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El español en el mundo > Anuario 2005 > B. Betancur. La andadura americana
El español en el mundo

El Quijote, manual de vida

Belisario Betancur

9. La andadura americana

Distinguidos miembros de la Real Academia Española, del Instituto Cervantes y de la Asociación de Academias de la Lengua Española; señoras y señores invitados:

Como es sabido, la primera parte del Quijote fue publicada en Madrid con fecha de 1605 por Juan de la Cuesta, por cuenta del librero y editor Francisco Robles. Y se hizo en dos meses, aunque los pliegos se imprimieron en las últimas semanas de 1604. Francisco Rico cuenta en sus notas de la última edición de Santillana que las prisas dejaron en aquella edición el rastro de una formidable cantidad de erratas, que él reseña con erudita minuciosidad. Y en la presentación de esta última se dice que de la edición principal salieron 262 ejemplares para México; y que Juan Sarria, librero de Alcalá, remitió sesenta bultos a Lima, que viajaron en el barco Nuestra Señora del Rosario a Cartagena de Indias, y de allí a Portobelo, Panamá y El Callao. Agrega Rico que así comenzó el Quijote su andadura americana. Lo que no había conseguido Cervantes lo lograba su criatura asentándose en el Nuevo Mundo.

La edición del cuarto centenario que ahora presentamos sigue, en la Argentina y en Rosario, la línea de la andadura americana de la edición príncipe, hogaño sin los yerros de antaño.

La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española encomendaron a Santillana-Alfaguara la edición, impresión y distribución de la obra conmemorativa de 1.250 páginas, con un tiraje de un millón de ejemplares hechos en Madrid, en México y en Brasil, y que serán vendidos a precios populares por debajo de diez euros, con participación de los beneficios de las ventas a las Academias de cada país.

La escritura del texto, las notas y una nota al texto las hizo el cervantista Francisco Rico, con la cooperación y apoyo de Ignacio Echeverría, Susana Pellicer y un equipo de seis colaboradores para las presentaciones, quince colaboradores para la documentación, un director de lecturas y sesenta lectores y anotadores más.

El prólogo, «Una novela para el siglo xxi», es de Mario Vargas Llosa; «La invención del Quijote», de Francisco Ayala; «Cervantes y el Quijote», de Martín de Riquer; y «La lengua de Cervantes y el Quijote», de José Manuel Blecua, Guillermo Rojo, José Antonio Pascual, Miguel Frank y Claudio Guillén.

Un glosario de ochenta páginas y viñetas y grabados procedentes de la edición impresa en Madrid en 1780 por Joaquín Ibarra, dispuestas, corregidas y publicadas a expensas de la Real Academia Española.

Es una hermosa y completa edición, digna de la obra cervantina.

Distinguidos académicos, personalidades invitadas, señoras y señores:

Con los avatares de la innata tendencia humana a la hegemonía, y con un pie en la historia que demuestra que «el lenguaje sigue al poder», se nos advierte sobre el peligro que a la larga correría nuestra lengua castellana, por ejemplo, frente al inglés. Hay ataques inquietantes, como el contenido en un libro supuestamente científico, relativo a las exploraciones geográficas de la época del Renacimiento, y cuyo autor precisa que escribe en inglés, porque de hacerlo en español su pensamiento quedaría fuera del alcance de los académicos cuyo criterio le interesa conocer. La amenaza está ahí. En todo caso, a la lengua española le queda un muy largo trecho por andar, y tiene la guía de un maravilloso protector: el Quijote. A la sombra de ese Bach prodigioso del idioma que fue, es y será Borges, es bueno recordar que en la Grecia antigua, durante el imperio de la polis, en la escuela se enseñaba a cantar a los niños canciones cuyas estrofas eran las reglas que debían cumplir para ser buenos ciudadanos. En la Argentina tienen un pariente lejano del Quijote, que es Martín Fierro. Se dice que no hay sureño, por ignaro que sea, que no lleve en su memoria por lo menos dos versos de la leyenda del desertor glorioso. Todos los hispanohablantes habremos salvado nuestro idioma cuando hagamos eso mismo, con la fuente inagotable de dignidad y belleza humanas que nos legó el Caballero de la Triste Figura. Para terminar, en homenaje suyo repitamos con Rubén Darío:

¡Ora por nosotros, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de sueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!
¡Loor y gloria a don Quijote, honor inextinguible de la humanidad!

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