Justo Bolekia Boleká
La dictadura del presidente Francisco Macías Nguema frenó el desarrollo de unas políticas lingüísticas y culturales cuyos resultados hoy hubiesen sido, seguramente, el conocimiento y correcto uso progresivo del español. Su antiespañolismo le llevó a eliminar, de la Constitución (1973) que le consagraba como presidente vitalicio, el artículo que hacía referencia a la oficialidad del español en Guinea Ecuatorial. Muchos maestros, que habían sido formados en la entonces prestigiosa Escuela Normal, fueron asesinados y sustituidos en la enseñanza por bachilleres y/o preuniversitarios, o por monitores y usuarios deficitarios del español.10 Durante los once años de su duro régimen la lengua española dejó de ser el soporte de la identidad hispana de los guineoecuatorianos. Y si antes de la independencia del país los vecinos nigerianos, cameruneses, gaboneses, etc. veían en el español hablado en Guinea Ecuatorial una lengua necesaria para las relaciones internacionales con España, América central o Sudamérica, la persecución gubernamental que sufrió la lengua de Cervantes, incluida la ausencia de un aval promovido desde dentro o fuera del país (tal como pudiera ser el caso de una Academia correspondiente como en todos los países de habla hispana),11 obligó a los vecinos países a mirar directamente hacia España o América Latina para la formación y perfeccionamiento de sus profesores de español. El presidente Francisco Macías Nguema fue derrocado por su sobrino, el actual capitán general y presidente Teodoro Obiang Nguema, el 3 de agosto de 1979, y fusilado en el mes de septiembre del mismo año. A pesar de que este nuevo «hombre fuerte» de Guinea Ecuatorial dijera el 6 de junio de 1982 que «la cultura debe ser considerada en mi gobierno como una prioridad absoluta, ya que sin ella el pueblo de Guinea Ecuatorial no podría asumir positivamente el proceso de la Reconstrucción y Reconciliación Nacional»,12 a nivel del español nada cambió, porque se sigue deteriorando y usando esta lengua sin ningún tipo de control institucional.
Dije antes que el blanco era el amo y había que imitarle en todo. En 1973, los nuevos amos, no blancos, se dieron cuenta, y muy pronto, de que sus palabras eran sagradas y órdenes de obligado cumplimiento. Cambiaron los nombres de las personas y los lugares, y convirtieron las capitales del país (Santa Isabel —ahora Malabo— y Bata) en los centros de la ignorancia. Y a pesar de condenar el colonialismo y todo lo que significaba, siguieron haciendo uso de la lengua heredada «[...] desterrando y prohibiendo, en bien del castellano, hasta los propios dialectos e idiomas aborígenes [...]».13
Durante la etapa que va desde 1973 hasta 2004 el español ha sufrido un retroceso acelerado del que no se recupera con facilidad. Los tres aparatos ideológicos de cualquier Estado (la escuela, la Iglesia y los medios de comunicación) perdieron protagonismo en esta etapa, y los guineoecuatorianos cayeron en una situación próxima a la ignorancia. No hubo ni blanco ni negro, ni maestro ni alumno. Fue tal la confusión reinante a nivel de la lengua oficial de comunicación y de relación que el pidgin-english renació de las cenizas. Si antes era un sistema reservado a los bubis, los kriós, etc., durante esta etapa se convirtió también en la lingua franca interétnica y de relación, una función ejercida por el español durante muchos años. Hubo un frenético deseo de volver a las lenguas o costumbres ancestrales como estrategia para protegerse de la violencia institucional. Y las mentes cambiaron, al igual que los nombres, tal como podemos observar a continuación.
La isla de Fernando Poo pasó a llamarse isla de Macías Nguema Bidyogo, la capital Santa Isabel se denominó Malabo; el popular y populoso barrio de San Fernando se convirtió en Elá Nguema, al igual que el de Santa Cruz, que fue absorbido en el anterior, es decir, Elá Nguema, y esto durante muchísimo tiempo, etc. El Instituto de Enseñanza Media Cardenal Cisneros pasó a llamarse Rey Malabo, el Colegio Nacional Generalísimo cambió de nombre y se llamó Acacio Mañé, etc., y cualquier núcleo español o pro español quedó destruido, con la expulsión de todos aquellos hispanohablantes o españoles que habían invertido dinero y esfuerzo para la españolización de Guinea Ecuatorial y todo lo que este Estado representaba a nivel cultural, social, económico, militar, político, religioso, etc. Tal como ya dijimos más arriba, el español, como lengua oficial del proletarizado y «patrimonializado» Estado nguemista de Guinea Ecuatorial, fue desterrado de la Constitución sin embargo redactada en dicha lengua en 1973. Y la lengua del «único dios y milagro del pueblo» (como se hacía llamar, entre otras consignas, el presidente Francisco Macías Nguema) se convirtió en lengua de uso obligado en todo el país. Como remembranza de este hecho queda el uso, en el actual parlamento del país (que está en la capital y cuyas sesiones suelen retransmitirse por la única televisión nacional), de la lengua fang en algunas sesiones «judiciales» (ya que entre la labor de los representantes del pueblo está la de juzgar hechos consuetudinarios), porque a veces ni los acusados ni los querellantes saben hacer uso del español. El uso deficitario que se hace del español en los círculos políticos, en la enseñanza, en los medios de comunicación, en la calle, en los hogares, etc., pone en grave peligro la supervivencia de esta lengua en el único Estado del África negra que lo tiene como lengua oficial. Lo normal en Guinea Ecuatorial es hablar mal el español. Esto es un claro indicio del retroceso lingüístico y cultural que han sufrido los pueblos de Guinea Ecuatorial tanto a nivel del español como de sus propias lenguas. Como ya escribiera el periodista y escritor guineoecuatoriano Donato Ndongo-Bidyogo: «Escribimos en español porque es nuestra lengua, tan nuestra como las consuetudinarias, y no para hacerle un favor a nadie, no para identificarnos miméticamente con nadie, ni para luchar contra nadie, sino como vehículo de expresión de nuestras emociones y de nuestra vitalidad».14
El derrocamiento del presidente Francisco Macías Nguema por su sobrino, el actual presidente de Guinea Ecuatorial, despertó en los guineoecuatorianos la ilusión de volver al buen hablar que había caracterizado a los formados. Parecía iniciarse un período lleno de esperanza para todos los habitantes del país muchas veces denominado España por los vecinos nigerianos, gaboneses, cameruneses, etc. Sin embargo, las esperanzas de estos maltratados y resignados «súbditos» se perdieron pronto, al constatar que los gobernantes supuestamente libertadores eran los primeros en agredir esta lengua de Cervantes que había sido durante mucho tiempo tomada como modelo por los estudiosos y visitantes de los países negroafricanos vecinos.
El antiespañolismo que caracterizó el régimen del primer presidente de Guinea Ecuatorial parece determinar el comportamiento institucional ante el deseo de desplazar la lengua española. La oficialidad impuesta del francés por parte del presidente actual, Teodoro Obiang Nguema, con un claro propósito de atentar contra el español, empieza a dar sus frutos. De todos modos, a pesar de la connivencia de los gobernantes guineoecuatorianos, el español sigue siendo la lengua por excelencia en Guinea Ecuatorial. La escuela, los medios de comunicación, las vallas publicitarias, las conferencias, el cine, la comunicación interétnica, etc., exigen todos el uso del español, aun sabiendo que se habla mal o a lo guineoecuatoriano.
El desconocimiento o la falta de proyecto político que suponga la garantía de la enseñanza, conocimiento, mantenimiento y buen uso del español en Guinea Ecuatorial, es una clara muestra de que no existe una política oficial cuya meta sea velar y garantizar la singularidad hispana de Guinea Ecuatorial ante los demás estados de la región, ante los estados iberoamericanos o del resto del mundo. No olvidemos que muchos profesionales del país son usuarios de otras lenguas como el chino, el ruso, el inglés, el francés, etc. Y los únicos modelos de uso del español que tienen son aquellos que les brindan los turistas y residentes hispanohablantes, llámense religiosas, trabajadores, cooperantes, turistas, voluntarios, etc., sin olvidar la correspondencia escrita, el cine en castellano, los programas de la televisión española por satélite, etc. El Estado no promueve un bilingüismo de mantenimiento entre el español (como única lengua oficial real) y las demás lenguas (como el francés, el pidgin-english y las nunca reconocidas ni promovidas lenguas nacionales, consecuencia de una política lingüística inexistente).
Los únicos lugares donde se supone que alguien puede adquirir un conocimiento gramatical escrito del español son las escuelas y demás centros educativos. Sin embargo, el bajo nivel de conocimiento de esta lengua por parte de una gran mayoría de los docentes hace que los alumnos aprendan con notorias imperfecciones. La radio estatal y, por ende, gubernamental, reproduce los discursos políticos en una lengua llamada «español guineano». Es una lengua llena de expresiones incorrectas o «guineanismos», que muchas veces son una traducción literal de la lengua del hablante desde su lengua materna.
El modelo de lengua que reciben en la escuela los futuros usuarios del español es insuficiente. Los tres sectores que más influencia ejercen en el niño o en el guineoecuatoriano (la escuela, la familia y los medios de comunicación) no garantizan un correcto uso de esta lengua. Y el único lugar adonde acuden los alumnos para adquirir un nivel aceptable del español fuera del horario escolar es el Centro Cultural Español (hasta hace poco conocido como Centro Cultural Hispano-Guineano).