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El español en el mundo

Panorama de la literatura en español en Guinea Ecuatorial

Justo Bolekia Boleká

2. España toma posesión integral de sus territorios

Desde el dominio británico concretado en el centro neurálgico urbano de Clarence City (1827-1858), con la aparición y mantenimiento del pidgin-english, al dominio español configurado en torno a los núcleos urbanos de Santa Isabel (1848-1973), San Antonio de Palé (en Annobón), Bata (en Río Muni), etc., con la imposición de la lengua española como elemento «integrador» de las etnias de la entonces Guinea Española, hemos de hablar de una diferencia sustancial. Mientras que el pidgin-english se apoyaba en la dimensión economicista y comercial de ingleses, británicos (africanos súbditos del imperio británico) y autóctonos, el español lo hizo principalmente desde una dimensión cultural, ya que, tal como hemos indicado más arriba, se abrieron escuelas en muchas partes del país con el propósito de acelerar la aculturación de los negros de la colonia. El triunfo de la españolidad se manifestó muy pronto en la vida social y cultural de los territorios negroafricanos con la erradicación de cualquier vestigio británico, la proliferación de escuelas regentadas por los misioneros, la construcción de misiones en torno a las cuales giraba la vida de los negros guineoespañoles tutelados o «infantilizados», la construcción de internados para chicos y chicas, etc. La asistencia a las escuelas o la estancia en los internados se hacía utilizando métodos coercitivos y militares, llegando a veces a secuestrar a los niños y a las niñas para tenerles durante tres/cinco años en dichos lugares, con el fin de aculturarles (quitarles la cultura materna) y reinculturarles (obligarles a aprender la cultura española con todo lo que ésta significaba). Al final de este obligado período iniciático los jóvenes eran «casados» según los principios de la religión católica después de haberles sometido a una fuerte evangelización. Este fenómeno provocaría, de forma tajante y progresiva, la ruptura entre padres e hijos, entre lo propio y lo ajeno, o entre la lengua materna y la lengua española. Muchos de estos interesados secuestros levantarían la ira de los defensores de las matriarcales o patriarcales sociedades negras de antaño, llegando incluso a provocar grandes enfrentamientos entre los blancos y los negros.

La irradiación sociocultural española era una consecuencia directa de la camuflada «pacificación» de los futuros usuarios negros de la lengua española de Miguel de Cervantes. Y aunque esto promovió la construcción de nuevos núcleos urbanos debido, precisamente, a la presencia cada vez más masiva de nuevos colonos en busca de riquezas, en ningún momento se pensó en convertir a los negros y futuros guineoecuatorianos en también propietarios de la lengua española.

Todo el espacio guineoecuatoriano sufrió una fuerte racialización visualizada en los cambios toponímicos. El dominio blanco y español se materializó en la vida y las obras de los españoles que controlaban los territorios españoles del Golfo de Guinea: nombres y círculos relacionados con el universo español (tales como los productos vendidos en las tiendas, los nombres de los locales, las denominaciones de las calles, etc.) contribuirían a «españolizar» a todo el mundo, sobre todo en edad escolar. Nombres como Capitanía del Puerto, Casa Misión, Almacenes Madrid, La Casa de la Buena Música, Ultramarinos Vila y Morante, Misión Católica, Cine Jardín, Instituto Colonial Indígena, Escuela Ramón y Cajal, Panificadora Abad, Colegio Nacional General Mola, Cámara Agraria, plaza de España, calle de la Marina, camino de San Carlos, calle de Lepanto, plaza del Reloj, calle de San Nicolás, calle de San José, etc., o el centro superior de la Es cuela Normal Santo Tomás de Aquino (centro de formación de la élite llamada a dirigir los destinos culturales, políticos y económicos del país), servirían para el mantenimiento del español en aquellos individuos que habían aprendido al menos a leer. Y si a esto le sumamos la asignación de nombres españoles a muchos núcleos urbanos como Santa Cruz, San Fernando, Los Ángeles, Alcaide, La Pequeña España, Carboneras o Las Caracolas, etc., la anteposición de términos españoles en los nombres de ciudades o poblados, etc., como fueron los casos de Mongomó de Guadalupe, Santiago de Baney, Sevilla de Niefang, San Antonio María Claret de Batete, etc., o la imposición de nombres de pila tomados del santoral católico (como Juan, Silvestre, Francisco, Mateo, María, Gertrudis, etc.), uno se pregunta por qué se habla tan mal, o de forma tan peculiar, el español en Guinea Ecuatorial. Domingo Manfredi, en su novela titulada Tierra negra, y publicada en Barcelona en 1957, aborda el tema de la asunción de las doctrinas oficiales de desarrollo e integración. Sitúa los hechos de su novela en 1788, diez años después de la toma de posesión de Fernando Poo, Annobón, Corsico, etc., por parte de España. En dicha novela podemos leer lo siguiente: «[...] se ha producido la integración de la manera más santa: la consagración al Dios de los españoles que sustituyó a los ridículos diosecillos locales [...]».9

No podemos concluir este apartado sin antes hacer mención a la españolización de los antropónimos de muchos fernandinos que habitaban la entonces Guinea Española (como la pronunciación de Jones por [xónes], Dougan por [dúgan], Davis por [dávis], Mesié por [macías], etc., o la imposición de apellidos de ciudades y provincias españolas a los negros guineoespañoles de Annobón (como Ávila, Alicante, Zamora, etc.). Son antropónimos que ya forman parte de la singularidad hispana de Guinea Ecuatorial, aunque no estaría mal que sus usuarios, y ahora propietarios, recuperasen sus antropónimos auténticos como guineoecuatorianos y africanos, iniciando así un proceso de desracialización con el apoyo de los poderes públicos. Pero éste no es el caso, ya que los gobernantes de nuestro espacio geopolítico adolecen de falta de un verdadero proyecto de desarrollo en todos los sentidos.

  • (9) Cf. Antonio M. Carrasco González,op. cit., p. 238. volver
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