió todo temor y le contó que, ya que sus padres eran muy pobres, debía encontrar un marido que cuidara de ella. El chico replicó: «Yo también quisiera casarme y tener una mujer». Así que decidieron unir sus vidas.

Cuando se acercaban a la casa del chico, éste advirtió a Ilombe: «Debes tener en cuenta que mi madre es una mujer fantasma, por tanto tenemos que proceder con mucho tiento». Entraron en la casa, y el muchacho indicó a Ilombe que se escondiera debajo de la cama con un pincho...

Cuento fang titulado «El egoísmo de Beme»27

A nga bo na, a ne Beheme ba ngaha Ovula be nga tobo ngura nname, nname nfe ô mbe be bebeiny vaha.

E mos yui, ede Beheme a nga ke suane è djaha è mbe nye nfenge, a ke kuiny a ntaha nda djàla, ya abaha, abaha te djömo e mbe bume ô djihi, Beheme a bêbe kaga a yene mbôte, ede a nga ke na ake tuege djôme, abea: wa ke djôme te ve, a woge Beheme a nga woge, a tube mbihi, a kele è djaha deuy, a ke suane nye na a ovolo, nvaya e da nye mina a wolo da adji. Ede Beheme a nga bera a ke djaha a fe, mêsonge me nga djama weny, a suane a nga suane, Beheme a bêbe mbote a zu nseng a bege a tyine ne djang nlò, Beheme a ke a beamê bôte, nye na: beayene ne ma, beayene ne ma, ma djona, ¿ebôte è djaha di me na ya?, a fane pêpa a nga lige ma do, a fane nkene a fia mesung, ntóme pêpa a nga ligema wa è wa yuí mbôte a bege va yuí, ede ma djo ne a kege ma ntome wôme, bôte nye na zaga a nyônge, ede a nga tuega esuega a nfege, a tone do Beheme nlò, a larane ne ya nlò weny, a tyine djang è ke tebe Beheme nlò, kaga fe a wulu, Beheme na, nge me djo wo na ô taga ke mêsonge e da ô mbeya di, a ke tuga mbwera a mana a kige a tyine djang te, a yite Beheme...

Versión traducida al español del texto anterior28

Beme vivía en un poblado con su mujer Obula. Su egoísmo era tan grande, que incluso decía que era el dueño del bosque porque su padre se lo había dejado; cuando sabemos bien que el bosque es de todos.

Un día se adentró en aquel bosque y encontró una casa que parecía deshabitada. Dentro, sobre la lumbre, había un paquete de comida. Oyó una voz que decía: «Míralo, pero no lo comas». Beme se asustó un poco y miró por todas partes. Al no ver a nadie, se acercó al paquete y lo tocó. De nuevo se oyó la voz que decía: «Tócalo pero no lo comas». Beme volvió a mirar por todos los lados. Y al no observar la presencia de nadie, lo cogió. La voz apuntó: «Cógelo, pero no lo comas». Beme salió corriendo de la casa y regresó a la suya...

Son muchas las obras bubis, ndowès y fangs que forman parte de la tradición oral, como los cuentos, los proverbios, las epopeyas, las romanzas, etc., y cuya finalidad era, entre otras, la de entretener y formar a los miembros de la comunidad, aunque también encontramos obras orales que servían para criticar o acusar a aquellos miembros poderosos que agredían a sus coterráneos. Algunas de estas obras serán después traducidas al español por los nativos usuarios de esta lengua, a petición de los agentes e intermediarios de la colonización, y con el único propósito de «obtener datos fidedignos sobre las costumbres de los distintos pueblos que habitaban la colonia y, de ese modo, facilitar la acción colonial y civilizadora de España».29

Todo es posible en las obras de la «oratura», y generalmente las situaciones difíciles causadas por las fechorías de algunos personajes siempre acaban resolviéndose para volver al momento inicial de paz y tranquilidad.

2. La literatura española en Guinea Ecuatorial durante el período colonial

El momento más productivo de este período es el comprendido entre los años veinte y treinta, y la década de los años sesenta del siglo xx. Conviene decir, rápidamente, que las primeras plumas fueron de los mismos españoles interesados en recoger el exotismo de aquellas tierras africanas, siendo la incursión de plumas netamente africanas y guineoespañolas meramente testimonial y tardía, algo que demuestra que el dominio de la lengua española por parte de los negros en proceso de colonización fue muy posterior, si comparamos Guinea Ecuatorial con otros países africanos como Camerún, Nigeria, etc. Aquí encontramos, primero, algunas novelas (o libros de viaje) escritas por españoles que muchas veces no habían ni siquiera viajado a los entonces denominados Territorios Españoles del Golfo de Guinea; segundo, la publicación de algunos cuentos bubis traducidos al español30 y, tercero, la publicación de las dos únicas novelas escritas por negros de la Guinea Española, tal como podremos leer más adelante.

La producción de estas obras de las literaturas orales de la Guinea Española, que recogen temas considerados exóticos, salvajes y curiosos, tiene la función específica de reafirmar la superioridad del colonizador ante los negros colonizados, y «justificar ante el público metropolitano que la misión civilizadora de España en África empezaba a dar sus frutos».31

Lo que hemos venido diciendo anteriormente nos permite hablar de dos tipos de obras.

En primer lugar, aquellas que fueron producidas por españoles directa o indirectamente relacionados con la colonización, y en las que se presentaba el «primitivismo» o salvajismo de los guineoespañoles para deleitar a los lectores de la metrópoli española y justificar así la empresa colonial española en aquellas tierras negras e «inhóspitas», siempre desde los cánones religiosos y desde la misma superioridad cultural relativa del blanco. Entre estas obras podemos citar la de José Mas Laglera,32titulada En el país de los bubis. Escenas de la vida en Fernando Poo, editada en Madrid primero por Sanz y Calleja en 1919 (con 184 páginas), y segundo por Pueyo en 1931, con 236 páginas (esta última edición fue prologada por Miguel de Unamuno), o la de Joaquín Rodríguez Barrera titulada Mobbe, un negro de Fernando Poo, publicada por Vaila, Aleu y Domingo en Barcelona en 1931 (con 189 páginas). En estas obras se describen aquellos temas que tanto llamaban la atención a los colonizadores, como la cacería, la formación de éstos por el blanco, los castigos que recibía el negro considerado infantil, la fuerte racialización a la que fue sometido y, sobre todo, la programada aculturación. José Salafranca decía que «difundir por todos los medios posibles el idioma castellano, en esta colonia de Guinea, con la que España finaliza la misión que por la Providencia le fue conferida, de ser la madre fecunda de pueblos y de mundos, primera nación conquistadora y colonizadora de la Tierra, es un deber que a todos los españoles nos incumbe y que obligados estamos unos y otros a cumplirlo...».33

En segundo lugar, aquellas obras producidas por negros o guineoespañoles «instruidos», llamados a perpetuar el poder de la acultura ción, imitando siempre a sus maestros blancos, y sin darse cuenta de que eran agentes de la destrucción de todo cuanto tuviera que ver con sus mismas identidades etnoculturales. Entre estas obras podemos citar la de Leoncio Evita Enoy titulada Cuando los combes luchaban, novela que publicó el Instituto de Estudios Africanos (IDEA) en 1953. Se trata de la primera obra escrita por un guineano que, aunque se inscribe en el género de la novela colonial, inaugura la literatura guineana contemporánea. Esta misma novela fue reeditada en 1996 por la Agencia Española de Cooperación Internacional. Aquí debemos también incluir la segunda novela, la titulada Una lanza por el boabí, de Daniel Jones Mathama, publicada en Barcelona en 1962, novela en la que existe un alto desprecio hacia lo etnocultural y una fuerte apología del colonialismo español.

Entre unas obras y otras existe una marcada diferencia argumental que conviene señalar antes de adentrarnos plenamente en esta literatura española en Guinea Ecuatorial. En las primeras el tema abordado hace hincapié en la inferioridad cultural de los personajes, al presentarlos bajo el prisma español del momento histórico en el que se sitúan dichas obras. Sin tener en cuenta el relativismo cultural que caracteriza al individuo desde sus mismos orígenes, los escritores y «africanistas» españoles se valían de la curiosidad de sus lectores ante el exotismo de estas sociedades iletradas para confirmar la «superioridad» de la cultura dominante española. Mientras que en las segundas, el negro se valía de su contexto sociocultural para «reivindicar» su condición de ser diferente en este espacio geopolítico o geocultural que era la Guinea Española. Evidentemente, cuando leemos los textos de estos escritores observamos que la descripción realizada, lejos de contener el desprecio del escritor hacia las costumbres e idiosincrasia de los personajes de esa realidad novelada, pueden y deben entenderse como la manifestación de esta singularidad cultural de la que debía renegar si quería ser aceptado como miembro de la nueva sociedad colonizadora, y en la que el negro no era más que un individuo al que era necesario transformar en todos los sentidos excepto, quizá, en el color.

Tal como hemos podido percatar, la presencia del negro guineoespañol en el mundo de las letras de la época colonial, es meramente testimonial si tenemos en cuenta las dos únicas obras narrativas que hemos mencionado más arriba. Eso se debe, en gran medida, a la política lingüística asimilacionista practicada por la administración colonial, decidida a acabar con las identidades culturales en «sus territorios». Se da la casualidad de que los dos escritores de este período, es decir, Leoncio Evita Enoy y Daniel Jones Mathama, se caracterizan por el fuerte hispanocentrismo que recibieron del ambiente cultural en el que se movían. Conviene recalcar aquí que éstos produjeron sus obras en dos contextos distintos. El primero lo hizo en la Guinea Española, y su obra sirvió para demostrar a las autoridades de la metrópoli española que empezaba a dar sus frutos la colonización de los territorios y que no se invertía en balde el dinero público de España. El segundo produjo su obra en España (Barcelona), mientras que en la Guinea Española se hablaba de la instauración del régimen de las autonomías (inexistentes en la España de aquella época). Uno y otro debían renegar de sus singularidades para ser admitidos en el concierto de la Hispanidad.

3. La literatura en Guinea Ecuatorial durante el período poscolonial

Si con la independencia viene la madurez del colonizado, llega el momento de adoptar un término acorde con esta condición en lo que respecta a la literatura producida por guineoecuatorianos. En primer lugar, si tenemos en cuenta el gentilicio del país, Guinea Ecuatorial, hablaremos de literatura guineoecuatoriana; sin embargo, al no poder relacionar gentilicio y lengua oficial (ya que no existe ninguna lengua que se llame guineoecuatoriana), habremos de tener en cuenta nuestra realidad hispana (como país ex colonizado por España) para decidir qué lengua deberemos adoptar a la hora de hablar de un término lingüístico que englobe toda la producción literaria en Guinea Ecuatorial. En segundo lugar, no podemos ignorar las realidades lingüísticas de Guinea Ecuatorial para tratar de decidir qué término emplear para englobar toda la literatura producida en el país. Pero afortunadamente, en esto hay autores que ya trataron el tema, como Donato Ndongo-Bidyogo, que publicó su Antología de la literatura guineana en 1984. Este mismo autor hablará después de una literatura hispanoafricana. O como literatura hispano-negroafricana por parte del crítico y profesor Mbare Ngom Fayé en su obra Diálogos con Guinea..., quien también emplea la denominación de literatura guineana (o guineoecuatoriana) de expresión castellana en la misma obra (p. 18).

Como en el período anterior, aquí podemos también hablar de dos clases de autores guineoecuatorianos. En primer lugar, aquellos que produjeron sus obras fuera de Guinea Ecuatorial, durante su exilio, debido al régimen dictatorial que imperaba en el país. Estos escritores tuvieron que vivir tres situaciones traumatizantes que conviene señalar hoy en día: la dictadura del general Francisco Franco en España, la dictadura de Francisco Macías Nguema en Guinea Ecuatorial, y la declaración de Guinea Ecuatorial como «materia reservada»34 (en enero de 1972), lo que significaba que los medios de comunicación españoles no podían publicar las atrocidades cometidas tanto contra los españoles como contra los mismos guineoecuatorianos. Esta situación produjo un profundo ensimismamiento en el escritor, quien se convertiría en maestro del silencio tanto en España como en Guinea Ecuatorial. Recordemos también que en la España de entonces la censura había condenado al silencio a muchos escritores.

La introducción anterior nos permite esbozar fases dentro de este período. Una primera fase que va de 1968 a 1979, denominada «los años del silencio» por Donato Ndongo-Bidyogo, «época del mutis» por Ciriaco Bokesa Napo,35 «la generación perdida» por parte del poeta Juan Balboa Bonete,36 que se basculó entre el mundo de la esperanza que quiso nacer pero no nació, o también llamada época «de la triste memoria» desde los círculos gubernamentales guineoecuatorianos actuales. Se trata de una fase representada por escritores «enclaustrados» que reaccionaron de forma atónita y en actitud de repliegue ante la agresión que sufrió su contexto y sociedad, aquella sociedad de la que debían nutrirse para producir sus obras literarias entre la fantasía y la realidad. Se trata de una reacción propia del ser humano ante un hecho insólito como el que vivieron los pueblos de Guinea Ecuatorial, un hecho profundamente traumático que sumió a muchos librepensadores guineoecuatorianos en el silencio como único recurso para luchar contra esta incredulidad. Si este silencio se convirtió en la «elocuencia de los bravos dentro del territorio nacional»37guineoecuatoriano, ahora podemos también añadir, desde la distancia, que lo fue a su vez fuera del territorio nacional, sobre todo en España, a raíz de las agresiones y el abandono que sufrieron los muchos guineoecuatorianos que vivían en España por parte de las autoridades españolas y, por supuesto, las diplomáticas guineoecuatorianas.38 La producción literaria durante esta primera fase fue nula en el interior del país por los motivos ya señalados y, sobre todo, por las fuertes restricciones o anulaciones de las libertades propias de un Estado, como pueden ser la «libertad de desplazamiento» (limitada, restringida o más bien anulada desde 1973), la «libertad de información» (anulada desde 1972, con la desaparición de cualquier medio de información que no fuese una propaganda gubernamental), la «libertad de formación» (retirada de manuales escolares considerados colonialistas, cierre de muchas escuelas, asesinato de muchos maestros...), etc. En el exterior sólo podemos hablar de una producción literaria testimonial (Juan Balboa Boneke publica en 1982 su libro O Böribá: el exiliado) debido, también, a la actitud agresiva tanto de los políticos (expulsaron a todos los estudiantes de los colegios donde se encontraban internados y fueron considerados «apátridas» por la policía, según figuraba en las tarjetas extendidas por las autoridades), como de los círculos intelectuales españoles del momento. Los escritores guineoecuatorianos situados en esta primera fase, todos ellos formados durante la época colonial, se sumen en un profundo silencio porque no llegan a comprender la radical transformación injustificada a la que se vieron abocados y condenados con la instauración del régimen político nguemista. Estos escritores viven (o vivirán) un triple exilio: el del alejamiento físico (manifestado por medio de una reacción fetal, con vuelta a la cultural «Madre-España»), el de la añoranza (también materializado en el retorno a la «Madre-Tierra» en busca del sentido de todo cuanto se vivió), y el interior (expresado de dos maneras: vuelta al exilio físico traumático, o silencio consciente ante la imposibilidad de desprenderse de los recuerdos que la realidad social hace revivir permanentemente). Este es el caso del primer poeta guineoecuatoriano Juan Balboa Boneke, para quien «la convivencia en tre los ecuatoguineanos y, por supuesto, su auténtica reconciliación, depende del reconocimiento de la realidad étnica y de sus diferenciaciones culturales».39Una segunda fase que va de 1980 a 1991, caracterizada por la desconfianza, la precariedad política, la rusticidad y la ignorancia, o la desviación de los intereses personales hacia la voluntad del mandamás de turno, buen pagador ante los laudos hipócritas de las víctimas del pasado, si querían salvaguardar su pellejo, tal como ya hicieran con el silencio, aunque esta vez con la palabra destruida. Es una fase de repliegue, ensimismamiento consciente e incertidumbre cultural, en la que se busca causar, desde el poder ilegalmente instituido, una profunda esquizofrenia lingüística y cultural (se produce una fuerte confusión entre lo hispano, lo nativoafricano y lo francófono) en los escritores guineoecuatorianos, que albergaron la tímida esperanza del resurgimiento cultural de la fase anterior. Dentro y fuera del país se promueve, a iniciativa de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Centro Cultural Hispano-Guineano de Malabo), la promoción de la creación literaria autóctona. Se publican cuentos, algunos de los cuales serían premiados por el centro mencionado, algunas novelas a veces sin ISBN, algunos poemarios, etc. Es la fase que José Ramón Trujillo ha denominado «el renacimiento» (1980-1990).40Y una tercera fase que va de 1992 a 2004, y en la que se esboza, desde la más alta magistratura del Estado guineoecuatoriano, el pluralismo político que anunciaba también el correspondiente reconocimiento del pluralismo cultural, lingüístico y, por consiguiente, literario que debía definir la realidad de los pueblos de Guinea Ecuatorial. Las obras que se publican durante esta fase retoman el «discurso de resistencia cultural guineano»41con el que se pretendió romper la muralla del silencio que se erigió en torno a Guinea Ecuatorial. Como creadores, los escritores de esta fase de la esperanza truncada somos «producto de lo que produce nuestra tierra, y nos esforzamos en hacer posible la literatura al tiempo que sostenemos una ardua batalla contra la crueldad, la miseria material y espiritual, el empobrecimiento de las aspiraciones de la sociedad».42Como en el caso anterior, se mantiene la recopilación de cuentos, leyendas, etc., con la aparición de numerosas obras narrativas, de ensayo, etc.

Pero la diferencia con los escritores «colonialistas» estriba en que en este período hemos de incluir nuevas producciones literarias como la poesía producida por los mismos guineoecuatorianos. Conviene indicar que lo que llama la atención al estudioso en este período es la cuestación de los métodos utilizados por los recopiladores de estas obras de las literaturas orales de Guinea Ecuatorial. El uso del español para dicha recopilación contribuye a la destrucción, como siempre, de las lenguas nacionales, manteniendo así la racialización y la despersonalización de las sociedades guineoecuatorianas. No sería así si existiera un programa lingüístico de mantenimiento y cuidado del español en el país, con especial respeto y salvaguarda de las lenguas e identidades nacionales.

En cuanto a la producción literaria durante este largo período (1968-2004), podemos hablar de dos tipos de obras. En primer lugar, las producidas por los mismos guineoecuatorianos, y en las que se recogen temas muy diversos, como pueden ser: la descripción de los poderes ilimitados del hechicero o curandero, la confrontación entre la cultura ancestral y la moderna de los colonizadores, la pérdida de la identidad cultural, la destrucción del tejido social, el amor, etc., todo ello en un español muy trabajado, pero en el que también tienen cabida las aportaciones personales del escritor en cuanto al léxico o la sintaxis, como consecuencia de la apropiación de esta lengua por parte de estos autores. También hemos de hablar de aquellas obras que, como las que nos ofrece el escritor Donato Ndongo-Bidyogo Makina (Las tinieblas de tu memoria negra y Los poderes de la tempestad), son una cruda descripción de la realidad sociopolítica que afectó y afecta a todas las poblaciones del Estado de Guinea Ecuatorial, o aquellas otras que, con humor y sarcasmo (entre las que figuran las de los jóvenes escritores guineoecuatorianos como Juan Tomás Ávila Laurel, autor de Rusia se va a Asamsé, o Maximiliano Nkogo, autor de la popular obra Adjá-Adjá y otros relatos), describen las vicisitudes vividas por el guineoecuatoriano sencillo, sea militar o civil. El español utilizado en estas obras es altamente correcto, sin que esto frene o impida, tal como hemos indicado más arriba, el uso de algunos de los localismos característicos de los colonizados, como los que encontramos en la novela de José Siale Ndjangany titulada Cenizas de Kalabó y Termes. Evidentemente, esto se explica por la apropiación que estos escritores hacen de la lengua de Cervantes, y que pretenden enriquecerla incorporando giros y términos localizados en su contexto sociocultural. En palabras de Leoncio Evita Enoy, primer escritor guineoecuatoriano y autor, como ya sabemos, de Cuando los combes luchaban, «cualquier idioma aprendido queda en propiedad de uno y puede expresarse en dicha lengua, mientras que sepa hablarla bien».43 Esta apropiación se afianzaría más si existiera una Academia correspondiente de la Lengua Española, cuya ausencia ha impedido que muchos de los giros y términos léxicos (o guineanismos) aparecieran en las ediciones del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, o en los manuales del español actual que a veces editan los círculos lingüísticos españoles.

En segundo lugar, hemos de hablar de las obras producidas por españoles después de una estancia relativamente corta en algún lugar del país. Aquí podemos citar obras como las de María Paz Díaz (El valle de los bubis), José A. López Hidalgo (La casa de la palabra), Carles Decors (Al sur de Santa Isabel), etc. A diferencia de las obras literarias de la época colonial, en éstas existe una simbiosis entre el negro y el blanco, sin que ninguno destaque sobre otro. Además, los personajes se sitúan principalmente en un contexto guineoecuatoriano fácilmente reconocible por el lector autóctono. Los temas son variopintos: desde el viaje hacia las realidades ancestrales que pretendió aniquilar la política colonial, hasta el esbozo de las situaciones vividas entre 1968 y 2004, todavía no descritas de forma exhaustiva, sin que el autor se camufle entre sus personajes.

Tal como puede apreciarse, el segundo lustro de la década de los ochenta, y toda la década de los noventa, significaron una mayor producción literaria tanto dentro como fuera de Guinea Ecuatorial. Sin embargo, y como ya sucediera en la década de los años setenta cuando la ex Guinea Española fue declarada «materia reservada» por el Ministerio de Asuntos Experiores español, los círculos intelectuales y literarios españoles se resisten a incluir las obras de la literatura española de Guinea Ecuatorial entre sus canales de difusión y lectura obligada en España o en Iberoamérica.

A pesar de las tantas agresiones sufridas por los usuarios de la lengua española en Guinea Ecuatorial, y exceptuados los años del silencio que sumieron a los escritores guineoecuatorianos en un mundo de incredulidad y asombro, la creación literaria ha seguido varios derroteros. En este sentido, aparte de la narrativa, también conviene hablar del campo de la poesía producida por los guineoecuatorianos y basada, directa o indirectamente, en sus propias realidades empíricas. En este género existen todavía muy pocos, y me cabe citar a los poetas Juan Balboa Boneke, autor de O Böribá: el exiliado —también es autor de Requiebros y Sueños en mi selva, etc.—, cultivador de una «poesía elemental y sensiblera sobre nuestra experiencia colectiva y el amor»;44Ciriaco Bokesa Napo, autor de Voces de espumas, poemario en el cual, y «pese a reflejar el trauma nguemista», su autor «adopta un tono netamente conciliador y optimista. Es una profunda reflexión sobre el arte poético»;45Juan Tomás Ávila Laurel, autor de Poemas, cultiva la poesía, la narrativa y el teatro, géneros que utiliza para describir sutilmente la realidad que le circunda; Jerónimo Rope Bomabá, autor de Álbum poético, poeta que pertenece a esta nueva generación de escritores guineoecuatorianos marcados por los avatares de un exilio doble, el de fuera y el de dentro, y que tuvieron que aprender a callar para protegerse de las agresiones de los gobernantes violadores del derecho a escribir en lengua española; Justo Bolekia Boleká, autor de Löbëla, obra en la que «nos presenta unos versos depurados, entrañables, en sazón, en los que ha sabido plasmar el alma misteriosa de su pueblo, con una sensibilidad alejada de la ñoñería, en los que se mezclan y confunden la realidad y los anhelos»;46 Francisco Zamora Loboch, autor de Memoria de laberintos (Sial Ediciones, 1999), de quien dice Donato Ndongo-Bidyogo que es «la voz más sólida de la lírica guineana, pues su fuerza evocadora, sus imágenes sugerentes y su dominio de la lengua española aún no tienen par en nuestra producción»,47 etc. En todas estas obras están presentes muchos de los te mas que también serán abordados en la narrativa, con una permanente búsqueda de todo cuanto fue violentamente arrebatado a las poblaciones, sin olvidar el aspecto idílico de la sociedad ancestral, la cruda realidad de los duros momentos actuales y el tiempo intermedio entre el ayer y el hoy, es decir, el tiempo de la colonización definida por un tímido momento de libertad y progreso cultural muy corto, y enclavado en la década de los sesenta del siglo xx.

Si Guinea Ecuatorial fue condenada al olvido tanto por los círculos intelectuales españoles como por los políticos y los círculos mediáticos, en el propio país fue mucho peor. La fase de la esperanza que se iniciaba con el pluripartidismo político (aprobación de la reforma de la Ley Fundamental de Guinea Ecuatorial),48 pareció devolver a Guinea Ecuatorial su papel como centro por excelencia de la revitalización del español en el África negra. En toda Guinea Ecuatorial sólo hubo dos centros en los que se organizaban conferencias, tertulias, proyecciones de películas españolas (con la existencia de videoclubs donde el préstamo de series latinoamericanas no deja de interesar a los nostálgicos guineoecuatorianos deseosos de hacer un uso correcto de la lengua cervantina, ni a los jóvenes instruidos y semiinstruidos que tratan de salvaguardar su singularidad hispánica), presentación de obras literarias o de ensayo, etc.: Malabo (con su CCH-G) y Bata (también con su CCH-G). Con este reforzamiento y mantenimiento unilateral del español, muchos guineoecuatorianos patrimonializan y universalizan la lengua de Cervantes con sus aportaciones personales, unos particularismos que ha sabido recoger el profesor Antonio Quilis49 y que no dejan de llamar la atención a los oriundos guineoecuatorianos residentes en España, sobre todo a los hijos nacidos en la diáspora «aculturizante» para los padres, y «enculturizante» para estos hijos.

A pesar de condenarles al olvido, los escritores guineoecuatorianos han producido (y producen) obras de gran valor literario. Evidentemente, no todas estas obras son conocidas en Guinea Ecuatorial, ni mucho menos en España, razón por la cual se organizaron en el año 2000, en el Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Murcia, las Primeras Jornadas de Literatura Hispanoafricana, así como el Primer Encuentro de Escritores Africanos de Lengua Española, este último en el Colegio Mayor Universitario Nuestra Señora de África en Madrid. Estas jornadas propiciaron el encuentro entre los escritores guineoecuatorianos que vivían en el país y aquellos que vivían (o viven) en la diáspora, con el sano propósito de hacer llegar su reclamo ante quien conviniera, de manera que la rica producción literaria de estos escritores «silenciados» por los círculos políticos e intelectuales del mundo «hispánico» pudiera empezar a conocerse y a consumirse. En dichos encuentros se llegó a la conclusión de que era urgente promocionar la obra literaria guineoecuatoriana en tres contextos: Guinea Ecuatorial, España e Iberoamérica. Entre las recomendaciones50 de estos escritores guineoecuatorianos figuraban:

  • la formación del profesorado guineoecuatoriano en las mejores condiciones profesionales, para que se convirtieran en mejores usuarios del español, al ser ésta lengua oficial y de instrucción;
  • la organización de estudios universitarios que planteen un modelo propio de enseñanza a partir de las peculiaridades del país;
  • la realización de estudios universitarios en España, África y América que fomenten el trabajo sobre lo iberoafroamericano, trabajos de reflexión sobre las obras guineoecuatorianas y una crítica especializada que parta de una categorización apropiada y no etnocéntrica;
  • el fomento de la enseñanza y el aprendizaje de las lenguas autóctonas en todos los niveles educativos;
  • etcétera.

En estas jornadas pudimos percatarnos de que el desconocimiento del otro, la ignorancia que se tiene de la cultura, la lengua, las costumbres, etc. del otro, pueden generar e incrementar nuestros miedos, sobre todo cuando falta el conocimiento, la comunicación y la mutua experiencia y confianza. Entre los guineoecuatorianos de hoy ha habido un matrimonio de conveniencia, impuesto por un mismo colonizador. Los crueles procesos de desetnización sufridos por estos guineoecuatorianos son similares, aunque unos pueblos hayan sufrido más que otros. Pero lo cierto es que ninguno se salva de la fuer te influencia misionera (religión católica), educativa (lengua y cultura españolas), militar (con cuarteles a la entrada de los poblados), social (distribución de las personas en emancipadas, no emancipadas, conservadoras, liberales...), etc., practicada por nuestra ya virtual «madre-patria» española. El desencuentro de las diferentes etnias de nuestro ficticio y artificial Estado de Guinea Ecuatorial estriba, básicamente, en el no reconocimiento de las peculiaridades que cada una presenta, o de esta común experiencia. Hoy se admite que las culturas autóctonas «nacionales» pueden sobrevivir sin necesidad de disponer de un Estado propio. Pero esto es posible si la comunidad global, en nuestro caso la comunidad guineoecuatoriana (en sus formas de gobierno), respeta las identidades y el derecho de cada etnia a expresarlas libremente. Y entre los agredidos están, en primer lugar, los denominados «intelectuales» o «librepensadores» que denuncian, directa o indirectamente, las tropelías tanto de poderdantes como de poderhabientes; en segundo lugar, los escritores, quienes se están convirtiendo en «la voz del pueblo, la voz que da expresión a sus aspiraciones, creencias, modos de vida, necesidades espirituales, etc.».51

La diversidad étnica y cultural, o lingüística, que van recogiendo los escritores guineoecuatorianos en sus obras, debería ser respetada por nuestros gobernantes, y no utilizada como una razón para agredir a sus gobernados permanentemente. Pero por desgracia, la limitación de nuestros dirigentes, o de nosotros mismos (si aceptamos que todos somos artífices de nuestra propia fortuna), impide deshacernos de las expresiones metonímicas que nos han legado nuestros cocineros (por aquello de que nos metieron a todos en el puchero de Guinea Ecuatorial) y antiguos colonizadores.

Este tira y afloja entre unos (gobernantes) y otros (gobernados), esta división vertical impuesta, está minando nuestras sociedades, al ser incapaz de satisfacer las necesidades básicas de los guineoecuatorianos. En este sentido, escribir, fantasear nuestra propia realidad con la lengua española a partir de los estímulos externos e internalizados, o crear literatura, se convierten en una necesidad básica por parte del escritor. Las autoridades deberían llevar una política de mayor ayuda y protección a los escritores guineoecuatorianos que enriquecen tanto la lengua de la Hispanidad, que también es la nuestra, como sus propias comunidades lectoras, sean reales o ficticias.

Y para cerrar este subapartado, creo que no está de más presentar algunas de las obras de algunos de los escritores guineoecuatorianos, entre novelistas, dramaturgos y poetas.

Narrativa:

  • Daniel Jones Mathama, Una lanza por el boabí, 1962.
  • Donato Ndongo-Bidyogo, Las tinieblas de tu memoria negra, 1987.
  • Donato Ndongo-Bidyogo, Los poderes de la tempestad, 1997.
  • Joaquín Mbomío Bacheng, El párroco de Niefang, 1996.
  • Joaquín Mbomío Bacheng, Huellas bajo tierra, 1998.
  • José Siale Ndjangany, Cenizas de Kalabó y Termes, 2000.
  • José Siale Ndjangany, La revuelta de los disfraces, 2003.
  • Juan Tomás Ávila Laurel, Rusia se va a Asamsé, 2001.
  • Leoncio Evita Enoy, Cuando los combes luchaban, 1953.
  • María Nsué Angüe, Ekomo, 1985.
  • María Nsué Angüe, Relatos, 1999.
  • Maximiliano Nkogo, Adjá-Adjá y otros relatos, Malabo, 1994.
  • Raquel del Pozo Epita, Leyendas guineanas, 1981.
  • Rosendo Elá Nsué Mibuí, Mitos.

Poesía:

  • Ciriaco Bokesa Napo, Voces de espumas (poesía), 1987.
  • Francisco Zamora Loboch, Memoria de laberintos (poemario), 1999.
  • Jerónimo Rope Bomabá, Álbum poético, 1994.
  • Juan Balboa Boneke, O Böribá (El exiliado), 1982.
  • Juan Balboa Boneke, Requiebros, 1994.
  • Juan Balboa Boneke, Sueños en mi selva (antología poética), 1987.
  • Juan Tomás Ávila Laurel, Poemas, 1994.
  • Justo Bolekia Boleká, Löbëla (poemario), 1999.
  • Raquel del Pozo Epita, alias Raquel Ilombe, Ceiba, 1978.

Teatro:

  • Bienvenido Ivina Esua, La sombra de un sueño, 1999.
  • Juan Tomás Ávila Laurel, Los hombres domésticos, 1994.
  • Pancracio Esono Mitogo, El hombre y la costumbre, 1990.
  • Trinidad Morgades Besari, Antígona, 1991.

Si tuviéramos que recomendar diez obras literarias para posibles lectores, lo tendríamos muy difícil, ya que todas son igual de importantes. Pero según los temas tratados en cada una de ellas, o según el contexto sociocultural (aunque fantaseado, por aquello de que toda semejanza con la realidad será mera coincidencia), podríamos hablar de las siguientes (las que todavía no se han agotado):

  • Adjá-Adjá y otros relatos, de Maximiliano Nkogo.
  • Cenizas de Kalabó y Termes, de José Siale Ndjangany.
  • Cuando los combes luchaban, de Leoncio Evita Enoy.
  • El párroco de Niefang, de Joaquín Mbomío.
  • Las tinieblas de tu memoria negra y Los poderes de la tempestad, de Donato Ndongo-Bidyogo.
  • Löbëla (poesía), de Justo Bolekia Boleká.
  • Memoria de laberintos (poesía), de Francisco Zamora.
  • Rusia se va a Asamsé, de Juan Tomás Ávila.
  • Requiebros (poesía), de Juan Balboa Boneke.

4. Temas abordados en las obras literarias de Guinea Ecuatorial

A lo largo de los apartados de este trabajo hemos ido esbozando algunos de los temas abordados en las numerosas obras que el lector ya conoce, tanto los recogidos en las obras escritas durante la etapa colonial como aquellos que se circunscriben a la etapa poscolonial, aunque sólo sean sus títulos. Pero no está de más dedicarle unas cuantas líneas a un aspecto tan importante como es el referido a los temas abordados en las obras escritas por los mismos guineoecuatorianos (tanto los de antes como los de después de la Independencia). Para ello lo haremos desde dos visiones: la de los estudiosos de tales obras y la de los mismos escritores.

La literatura guineoecuatoriana de expresión española empieza a ser tenida en cuenta dentro del conjunto de la literatura española o escrita en español (dentro del amplio y rico mundo de la Hispanidad). Evidentemente, y a raíz de todo cuanto hemos dicho acerca del desprecio que los círculos literarios (e intelectuales) españoles mostraban (y muestran) por la literatura guineoecuatoriana escrita en español, es de esperar que se vaya a seguir silenciando esta producción, si tenemos en cuenta que en muchos círculos literarios se resisten aún a incluir Guinea Ecuatorial entre los países hispanos, a pesar de ser éste el único país negroafricano que tiene el español como lengua oficial. Han sido muchos años silenciando esta realidad. Por eso, muchos profesores de lengua y literatura españolas de universidades americanas y africanas —y muy pocas españolas— han preferido rescatar del olvido las producciones literarias de los guineoecuatorianos, y organizan conferencias, congresos, jornadas, etc., incluso publican artículos y libros para estudiar dichas obras, promoviendo su obligada lectura por parte de sus alumnos.

Dicho esto, para hablar de los temas abordados en las obras literarias de los autores guineoecuatorianos lo haremos desde tres posturas. En primer lugar están los temas recogidos por los nostálgicos africanistas (y paternalistas) que tuvieron interés en todo lo relacionado con Guinea Ecuatorial. En segundo lugar están los recogidos por los profesores de lengua y literatura españolas que hemos mencionado más arriba. En tercer lugar, la descripción de los mismos autores guineoecuatorianos, gracias a las entrevistas realizadas por los estudiosos y críticos de las obras referidas.

Entre los primeros estudiosos de esta literatura negra escrita y producida en español podemos citar a Carlos González Echegaray, quien prologó la que hoy se considera como la primera novela escrita por un guineoecuatoriano, en 1953 (Cuando los combes luchaban, de Leoncio Evita Enoy). De ella dice que «tiene el valor de constituir un fiel y minucioso testimonio de costumbres y ritos hoy desaparecidos. Desde este punto de vista, las notas que acompañan a la obra son muy interesantes como fuentes etnológicas»,52 mientras que su mismo autor manifestó que su intención fue «legar a las futuras generaciones el testimonio de lo que pude aprender en mi entorno cultural». Este mismo crítico nos habla también de algunos de los temas que aparecen en la novela Una lanza por el boabí, de Daniel Jones Mathama, de la que dice que es una «novela autobiográfica en la que relata la infancia y adolescencia de un fernandino, hijo menor del boabí, que no es otro que el casi mítico personaje de la historia de la isla a principios de este siglo [xx], Maximiliano C. Jones [...]», mientras que el crítico Mbare Ngom Fayé recoge que el «texto de Jones Mathama [...] defiende la situación colonial. El narrador critica despiadadamente a los personajes nativos y sus costumbres mientras hace una verdadera apología a la colonización española».53 No sería justo pasar por alto el estudio que el escritor Joaquín Mbomío Bacheng54 hace de la obra de Leoncio Evita Enoy, sobre todo en lo referente a los temas en ella tratados, como son el sistema colonial y la agresión que representó para los ndowès o combes, la trata de negros y el comportamiento de los monarcas ndowès, la destrucción del mundo tradicional ndowè, la pérdida de autoridad por parte del soberano, la importancia social de los funerales en la sociedad tradicional ndowè, la figura del anciano en la sociedad africana, etc.

Tras estas dos novelas de esta etapa colonial, Carlos González Echegaray recoge también algunos de los temas presentes en la primera novela guineoecuatoriana escrita por una mujer. Se trata de Ekomo, en la que «se refleja la tremenda fuerza que en la vida del fang tiene lo consuetudinario, concretado en el rito ancestral, el valor esotérico de la danza, los poderes ilimitados del hechicero, el fatal destino de los personajes, Ekomo y su mujer, Nnanga, oprimidos entre la cultura tradicional y el impacto cada vez más fuerte, de la civilización europea».55Su autora, María Nsué Angüé, dice que su obra es «una panorámica del país en todos los sentidos».56

Otros estudiosos de las obras literarias de la época poscolonial hacen una verdadera crítica literaria de éstas, pasando revista a los numerosos temas en ellas tratados. Es interesante subrayar que la mayoría de estos críticos son hispanistas que ejercen su docencia en universidades americanas (de Estados Unidos e Iberoamérica). Éste es el caso de F. Komla Aggor, profesor de lengua y literatura españolas en la Universidad John Carrol (Cleveland), quien al analizar la poesía de Ciriaco Bokesa Napo sostiene que ésta «es una exaltación del encanto, de la belleza cósmica y la solidaridad humana. En su búsqueda de la solidaridad se dejan de lado las tragedias de la historia —lo anecdótico— para crear una metafísica de la esperanza como paradigma universal dentro del cual la colectividad humana avanza alegremente...».57 Otro crítico y estudioso de la poética guineoecuatoriana escrita en español es el profesor asistente de Lengua y Literatura Hispánicas Mario André Chandler, de la Universidad Oglethorpe (Atlanta). Éste, al igual que el anterior, centra su estudio en los poetas Ciriaco Bokesa Napo y Juan Balboa Boneke. Del primero sostiene que entre los temas abordados en su obra Voces de espumas destacan «la importancia de la expresión e inspiración artísticas, el amor sensual y natural y la necesidad espiritual». Del segundo dice que muchos de sus poemas «tratan el tema del exilio físico y psicológico del autor de su amada Guinea Ecuatorial» o el de la «supervivencia» que «depende totalmente del esfuerzo colectivo de las masas y de los ciudadanos ecuatoguineanos»,58 sin olvidar otros temas como los cantos evocativos a la naturaleza, la descripción casi obsesiva de ámbitos precisos de la isla de Bioko, la melancolía, la nostalgia, el desarraigo o la «orfandad de tierra», según recoge el también crítico y profesor de Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Morgan State University (Maryland) Mbare Ngom Fayé. Esteban Esono59 nos habla de una temática variadísima en Voces de espumas, como pueden ser la teoría estética del autor, la autenticidad, la llamada, el anhelo, el paisaje, el eterno amor, la gloria, la soledad, la existencia, la libertad, la muerte, el entorno, la temporalidad, etc.

La literatura guineoecuatoriana, como todas las demás literaturas caracterizadas por la imaginería de sus creadores, se nutre de la propia experiencia de sus autores, lo que la convierte en el «espejo en el que se puede contemplar la realidad sin trucos».60 El prolongado silencio tridimensional (el impuesto por los poderdantes y maltratadores guineoecuatorianos, el instituido por los poderdantes españoles oprimidos políticamente y el encarnado en el mismo escritor, provocado por el impacto psicológico de una realidad violentada) al que fueron condenados todos los guineoecuatorianos, afectó hondamente al entonces incipiente mundo de las letras. Ahora, con la proliferación de obras literarias producidas por los ayer (y hoy maltratados) escritores de Guinea Ecuatorial, el autor busca exorcizarse y exorcizar a su sociedad, expulsando los demonios que perturbaron su desarrollo, y redefinir su realidad plural mediante la descripción de todo cuanto la caracteriza. De esta manera, y sin deshacerse de su singularidad hispana, algo por otra parte imposible ya de descartar evita ser imaginado y modelado según los patrones de la cultura española dominante.

Aparte de los estudios realizados por estos críticos de la obra lírica de la literatura española en Guinea Ecuatorial están los que se dedican a la obra narrativa, como pueden ser el mismo Mbare Ngom Fayé, Lola Aponte-Ramos, que hace un estudio riguroso de Ekomo, la ya conocida novela de María Nsué Angüe, Baltasar Fra Molinero, que centra su estudio en las obras de los escritores Donato Ndongo-Bidyogo y Joaquín Mbomío Bacheng, María Zielina, que también estudia la obra de Donato Ndongo-Bidyogo, etc. Pero yendo más a lo concreto, diremos que los temas abordados en la narrativa guineoecuatoriana son de una amplia variedad, bien sea desde los estudiosos de las obras literarias de los escritores guineoecuatorianos, o desde los mismos productores de tales obras. Esta diversidad nos obliga a limitarnos a unas cuantas (las de María Nsué Angüe, Donato Ndongo-Bidyogo, Joaquín Mbomío Bacheng y José Siale Ndjangany). En el caso de los dos primeros, algunas de cuyas obras son Ekomo y Las tinieblas de tu memoria negra, se «plantean oposiciones vinculadas al conflicto entre tradición y modernidad (contraste poblado/ciudad: creencias de los antepasados versus religión extranjera; medicina nativa u hospitales con tratamientos europeos; simbología excluyente de la luz y de la oscuridad; tolerancia contra intransigencia) que reflejan el desgarro sufrido por el individuo africano contemporáneo [...]».61El autor de esta cita, estudioso y crítico español (durante dos años cooperante en Guinea Ecuatorial, y profesor de Lengua y Literatura Españolas en el Instituto de Formentera (en Baleares), también autor de la obra narrativa La casa de la palabra (ambientada en Guinea Ecuatorial y publicada por la Editorial Debate, Madrid, en 1994), recoge algunas de las afirmaciones del escritor Donato Ndongo-Bidyogo, al hablar de su propia obra, de la cual dice que «establece el dilema personal de una generación de guineanos cultos educados por la Iglesia católica, pero reacios a romper su vínculo con la espiritualidad ancestral de su pueblo».62 Este mismo crítico circunstancial, a petición quizá de algún miembro del entonces Centro Cultural Hispano-Guineano de Malabo, estudia también la obra de María Nsué Angüe, de quien dice que «hace hincapié en la situación de la mujer, dentro de las estructuras familiares africanas, y sus secuelas de angustia que deriva a menudo en la sociedad existencial».63

Del periodista y escritor Joaquín Mbomío Bacheng, autor de El párroco de Niefang, se ha escrito mucho, sobre todo por parte de algunos críticos hispanistas estadounidenses. Es el caso de Baltasar Fra Molinero, profesor en Bates College y doctor por la Universidad de Indiana, para quien la obra de Mbomío Bacheng, al igual que la de Donato Ndongo-Bidyogo, contiene diferentes elementos autobiográficos, no sólo en los detalles, sino sobre todo en el discurso político que la sustenta y en su denuncia del terror perpetrado por el régimen de Francisco Macías Nguema.64 Las novelas objeto de estudio por parte del crítico hispanista B. Fra Molinero tienen en común a ese personaje que pasó por el seminario y se enfrenta con un destino individual que se diferencia críticamente de aquella misión salvadora para la que le habían llamado y educado. Esta presencia del sacerdote en las obras de estos dos periodistas y escritores guineoecuatorianos rememora el tema de las vicisitudes que hubo de vivir el clero guineoecuatoriano durante los once años del duro régimen del presidente Francisco Macías Nguema, y materializadas en una continua persecución, tortura, asesinato, confinamiento, exilio, casamiento (o relación pecaminosa con una mujer que también había sido torturada), etc., o testigo de otros crímenes cometidos contra familiares, conocidos, etc. En resumen, y siempre según el profesor Baltasar Fra Molinero, las dos novelas que estudia en su trabajo abordan temas variopintos. En Los poderes de la tempestad «se hace la crónica minuciosa del diario acontecer de este proceso político a través de las alucinantes andanzas del protagonista por su pueblo natal en el continente (Río Muni) y luego en Malabo (Bioko), antes de su apresamiento. La novela, firmemente anclada en un sentimiento de nostalgia hispanófila, es en el fondo la justificación de la opción del exilio que en sí es la negación de la misión salvadora del personaje mesiánico».65 Mientras que en El párroco de Niefang, «el padre Gabriel se siente desolado ante la posibilidad de ser el nuevo obispo de su pueblo, elegido por el Vaticano blanco. Su crisis es profunda. Se siente culpable de haber sobrevivido a la tortura. Al problema psicológico del síndrome del torturado [...] se une el complejo de culpa [...]. Quiere aunar su condición de sacerdote católico que duda hasta de la existencia de Dios con la experiencia mucho más tangible de la religión ancestral, representada irónicamente por su amigo y compañero de prisión Patricio [...]».66

Frente a los temas descritos por estos dos escritores avezados están los de otros escritores guineoecuatorianos de publicaciones más recientes. Es el caso de José Siale Ndjangany, autor de Cenizas de Kalabó y Termes, obra en la que se recogen temas como la religión tradicional encarnada en los personajes populares del curandero (en la sociedad fang) o el espíritu (en la sociedad bubi), la religión importada del blanco con sus iglesias, sus sacerdotes, etc., la persecución sufrida por algunas etnias y grupos políticos por el nuevo régimen (después del derrocamiento de Francisco Macías Nguema en 1979), las miserias de las poblaciones del país, la impotencia de los padres para hacer frente a sus obligaciones como progenitores, los asesinatos, etc.

Fui por los barrios «La Paz», «semu», tras vagar brevemente por la zona de «Barracón», de «Fortuny», donde, en viviendas tres veces chicas e inconfortables, se apiñaban los desheredados de Santa Isabel, orando con fervor, esperando ansiosamente a que «las cosas cambien por la gracia de Dios quien lo da todo y lo quita todo». Se observaba en todos estos antros la misma forma de existencia, como si los ocupantes se pusieran de acuerdo para dar la misma imagen de lasitud espiritual o pausa mental, viviendo indiferentes sus horas una tras otra cómo se consumen cacahuetes sin fijarse en su tamaño o en la diferencia de salinidad de uno a otro [...]. Los inocentes correteaban por las calles, se peleaban entre ellos revolcándose en el barro con todo el libertinaje del mundo [...]. Dios les protegía. «Lo que cuesta es parirlos», afirmaba la voz popular. «Una vez que han salido sin heces ni orina, crecen solitos, con aire y barro». En sus homilías el padre Gori los calificaba de «niños huérfanos de padres vivos». Varios padres vagabundeaban por doquier, en pos de un generoso vaso de vino o de una simple compañía que les hiciera olvidar por unos minutos esta obligación paternal que, a pesar de su empeño, no conseguían cumplir rigurosamente.

Las madres, por su parte, se afanaban en acarrear agua para las casas [...], ir al mercado, hacer la tenue comida, comprar pescado congelado para su reventa en los mercados, sentarse largas horas con sus mesitas comúnmente denominadas «las mesitas de la miseria» [...].67

La obra de José Siale Ndjangany es una continua ida y venida del pasado al presente, es decir, de la época colonial a la época poscolonial, dando al lector la oportunidad de conocer y comparar ambas realidades. Esta «radiografía» social que hace este autor novel le lleva a hablar de la «profundidad de Santa Isabel» (prefiere mantener este nombre, como una forma sutil de manifestar su inconformismo ante los nuevos gobernantes), y percatarse de que en la miseria de su sociedad, muchas de las gentes vivían dignamente sus vidas, sin pordiosear, con la cabeza erguida, el pulso firme.68

En esta misma línea delatora y acusadora está la obra del joven Maximiliano Nkogo, cuyo prologuista, el también escritor Anacleto Oló Mibuy, la enmarca dentro de una picaresca nacional generalizada, resumida en la expresión «salir adelante como se pueda, ejerciendo cualquier papel en este teatro del mundo». El personaje Adjá-Adjá lleva la picardía como una «obligación, una imposición; y si se quiere, un pecado leve, que se borra cada día con los momentos de remordimiento íntimo».69 Tal como dice el mismo autor, «son relatos testimoniales con los que reflejo, o he querido reflejar de algún modo, las costumbres, la psicología y sobre todo las peripecias que atraviesa el guineoecuatoriano de un tiempo concreto caracterizado por una aguda crisis en todos los órdenes».70

Podríamos seguir presentando más temas de los aquí recogidos, tanto por parte de los estudiosos y críticos de las obras literarias guineoecuatorianas como por la de los mismos autores. Pero creo que con los ya expuestos, el lector puede tener una visión aproximada de lo que la literatura guineana, hispano-guineana, hispano-negroafricana, guineoecuatoriana, etc. puede aportar (y aporta) a la literatura, tanto la española e iberoamericana como la guineoecuatoriana y africana.

Tenemos autores, podemos leer sus obras (como las que hemos presentado más arriba al lector). Sin embargo, estas producciones no cuentan con los lectores necesarios para su consumo y difusión, tal como veremos en el subapartado siguiente.

5. Problemática de difusión de la literatura española en Guinea Ecuatorial

Cuando hablamos de literatura española en Guinea Ecuatorial deberíamos hacerlo desde la reciprocidad de unos y otros, es decir, desde las obras de los autores tanto españoles como guineoecuatorianos. Sin embargo parece que aquella agresión de la que fueron objeto los pueblos de Guinea Ecuatorial en los años posteriores a la independencia (12 de octubre de 1968) tanto en Guinea Ecuatorial como en España, tenía un objetivo: «desterritorializar» a los guineoecuatorianos y convertirles en eternos exiliados y huérfanos en su propio terruño. Las secuelas de tales conductas agresivas todavía permanecen en la conciencia tanto de los agredidos (que contemplan impotentes y derrotados el caos sociocultural que existe en sus sociedades) como de los agresores (los políticos que cumplen «fielmente» las órdenes del máximo poderdante, los círculos intelectuales españoles «afrófobos», etc.).

La consecuencia de esta violencia institucional «nguemista», practicada por parte de los gobernantes guineoecuatorianos durante más de treinta y seis años de independencia, así como la persecución y muerte de muchos transmisores del saber considerado «colonialista» desde círculos gubernamentales, o el mismo ensimismamiento del «enclaustrado» y obligada invisibilización del escritor guineoecuatoriano (como estrategia para protegerse de una asfixia o muerte segura), han frenado la creación de un círculo de consumidores de las obras literarias producidas por los mismos autóctonos en Guinea Ecuatorial, en ausencia de una política lingüística que promueva la lectura obligatoria (o recomendada) de las obras de los novelistas y poetas que han sido y son en aquellas tierras en su día denominadas Territorios Españoles del Golfo de Guinea, de ahí que actualmente se siga empleando el gentilicio guineano por antonomasia en España.

Tal como acabamos de esbozar, la existencia de autores y de obras literarias producidas por guineoecuatorianos tanto dentro como fuera de su país, no va a la par con la difusión de las mismas. Esta actitud, ajena a la voluntad difusora de los escritores, es promovida indirectamente por los gobernantes debido, quizá, al injustificado miedo que tienen a la palabra, como una de las armas más mortíferas, ya que por mediación de ella, aunque explicitada con el silencio, la sociedad aprende a transformar su realidad, recurriendo a sus fantasías prometeicas (que miran hacia delante) pero con una función «epimeteica».71 En treinta y seis años de independencia de Guinea Ecuatorial sólo podemos hablar de dos imprentas: la de la época colonial, regentada por los misioneros claretianos, y la de la época poscolonial, promovida y regentada por la Cooperación Española. Esto significa que todas las obras literarias impresas en Guinea Ecuatorial han pasado por el Centro Cultural Hispano-Guineano de Malabo. Tal como hemos podido comprobar más arriba, muchas de ellas no llevan ni siquiera un número identificativo, es decir, el popular ISBN. Las otras obras literarias producidas por estos «impactados» escritores del único país negroafricano que tiene el español como lengua oficial, han sido también publicadas en España gracias al apoyo de la Cooperación Española mediante el sistema de coedición. La literatura guineoecuatoriana de expresión castellana no se consume en España, tal como cabría esperar. Salvo los españoles que mantienen «vínculos familiares» directos o indirectos con alguno de los pueblos que conforman el Estado de Guinea Ecuatorial, o algún que otro curioso que se interese por las cosas que se escriben en dicho país, el consumo de las producciones literarias objeto de nuestro estudio es prácticamente nulo. Incluso los editores de ahora, como Sial Ediciones, Editorial Malamba, etc., mantienen algún tipo de vínculo con Guinea Ecuatorial que justifica su loable y arriesgada labor de publicar de vez en cuando literatura guineoecuatoriana. En resumidas cuentas, y sin que sea nuestra pretensión ofender a propios y ajenos, no podemos hablar de la difusión de las obras literarias escritas por autores guineoecuatorianos por dos razones básicas, aparte de las tantas que hemos esbozado. En primer lugar, los más de treinta y seis años de independencia del único país negroafricano que tiene el español como lengua oficial no han aportado gran cosa a nivel lingüístico y cultural. Las autoridades del país, curiosamente negro-hispanohablantes, han frenado la promoción y el desarrollo del español. En segundo lugar, ni siquiera la actual cooperación cultural y sanitaria de España en el país puede paliar esta grave deficiencia de la difusión del libro guineoecuatoriano. Para que podamos hablar de la difusión del libro tiene que haber una política de promoción del libro escrito por guineoecuatorianos. Y esto se hace mediante la institucionalización de premios tanto por parte de la «cosa pública» española y guineoecuatoriana como por parte de la «cosa privada», es decir, empresas, organizaciones no gubernamentales, individuos, etc. Aquí debemos mencionar los premios que desde el Centro Cultural Hispano-Guineano de Malabo (financiado por la Cooperación Española) fueron promovidos durante más de una década desde la ya desaparecida y siempre necesaria Revista África 2000.

  • (23) Cf. Luis Beltrán Repetto, «Prólogo», en La recuperación de la memoria: creación cultural e identidad nacional en la literatura hispano-negroafricana, Universidad de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares, 2004, p. 9. volver
  • (24) Cf. Justo Bolekia Boleká, «La literatura oral bubi: función, interpretación y transgresión», en De Boca en Boca. Estudios de Literatura Oral de Guinea Ecuatorial, Ceiba Ediciones, Barcelona, 2004, pp. 23-24. volver
  • (25) Cf. Jacint Creus, Cuentos de los ndowè de Guinea Ecuatorial, Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, 1991, p. 230. volver
  • (26) Ibid., p. 36. volver
  • (27 Cf. Jacint Creus y M.ª Antonia Brunat, Cuentos de los fang de Guinea Ecuatorial, Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, 1991, p. 213.) volver
  • (28) Ibid., p. 27. volver
  • (29) Cf. Mbare Ngom Fayé, Diálogos con Guinea. Panorama de la literatura guineoecuatoriana de expresión castellana a través de sus protagonistas, Labrys 54 S. L., Madrid, 1996, p. 19. volver
  • (30) Cf. Revista Misional La Guinea Española (desde 1947) y Revista Hispano Africana. volver
  • (31) Cf. Mbare Ngom Fayé, op. cit., p. 20. volver
  • (32) Según indica Antonio M. Carrasco González, en su op. cit. (p. 225), José Mas visitó la entonces Fernando Poo. volver
  • (33) Cf. José Salafranca, op. cit., p. 18. volver
  • (34) Cf. Justo Bolekia Boleká, Aproximación a la historia de Guinea Ecuatorial, op. cit., p. 127 y Max Liniger-Goumaz, Brève Histoire de la Guinée Équatoriale, L’Harmattan, París, 1988, p. 132. volver
  • (35) Cf. Ciriaco Bokesa Napo, «Ekomo, toda una novela», Revista África 2000, n.º 10-11 (1989), Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, p. 96, también lo denomina «tiempo de reflexión acumulativa» o de «mirar hacia sí mismo». Véase también Mbare Ngom Fayé, op. cit., p. 104. volver
  • (36) Cf. Mbare Ngom Fayé, op. cit., p. 95. volver
  • (37) Cf. Ciriaco Bokesa Napo, op. cit., p. 96. volver
  • (38) Véase Anselmo N. Eworo Micué, «El Reencuentro», Revista África 2000, n.º 2-3 (1987), Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, p. 43. volver
  • (39) Véase Donato Ndongo-Bidyogo, op. cit., p. 517. volver
  • (40) Cf. José Ramón Trujillo, «Recepción y problemas de la literatura de Guinea Ecuatorial», en África hacia el siglo xxi, Sial, Madrid, 2001, p. 528. volver
  • (41) Cf. Mbare Ngom Fayé, «Literatura africana de expresión española», Cuadernos, n.º 3 (2003), Universidad de Murcia, Centro de Estudios Africanos, Murcia, p. 124. volver
  • (42) Cf. Donato Ndongo-Bidyogo, op. cit., p. 522. volver
  • (43) Cf. Mbare Ngom Fayé, Diálogos con Guinea, op. cit., p. 36. volver
  • (44) Cf. Donato Ndongo-Bidyogo, op. cit., p. 520. volver
  • (45) Cf. Mbare Ngom Fayé, «Introducción», en Literatura de Guinea Ecuatorial (Antología), Sial, Madrid, pp. 26-27. volver
  • (46) Cf. Donato Ndongo-Bidyogo, op. cit., p. 520. volver
  • (47) Ibid., p. 519. volver
  • (48) Cf. Alejandro Evuna Owono Asangono, El proceso democrático de Guinea Ecuatorial, Ceiba, Torrejón de Ardoz (Madrid), 1994, p. 297. volver
  • (49) Cf. A. Quilis, op. cit., p. 9. volver
  • (50) Cf. Cuadernos, n.º 2 (2002), del Centro de Estudios Africanos de la Universidadde Murcia, que dirige el periodista y escritor guineoecuatoriano Donato Ndongo-Bidyogo Makina. volver
  • (51) Cf. Marisa Bortolussi, Análisis teórico del cuento infantil, Editorial Alhambra, Madrid, 1987, p. 45. volver
  • (52) Cf. Carlos González Echegaray, «La novela en lengua española sobre Guinea Ecuatorial. Etapas de una producción literaria», Revista África 2000, n.º 9 (1989), Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, p. 43. volver
  • (53) Cf. Mbare Ngom Fayé, «Literatura africana de expresión española», Cuadernos, n.º 3 (2003), Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Murcia, Murcia, p. 212. volver
  • (54) Joaquín Mbomío Bacheng, «Cuando los combes luchaban» de Leoncio Evita, una obra trascendental, Ginebra, 1998, p. 13. volver
  • (55) Cf. Carlos González Echegaray, op. cit., p. 45. volver
  • (56) Cf. Mbare Ngom Fayé, Diálogos con Guinea, op. cit., p. 114. volver
  • (57) Cf. F. Komla Aggor, «Más allá de lo anecdótico: la poética posmodernista de Ciriaco Bokesa», en La recuperación de la memoria: creación cultural e identidad nacional en la literatura hispano-negroafricana, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares, 2004, p. 23. volver
  • (58) Cf. Mario André Chandler, «La bantugritud ecuatoguineana: la unidad bantú en la cosmovisión de dos poetas de Guinea Ecuatorial», en La recuperación de la memoria: creación cultural e identidad nacional en la literatura hispano-negroafricana, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares, 2004, p. 42. volver
  • (59) Cf. Esteban Esono, «Voces de espuma: la poesía como pasión», Revista África 2000, n.º 7 (1988), Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, p. 50. volver
  • (60) Cf. Gerardo González Calvo, «Literatura y diversidad cultural», Revista África 2000, n.º 20 (1993), Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, p. 3. volver
  • (61) Cf. J. A. López Hidalgo, «La novela en Guinea Ecuatorial», Revista África 2000, n.º 20 (1993), Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, p. 44. volver
  • (62) Ibid., p. 44. volver
  • (63) Ibid., p. 44. volver
  • (64) Cf. Baltasar Fra Molinero, «La figura ambivalente del personaje mesiánico en la novela de Guinea Ecuatorial», en La recuperación de la memoria: creación cultural e identidad nacional en la literatura hispano-negroafricana, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares, 2004, p. 116. volver
  • (65) Ibid., pp. 120-121. volver
  • (66) Ibid., pp. 120-121. volver
  • (67) Cf. José Siale Ndjangany, Cenizas de Kalabó y Termes, Editorial Malamba, Salobralejo, 2000, pp. 111-112. volver
  • (68) Ibid., p. 112. volver
  • (69) Cf. Maximiliano Nkogo, Adjá-Adjá y otros relatos, Centro Cultural Hispano-Guineano, Malabo, 1994, p. 5. volver
  • (70) Cf. Mbare Ngom Fayé, op. cit., p. 139. volver
  • (71) Cf. Marisa Bortolussi, op. cit., p. 97. volver
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